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Cristo: la manifestación de la verdad

In document La idea de dios en Jean-Jacques Rousseau (página 42-46)

1.5 Rousseau, conciencia crítica de su tiempo

1.5.2. Cristo: la manifestación de la verdad

Rousseau de manera intencional ha puesto a dos personajes fallidos. Y cabe notar que no son cualquiera los que han fallado. Han sido dos filósofos. Dos filósofos incapaces de mostrar la verdad. Dos filósofos incapaces de enseñar un camino que trace las pautas de una conducta que aleje al hombre del vicio y lo lleve hacia la vida buena. Dos filósofos que no han visto más allá de lo palpable, de lo visible, de lo inmediato. Dos filósofos que se quedaron cortos ante la magnitud del reto. Por esta razón, introduce el ginebrino al que vendrá a revelar la verdad con su presencia, porque él mismo es la verdad encarnada: Cristo.

      

97Ibíd.   98Ibíd.  

Impresionado por todo lo que acababa de ver, reflexionaba profundamente sobre esas escenas cuando, de golpe, se hizo oír en los aires una voz que pronunciaba con claridad estas

palabras: Este es el hijo del hombre. Los cielos se callan ante él; tierra, escucha su voz.

Entonces, levantando los ojos, vio sobre el altar un personaje cuyo aspecto imponente y dulce le llenó de extrañeza y de respeto; sus vestidos eran populares y semejantes al de un artesano, pero su mirada era celestial, su actitud modesta, grave y menos afectada incluso que la de su predecesor; sus facciones tenían un no sé qué de sublime en las que la simplicidad se alineaba con la grandeza y no era posible mirarlo sin sentirse penetrado por una emoción viva y

deliciosa que no tenía su fuente en ninguno de los sentimientos conocidos por los hombres.100

No es casual que Rousseau compare a Sócrates con Cristo. El primero es a quien considera el más grande de todos los filósofos. Y el segundo es a quien considera que puede sobrepasar los límites de la filosofía misma, entendiendo por filosofía el esfuerzo de la razón humana. Pero una vez más, Rousseau demuestra algo que ya había aparecido en los textos anteriores y es la imposibilidad que parece tener el hombre para acceder a ciertos conocimientos de no ser por la intervención divina que se los revela. Rousseau, aunque concede ciertos méritos a Sócrates y con él a la filosofía misma, menosprecia la capacidad de ésta para brindarle al hombre las respuestas que necesita. Hará falta la intervención de Dios para que las pueda conocer. Y esta vez la intervención de Dios se hará a través de su hijo. “Hijos míos – dijo con un tono de ternura que quemaba el alma - vengo a expiar y curar vuestros errores; amad a quien os ama y conoced al que es”101. La invitación es clara. Derribar los falsos ídolos y volver al camino de Dios. “En un tiempo sorprendente derribó la estatua sin ningún esfuerzo y, subiéndose al pedestal sin ningún tipo de agitación, parecía más bien recuperar su lugar que usurpar el de otro”102.

      

100ROUSSEAU, Jean Jacques, Escritos Religiosos, op. cit.,p. 72.  101Ibíd, pp. 71-72. 

Jesús aparece y su sola presencia transparenta la verdad. Él es la verdad y la evidencia de la misma. Sócrates, aunque había descubierto la octava estatua y su verdadera cara, no la pudo derribar, y por lo tanto, ésta siguió teniendo influencia sobre los pueblos.

Así pues, el instante capital no es el del descubrimiento del mal, sino aquel en que la verdad encarnada viene a dar testimonio de su presencia eficaz. Ahora, una conciencia se abre a nosotros, y por su propia transparencia, esta conciencia se anuncia como la fuente de una

verdad universal. El Bien aparece en el mundo a través de un yo que deja que se haga

transparente.103

Jesús llega a predicar una moral divina que se transparenta a través de sí mismo. Él es el ejemplo de lo que predica. Sus palabras de amor invaden a todos los pueblos allí presentes de tal modo que “nadie pudo escucharlo sin enternecerse y sin amar mejor sus deberes y la felicidad del prójimo”104. Según Starobinski, la verdad predicada por Jesús es singularmente fácil.

No le cuesta nada a quien la enuncia y es comprendida instantáneamente por aquellos que la escuchan. Estamos en presencia de una doble inmediatez. El hombre-dios posee inmediatamente la verdad y la transmite inmediatamente. La conversión de la humanidad es

instantánea. Nada hay aquí se parezca al escándalo del que habla el Evangelio. La verdad se

impone por una especie de magia que suprime los obstáculos y hace que sea inútil cualquier esfuerzo.105

Jesús con su discurso fácil, sencillo, logra lo que la filosofía con su lenguaje complejo no alcanza. “No arengaba con un tono pomposo y sostenido, sino que su discurso familiar brillaba con la más encantadora elocuencia y sus instrucciones consistían en fábulas y

      

103STAROBINSKI, Jean, Jean-Jacques Rousseau, La transparencia y el obstáculo, op. cit., 88.  104ROUSSEAU, Jean Jacques, Escritos Religiosos, op. cit.,p. 73. 

apólogos, conversaciones ordinarias, pero llenas de exactitud y profundidad”106. El discurso es tan sencillo y moviliza de tal manera, que Rousseau no necesita de la imagen de la cruz para consolidar las palabras de Jesús. “Bastaba con escucharlo una vez para estar seguro de admirarle siempre; se sentía que el lenguaje de la verdad no le costaba nada puesto que tenía su fuente en sí mismo”107. Rousseau sabe que la esencia del mensaje de Jesús y con él, el del cristianismo, está en la predicación y enseñanza de una verdad que es inmediata. Jesús, en nombre de Dios, viene a mostrarse “como una conciencia que encuentra en sí misma la fuente de la verdad (aunque ésta quizás provenga de más allá de ella misma). Cada uno de nosotros puede hacer lo mismo que él. Entrar en uno mismo, encontrar allí la fuente, reconocer la voz de la conciencia. Entonces, cada uno podría convertirse – a semejanza de Cristo – en el educador del género humano que exalta los corazones y despierta en ellos una bondad paralizada”108.

Jesús ha tenido un triple propósito en este texto. Ha servido para denunciar la incapacidad de la filosofía en su intención de mostrar la verdad, aunque haya denunciado el mal reinante en la sociedad. También ha servido para ser transparencia de una verdad que él mismo encierra. Pero a su vez, y quizás esto sea lo más importante, ha demostrado que el hombre puede hallar dicha verdad en sí mismo, al ejemplo de Jesucristo, escuchando la voz de su conciencia. En Jesús dicha voz será la de su padre Dios, en nosotros dicha voz será “un instinto divino, la sede del juicio de las acciones buenas o malas, un principio innato de justicia y de virtud, que es común a todos los seres humanos”109. Esta voz de la conciencia será abordada con mayor rigurosidad por Rousseau en el texto de laProfesión de fe del vicario saboyano, pero es claro que desde ya el ginebrino está enviando pinceladas de esa idea que le ronda la cabeza a través de Jesús, pues no puede atreverse a excluirlo a él en el momento en que escribe, por todas las repercusiones que dicha osadía le acarrearía, como tampoco puede dejar por fuera a la religión que toma a Jesús como su representante, al

      

106ROUSSEAU, Jean Jacques, Escritos Religiosos, op. cit., 73.  107Ibíd, p. 74 

108STAROBINSKI, Jean, Jean-Jacques Rousseau, La transparencia y el obstáculo, op. cit., p. 90.  109IZUZQUIZA, Ignacio, La Profesión de fe del vicario saboyano de J.-J. Rousseau, op. cit., p. 130. 

momento de enseñar al hombre una moral, una ética, con la cual regirse en la vida. Faltarán un par de años más para que Rousseau centre su atención total en el hombre y sin olvidarse del influjo que Dios y la religión ejercen en él, se atreva a colocarlo a él mismo, al hombre, como el único capaz de dictarse a sí mismo las pautas de su comportamiento. Hasta tanto,

En Rousseau, la imitación de Jesucristo es la imitación del acto “divino” mediante el que una conciencia humana solitaria se convierte en fuente de verdad o transparencia para una verdad que viene de más allá. Por tanto, lejos de ser el mediador indispensable para la salvación del hombre, Cristo enseña el rechazo de la mediación, su ejemplo invita a escuchar el “principio

inmediato de la conciencia”. 110

Rousseau, sin alejarse de Dios, ha logrado centrar su atención en el hombre. Hombre que sin embargo, no podrá nunca evitar el influjo que Dios mismo ejerce sobre su humanidad.

In document La idea de dios en Jean-Jacques Rousseau (página 42-46)