- Puedo colocar la tipografía mientras tú colocas los anuncios -dijo Kate a su padre mientras se reunía con él en la mesa de impresión en el fondo de la habitación que hacía las veces de oficina y zona de producción del Hope Chronicle.
- Te mancharás las manos de tinta y cuesta una barbaridad limpiarla -dijo Martin Beecher suavemente- Y probablemente tu madre me echará la bronca por eso.
Kate sonrió y amablemente apartó a su padre a un lado a empujones. Desde que era una niña le había acompañado cuando iba al trabajo, aunque en aquellos tiempos él enseñaba en la universidad. Desde su llegada a New Hope, y especialmente ahora que ella ya no vivía en casa, casi no había tenido oportunidad de hacerlo, y echaba de menos su plácida camaradería.
Martin consintió, más porque disfrutaba de su compañía que por que necesitara ayuda y le dio la lista de transacciones que había recibido esa tarde de la oficina de reclamaciones territoriales- Bueno, es una lista considerable -comentó Kate.
- Cada día llegan más nuevos propietarios de terrenos y casas. Dentro de poco, Montana estará bien asentada y lista para pedir la declaración de estado.
- Desde luego la ciudad parece estar creciendo -mientras hablaba, Kate colocaba la tipografía veloz y eficazmente, letra a letra, en el marco predeterminado.
- Jessie dijo que había docenas de caravanas moviéndose hacia el oeste a través de Fort Laramie cuándo estuvo allí la última vez.
- Vamos a necesitar alguna clase de ley en las montañas muy pronto -Martin hizo el comentario distraídamente mientras ajustaba la colocación de los avisos y los anuncios- No se puede esperar que los alguaciles de la ciudad tengan que perseguir por todo el territorio a los forajidos y los ladrones de ganado, y el ejército está suficientemente ocupado protegiendo los trenes y las caravanas de los merodeadores.
- Ladrones de ganado -Kate dijo las palabras lentamente, dándose cuenta, sintiendo la inquietud en su estómago, de que no sabía lo grande que era en realidad el Rising Star. Entre el largo invierno y los meses que había pasado recuperándose de su enfermedad, nunca había podido hacer el viaje que Jessie le había prometido para verlo hacía. Pero sabía, de escuchar a Jessie hablar de sus tierras, que cubrir toda su extensión suponía varios días de viaje. Y que una gran cantidad de él era terreno remoto de montaña- No creía que ese fuera un gran problema por aquí, ¿verdad? Quiero decir, puede que sea una vaca o dos, de vez en cuando, para comida o un caballo para…
de todo el territorio, las bandas de ladrones de ganado están robando centenares de cabeza de ganado.
- Pero seguramente no por aquí, tan lejos de las vías principales.
- Aparentemente conducen el ganado centenares de millas hasta los mercados en Colorado. Incluso hasta lugares mucho más al sur como Tejas -Martin deslizó la placa terminada en la prensa de mano- Me sorprende que no hayas oído hablar antes de esto. El Rising Star en una de los ranchos más grandes de esta parte del territorio.
Kate tenía una idea de por qué ella no había oído hablar de esto antes, y esperaba estar equivocada. Mañana Jessie estaría de regreso. Mañana tendría que contestar a algunas preguntas. Amontonando las hojas a medida que salían de la prensa, dijo- Te ayudaré a repartir la primera edición.
-Solo las llevaré a algunos sitios. Estarás más cómoda esperándome aquí. - Más aburrida es lo que estaré. Dame los que van para el Golden Nugget. Está justo calle abajo.
- Oh no -dijo Martin riendo- Si tu madre se enterara alguna vez...
- Los dejaré por la parte de atrás. Nadie me verá, y aun si lo hacen, no sería nadie que conociera a Madre para decírselo.
- En realidad, Kate. Sé que conoces a alguien allí...
- Tengo una amiga allí, y ésta no será mi primera visita. Estaré bien, de verdad -Kate besó a su padre en la mejilla- Sé que a te gusta hablar con Silas en el hotel por las tardes. Puedes venir a recogerme cuando tú termines.
- Si me prometes tener cuidado, te acompañaré allí y estaré de regreso en poco tiempo.
- No hay un lugar al que pueda ir donde esté más segura.
- Buenas tardes, Doc -dijo Frank y sirvió un trago de whisky sin que se lo pidiera. Los deslizó por la barra hacia Vance- ¿Llega tarde o temprano?
- Acabo de volver a la ciudad. He estado a caballo todo el día -Vance sonrió irónicamente.
Habían bastado unas pocas semanas para que el barman de la ciudad conociera sus horarios. Probablemente debería tomar eso como una señal de que el whisky todavía salía ganando. No obstante, se tomó la bebida de un trago y se sirvió otro de la botella que Frank había dejado cerca- Las distancias son mucho más grandes de lo que estoy acostumbrada.
Frank se rió- Imagino que es así, si estás acostumbrada a vivir en la ciudad. - No desde hace algún tiempo, pero incluso las granjas del Este están en una zona más poblada. Necesité la mayor parte del día para visitar a las tres familias que Caleb quería que viera.
- ¿Estás acudiendo a esas visitas tú sola? -preguntó Frank con cautela. Vance se puso rígida- Correcto.
- ¿Alguna vez has disparado a alguien con el revólver que llevas en el cinturón? -Frank se apoyó sobre la barra hablando en voz baja.
- ¿Me preguntarías eso si fuera un hombre?
Frank e mostró impasible- Podría. Si pensara que eras un novato dispuesto a hacerse matar.
- No soy ninguna de esas cosas -contestó Vance de igual forma- Y soy una buena tiradora.
- Es bueno saberlo -Frank limpió la barra del bar con un paño que llevaba enganchado en su cinturón- De alguna manera me he acostumbrado a tu conversación.
más que unas pocas palabras a lo largo de una tarde entera. Su preocupación la asombró, no es que ella no hubiera esperado que los hombres dudaran de su habilidad para protegerse. Pero Frank no había asumido automáticamente que ella fuera incapaz. Él no había hecho suposiciones, no más que Milton. Su sargento la había aceptado, primero, porque ella era la cirujana de su regimiento, y después de un tiempo porque nadie podría hacer el trabajo mejor que ella. Tampoco habían hablado mucho, entendiéndose el uno al otro casi sin esfuerzo alguno, ya fuera jugando a las cartas o cuidando de los heridos en medio del Armagedón. Durante casi tres años habían estado tan unidos como los amantes, compartiendo el peligro, la adversidad y el triunfo. En aquel último día, no había escuchado sus advertencias, no podía oír nada más que el tronar de la muerte a su alrededor. Y él había pagado por su error. No ella. Él se había quedado por lealtad, por el deber y la amistad, y ella le había fallado. Se agarró al borde de la barra, tambaleándose cuando la habitación desapareció y el hedor de la batalla colmó su conciencia.
- Que tal si invitas a una dama a una copa, Doc -dijo Mae mientras cogía suavemente la botella whisky con una mano y enlazaba su brazo opuesto alrededor del de Vance. Ella asintió con la cabeza mirando a Frank, que miraba fijamente, alarmado, la cara cenicienta de Vance- Tráeme dos vasos, Frank.
- Enseguida -contestó rápidamente.
- Estoy bien -susurró Vance con voz ronca.
- No lo dudo. Ahora puedo tomarme unos minutos libres para tomarme un trago y prefiero hacerlo en la mejor compañía -con soltura, Mae las guió a través de la chusma a una mesa colocada bajo el balcón del segundo piso. La luz de la hilera de lámparas colocadas en candelabros a lo largo de las paredes apenas iluminaba el espacio- Parece que conseguí ambas.
- No estoy segura de lo de la compañía dijo Vance mientras se dejaba caer pesadamente en la silla de madera. Cuando Mae sirvió whisky en un vaso y se lo dio, negó con la cabeza- No, gracias. Necesito aclararme la cabeza, no confundirla más.
- Parecía que algo te había golpeado duro de nuevo allí -dijo Mae en voz baja. Ella había bajado la escalera más pronto de lo habitual, inexplicablemente inquieta.
Se dijo a sí misma que sólo iba a echar un vistazo a la clientela y asegurarse que no había ningún buscapleitos en el grupo. Pero en el mismo instante en el que llegó al rellano había mirado hacia el extremo más alejado de la habitación, donde Vance, habitualmente pasaba un par de horas por las noches, bebiendo tranquilamente a solas. La había visto inmediatamente y, aun en la distancia, supo que algo andaba mal. Algo que ni siquiera el whisky podía curar. La cara de Vance era el vivo retrato de la angustia. Abandonó cualquier pensamiento excepto uno. No se quedaría sin hacer nada mientras veía a Vance sufrir a solas.
- Lo siento -dijo Vance. - ¿Por qué?
Vance se sintió agradecida por la oscuridad que impedía que Mae percibiera su humillación. O su vergüenza- Lamento haberte preocupado.
Mae se rió- No creo que preocuparse por alguien pueda hacerle daño a nadie -se acercó y puso su mano en el brazo de Vance- ¿Has comido algo?
- Yo... no, aún no -Vance se negó a aumentar su vergüenza admitiendo que se había olvidado de comer. De hecho, aparte del café y un panecillo en el desayuno, no había comido nada en todo el día. Podía oler el perfume de Mae, el mismo perfume que se había quedado impregnado en su abrigo después de su visita a los aposentos de Mae. Cuando se había vestido a la mañana siguiente y había percibido su rastro en el aire, se había estremecido por una ola de deseo,
tan intenso, que la había dejado temblando. Deliberadamente había apartado el momento de su mente, pero ahora, con Mae tan cerca y la calidez de su roce penetrando hasta sus huesos, no pudo resistirse- Por favor déjame invitarte a cenar.
Por un instante, Mae quedó aturdida en silencio. Seguramente había entendido mal- Bueno, es muy amable por tu parte. De haberlo sabido habría hecho preparativos para que cenáramos en mis aposentos. Quizás otra noche.
- El hotel está justo al otro lado de la calle.
- Vance -dijo Mae en voz baja- No puedo cenar allí contigo. La voz de Vance sonó dura- ¿Y por qué no?
- Hay ciertas cosas que se... sobreentienden. En cualquier otro lugar, las mujeres como yo estarían viviendo en chamizos en las afueras de la ciudad con nada más que hojalata y papel sobre nuestras cabezas -Mae extendió una mano señalando hacia el balcón situado encima de ellas- Aquí tenemos habitaciones limpias, comida decente, y asistencia médica cuando la necesitamos. Con tal de que no pidamos demasiado, es justo.
- Entiendo -Vance quería protestar, pero sabía que lo que Mae decía era verdad. La prostitución era parte de la vida de una pequeña ciudad minera. La mayoría de las veces, era una vida lúgubre y peligrosa. Había visto a mujeres devastadas por eso antes de cumplir los veinticinco. También había visto burdeles en St. Louis y Denver que eran tan elegantes como cualquier hotel. Las mujeres que los regían y vivían en ellos se vestían de forma exquisita y a menudo se encontraban entre las mujeres más ricas de la comunidad, ganando mucho más en su trabajo que los trabajadores normales. Pero esas historias de éxito no eran la norma. Aquí, en la frontera, las prostitutas tendrían suerte si no caían víctimas de la enfermedad o el maltrato- Quiero que sepas que en modo alguno me importan las reglas o las consecuencias. Estaría honrada de disfrutar
de tu compañía.
Mae apartó la mirada, desarmada por la sinceridad en la voz de Vance y su profundo anhelo de lo imposible. Imposible por muchas razones. Miró a Vance a los ojos, porque no hacerlo sería rechazar el regalo que le había hecho. El precio que Vance estaba dispuesta a pagar por sus convicciones era rigurosamente evidente en su manga vacía y los fantasmas de culpabilidad y auto-recriminación que emanaban de sus ojos. Mae pensó que nunca había conocido un alma más valiente- Eres tú la que me honras. En otras circunstancias, no habría nada que me gustara más que cenar contigo.
- No haría nada que pudiera ponerte en peligro, a ti o a cualquiera de las chicas.
- Ha sido atento por tu parte proponerlo. Y entenderlo -Mae forzó una frivolidad en su voz que no sentía- Deberías irte y cenar.
- No -Vance tomó la mano de Mae cuando comenzaba a retirarse- Aún no. Preferiría estar sentada aquí contigo. ¿Cuánto tiempo tenemos?
- Un rato aún, antes de que bajen las chicas. Los hombres necesitan saber que estoy aquí, observando. Que sé con quién se van las chicas.
- ¿Y qué hay de ti? ¿Vas a... irte con alguien?
Mae estudió la cara de Vance en la penumbra. Sus oscuros ojos brillaban, penetrantes como el filo de un cuchillo. Mae no se atrevió a hacer la pregunta de la que tan desesperadamente quería la respuesta. ¿Qué me hacen sus ojos? Ella negó con la cabeza- A veces. Esta noche no. No espero a nadie.
- Entonces estaría encantada de disfrutar de tu compañía. - ¿Me contarás algo?
- Si puedo -dijo Vance inmediatamente.
- ¿Qué sucedió esta noche? -preguntó Mae, con mirada penetrante e imparable.
- ¿Por qué te importa?
Mae no podía pensar en cualquier otra respuesta que no fuera la verdad- Porque sea lo que sea lo que te está destrozando, me duele cada vez que lo veo.
- Tengo... ataques.
- ¿Es eso una enfermedad?
Vance se rió- Algo así. Sucede algo y acabo pensando en la guerra. En esa última mañana. Puedo... -se puso a temblar- Es como si estuviera allí.
- ¿Quieres decir que es algo más que un recuerdo? ¿Lo sientes?
- Sí. Sí, eso es, exactamente eso. No es un recuerdo. Lo siento. Lo oigo. Lo veo. Todo… -cerró sus ojos- Dios mío. Es tan real.
- ¿Te ocurre a menudo?-mientras Vance hablaba, Mae observó el dolor grabándose en las líneas de su cara, vio su cuerpo estremecerse como si estuviera recibiendo golpes invisibles. Quiso interponerse entre Vance y lo que fuera que la estaba lastimando, pero sabía que estaba demasiado lejos, dentro de ella, como para que alguien llegara a tocarlo. No habría alivio posible, ni final, hasta que Vance revelara la causa.
- No tanto como acostumbraba -Vance trató de alcanzar la botella de whisky, satisfecha al ver que su mano era firme. Sirvió un trago para cada una- No recuerdo mucho de los primeros meses. Mi brazo estaba infectado, y estuve delirando la mayor parte del tiempo. Había tenido neumonía y tenía mucha fiebre. No podría hablar, no sabía quién era -se bebió el vaso de un solo trago y apretó con fuerza sus dedos alrededor del vaso- En realidad, pasé realmente mucho tiempo en un hospital de Richmond antes de que alguien se enterara de quien era.
- ¿De qué eras médico?
Vance asintió con la cabeza- Eso y que mi padre era una de las personas nombradas por Lincoln para la Agencia Médica que organizó la atención médica
para el Ejército de la Unión.
- Así que él es médico también.
- Sí -Vance suspiró- Finalmente fui enviada a casa, de regreso a Filadelfia para ser bien atendida. Una vez que mi brazo se curó y pareció que mejoraba, comenzaron los episodios.
- ¿Y no hay medicamentos? ¿Ningún tratamiento?
- El láudano los detiene eficazmente -dijo Vance con aspereza- Eso es como cambiar un demonio por otro. Finalmente me negué a tomarlo, en contra de los deseos de mi padre.
- He visto lo qué puede hacer -dijo Mae suavemente- Sin duda alguna es una forma de escapar, pero también es algo así como morir, ¿verdad?
Absolutamente sin pensar, Vance alzó la mano de Mae y apoyó la mejilla en su palma- ¿Cómo es posible que lo entiendas tan bien?
Mae pasó sus dedos a través del pelo de Vance- Quiero entenderte. - ¿Por qué?
Estaban peligrosamente cerca de cruzar una línea que Mae apenas podía distinguir ya, pero que sabía que estaba allí. Sabía quién era,…sabía lo que era. Y sospechaba, no, ella lo sabía, que Vance era vulnerable.
A pesar de su fuerza, a pesar de su valerosa convicción, estaba herida, y Mae no se arriesgaría a hacerle más daño. Se apartó sonriendo.
- Hay tres personas en la ciudad a las que hay que conocer bien,…el banquero, el alguacil y el médico. Y tú eres la más atractiva del lote.
Vance se rió- Entonces me siento afortunada.
- Supongo que sabes que ayudaría que comieras bien e intentaras dormir de tanto en tanto -dijo Mae cuidadosamente- Para los ataques…
- Tienes razón. Nunca he sido una paciente fácil de manejar. Mae se rió- De alguna manera lo encuentro fácil de creer.
- ¿Cenarás conmigo mañana?
- Una amistad conmigo sería mal vista por cada una de las personas importantes en esta ciudad, y por la mayoría de los que no lo son.
Vance hizo un gesto de impaciencia. Cuando habló, lo hizo con la fuerza inconsciente que había utilizado para dominar a los hombres- ¿Cenarás conmigo mañana? Aquí o en el hotel o en cualquier lugar que elijas.
La única otra mujer que la había mirado alguna vez y había visto más que una puta elegantemente vestida, había sido Jessie. Pero en realidad, Jessie nunca la había mirado con el tipo de fuego que ardía en los ojos de Vance Phelps.