Vance encontró a Caleb dormido en el despacho del consultorio, con los pies apoyados sobre el escritorio. Cerró la puerta tras ella, despacio, y se dirigió al dispensario en la parte de atrás.
- Todavía no ha recuperado el conocimiento -dijo Caleb sin abrir los ojos. - Yo me quedaré con él ahora. Tú vete a casa.
Caleb bajó los pies del escritorio, su sillón chirrió al vencer su peso hacia delante. Se frotó con desgana la incipiente barba en su barbilla- Debe ser hora de levantarse.
- Son casi las seis -Vance señaló con su cabeza hacia la parte de atrás- Si duermes unas horas, luego puedes relevarme aquí y yo puedo salir a atender las consultas.
- Ayer pasaste la mayor parte del día a caballo, ¿verdad?
Vance vaciló un segundo. Los acontecimientos del día anterior parecían estar muy lejanos en el tiempo- Sí. Pero no hay razón que no pueda volver a hacerlo.
- No estaba completamente seguro de necesitar ayuda aquí hasta que llegaste -dijo Caleb poniéndose de pie y desperezándose- Ahora me doy cuenta de que había muchas cosas que no se hacían por que no tenía tiempo para hacerlas. Muchas personas estarán mucho mejor porque al menos uno de nosotros podrá atenderlas más a menudo. Ahora que somos socios, deberíamos compartir el trabajo.
- Aún tiene que pasar algo más de tiempo para que me gane ese derecho -dijo Vance en voz baja.
- Aquí las cosas son más simples de lo que supongo que estás acostumbrada. Tú estás aquí, estás haciendo un buen trabajo, y necesito que continúes haciéndolo. Eso es todo lo que necesito para saber cómo deberían ser las cosas.
Con una sacudida de su cabeza, Vance dijo- No sé si llamar a tu forma de pensar simple, práctica o, quizás, honesta.
Caleb se encogió de hombros- La cuestión es que la vida es demasiado corta como para perder el tiempo pensando en cómo vivirla. Es mejor hacerlo, simplemente.
Vance pensó en las palabras de despedida de Mae y se preguntó si ella en realidad tenía miedo de vivir. Nunca había pensado en eso antes, en realidad, nunca consideró sus opciones. El mundo era blanco o negro y ella sabía cuál era su lugar en él. Ahora, con Víctor ausente, estaba sola como nunca antes lo había estado. Había perdido su casa, a su mejor amigo, su integridad, todo en menos de un año. En el camino, también se había perdido a sí misma. Suspiró- Será mejor que vaya a verlo.
- Me iré a casa un rato. A ver a mi esposa y comer algo -Caleb cogió su sombrero y su abrigo- Si surge algo, envía a alguien a buscarme.
- Lo haré. Gracias.
- Por darme esta oportunidad.
- Solo puedo decir que no he hecho nada más que reconocer un buen trato cuando lo veo. Si es algo más para ti, es cosa tuya -se encogió de hombros- Si piensas en ello, todo el mundo está aquí buscando otra oportunidad.
Vance sonrió- Entonces supongo que no soy tan diferente.
- Nop -dijo Caleb mientras abría la puerta principal e inspiraba profundamente el aire frío de la mañana- No, no eres muy diferente en lo esencial. Hasta luego, Vance.
- Buenos días, Caleb -cuando la puerta cerró detrás de él, Vance abrió la puerta interior y entró en la oscura trastienda. El aire olía a medicamentos, a alcohol y a caballo. El olor de muerte y descomposición que era omnipresente en el hospital de campaña durante la guerra no estaba. Cuando se acercó a la cama donde yacía Jed cubierto por una manta ligera, vio moverse sus párpados. Rápidamente, le puso la mano en el hombro, esperando que despertara.
- Jed -dijo firmemente, con la esperanza de penetrar en su mente embotada por la medicación y el dolor- Estás en casa del Doctor Melbourne. Has recibido un disparo, Jed, pero aún estás entre los vivos.
Lentamente, Jed abrió los ojos, parpadeando rápidamente. Se agarró a la manta, como si pudiera protegerle de un mal mayor. Tosió y gimió levemente.
- Soy la Dra. Phelps. Ahora estás en la consulta del Dr. Melbourne. Sacamos la bala anoche. Lo estás haciendo muy bien.
- ¿Dónde está Jess?
La pregunta cogió desprevenida a Vance y se esforzó por entender. No había prestado ninguna atención a los otros vaqueros que estaban reunidos cerca de la consulta cuando había llegado la noche anterior- No conoz…-Jed apartó la manta y luchó por sentarse.
La leve presión de la mano de Vance en el hombro de Jed le impidió levantarse. Frunciendo el ceño, él se apartó con desasosiego, intentando librarse de la sujeción- ¿Está herida? ¿La trajeron, también? Quiero verla.
Ella. Vance asintió con la cabeza entendiendo, recordando a Kate con la rubia alta y delgada la noche anterior. Entonces recordó dónde había visto por primera vez al insólito vaquero... el día que llegó a la ciudad habían intercambiado unas pocas palabras en la calle. Así que esa era Jessie. La Jessie de Kate, aparentemente, si la obvia intimidad entre ellas significaba algo. La noche que acompañó a Kate a casa, ella le había dicho que había encontrado el amor en New Hope. El amor por Jessie. Vance se sintió embargada por una oleada de admiración mezclada con un poquito de envidia. Esta tierra efectivamente estaba llena de posibilidades.
- Jessie está bien -dijo Vance enérgicamente- Imagino que estará aquí en cualquier momento. Voy a darte algo para el dolor y no me digas que no lo necesitas.
Jed cerró los ojos- No pensaba hacerlo.
- Esto no hará que el dolor desaparezca -dijo Vance mientras abría la botellita de láudano- Un exceso de esto y cambiarás una desgracia por otra.
- No quiero demasiado.
- No tienes por qué preocuparte. Tendré cuidado -apoyó la cuchara sobre sus labios y cuándo abrió la boca un poco vertió el líquido sobre su lengua. Ella podía recordar el sabor ligeramente amargo y la reconfortante calidez corriendo rápidamente por su torrente sanguíneo, relajando sus músculos, mitigando su dolor, y culminado en un feliz estado de amnesia. De vez en cuando todavía sucumbía a la necesidad de escapar, pero lo único que se permitía a sí misma era una botella de whisky. El alcohol era algo mucho más fácil de superar al día siguiente- Relájate y duerme.
Cuando estuvo segura de que Jed estaba descansando cómodamente, regresó al despacho, dejando entreabierta la puerta contigua. Se acomodó en el sillón de Caleb, colocó sus pies sobre el escritorio en el mismo lugar lleno de rozaduras donde, obviamente, él lo hacía con asiduidad y cerró los ojos. No esperaba dormirse, normalmente solo podía sumirse en un ligero sopor.
El sonido sordo de los tacones de unas botas resonando en el suelo de madera, hizo que se pusiera de pie de un salto echando mano de su revólver.
- Whoa…espera -exclamó Jessie, parándose bruscamente. Reconoció a la doctora pero, por el fuego salvaje en sus ojos, se podría decir que había estado en cualquier otra parte unos segundos antes, e incluso no parecía ser totalmente consciente de donde se encontraba ahora mismo- Soy Jessie Forbes. Y ese que está ahí es amigo mío. He venido a verle.
- Me acuerdo de ti -Vance inspiró profundamente y se centró en el presente. A juzgar por la luz del sol visible a través de las ventanas de la fachada, había dormido como mínimo una hora, si no más. No podía recordar lo que había soñado, lo cual era raro- Probablemente estará dormido, pero preguntó por ti antes.
Los ojos de Jessie se iluminaron-. ¿Estaba despierto? - Durante un minuto, poco más o menos.
- ¿Así que se pondrá bien?
Vance caminó hacia la puerta del dispensario y la cerró- No lo sé. La bala salió limpia pero la herida es profunda. Perdió mucha sangre.
Jessie palideció y se puso rígida, como si se preparara para una pelea. Estudió a la delgada y morena doctora con mirada escrutadora, intentando formarse una opinión sobre ella. Observó que su mano se había relajado y se había alejado de la cartuchera. Se había despertado preparada para pelear, lo cual quería decir que no era la primera vez. Jessie la respetó por eso. Su brazo amputado también
decía mucho de ella. Heridas como esas habrían acabado con la mayoría de los hombres. Así que ella era fuerte y resistente. Jessie decidió que eso era todo lo que necesitaba saber- ¿Qué más?
- Tiene a su favor -continuó Vance- que parece ser un luchador. Jessie sonrió con ironía- No querría enfrentarme a él.
- Eso es bueno. Necesitará ser fuerte -Vance apoyó la cadera en el borde de la mesa- Pasarán algunas semanas antes de que esté en condiciones de levantarse, si las cosas van bien. Y un par más antes de que pueda casados antes de que pueda montar a caballo.
- ¿Cuándo podremos trasladarlo al rancho?
- Sería mejor que se quedara en la ciudad. Sería más fácil para mí o para el Dr. Melbourne visitarlo, y será necesario hacerle curas.
- Mae estaría dispuesta a cuidar de él aquí -dijo Jessie- Ella ya lo ha hecho antes. Lo hizo conmigo. Aún así, estaría más tranquila si él estuviese en el Rising Star.
- No sabía que Mae hacía ese tipo de cosas -dijo Vance en voz baja.
- No hay mucho que Mae no sepa hacer, y nada que no hiciera por un amigo. Vance notó la admiración y el afecto en la voz de Jessie y sintió una punzada de celos. Jessie Forbes parecía ser todo lo que Vance había sido una vez... completamente segura de sí misma, fuerte y capaz, dueña de su propia vida. También era una mujer atractiva, de ojos claros, y bien formada. Vance podía ver a Mae coqueteando con ella, a Mae con sus brazos alrededor de esos fuertes hombros, riéndose...
- ¿Puedo verle ahora? -preguntó Jessie.
- Sí -contestó Vance rápidamente, apartando las dolorosas imágenes de su mente- Por supuesto.
- ¡Mae! -gritó Kate cuando reconoció a su amiga cruzando la calle hacia el hotel. Se apresuró a bajar de la acera de tablones yendo hacia ella.
-Has llegado temprano a la ciudad -dijo Mae, levantando sus faldas para subir los dos escalones hasta la pasarela elevada que discurría frente a los edificios.
- Jessie y yo nos hospedamos en el hotel anoche. Jessie ha sido a ver a Jed. Iba hacia oficina del periódico para ver si mi padre ha llegado ya al trabajo -Kate pasó su brazo alrededor de la cintura de Mae- He tenido suerte al encontrarme contigo.
- No suelo estar levantada tan temprano -dijo Mae irónicamente- Pero ya que lo estoy había pensado desayunar en el hotel.
- Oh, vamos. No pude retener a Jessie el tiempo suficiente como para comer algo. Lo único que quería hacer era ir a ver a Jed. Después iba a devolver el carruaje que nos prestaron anoche y volver para encontrarse conmigo aquí.
- Imagino que sentirá hambre una vez haya aliviado su preocupación -Mae hizo una pausa mientras se acercaban al hotel- ¿De verdad no estás preocupada por los rumores que habrá sobre nosotras?
Kate se detuvo y miró a Mae con seriedad- Por supuesto que no lo estoy. Tú eres mi mejor amiga.
- Válgame Dios, Kate -dijo Mae- Eres tan terca como Jessie. Solo que tú lo disimulas mejor.
Riéndose, Kate arrastró a Mae al interior- Menos mal que lo soy, porque entre Jessie tú me dais mucha guerra.
Cruzaron el vestíbulo vacío, excepto por varias sillas y sofás usados, hacia el comedor que estaba en un lado. Para sorpresa de Kate, Rose Mason y su madre estaban sentadas en una de las mesas pequeñas disfrutando de un té con galletas.
La cara de Rose se iluminó cuando las vio, pero Clarissa Mason las miró con un evidente gesto de desaprobación.
- ¡Kate! -exclamó Rose, haciendo gestos con las manos- Ven a sentarte con nosotras.
Kate vio a Clarissa inclinarse hacia su hija y susurrarle al oído, con cierta urgencia, lo que Kate supuso era una advertencia de desaprobación. Reprimió una sonrisa de satisfacción al pensar en el desasosiego de Clarissa Mason pero, no obstante, Kate negó con la cabeza. No deseaba exponer a Mae a una situación en la que se sentiría incómoda- Gracias, pero no querríamos molestar.
- Estábamos a punto de irnos -dijo Clarissa Mason ligeramente crispada. - Oh, Mamá -objetó Rose- Sabes que Anna dijo que ella no estaría lista para nuestra prueba por lo menos en una hora -Mientras Kate y Mae se dirigían a una mesa próxima, Rose añadió- Nos estamos haciendo algunos vestidos con algunas de las telas que trajimos de Denver. Serán a la última moda.
- Eso es maravilloso -Kate lo dijo con lo que, esperaba que fuese la cantidad justa de entusiasmo dijese con lo que ella esperó fue un grado apropiado de entusiasmo. Pensó en sus planes para ajustar su ropa para adaptarla a sus nuevas actividades en el rancho y lo horrorizada que estaría Rose con el resultado. Cuánto había cambiado su vida desde que llegara a New Hope y encontrara a Jessie. Y se encontrara a sí misma. Aunque nunca había estado tan interesada en la moda y las relaciones sociales como lo habían estado sus amigas, ahora encontraba esas inquietudes frívolas en grado sumo.
- Ve por delante, Mama. Sé que quieres hablar con Mrs. Frankel en la tienda. Tomaré el té con Kate y... -Rose se quedó mirando a Mae con interés.
- Disculpa por mis malos modales -dijo Kate, volviéndose un momento para pedir té y galletas al niño que había salido de la cocina para preguntar. Sonrió a Rose, que se apresuró a unirse a ellas a pesar del cacareo de desaprobación de su
madre- Ésta es mi amiga Mae. - Hola -dijo Mae.
- Encantada de conocerte -contestó Rose mientras se sentaba en la mesa que habían elegido Kate y Mae.
- Igualmente -dijo Mae levantando una ceja elegantemente.
Clarissa Mason se detuvo junto a la mesa el tiempo justo para dedicarle a su hija una mirada gélida, después dijo con serenidad- No tardes demasiado. Tenemos muchas cosas que hacer esta mañana antes de ir a tomar el té con los Miller.
- Estaré allí pronto -dijo Rose. Tan pronto como desapareció su madre, Rose se inclinó hacia adelante con complicidad- Oí que anoche hubo movimiento en casa de Doc Melbourne -echó una mirada a Kate- ¿Es cierto que dispararon a alguien del Rising Star?
- Sí -contestó Kate en voz baja- A nuestro capataz, Jed. - ¿Se encargó Vance de él?
Mae no se perdió el énfasis que Rose puso al pronunciar el nombre de Vance. Entrecerró sus ojos y la estudió cuidadosamente. Rose se parecía mucho a las jovencitas con las que se había criado, hijas de familias privilegiadas que se rebelaban contra las restricciones que les eran impuestas, tomándose a la ligera situaciones que consideraban peligrosas o excitantes. Algunas veces eso se reflejaba en relaciones románticas con hombres que sus padres encontrarían inapropiados. Podía ver que Vance, siendo tan diferente de cualquiera de las mujeres u hombres con quienes Rose estaba familiarizada, le parecería emocionante y misteriosa. Vance era, sin duda, lo suficientemente atractiva como para llamar la atención de cualquier mujer aunque solo fuera por el reconocimiento puro y simple de la belleza. Se preguntó si la mujer por la que Vance había dicho sentirse atraída en la escuela de medicina se parecería algo a
Rose, encantadoramente delicada e, indudablemente, ansiosamente apasionada. Apartó ese pensamiento de su mente, porque visualizar a Vance con Rose o con cualquier otra mujer, era más de lo que ella podía soportar, aún en las mejores condiciones. Después de una noche agitada y habiendo dormido muy poco, probablemente estaba cerca de estar peligrosamente malhumorada.
- Sí, lo hizo. Estuvo fantástica -Kate se entusiasmó- Nunca he visto nada parecido.
- Creo que deberíamos hacer algo así como una fiesta de bienvenida para ella, ¿no crees? -dijo Rose- Después de todo, ella es un nuevo miembro, de mucha importancia, de nuestra comunidad. Pienso que deberíamos hacerle saber lo mucho que la apreciamos.
Kate miró rápidamente a Mae, cuya expresión sugería que estaba contemplando seriamente usar la violencia- Estoy segura de que la Dra. Phelps lo apreciaría. En este momento, imagino que estará muy ocupada haciéndose cargo de Jed y de sus otras responsabilidades.
- ¿Se quedará Jed aquí, en la ciudad, hasta que se recupere? -preguntó Rose. Kate negó con la cabeza- No, Jessie quiere llevárselo al rancho tan pronto como sea posible.
- Vas a necesitar ayuda para cuidar de él -dijo Rose- Estoy segura mi madre me daría permiso para ayudarte. Después de todo, es de buenos vecinos ayu...
- Es muy amable por tu parte -dijo Mae rotundamente- Ya me he ofrecido a echarle una mano a Kate, y tengo mucha experiencia en ello.
- Oh -Rose pareció abatida y después de unos segundos volvió a ponerse de buen humor- Bueno, estoy segura de que necesitarás que se preparé algo de comida extra y cosas por el estilo. Me aseguraré de llevarte algo.
- Eso sería muy considerado -dijo Kate, con cuidado de no mirar a Mae. No estaría bien reírse.
- Pues bien -dijo Rose dicho, levantándose- Debería irme antes de que mi madre se disguste -ella le sonrió a Mae- Ha sido muy agradable conocerte.
A Mae le resultaba difícil no encontrar agradable su inocente cordialidad y sonrió a pesar de la imagen persistente de Rose derramando sus considerables encantos sobre Vance- Lo mismo digo.
Kate esperó un momento, hasta que Rose estuvo lo suficientemente lejos como para no oírla, entonces dijo- Realmente no tienes que venir al rancho a ayudar con Jed.
- No me importa -Mae sorbió el té que había sido servido mientras Rose había estado intrigando para encontrar la manera de ver a Vance- Es un trabajo duro.
- No me da miedo.
- Lo sé, pero podría enseñarte algunas cosas.
Kate asintió con la cabeza- Te lo agradecería. Y sabes que siempre eres bienvenida en el rancho, sin necesidad de un motivo -Kate trató de alcanzar una galleta y sonrió abiertamente a Mae- Rose está muy intrigada con Vance.
-Ya lo he notado.
- Vance es impresionante. - También he notado eso.
- Pensé que quizás lo habrías hecho -Kate se puso seria de repente- Creo que es absolutamente admirable.
- Yo también -dijo Mae suavemente.
- Bien, entonces será bueno que vengas al rancho a ayudar con Jed. - Me pregunto cuando le permitirá Vance a Jessie llevarlo a casa.
Kate miró hacia el otro lado de la habitación- ¿Por qué no le preguntamos a ella?
Mae miró por encima de su hombro y vio a Vance y a Jessie acercándose. Era la primera vez las veía juntas. Eran tan diferentes como la noche y el día, Jessie
resplandeciente como el oro y deslumbrantemente poderosa, Vance morena, oscura y amenazadoramente poderosa. Eran iguales, y sin embargo, completamente diferentes. Y eran dolorosamente hermosas- Oh Dios….
- Sí -murmuró Kate- Siempre pensé que Jessie era… simplemente Jessie. Pero es más que eso, ¿verdad?
- Creo que sí -dijo Mae. - Es algo asombroso.