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La configuración de las expectativas desde una construcción tradicional

Capítulo IV. Análisis de la información

4.2 Las expectativas de los jóvenes estudiantes como dimensión de análisis para

4.2.1 La configuración de las expectativas desde una construcción tradicional

Esta categoría se caracteriza por albergar a los estudiantes cuyas expectativas sobre los estudios superiores y, principalmente sobre su disciplina, está construida a partir de la influencia del contexto familiar —expectativas de los padres—, la obtención de un título universitario —obtención del título— y la incorporación al campo laboral —mejores oportunidades de trabajo—.

Khattab (2005), sostiene que la familia juega un papel importante en la configuración de los planes futuros de los estudiantes, de manera independiente del nivel socioeconómico de los padres, estos esperan que sus hijos se gradúen de la universidad y sean adultos exitosos,

10La comparación se realizó únicamente con la generación 2017, porque es aquí donde se ubican los

pero las formas de apoyo, en términos de proporción de recursos necesarios para que los estudiantes logren establecer altas, bajas o nulas expectativas, están relacionadas con la educación y ocupación de los padres. Sin embargo, la diferencia radica en el capital social de las familias, esto es, que los hijos de las familias ricas en capital social, tienden a construir altas aspiraciones y planes educativos futuros, por lo que existe una probabilidad de que las expectativas se desarrollen a través de las normas y valores que los padres transmiten a sus hijos.

En la tabla 7, se muestra que, dentro de los alumnos foráneos, quienes estudian Letras e Ingeniería en Alimentos tienen un mayor porcentaje de alumnos ubicados en esta categoría si se compara con otras carreras. Aunque en la distribución interna Ingeniería en Alimentos tiene casi el mismo porcentaje de estudiantes foráneos distribuidos en la categoría con tendencia a lo liberal. En el caso de los xalapeños, son los jóvenes de Física y de Odontología los que se ubican en esta categoría. Se podría decir que estos estudiantes visualizan en las instituciones de educación superior un puente para ampliar sus posibilidades de encontrar trabajo, es por ello que a través de su capital institucionalizado ven un futuro posible e inmediato para integrarse al campo laboral una vez concluidos sus estudios.

Los estudiantes de estas disciplinas ven un futuro más estructurado hacia lo tradicional en términos de la obtención de un título universitario les abrirá mayores oportunidades de ingreso al campo laboral. Con esto, las familias de los jóvenes ubicados en esta categoría afianzan su postura en términos de un bienestar económico inmediato, que se traduce en un trabajo más o menos estable. En este sentido, el ingreso a la universidad se configura para los estudiantes, así como para sus familias, como un camino que abre varias posibilidades en términos laborales.

Por lo anterior, podría plantearse que, a mayor escolaridad de los padres, mayor es la posibilidad de plantear un futuro académico para los hijos a través de la obtención de un titulo universitario. Con esto, las familias afianzan su permanencia en la esfera social a la vez de reproducir los mecanismos íntimamente ligados al nivel socioeconómico y heredan los valores sobre la importancia que la educación superior tiene para canalizar las oportunidades de trabajo que están disponibles dentro de su estructura social. Es así como el rendimiento

académico se asocia a las aspiraciones educativas (García-Castro & Bartolucci, 2007; Khattab, 2003).

En el esquema de que el nivel socioeconómico de las familias es un factor determinante para que los jóvenes concluyan sus estudios universitarios, Tinto (2006-2007) encontró que entre mayores ingresos obtengan las familias, menores serán las posibilidades de que los alumnos abandonen la escuela. Con lo anterior, el papel de la familia es importante en un sentido económico y social porque otorga de manera inconsciente los impulsos para que los estudiantes construyan grandes expectativas, así como para tener amplias posibilidades de conseguir un título universitario. Para Bourdieu & Passeron (2004) la incorporación al juego intelectual siempre estará en total dependencia del origen social.

Desde una perspectiva general, se aprecia que son los estudiantes foráneos de las facultades de Letras y de Ingeniería en Alimentos, así como los jóvenes xalapeños estudiantes Física y Odontología, los que se caracterizan por estar en una categoría tradicional, es decir, en dónde los elementos tales como la intervención de la familia, la obtención de un título universitario y la inserción al campo laboral, se configuran en una perspectiva recta en donde no hay mayor cabida para plantearse otras posibilidades con respecto al futuro.

Dentro de estas cuatro carreras, es curioso observar las contradicciones que se manifiestan entre ellas, en primer lugar, porque pertenecen a áreas distintas del conocimiento; y segundo lugar, se encuentra el hecho de que, en términos de cumplir las expectativas de los padres, tanto los alumnos xalapeños como los foráneos tienen en común la planeación de una trayectoria lineal configurada por la influencia de lo que esperan las familias. En este sentido, imaginan y proyectan un futuro con un recorrido frecuente —tradicional— cuya finalidad es la inserción al mercado laboral.

Además, también resulta interesante observar las diferencias en cuanto al comportamiento de los contrastes geográficos. Mientras los padres de los alumnos xalapeños que están en las carreras de Física y Odontología han heredado a sus hijos una formación tradicional en términos de expectativas, no se presenta de igual forma para las familias de alumnos foráneos. Esta misma situación se presenta en los padres de los alumnos foráneos que cursan las carreras de Letras y de Ingeniería en Alimentos.

Lo destacable es que en estas cuatro disciplinas la idea tradicional de ir a la escuela para titularse y finalmente obtener un empleo, está fuertemente definida tanto para los alumnos xalapeños como para los foráneos, ya que no existe al menos un elemento para indicar una tendencia a lo tradicional, sino que son totalmente tradicionales. Un dato interesante se puede observar en la carrera de Letras, disciplina que alberga al mayor porcentaje de alumnos ubicados en la categoría tradicional, pero al mismo tiempo no se encuentra tan distante de las cifras arrojadas por las otras tres carreras.

Es por ello que los jóvenes que se encuentran en esta categoría ven en los estudios universitarios, y en concreto en su disciplina, una trayectoria tradicional hacia el campo laboral esperando integrarse de manera inmediata al sector productivo una vez que hayan concluido sus estudios del nivel superior. Se podría decir que, consideran que el tiempo invertido en la escuela y en las tareas académicas, valdrá la pena en la medida en que tengan mayores posibilidades de encontrar trabajo (Encuesta Nacional de Valores en Juventud, 2012).

El título es el reconocimiento institucional producto de la acumulación de capital cultural y económico que los agentes han adquirido previamente (Baudelot & Establet, 2016). En otras palabras, se trata del reconocimiento a la trayectoria escolar de los jóvenes. En este sentido, el capital cultural también juega un papel importante en la determinación de las inversiones educativas que las familias han de heredar a los hijos. De manera precisa, la aptitud que los estudiantes tengan para lograr un determinado rendimiento de la acción escolar, está reforzado por las inversiones en términos de tiempo y de capital cultural que los padres han invertido previamente en los estudiantes y, en este sentido, el titulo escolar depende de los capitales sociales y económicos (Bourdieu, 1987).

Lo anterior podría suponer que estamos frente a la presencia de jóvenes que tienen un fuerte arraigo familiar ya que, para ellos, la elección de la carrera no fue azarosa, es decir, estuvieron recibiendo la influencia de su estructura objetiva (Bourdieu, 2004) en función de las relaciones que establecen en el contexto de la familia, así como de las trayectorias escolares previas a la universidad. En forma paralela, las experiencias que los jóvenes hayan adquirido antes y durante el primer año de estudios universitarios, giran en torno a las

prácticas relacionadas con su juventud, pero también a las que les demanda su disciplina, es decir, que tanto sus prácticas como sus experiencias tienen diferentes formas de expresión.