Capítulo II. Marco Teórico
2.2 El campo como espacio para el análisis de la vida social de los jóvenes
El campo, desde la teoría Bourdiana es la red de relaciones objetivas. En este sentido, la escuela entendida como un campo universitario está formada por la suma de todos los agentes, en este caso los estudiantes. En la medida en que los sujetos están dominados y tienen movimiento con los agentes del mismo campo tienen la capacidad de mantenerlo o cambiarlo. Entonces, se entiende que el espacio universitario es un campo, un espacio de luchas de poder y de posiciones organizadas en subcampos o disciplinas en donde el habitus en su carácter generador, permite saber cómo los agentes se comportan de una manera u otra.
Por lo anterior, los agentes que se encuentran en el campo universitario tienen diferentes formas y momentos de socialización interna en el sentido de la escuela y, externa refiriendo al espacio social que hay fuera de ella. En la escuela, estas formas de socialización están en función de la convivencia con los pares, en donde a través de la organización para el cumplimiento de actividades académicas, encuentran el momento para conocer las formas de pensar del otro y encontrar gustos afines entre ellos, al respecto Bourdieu (2008) indica:
El campo universitario reproduce en su estructura el campo del poder cuya estructura contribuye a reproducir por su propia acción de selección e inculcación. En efecto, es en y por su funcionamiento en tanto espacio de diferencias entre posiciones (y, al mismo tiempo, entre las disposiciones de sus ocupantes) que se lleva a cabo, fuera de toda intervención de las conciencias y de las voluntades individuales o colectivas, la reproducción del espacio de las posiciones diferentes que son constitutivas del campo del poder. (p. 61)
También, las estrategias de dominación dependen de las estructuras del campo, es decir, de quienes se encuentren más cercanos al poder. La universidad, entendida como un campo social los estudiantes tienen la agencia para desarrollar habilidades sociales que los coloca en los diferentes lugares que le otorgan cercanía al campo de poder. Las influencias del campo de la cercanía de los campos de poder, otorgan a los estudiantes la posibilidad de participar en eventos de diferente índole: políticos, sociales o académicos.
Las disciplinas tienen un carácter generador de habitus dentro del campo y fungen como estructuras que moldean las formas de acción y de llevar a cabo prácticas que solo son posibles dentro de las características propias de cada una de ellas, es decir, la disciplina se muestra a través de los jóvenes por medio de conductas específicas que tienen que ver con la forma de vestir, de socializar y de actuar, dicho de otra forma, genera en los estudiantes su capacidad de agencia.
2.2.1 El contexto de la juventud en la escuela
La creación de la Universidad de Bolonia es el antecedente de la participación y organización política de los jóvenes dentro del contexto universitario al desarrollar su capacidad de agencia. La finalidad de su movimiento fue por la lucha para obtener su ciudadanía (Suárez, 2018) y para retener a sus profesores convirtiendo este espacio social en productor de “juventud” y de jóvenes con juventud. Esto es lo que en palabras de Balardini (2000) sería la primera juventud: la de los estudiantes de las clases medias y altas.
Con el reconocimiento que les otorgó el obtener la ciudadanía, los estudiantes adquirieron una posición de poder social, político y cultural frente a las autoridades de Bolonia. Además, el empoderamiento de estos jóvenes por su universidad al adquirir la identidad de “universitarios”, marca el antecedente para la legitimación social del rol que
hasta la fecha, tienen quienes estudian en una universidad que recibe una mayor cantidad de estudiantes provenientes de otros lugares a diferencia de las que solo reciben alumnos de la misma ciudad.
La juventud es una construcción social resultado de las relaciones sociales y de poder que emergieron en el capitalismo y en la burguesía durante los siglos XIX y XX. A partir de este momento surgen nuevas formas de visualizar a los jóvenes; las expectativas sociales están en función de los medios de producción, de la división del trabajo y de la individualización de estos actores. Esta es la segunda juventud en ser visibilizada por la sociedad, la de los jóvenes trabajadores, seguida de la juventud rural (Balardini, 2000).
Así, estos dos momentos históricos cobran especial relevancia para esta investigación al ubicar la participación de los jóvenes en el espacio universitario a partir de la necesidad del sistema productivo para emplear personal calificado en las fábricas. Esto muestra la forma en que los jóvenes son reconocidos a través de las reglas marcadas por las estructuras sociales. Es por ello que a partir de que la universidad es vista como el espacio generador de juventud, Balardini (2000) realiza la siguiente diferenciación entre jóvenes, juventud, jóvenes con juventud y jóvenes sin ella. De ahí que los modos de ser joven se constituyan de forma heterogénea.
Los jóvenes indígenas, obreros, migrantes, las mujeres, los hombres y en general, los que acuden a la escuela, enfrentan diferentes realidades y maneras de vivir y experimentar su juventud. Ya que, como se mencionó anteriormente, esta categoría está en función del espacio, el tiempo y la jerarquía social y porque los actores construyen sus identidades de manera diferente.
Por lo anterior, la incorporación del agente a la universidad bajo el rol de estudiante le otorga un reconocimiento social mayor que cuando se encuentra bajo el rol de joven. De esta manera Bourdieu & Passeron (1977) señalan a la escuela como “la única instancia legitima de legitimación de lo arbitrario”. El reconocimiento social que otorga la escuela a través de la expedición de diplomas o títulos universitarios solo pone de manifiesto la reproducción de las desigualdades de las clases sociales a partir de la elección de una profesión universitaria.
Los jóvenes son agentes sociales que se diversifican y diversifican los escenarios en los que se desenvuelven socialmente. Esta diversificación se basa en los roles que desempeñan en la vida cotidiana desarrollando estrategias de incorporación a la vida universitaria a través de la relación que establece en el campo con los pares.
Desde el enfoque estructural constructivista, el proceso de socialización del sujeto está configurado por las incorporaciones que los actores tengan en las actividades de participación que han sido estructuradas por la sociedad. Es por ello que el ingreso a la universidad, entendida como un espacio y una estructura social, otorga experiencia social, siempre y cuando el sujeto ingrese a las dinámicas marcadas por la institución. “Es en este proceso que se produce la interacción entre estructura y agencia” (Bendit & Miranda, 2017, p. 34).
En el contexto de las disciplinas, el poder de los subcampos se vuelve indispensable por los códigos de lenguaje que son posibles en cada profesión, es así como se utiliza una jerga verbal que juega en dos sentidos a la vez: por un lado, es incluyente y, por otro lado, excluye a los que no se encuentran en este subcampo.
El espacio urbano y el espacio escolar son lugares que hacen entrar en conflicto los intereses y prioridades de los jóvenes. Se vislumbra la el espacio y el tiempo como elementos que hacen entrar en conflicto al sujeto juvenil. En la universidad despliegan estrategias y ponen en juego la carga social que han adquirido desde antes de ingresar al campo escolar. Esta carga social que algunas veces se hace visible a través de afinidades con sus pares hacia la moda, la música, ideologías, también se puede visibilizar por las expectativas académicas que demanda la universidad.
La decisión de continuar con los estudios universitarios se configura por tres elementos básicos: social, familiar y personal: el primero tiene que ver con el reconocimiento que la sociedad otorga al agente cuando concluye sus estudios superiores; el segundo se configura por los componentes que impulsan —o no— la entrada y permanencia de los actores al campo escolar; y el tercero se regula a través de las aspiraciones y expectativas que
influyen en los logros6 escolares. Cabe destacar que estos tres elementos no se dan en la misma medida ni de igual forma en la trayectoria universitaria de los jóvenes.
Khattab (2015) hace una diferencia entre las aspiraciones y las expectativas, para él, las aspiraciones se encuentran en un nivel abstracto, en un nivel imaginario de lo que el agente desea alcanzar o ser en el futuro. Las expectativas se desarrollan en un sentido socio- económico asociado a las realidades y a los contextos inmediatos de los jóvenes y en donde entran en juego las probabilidades de entrar a la universidad y una vez dentro, de obtener el título. Estas dos variables conjugadas de manera paralela con el logro escolar, se interpretan que, a mayores aspiraciones y expectativas, mayor será el rendimiento escolar y los logros reales obtenidos.