Capas y variables de la Atmósfera terrestre
2.2. Cambio climático
El tiempo meteorológico es el estado de la atmósfera en un lugar y momento determinados, cambiando en períodos de días y horas. El clima es el conjunto de condiciones atmosféricas medias o normales que se presentan en un lugar y perduran a lo largo del tiempo, variando de acuerdo con las diferentes estaciones.
Las variables interdependientes que determinan ambos fenómenos son la temperatura, la presión atmosférica, la humedad, la altura y velocidad de las nubes, las precipitaciones en forma de lluvia, nevadas o heladas, la dirección y fuerza de los vientos y de las corrientes marinas, las trayectorias y los frentes de masas de aire, las descargas eléctricas y otros fenómenos habituales o extremos (Candel Vila, 1971). La dinámica de estas variables se produce entre los distintos subsistemas que soportan el clima (la atmósfera, la hidrósfera, la criósfera, la litósfera y la biósfera), y se relaciona con la radiación electromagnética proveniente del sol. El subsistema de mayor variabilidad, por su baja densidad y reducida capacidad calorífica, es la atmósfera.
La Tierra inició su conformación hace alrededor de 5.000 millones de años y a lo largo de su evolución las variables que constituyen el clima cambiaron en límites extremos. Si nos ceñimos al período cuaternario, que comprende el último millón y medio de años, cuando ya la atmósfera tenía las características actuales, los cambios se produjeron dentro de límites más estrechos que se relacionan con los períodos glaciares.5 Estos cambios modificaron la biota y produjeron
grandes migraciones de los reducidos grupos humanos. En los últimos 10.000 años se produjeron cambios climáticos menos drásticos.
Cambio climático
Por “cambio climático” se entiende un cambio de clima atribuido directa o indirectamente a la actividad humana, que altera la composición de la atmósfera mundial y que se suma a la variabilidad natural del clima observada durante períodos de tiempo comparables.
El cambio climático que alerta a la humanidad de hoy ha comenzado a llamar la atención de científicos mundiales desde la segunda mitad del siglo pasado. Se tienden a descartar como causales algunos factores provenientes de la naturaleza,6 mientras que son los factores antrópicos
los que actúan con mayor severidad acelerando o potenciando los procesos naturales, lo cual permite visualizar dichos cambios en períodos cortos de tiempo, de sólo pocas décadas.
Como ya se especificó en la sección anterior, la atmósfera se comporta como un objeto casi transparente a la radiación de onda corta, pero absorbe la mayor parte de la radiación de onda larga (rayos infrarrojos) que se irradia desde la superficie terrestre. Los gases de invernadero absorben y reemiten la radiación de onda larga, devolviéndola a la superficie terrestre y causando el aumento de temperatura, lo cual produce el fenómeno del efecto invernadero.
Es así como el cambio climático actual se acelera en cortos períodos históricos y por acción antrópica se generan mayores y más graves riesgos ecológicos, que repercuten en toda la
5 Se han descripto alrededor de veinte períodos glaciares separados entre ellos por alrededor de 100.000 años e
intercalados por períodos cálidos (Tarbuck y Lutgens, 1999: 286). Los períodos glaciares se relacionan con la variación de la excentricidad de la órbita terrestre y del eje del planeta respecto del plano de la elíptica, así como también con la reducción del CO2 por un gran desarrollo vegetal en su superficie.
6 Ellos son: a) los fenómenos que se producen en el sol (por ejemplo, números de manchas que indican tormentas
solares) y varían la radiación que el astro proyecta, los cambios en la órbita terráquea, ya sea en su traslación o la inclinación de su eje de rotación, que determina la variación de las estaciones (las manchas solares tienen ciclos de una o dos décadas, mientras que los cambios en la excentricidad de la órbita terrestre los tienen cada 100.000 años y los del eje de rotación cada algo más de 40.000 años); b) los cambios geológicos que involucran la deriva
humanidad. Los efectos son diversos y dispersos en el planeta, de compleja interpretación y difícil comprensión. Muchos fenómenos externos, como las olas de calor y frío, las grandes inundaciones y huracanes, se presentan con mayor frecuencia e intensidad, aunque no siempre se alcanza a comprender el posible factor común a todos ellos: el cambio climático acelerado.
Frente al problema de la generación excesiva de GEI por emisiones de combustibles fósiles, las Naciones Unidas firmaron la Convención Marco sobre el Cambio Climático, en vigor desde 1994. La propuesta fue apoyada por una gran cantidad de países que acordaron la disminución de los gases invernadero para el año 2000, llevando dichos valores a los del año 1990. Estados Unidos se opuso fuertemente a la propuesta, quedando finalmente librada a la adhesión voluntaria de las partes. Tres años después, se firmó el protocolo de Kyoto (Japón, 1997), que establece obligaciones vinculantes para que los países del mundo reduzcan progresivamente esa grave contaminación.
Este protocolo creó conflictos internacionales. Aun firmado por el vicepresidente de los EE.UU., Al Gore, bajo la presidencia de Clinton, el senado de su país invalidó la adhesión. Más adelante, el presidente Bush (h) manifestó que “Kyoto está muerto”, con el argumento de que no había certeza del efecto anunciado. Esta oposición de una de las potencias más contaminantes, llevó a limitar la reducción de emisores de CO2 del 5,2%, prevista en Kyoto, al 1,8% respecto de
las emisiones de 1990 para el año 2012 (Sartori, 2003: 34).
El calentamiento terráqueo exacerbaría los fenómenos meteorológicos, como parece estar ocurriendo, y generaría inundaciones en unas áreas y sequías en otras con reducción general del rendimiento de las cosechas (IPCC, 2001: II-6). En el año 2000, la lluvia y tres ciclones inundaron regiones de Mozambique (África oriental) por seis semanas, y la incidencia del paludismo se quintuplicó (Epstein, 2005: 1433-36).
La extensión del clima tropical expandiría enfermedades como el paludismo7, el cólera, la
leishmaniasis y el dengue (Achcar, 2003: 60). La proliferación de mosquitos y roedores ha expandido los brotes de hantavirus y fiebre del Nilo Occidental (Epstein, 2005: 1433-1436).8 En
Chile y Brasil se han detectado brotes de ehrlichiosis, cuyo agente es la bacteria del género
Ehrlichia, su reservorio los ciervos, mamíferos y roedores pequeños y su vector varias especies de garrapatas presentes en nuestro medio y con posibilidades de aumentar su población por el mismo factor climático. En Jujuy se produjo un brote en seis niños con un cuadro de fiebre con exantema, dos de los cuales murieron. Se atribuyó el contagio a garrapatas de perros y caballos (Barcat, 2006: 489).9 El aumento de la incidencia del asma, cuadruplicada en EE.UU., se ha
relacionado con cambios climáticos, incluyendo el aumento del polen y de los hongos (Epstein, 2005: 1433-1436).
Las olas de calor, de 38°C y hasta 43°C, en ciudades europeas llevaron a la muerte a 21.000 a 35.000 personas (2003). En Chicago (EE.UU., 1995), produjo la muerte de 750 habitantes (ibidem). Los contrastes del tiempo generan olas de frío: 2.500 personas murieron en Gran Bretaña por una de ellas en 2003 (El Día, 24 de diciembre de 2003: 2).
7 Las muertes por paludismo en el mundo, actualmente de dos a tres millones de personas, podrían aumentar a
3,5-5 millones.
8 La fiebre del valle de Rift, limitada al África, se transmite por el mosquito Culex pipiens. En Egipto produjo una
epidemia con seiscientos muertos en 1977 (Benenson, 1997: 147). En Kenya, los brotes se relacionan con lluvias persistentes y eclosión de larvas de mosquito (Sari Kovats, 2000: 1131).
9 La enfermedad era conocida para los veterinarios. Para la medicina humana recién se detectó entre 1987 y
1994. Estas bacterias Gram negativas son de desarrollo intracelular obligado y tienen por blanco los monocitos y los granulocitos (anaplasmosis) circulantes o tisulares. Las garrapatas (Riphicephalus, Amblyom, Ixodes) parasitan, entre otros, al perro y pueden vectorizar la enfermedad al ser humano (ibidem).