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El Dios del entendimiento

In document La idea de dios en Jean-Jacques Rousseau (página 101-117)

2. DIOS EN LA PROFESIÓN DE FE DEL VICARIO SABOYANO

2.8. El Dios del entendimiento

En la Profesión de fe del vicario saboyano Rousseau ha esclarecido la idea de Dios que venía madurando desde muchos años atrás, antes de concebir su gran obra del Emilio. A través de la figura del vicario que abre su corazón a un joven a punto de perderse en la inmoralidad y que se encuentra abatido por el hambre y la necesidad, Rousseau ha perfilado a un Dios que desciende de las alturas y de las profundidades del cielo infinito para encarnarse en el corazón humano y hablar a través de la conciencia. Con la profesión del vicario Rousseau puso a Dios en el terreno de la razón y lo alejó del terreno del fanatismo. Lo recuperó para sí mismo arrebatándoselo a las iglesias y los pastores. Lo aprendió a reconocer en su interior y no leyéndolo en un libro. Lo aprendió a amar sintiendo en su interior aquello a lo que Dios lo mueve y no creyendo en un Dios que hace prodigios y necesita de los milagros para ser creído. Alejó de sí mismo a los ‘falsos profetas’ y empezó a ver a Dios como un habitante más de su vida y no de las alturas. Logró revertir la idea de

      

260Ibíd, p. 454. 

un Dios que le había sido impuesto, por uno al que conoció habitando dentro de su corazón. Escuchó la voz de Dios que habla a su interior a través de la naturaleza y desechó al Dios que habita la guerra y la confrontación.

Rousseau a través de su vicario saboyano logró descubrir a un Dios distinto del que le habían enseñado, predicado y obligado a creer. Porque el Dios que conocía el vicario era un Dios “colérico, celoso, vengador, parcial y odiador de los hombres, un Dios de la guerra y de los combates siempre presto a destruir y a fulminar, un Dios hablando siempre de tormentos, de penas, jactándose de castigar incluso a los inocentes”262. Para el vicario, el Dios que empieza por escogerse un pueblo y condena al resto del génerohumano no es el padre común de los hombres. “Aquél que destina al suplicio eterno al mayor número de sus criaturas no es el Dios clemente y bueno que mi razón me ha mostrado”263.

Para creer en Dios se necesita de una fe que se asegure y se afirme por el entendimiento. Esta misma fe es la que le permite al vicario afirmar que “el Dios que adoro no es un Dios de tinieblas, no me ha dotado él de entendimiento para prohibirme su uso; decirme que someta mi razón es ultrajar a su autor. El ministro de la verdad no tiraniza mi razón; la esclarece”264. Para Antonio Pintor-Ramos, en Rousseau es claro que “a la hora de acercarse a Dios, el hombre no puede ni debe prescindir de su razón; pero necesita de una verdadera vida religiosa para la que no es suficiente un mero ejercicio racional”265.

El vicario ha abierto su corazón al joven, a él le corresponderá juzgar lo que ha escuchado. Para ello deberá poner su propia conciencia en condiciones de querer ser esclarecida y ante todo, deberá ser sincero consigo mismo. Así, llegado al final de su profesión, el vicario se dirige por última vez al joven y le dice:

      

262ROUSSEAU, Jean Jacques, Emilio, o De la educación, op. cit.,p. 448.  263Ibíd.  

264Ibíd.  

Hijo mío, conservad vuestra alma en situación de desear siempre que haya un Dios y nunca dudaréis de él. Además, sea cual fuere el partido que podáis adoptar, pensad que los verdaderos deberes de la religión son independientes de las instituciones de los hombres, que un corazón justo es el verdadero templo de la divinidad, que en cualquier país y secta amar a Dios por encima de todo y al prójimo como a uno mismo es el sumario de la ley, que no hay religión que dispense de los deberes de la moral, que éstos son los únicos verdaderamente esenciales, que el culto interior es el primero de esos deberes, y que sin la fe no existe

ninguna verdadera virtud266.

Apoyándonos en Ruperto Arrocha, podríamos decir que para el vicario “la virtud será entonces la capacidad que, mediante un proceso educativo apropiado a la naturaleza humana, permitirá establecer la armonía perdida entre la sensibilidad y la razón”267. El joven, atento a la profesión del vicario, deberá ser sincero y auténtico sin orgullo, reconocerá su ignorancia cuando desconozca aquello sobre lo cual se le indaga y evitará, de esta manera, engañarse a sí mismo y a los demás. Hablará siempre según su conciencia y siguiéndola a ella se atreverá a confesar entre los filósofos y los intolerantes al Dios que ha conocido por el examen hecho a su corazón. Esta tarea difícil y a la cual le huye la mayoría de los hombres, le acarreará odios y desprecios, pero su mayor recompensa será que, a pesar de los insultos y las afrentas, estará diciendo siempre la verdad y eso, para el vicario, así como para Rousseau, no tiene precio. Rousseau, a través de las enseñanzas de un pobre vicario, ha logradodemostrar que la conciencia, así como el obrar humano, no dependen de ninguna condición trascendente o misteriosa. “Dios –dirá Jean Jacques- hace al mundo, a la naturaleza, pero el único responsable de su destino es el hombre”268.De esta manera, Rousseau ha logrado una importante transformación de la idea de Dios que, “disecado antes

      

266ROUSSEAU, Jean Jacques, Emilio, o De la educación, op. cit.,p. 467. 

267ARROCHA, Ruperto, La actualidad del pensamiento de J.J. Rousseau en nuestra época, Revista Nueva Época, Enero-Febrero-Marzo, N° 6, 1996, p. 32. 

como un concepto abstracto en el racionalismo, busca convertirse en un Dios vivo con el que se pueda entrar en contacto vital”269.

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3. CONCLUSIÓN

En los capítulos iniciales del presente trabajo, cuando abordé el tema de Dios en los primeros escritos del joven Rousseau, reseñaba uno de los aspectos sobre el problema de Dios que ocupaba la reflexión de nuestro autor, a saber, la posibilidad, o mejor aún, la evidencia de que la conducta humana no sea regida por principios derivados del modo como Dios se presenta al espíritu humano y como es representado por este. La idea de un Dios eterno, inteligente, sabio, justo y poderoso en sumo grado, está desconectada de la vida práctica del hombre, en el sentido que el obrar humano, la mayoría de las veces, no se conduce por principios derivados de la creencia en un Dios con estas características, es más, no solo se presenta una desconexión entre estos dos elementos, sino que pueden ir en un sentido diametralmente opuesto.

Esta contradicción señalada por Rousseau, que usualmente, dicho sea de paso, se esgrime como argumento de cuestionamiento a quienes profesan un credo religioso determinado, muestra de entrada el talante práctico de su reflexión y el ámbito ético hacia el que se encamina su ejercicio filosófico. Esta aseveración toma más fuerza cuando dando un paso más en su reflexión, introduce el problema de la libertad humana al presentar a Dios como aquel que no obliga al hombre a obrar de acuerdo a su voluntad sino que se limita a hacerle sentir su necesidad, bajo la forma del sentimiento de carencia que eventualmente puede hacer desear al hombre ser como aquello en lo que cree, en este caso Dios. De esta forma, el curso que toma el pensamiento de Rousseau como solución a este problema inicial es la postulación de la religión como rectora del comportamiento humano, muy lejos aún del Rousseau que escribe el Emilio, en el que logra un ser humano que se guía en el mundo práctico por la propia consciencia y por el sentimiento de Dios que encuentra en su interior.

Lo que quiero afirmar en esta recapitulación es la prevalencia del interés ético en el pensamiento religioso de Rousseau por encima de consideraciones de carácter metafísico y epistemológico. En sus Escritos religiosos, como lo expuse en el cuerpo de este trabajo, nuestro autor aborda temas relacionados con la creación a partir de la nada, el conocimiento de Dios y la configuración del universo con relación al todo, sin embargo, sus consideraciones están envueltas en un lenguaje piadoso, en las que se puede observar un interés de alabanza, sujeción a la voluntad divina y una primacía del sentimiento por encima de una deducción racional propiamente dicha. En efecto, el uso metodológico de este último aspecto en sus consideraciones causaba turbación a su espíritu, de tal forma que se decantó por el conocimiento directo de los objetos de su indagación a través de la revelación divina, ajustando el papel del ejercicio racional al de confirmadora de las verdades descubiertas mediante la iluminación de Dios sobre su espíritu. Esta misma idea está presente en su Ficción o fragmento alegórico sobre la Revelación, cuando presenta a Cristo como revelación de una verdad doblemente inmediata en cuanto él mismo en su calidad de hombre - dios transparenta la verdad y la transmite directamente a los hombres, por encima del ejercicio de la razón y la filosofía, representada por los dos filósofos del relato que no alcanzan a satisfacer las demandas de conocimiento y de guía en el campo práctico de los hombres.

En este orden de ideas, es importante resaltar la preferencia de Rousseau por el camino que le genera tranquilidad y conduce a la dicha humana. Dicho aspecto se evidencia en la respuesta de Rousseau al Poema sobre el desastre de Lisboade Voltaire, cuya apuesta fundamental más allá de librar a Dios de la responsabilidad del mal que afecta a la humanidad, es ofrecer una perspectiva de esperanza ante la filosofía de la desesperación propuesta por Voltaire en su refutación del “todo está bien” de Pope y el “vivimos en el mejor de los mundos posibles” de Leibniz, a través de la reflexión sobre el terremoto que azotó a Lisboa en 1755. De hecho la refutación de Rousseau a Voltaire inicia de la siguiente manera: “en vez de los consuelos que esperaba, no hacéis otra cosa que

afligirme”270. Posteriormente, Rousseau manifiesta su predilección por el discurso de Pope que “endulza sus males” frente al del Voltaire que “agría sus penas” Incluso, Rousseau llega a afirmar su predilección por un Dios bondadoso aunque no todopoderoso por encima de un Dios todopoderoso que tenga la capacidad y la voluntad de generar desdicha al hombre. En este caso, para Rousseau, la naturaleza se rige por sus propias leyes de acuerdo a un orden propio que no pueden ser modificadas e incluso conocidas a cabalidad por el hombre, y en las cuales Dios no interfiere, eximiéndolo del mal causado por un fenómeno natural como el terremoto de Lisboa.

En este ejercicio de refutación, Rousseau se encuentra con el tema de la existencia de Dios y del alma, existencia que para él, en sentido estricto, no se puede demostrar a la manera de una demostración racional, pues se escapa de las posibilidades humanas trayendo como consecuencia una confrontación de argumentos que no hacen más que turbar el espíritu. La vía que recorre Rousseau para afirmar la existencia de Dios y del alma misma es la creencia, la cual no depende de él ni se puede demostrar de forma racional, sino que se presenta como una “prueba del sentimiento”, es decir, un acto de fe en su interioridad que se determina con independencia de la razón y que se encamina por los senderos de la felicidad humana, como él mismo lo afirma respecto a la existencia del alma, “tengo la dicha de creer”271.

Como se ha podido ir observando durante el recorrido de Rousseau en su búsqueda por una idea de Dios que sea consecuente con sus aproximaciones éticas, progresivamente ha ocurrido un desplazamiento en el campo metodológico desde el cual se acerca al problema de Dios. En sus primeras reflexiones sobre el tema, Rousseau busca un Dios afuera de sí mismo que se muestra y revela en la naturaleza y que se concreta en los mandatos y la profesión de un credo religioso particular, sea catolicismo o calvinismo, como lo fue en su caso. Posteriormente anoté cómo nuestro filósofo ginebrino se acercó a la noción de Dios

      

270ROUSSEAU, Jean Jacques, Escritos Religiosos, op. cit.,p. 77. 

desde la evidencia de la fe que habita en su interioridad, desplazándose del campo de la demostración racional de sus primeros escritos, cuando discurre sobre la posibilidad del conocimiento de Dios por parte del hombre, hacia la evidencia de la fe y el sentimiento de existencia de la divinidad que habita en su propia subjetividad. Un paso fundamental y definitivo en este camino hacia un Dios que como la conciencia sirva como referente de la acción humana desde la interioridad, se encuentra en La profesión de fe del vicario saboyano.

En efecto, el giro hacia el conocimiento interno como medio para alcanzar la dicha humana es la apuesta fundamental de Rousseau en este último texto. En sus primeras páginas encontramos el criterio que lo ha de guiar en su búsqueda, a saber, lo que no rehúsa su consentimiento en la interioridad de su corazón, lo cual más adelante será presentado como la conciencia, la cual como lo vimos, es en términos de Rousseau, “un principio innato de justicia y de virtud por el cual, a pesar de nuestras propias máximas, juzgamos nuestras acciones y las de los demás como buenas o malas”272, adicionalmente, dicha conciencia conduce al ser humano hacia la verdad, no teórica sino práctica, aquella que puede llevar al hombre a alcanzar la felicidad.

Es precisamente a partir de su reflexión sobre el campo de lo práctico que Rousseau logra una concepción de Dios más refinada y acorde a su método de indagación. El punto fundamental que permite este hallazgo es la evidencia del orden que consagra en sus dos artículos de fe. El primero de ellos afirma la existencia de una voluntad que anima el universo, y el segundo, asevera una inteligencia que logra que dicho movimiento se dé a través de un orden que no puede ser explicado por algo fortuito ni por principios ininteligibles. A partir de esta vivencia del orden logra conectar con Dios en el sentido que “a este ser que quiere y que puede, a este ser activo por sí mismo, a este ser, en fin, cualquiera que sea, que mueve el universo y ordena todas las cosas, yo lo llamo Dios. Uno

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a este nombre las ideas de inteligencia, de poder, de voluntad que he reunido y la de bondad que es su consecuencia necesaria”273. En suma, Dios no es un objeto de conocimiento externo a él sino un ser que habita las cosas y del que puede sentir su existencia en él mismo, de hecho, cuando a partir de esta nueva noción de Dios intenta definir sus atributos encuentra que no puede afirmar nada de forma absoluta, sin embargo, aunque no pueda concebir su esencia absoluta, Dios no deja de ser, afirmar que es se convierte de esta manera en su única pretensión.

A Dios se siente y se experimenta en el corazón humano, su aproximación a él se da por medio del sentimiento y no a través de la demostración racional, de la misma forma que la conciencia como luz interior que guía la acción humana y que desde la intimidad del corazón humano se constituye como criterio de distinción entre el bien y el mal, se impone en el campo ético a la ley externa; así como no debe existir una mediación institucional entre Dios y el hombre, en el campo religioso, la sola luz de la conciencia es suficiente para conducir al hombre por el bien y la justicia en su deseo de alcanzar la felicidad. La consecuencia más notable de esta aseveración es la identificación de la conciencia con Dios mismo.

      

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ANEXOS

Anexo C. Carta de presentación de la tesis Bogotá, D.C., 8 de julio de 2014

Dr. DIEGO ANTONIO PINEDA RIVERA Decano Académico

Facultad de Filosofía

Pontificia Universidad Javeriana

Apreciado Profesor Diego Pineda Reciba un saludo cordial.

Tengo el gusto de presentar a consideración de la Facultad por intermedio suyo, el trabajo de grado de JHON JAIRO JÁCOME RAMÍREZ, titulado La idea de Dios en Jean-Jacques Rousseau, para optar al título de Licenciado en Filosofía.

Después de haber revisado el escrito final, considero que cumple plenamente con los requisitos que exige la Facultad para un trabajo de pregrado.

Jhon Jairo presenta un estudio riguroso acerca de la idea de Dios en Rousseau, consulta las obras principales del filósofo ginebrino, reflexiona sobre ellas, las organiza y presenta un escrito que combina aspectos fundamentales de la fe de Rousseau, de su idea de Dios; así como los avatares de su propia vida en el que discurre de una forma sensible la relación con Dios. Quiero destacar del trabajo de Jhon Jairo la forma como se apropia el pensamiento del ginebrino y discute con él.

María Cristina Conforti Rojas Directora Trabajo de grado

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