Capítulo IV. Análisis de la información
4.2 Las expectativas de los jóvenes estudiantes como dimensión de análisis para
4.2.3 Las expectativas con tendencia a una construcción liberal
Esta categoría incorpora a los estudiantes cuya expectativa sobre los estudios superiores, particularmente con relación a su disciplina, está constituida por rasgos propios de un posicionamiento liberal. Sin embargo, puede incorporar algún rasgo de las expectativas tradicionales. Dentro de esta categoría se encuentran los alumnos que estudian las carreas de Sociología, Nutrición, Odontología e Ingeniería en Alimentos. Cabe destacar que, esta última disciplina es la única que concentra a estudiantes foráneos con tendencia a una construcción liberal.
El proceso de admisión constituye el primer acercamiento que los jóvenes tienen con el campo universitario. A partir de este momento se generan las primeras impresiones sobre la vida institucional y, en concreto, sobre la carrera a la que desean aspirar. Es así como los estudiantes visualizan su trayecto académico a través de las expectativas previamente construidas. Tinto (1989) establece que para evitar que los estudiantes sean decepcionados en el primer año de estudios, las instituciones deben crear expectativas realistas sobre lo que significa el ingreso a la escuela elegida, situación que rara vez ocurre, ya que para la universidad importa más el compromiso académico que el social.
Los contextos en los que se desarrollen los estudiantes son importantes en la configuración de las expectativas sobre sus planes futuros. El primer contexto con el que tienen contacto los jóvenes, es la familia. El capital social de los padres influye en la construcción de las expectativas de los jóvenes en la medida en que las familias poseen o no este tipo de capital. El segundo espacio que cobra un papel relevante, es el escolar, y de manera particular, del papel que juegan los agentes que impulsan a los jóvenes a desarrollar expectativas. Es así como la figura de los docentes, quiénes, al igual que los padres, ejercen una fuerte influencia en las aspiraciones de los estudiantes con base en el rendimiento que estos tengan en la escuela (Khattab, 2003).
En términos de análisis, se observa que los estudiantes xalapeños que se encuentran en las carreas de Ciencias de la Salud, son los que reportan los menores porcentajes de expectativas con tendencia a una construcción liberal, mientras que Sociología es la disciplina que alberga al mayor porcentaje de jóvenes con expectativas que se encuentran dentro de esta categoría. Se podría decir que estos agentes hacen uso de su capital
institucionalizado como medio para prolongar sus estudios y especializarse en algún campo de su disciplina o bien, para proyectarse con una mejor preparación con respecto a las demandas del campo laboral.
Con referencia a lo anterior, Tinto (1989) plantea dos posibilidades sobre las metas educativas que tienen los estudiantes; la primera refiere a los jóvenes que están en universidades con metas educativas limitadas, es decir, por debajo de lo que la institución espera de ellos; la segunda tiene que ver con los estudiantes cuyas metas se encuentran por encima de las expectativas de la escuela. En cualquier caso, las instituciones de educación superior, o bien las disciplinas, siempre albergarán a los dos tipos de estudiantes. Sin embargo, estas siempre estarán influenciadas por la experiencia escolar, y, de manera específica por las prácticas realizadas durante el primer año de estudios, dicho de otra manera, proyectadas al logro de sus intereses a largo plazo.
Desde otra perspectiva, se podría decir que los estudiantes ubicados en esta categoría, se enfrentan a probabilidades de igualdad entre aspiraciones y expectativas que posiblemente estén desajustadas con relación al logro escolar (Khattab, 2015). Se observa que la decisión de ingresar a la universidad no fue del todo personal, sino que responde a las expectativas de los padres, es decir, el nivel del nivel de influencia que estos ejercen sobre sus hijos, ya que tanto las aspiraciones como las expectativas forman parte del capital cultural de tal forma que el nivel económico de los padres influye en las experiencias académicas y sociales de los jóvenes.
En ese mismo sentido, Tinto (1989) establece que el éxito académico de un estudiante está vinculado con los origines sociales, con la capacidad individual de los agentes, pero también con la capacidad que tienen las instituciones para involucrar a sus jóvenes. Dentro de la capacidad individual se destaca el tipo de integración que los actores tengan, es decir, de las estrategias que desarrollen para integrarse a las actividades académicas, deportivas, socioculturales y políticas, mismas que pueden ser representadas a través de la integración de los actores a la estructura que demanda el campo universitario y, de manera específica durante el primer año de estudios, en donde, las prácticas de socialización con los pares, fungen como impulsos para que los estudiantes decidan continuar con sus estudios (Ramos, 2013).
Con referencia a lo anterior, la etapa que ocurre entre el primero y segundo año de estudios, se presenta como un periodo crítico en el que el abandono escolar es más frecuente (de Garay, 2012; Silva, 2011; Tinto, 1989). Aunque es una decisión voluntaria, los motivos que llevan a los jóvenes a tomar dicha medida están fuertemente relacionados con las habilidades sociales que tengan dentro del campo escolar para lograr establecer relaciones con otros agentes, ya sea en un nivel académico o a través de los pares. En otras ocasiones, los intereses acerca de lo que esperan los estudiantes sobre la vida académica y, de manera particular de la disciplina, tienden a estar distantes y a veces en direcciones contrarias de las expectativas académicas que ellos se han formado sobre lo que sería la experiencia universitaria.
Es por ello que, las prácticas realizadas por los jóvenes durante el primer año cobran especial relevancia desde el momento en que inician su proceso de socialización, de esta manera, las relaciones que los alumnos establezcan dentro y fuera del espacio universitario fungen como estrategias de integración a las actividades que les demanda el entorno escolar y el extraescolar. Un elemento significativo para dar cuenta de las formas de socialización, son los límites geográficos, o sea, los alumnos que viajan diariamente desde su localidad de procedencia hasta las instalaciones universitarias despliegan otro tipo de estrategias de incorporación al campus y a la vida académica, a diferencia de aquellos que radican en la misma ciudad donde se encuentra la facultad.
La participación de tiempo completo tanto en la vida universitaria como en la extraescolar se asumen de manera diferente para los estudiantes foráneos y para los xalapeños. En la medida en que los jóvenes dan prioridad a los compromisos de participación y socialización en un contexto particular, su nivel de involucramiento no será de la misma magnitud ni de igual importancia en el otro contexto, es decir, mientras da preferencia a unas prácticas, descuida otras. Para Tinto (1993), esto está relacionado con el nivel de satisfacción o insatisfacción que los estudiantes tengan con respecto a las comunidades académicas, sociales, culturales o políticas a las que pertenecen.
Por lo anterior, se entiende que los jóvenes pueden estar en una especie de conflicto al momento de decidir cuál contexto le aporta los elementos suficientes que le ayuden al logro de sus expectativas. La capacidad de agencia que tengan los actores para resolver este
conflicto se vincula con el hecho de conciliar los contextos, así como las prácticas y actividades demandadas por cada espacio a fin de evitar la separación de la vida universitaria o de la externa al espacio escolar. Esto, en palabras de Tinto (1993) quiere decir que, aunque las prácticas realizadas en ambos espacios extienden los límites de dichos contextos, es probable que uno condicione la socialización del otro.