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El camino de la dicha humana: desde fuera, hacia dentro de sí mismo

In document La idea de dios en Jean-Jacques Rousseau (página 76-85)

2. DIOS EN LA PROFESIÓN DE FE DEL VICARIO SABOYANO

2.3. El camino de la dicha humana: desde fuera, hacia dentro de sí mismo

Para Rousseau, la dicha humanaserá una búsqueda esencial dentro de su escrito de la profesión de fe del vicario saboyano. La preocupación central de Rousseau versará sobre la vida dichosa de las personas, preocupación que no tiene como centro el saber teórico sino todo aquello que se debe experimentar para que la acción humana se encamine a la consecución de esa dicha. Lo práctico, lo moral, son el punto de atención de todo el proceso reflexivo configurándose como el espacio donde se juega la dicha o la perversión de los seres humanos. Su proceso se va a dirigir, por esta inquietud, a encontrar el principio que determina y fundamenta, mueve e impulsa que alguien sea dichoso, principio que debe encontrar en todos los hombres pues, todos tienden a la búsqueda de esta vida, aunque sea por un momento en su existencia. De esta manera, siguiendo a Rodolfo Mondolfo, podríamos decir que se da “un cambio de centro en el problema fundamental de la filosofía: del problema del conocimiento se pasa al problema de la valoración, de la razón al sentimiento, de la relación con el mundo exterior a la intimidad de la conciencia”184.

Si su interés está en el orden de lo práctico o de lo moral, es claro que está íntimamente ligado a la experiencia religiosa de las personas según el contexto en el que él desarrolla su pensamiento. La moralidad de la vida humana está determinada por la religión a la cual se pertenece puesto que “el olvido de toda religión lleva al olvido de los deberes del hombre”185. Como diría Antonio Pintor-Ramos, “lo más notable (en la Profesión de fe) es hacer de la moral la base de la religión”186. Esto hace que la inquietud por la vida dichosa y por evitar la perversión sea una preocupación de carácter religioso que conduce a Rousseau a proponer las bases de su comprensión filosófica.

      

184MONDOLFO, Rodolfo, Rousseau y la conciencia moderna, op. cit.,p. 41.  185ROUSSEAU, Jean Jacques, Emilio, o De la educación, op. cit.,p.391. 

186ROUSSEAU, Jean Jacques, Profesión de fe del vicario saboyano y otros escritos complementarios, op. cit., p. 24. 

No será apoyado en la Iglesia en la que ha nacido que el vicario proponga su discurso, pues “habiendo nacido en una Iglesia que decide todo, que no permite duda alguna, un solo punto rechazado me hacía rechazar todo lo demás (…) al decirme: creed todo, se me impedía creer en nada, y ya no sabía dónde detenerme”187. Tampoco será de la mano de los filósofos, orgullosos, aseverativos, dogmáticos, de dudoso escepticismo y quienes sólo se ponen de acuerdo para burlarse entre sí, lo que le permitirá salir de su incertidumbre. Además, aun cuando los filósofos pudieran descubrir la verdad, “¿quién de ellos se interesaría por ella? Todos saben de sobra que su sistema no está mejor fundado que los otros; pero lo sostiene porque es suyo. No hay uno solo que, llegando a conocer lo verdadero y lo falso, no prefiera la mentira que ha encontrado a la verdad descubierta por otro”188. Para el vicario los filósofos no pretenden otra cosa que la vanagloria, distinguirse entre los demás filósofos y elevarse por encima del vulgo con tal de borrar el brillo de sus competidores. Es tal la confusión y el orgullo que los acompaña en sus investigaciones que lo esencial de su vida no es encontrar la verdad sino pensar de forma distinta a los demás. “Entre los creyentes es ateo, entre los ateos sería creyente”189. Si no es la Iglesia, ni mucho menos son los filósofos los que lo pueden guiar en su búsqueda, entonces ¿cómo procederá?

El vicario nos dice que el primer fruto que sacó de estas reflexiones fue aprender a limitar sus búsquedas, interesándose por lo inmediato, reconociendo que ignoraba todo lo que buscaba e inquietándose hasta la duda sólo por las cosas que le interesaba saber. En este punto, tomó otro guía y se dijo a sí mismo: “consultemos la luz interior, ella me extraviaría menos de lo que me extravían ellos, o al menos mi error sería mío, y me depravaré menos siguiendo mis propias ilusiones que entregándome a sus mentiras”190.

      

187ROUSSEAU, Jean Jacques, Emilio, o De la educación, op. cit.,p. 399.  188Ibíd, p. 401. 

189Ibíd.   190Ibíd.  

Este cambio es el que marca el paso para centrarse en los asuntos de la práctica pues lo inmediato es lo que no se puede aplazar y lo único inaplazable son los problemas de la acción. Marca a su vez el paso a una búsqueda dentro de sí mismo, en la que renuncia a entregarse a los pensamientos de otros para buscar los propios por el examen que él mismo puede hacerse aunque se equivoque. Si esto ocurre, el error será de él. Este cambio en la guía de su búsqueda es tan importante que dirá que “nadie está exento del primer deber del hombre, nadie tiene derecho a fiarse del juicio de otros”191. El giro hacia su interior está dado. El camino de su búsqueda está trazado. Como diría TzvetanTodorov, “la búsqueda llegó aquí a su fin. Después de eliminar todo, por medio de un notable trabajo de neutralización y de introspección, el hombre descubre su fondo”192.

2.3.

2.4. ¡Conciencia: sin ti no siento nada en mí que me eleve por encima de los animales!

La búsqueda de Rousseau lo lleva ahora a repasar en su espíritu las opiniones que desde su nacimiento lo habían atraído, encontrándose con que a través de los años, no había encontrado ninguna opinión que fuera lo suficientemente evidente para producirle de forma inmediata la convicción, sino que por el contrario, todas ellas tenían diversos grados de verosimilitud, siendo así que el asentimiento interno admitía unas y rechazaba otras dependiendo del gradode evidencia que ofrecían. Sólo con esa primera observación Rousseau se da cuenta de que lo que ha ganado afición en él no viene por procesos de argumentación y que, en general, ni los pensamientos más sublimes de los hombres han ganado aceptación en su interior por la fuerza de sus pruebas y argumentos. Todas las opiniones que desde niño ha recibido han sido filtradas a través del consentimiento interno, quien es el que ha generado en él alguna convicción. Descubriendo esto se da cuenta que lo que lo está moviendo en toda esta labor reflexiva no es “la vana sutileza de los

      

191Ibíd, p. 458. 

192TODOROV, Tzvetan, Frágil felicidad, Traducción de María Renata Segura, Editorial Gedisa S.A., Barcelona, 1986, p. 74. 

argumentos”193 sino el amor a la verdad que es un sentimiento o afecto del corazón. Fruto de esta observación determina el método por el cual pretende encontrar el principio que llamó conciencia.

Desde este momento, Rousseau reanuda de una manera distinta el examen de los conocimientos que le interesan, resuelto, como afirma él mismo

a admitir por evidentes todos aquellos a los que, en la sinceridad de mi corazón, no pueda rehusar mi consentimiento, por verdaderos todos aquellos que me parezcan tener una relación necesaria con esos primeros, y a dejar todos los demás en la incertidumbre, sin rechazarlos ni admitirlos, y sin atormentarme esclareciéndolos cuando no lleven a nada útil para la práctica194.

En el método por el que opta lo central será el sentimiento, por ser éste el que verdaderamente mueve a los hombres en el ámbito de lo moral. Para Rousseau es claro que es el sentimiento lo que moviliza la acción humana. En palabras de Jacques Maritain, “Rousseau juzga lo verdadero en relación a lo que quiere, no a lo que es”195. Este sentimiento es el mismo que lo lleva a reconocer varias verdades antes de seguir avanzando en su búsqueda. La primera y más importante es que existe y tiene sentidos por los que es afectado. Sabe que las sensaciones que lo afectan y que lo hacen sentir su existencia, aunque ocurran en él, no proceden de sí mismo, sino que su causa es ajena y por tal razón no depende de él ni producirlas ni aniquilarlas196. “Con toda claridad concibo que mi sensación que está en mí, y su causa o su objeto que está fuera de mí, no son lo mismo”197. Sabiendo esto y aceptándolo como verdadero, Rousseau, en boca del vicario, puede dar por verdadero que no sólo existe él, sino que existen otros seres, a saber, los que son objetos de

      

193ROUSSEAU, Jean Jacques, Emilio, o De la educación, op. cit., p. 402.  194Ibíd.  

195MARITAIN, Jacques, Tres reformadores Lutero – Descartes – Rousseau, de Isabelino Fernández Camejo, Editorial Excelsa, Buenos Aires, 1945, p. 169. 

196Cfr. ROUSSEAU, Jean Jacques, Emilio, o De la educación, op. cit.,p. 403.  197Ibíd.  

sus sensaciones, independientemente de que sean ideas o materia palpable. Precisamente por materia entenderá todo lo que siente fuera de sí y que actúa sobre sus sentidos. Muchas porciones de materia, reunidas en seres individuales, serán para él, cuerpo. Con estas verdades aceptadas y contrastadas en sí mismo, puede estar completamente seguro de su existencia y la del universo.

Ahora,dentro del universo existen infinitos objetos que le producen sensaciones, ¿cómo hacer entonces para distinguirlos entre sí? El vicario descubre que posee una facultad que le permite compararlos por medio de una fuerza viva que hasta ese momento desconocía. “Percibir es sentir; comparar es juzgar; juzgar y sentir son lo mismo”198. Y si esto es así, y más adelante nos dirá que la conciencia es el principio por el cual “a pesar de nuestras propias máximas, juzgamos nuestras acciones y las de los demás como buenas o malas”199, podemos ver que esta conciencia de la que habla el vicario es el mismo sentimiento que hemos visto como elemento central en el método de búsqueda que nos ha propuesto. Así como dice que la conciencia pasa por encima de nuestras máximas habla del sentimiento que lo ha movido por encima de los argumentos. Si entendemos esto podemos comprender que no hablamos de juicios en el sentido teórico sino, por el contrario,de que los “actos de la conciencia no son juicios, sino sentimientos; aunque todas nuestras ideas nos vengan de fuera, los sentimientos que las aprecian están dentro de vos, y sólo por ellos conocemos la convenienciao inconveniencia que existe entre nosotros y las cosas que debemos respetaro rehuir”200.

Así las cosas, Rousseau se propone ir a la luz interior para que sea la guía en su búsqueda de la vida dichosa una vez ha optado por dedicarse a las cosas inmediatas. Este ir a la interioridad es el mismo movimiento de ir al fondo de las almas donde dice que está la conciencia y ella, que es principio que lleva a amar el bien o, de otra manera, la verdad, es

      

198Ibíd, p. 404.  199Ibíd, p. 431  200Ibíd, p. 433. 

la única guía que debe acompañar a alguien que como él, sólo se ocupará de hallar la manera de llevar una vida dichosa. Por tal razón, la luz natural es la guía por la que opta Rousseau y la conciencia será dentro de esta opción, junto a la luz natural, la que guíe el camino de nuestro autor.Ronald Grimsley afirma que para Rousseau la conciencia “es una voz interna o una luz interna que puede ponernos en el sendero de la verdad y de la virtud cuando todo lo demás falla. Este sentimiento primordial que se origina en lo más profundo del ser humano es la conciencia”201.

En palabras de Rousseaupodríamos decir que existe “puesen el fondo de las almas un principio innato de justicia y de virtud por el cual, a pesar de nuestras propias máximas, juzgamos nuestras acciones y las de los demás como buenas o malas, y es a ese principio al que doy el nombre de conciencia”202. Para Jean Starobinski, en Rousseau la conciencia humana solitaria se convierte en fuente de verdad o transparencia para una verdad que habita en nuestro propio ser, que no necesita mediación para ser descubierta203.

Ahora, según lo anterior, para Rousseau es claro que desde nuestro nacimiento tenemos la posibilidad de ejercer un juicio moral, es decir, de juzgar algo como bueno o malo. Este proceder de la conciencia lo descubrerevisando desde su nacimiento aquello que lo ha atraído y cómo ha sido atraído por eso mismo. Como lo dije antes, él encuentra que en él siempre ha habido algo que lo ha hecho admitir o rechazar opiniones y esto mismo, es algo que ha encontrado desde su nacimiento. Lo que descubra que lo ha movido siempre, desde el momento de su llegada al mundo, sería entonces eso mismo que le es innato.

Ese principio innato de justicia y de virtud, al que ha llamado conciencia, claramente conduce a la vida para que se deje llevar por él a la dicha; la misma que alcanza el hombre movido por el amor a la verdad. Así las cosas, la verdad es claramente visible en la vida

      

201GRIMSLEY, Ronald, La filosofía de Rousseau, op. cit.,p. 85. 

202ROUSSEAU, Jean Jacques, Emilio, o De la educación, op. cit., p. 431. 

dichosa que se vive plenamente, pues él siente, el vicario, que la verdad nos lleva a la dicha y la dicha es la certeza de la verdad. A este respecto, Maritain nos dice que a Rousseau “las verdades de práctica son las únicas que le interesan, en otras palabras, no desea la verdad por lo que es en sí misma (la temería, tendría miedo de encontrarla fría) sino la desea a causa del bien del hombre y porque realza el valor de la vida humana”204. Ahora bien, si la justicia y la virtud se conocen por el sentimiento que desencadenan en el interior mediante la acción que está impregnada de ellas, es claro entonces que no se trata de una serie de máximas sino de la experiencia interior de estar contento.

Por tal razón, por la experiencia de dejarse llevar por la conciencia, es que el vicario puede expresar lo siguiente:

Pero no es bastante que ese guía exista, hay que saber reconocerlo y seguirlo. Si habla a todos los corazones, ¿por qué hay tan pocos que lo comprenden? Eh, es que nos habla la lengua de la naturaleza que todo nos hace olvidar. La conciencia es tímida, ama el retiro y la paz; el mundo y el ruido la espantan, los prejuicios de que se la hace nacer son sus enemigos más crueles, huye o se calla ante ellos; su voz ruidosa ahoga la suya y le impide hacerse entender; el fanatismo osa desfigurarla y dictar el crimen en su nombre. A fuerza de ser rechazada, se harta al fin. No nos habla más; ya no nos responde, y después de tan prolongados desprecios

hacia ella, cuesta tanto conseguir que vuelva como costó desterrarla205.

La conciencia será esa “voz” interior innata que hablará y guiará en el camino de la verdad y del bienaquien decida escucharla. Por eso,aunque habla a todos, muy pocos la escuchan, no porque quieran evitar oír su voz, sino porque inmersos en el bullicio de la vida misma, su voz se puede opacar a tal punto que ya no podamos oírla nunca más. Una vez su voz se calla por la indiferencia y el olvido al que se le somete, volver a escucharla cuesta tanto o más como oírla por primera vez. Por eso, aquel que como el vicario sabe que la vida

      

204MARITAIN, Jacques, Tres reformadores Lutero – Descartes – Rousseau,op. cit., p. 170.  205ROUSSEAU, Jean Jacques, Emilio, o De la educación,op. cit., p. 435. 

dichosa va de la mano de los dictámenes de la conciencia, también sabe que tal vida, aunque dichosa, debe pasar penurias. “Complacerse en obrar el bien es el premio de haber obrado bien, y ese premio no se obtiene sino después de haberlo merecido. Nada es más digno de amor que la virtud, pero hay que gozarla para encontrarla tal. Cuando se la quiere abrazar, semejante al Proteo de la fábula adopta al principio mil formas espantosas, y solo se muestra por fin bajo la suya a quienes no han cedido”206.

Una vez que reconocemos que Rousseau, al seguir su método, no está haciendo otra cosa que seguir su conciencia, que lo mueve, es posible considerar los elementos que van apareciendo con claridad en el dejarse llevar por al amor a la verdad.

Para poder conocer y seguir a la conciencia son necesarias las facultades que permitan que ella nos dirija en el ámbito de la acción. Es necesaria la voluntad junto a la libertad que le es propia,para que le brinden la capacidad de optar, de decidir y el poder de obrar; así como la inteligencia o el entendimiento que le permita distinguir y ordenar todas las ideas que vienen del exterior. Estas facultades son verdaderas por la relación necesaria con lo que es evidente: la conciencia. Y es verdad que ellas están en la persona porque las siente. Así, la conciencia mueve al hombre, pues se sabe contando con ellas.De allí el vicario puede deducir que “existir para nosotros es sentir”207. La existencia y el tener esas facultades que le muestran que está vivo deben tener necesariamente un origen que a su vezpuede ser concebido en el mismo campo de lo práctico. Es ahí donde puede experimentar a Dios: en lo que Dios obra, en cómo lo obra y en qué lo mueve a obrarlo. Llegados a este punto, podemos entender por qué el vicario se centra en el movimiento y en el orden y,a su vez, se despreocupa de lo que sale de ese ámbito pues, “tan pronto como quiero buscar dónde está, qué es, cuál sea su sustancia, se me escapa, y mi espíritu turbado ya no percibe nada”208. Él puede percibir el mundo que está fuera y está seguro de la existencia de éste al sentir en sí

      

206Ibíd, p. 436.  207Ibíd, p. 433.  208Ibíd, p. 414. 

las sensaciones y encontrar la causa u objeto de ellas en el exterior. Además, porque se reconoce como sujeto activo en ese proceso por el uso del entendimiento209. En ese mundo que lo rodeaencuentra cuerpos que se mueven por sí mismos, voluntariamente,y otros a los que les es comunicado el movimiento210. En la materia no están las causas del movimiento pues ella lo recibe y lo comunica pero no lo produce. Entonces, en aquellos cuerpos en los que se da un movimiento que no es comunicado hay algo que lo suscita y esto es una voluntad. Así, llega a afirmar una voluntad que mueve el universo y anima la naturaleza según lo que ve en la acción; esto es lo que llama su primer artículo de fe211. Luego, siente que el movimiento tiene un orden que no puede ser explicado por algo fortuito ni por principios ininteligibles que no son más que decir nada212. Él cree que hay una inteligencia que hace que el movimiento se dé con un orden según ciertas leyes. “El mundo no es, por tanto, un gran animal que se mueve por sí mismo; existe alguna causa de sus movimientos extraña a él, que yo no percibo; pero la persuasión interior me hace tan sensible esa causa que no puedo ver girar el sol sin imaginar una fuerza que lo empuja, o, si la tierra gira, creo

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