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CAPÍTULO DIECISIETE

In document Corazones Prometidos de Radclyffe (página 173-183)

Jessie caminó hacia la ventana y apartó la cortina a un lado, aunque no se veía nada fuera en la oscuridad. A juzgar por el ruido de los hombres en la calle, ellas no eran las únicas que estaban despiertas- Dios, Kate, no sé cómo voy a dormir esta noche. Habría sido mejor que te hubieras quedado con tus padres.

- No, no lo sería -dijo Kate serenamente mientras se agachaba para apagar la lámpara de aceite antes de desabrocharse el vestido y sacarlo por encima de su cabeza, dejando sólo su enagua y sus medias. Se sentó en el borde de la cama para quitarse la ropa interior- Estaría despierta preocupándome por ti y tú, sin duda, estarías haciendo lo mismo que estás haciendo ahora, y ninguna de las dos podríamos hacer nada para cambiar lo que ha pasado.

- Kate, Yo...-la protesta murió en los labios de Jessie cuando vio a Kate deslizándose desnuda bajo las ásperas sábanas de algodón. Turbada, pero de una forma completamente distinta a como lo estaba segundos antes, se apoyó en el

marco de la ventana con los brazos cruzados- Ahora mismo podrías estar a salvo, en casa en vez de estar en una incómoda cama en un hotel ruidoso.

- Jessie -dijo Kate suavemente- Estaría en cualquier lugar en medio de la noche. Ha sido duro, he estado preocupada por ti durante días y te he echado terriblemente de menos. No entiendo cómo puedes pensar que iba a dejarte dormir sola -dio unas palmaditas en las cama a su lado- Sé que estás agotada y asustada por Jed, y por eso te preguntas que hago aquí. Pero por ahora, simplemente acepta que te necesito.

- ¿Tú me necesitas? -Jessie repitió las palabras como si hubieran sido pronunciadas en un idioma extranjero- Algunas veces me da miedo lo mucho que yo te necesito -como había hecho la primera tarde que Kate había pasado con ella, Jessie cruzó la habitación en dirección a la cama, desabotonándose la camisa mientras andaba. Como hizo ese día también, se desabrochó la pistolera y la colgó en el poste de la cama.

- Te amo -dijo Kate mirando a Jessie desabrocharse los pantalones y librarse de ellos, maravillándose, tal y como lo hizo hace hacía poco más de un año, de lo hermosa y fuerte que parecía. Se movió para dejar espacio mientras Jessie se desprendía de los calzoncillos largos y se acomodaba a su lado- Y te necesito terriblemente. Está todo incluido en lo que compartimos.

Jessie tomó a Kate en sus brazos y enterró la cara en su pelo. Se quedó tumbada, en silencio, mientras Kate acariciaba su espalda y sus hombros y su pecho. Aspiró el perfume de Kate, escuchó el latido de su corazón, se concentró en cada punto donde sus cuerpos se tocaban.

A medida que la esencia de Kate la llenaba por dentro, sintió como sus moratones y sus heridas comenzaban a curarse. No fue consciente de sus lágrimas hasta que los dedos de Kate acariciaron suavemente su mejilla.

- Cuando comenzaron a disparar no podía creerlo. Sabía lo que estaba pasando pero no lo podía asimilarlo. Estaban tratando de matarme,…en mi propia tierra.

El corazón de Kate fue presa de un frío repentino. Conocía por propia experiencia los peligros que la naturaleza y la mala suerte podían hacer sobre los ingenuos o los desgraciados. Había aprendido a aceptar esa parte de la vida que había escogido. Ahora debía añadir la traición humana a las fuerzas que amenazaban a Jessie y a su vida juntas. La ira se mezcló con el miedo y la preocupación.

- ¿Podrás atraparlos?

- No lo sé. Si sólo robaron unos cuantos para venderlos al ejército o a una caravana, a estas horas podrían estar a cientos de millas de distancia. Si tienen la intención de llevarse una parte importante de la manada y conducirla hacia el sur para venderlos, entonces volveremos a verlos.

- ¿Y si eso sucede, que harás?

Jessie contestó instantáneamente- Entonces les haremos pagar por lo que le hicieron a Jed.

- No debes ir allí sin más hombres.

- No te preocupes, no faltarán voluntarios para ir.

- Nada de lo que pueda decirte impedirá que vayas, ¿verdad?

- No me pidas eso, Kate. Sabes que haría cualquier cosa para hacerte feliz, pero...

Kate presionó sus dedos sobre la boca de Jessie- Shh... no te lo estoy pidiendo. Nunca lo haría. Por mucho que me gustara que te quedaras en casa, a salvo, y que dejaras que Jed y los hombres se encargaran de estos problemas, sé que tú no podrías. Y también sé que intentarías hacerlo si te lo pidiera -se acercó y besó la frente Jessie y después sus ojos- Por eso no lo haré.

- Gracias -susurró Jessie.

Kate dudaba de que Jessie supiera alguna vez cuanto le había costado decir esas palabras, pero amar a Jessie significaba dejarla ser Jessie, por lo que Kate la besó suavemente y la abrazó con más fuerza- De nada.

Jessie se apoyó sobre un codo para poder ver la cara de Kate- Tu madre estaba diferente conmigo esta noche. Casi como... si estuviera diciendo que está bien. Lo nuestro...

- Está bien, cariño -murmuró Kate, pasando sus manos por el pelo de Jessie. Hacía rato que Jessie se había quitado la tira de cuero que normalmente utilizaba para dominarlo y se arremolinaba justo por encima del cuello de su camisa. De día, a la luz del sol, brillaba como el oro que los mineros buscaban en las colinas y los ríos que los rodeaban, pero entre sus dedos se derramaba como la seda más fina.

Atrapada por la visión de su amante bajo la luz del sol, Kate empujó a Jessie hasta ponerla de espaldas y la siguió. Se estiró a lo largo del cuerpo suave y delgado de Jessie, acomodándose sobre ella, cuerpo contra cuerpo y corazón contra corazón.

- Kate -jadeó Jessie con voz ronca- No sé si voy a poder…

- No tienes que hacer nada -Kate besó la boca de Jessie, su garganta, su pecho- Yo lo haré.

Con un gemido, Jessie cerró los ojos y se arqueó debajo de Kate, dispuesta a ceder el control. Las manos de Kate eran las únicas en las que confiaba para controlarla.

Kate era la única persona con quien podía mostrarse menos fuerte, menos segura. Se estremeció cuando Kate colmó de atenciones sus pechos, su vientre, sus muslos. Gritó suavemente cuando la boca de Kate la encontró y otra vez cuando se fundió en la calidez y la ternura de la incesante caricia de Kate.

Cuándo Kate regresó a sus brazos, Jessie escondió su cara en el cuello de Kate- Cuando me amas, no tengo miedo de nada.

Kate cogió el rostro de Jessie entre sus manos, acariciando suavemente sus pómulos y su mandíbula antes de besarla tiernamente- Tú eres mi hogar -besó el pecho de Jessie por encima de su corazón- Ésta es mi vida -sonrió y negó con la cabeza- Supongo que ser obstinada es la otra cara de ser fuerte, y tú eres mucho de ambas cosas.

Jessie sonrió abiertamente y levantó sus caderas, rodando sobre Kate. Pasó su dedo por el centro del pecho de Kate- Diría que estamos bastante iguales en eso. Tú eras la única que tenía un arma en su bolsa, dispuesta a acabar con esa serpiente en el Nugget.

- Eso sólo demuestra que tengo sentido común -contestó Kate modestamente. Aguantó la respiración entrecortada mientras los dedos de Jessie se deslizaban hacia abajo, bailando entre sus muslos. Agarró firmemente el brazo de Jessie mientras un estremecimiento de excitación la atravesó como un relámpago- Echo de menos dormir contigo cuando estás en la montaña.

- Tengo cuidado, Kate -susurró Jessie, bajando lentamente por el cuerpo de Kate. Descansó su mejilla sobre el estómago de Kate y miró hacia arriba, contemplando la cara de Kate a la luz de la luna.

- Siempre tengo cuidado porque quiero volver a ti.

- Prométeme que siempre lo harás -dijo Kate casi sin aliento.

- Lo haré. Siempre -Jessie entró en su interior, con la alegría de un viajero perdido que regresa a casa. Lentamente al principio, después, cuando la pasión eclipsó al milagro, con movimientos más profundos, más exigentes, llevó a Kate al clímax. Cuando cesaron los plácidos gemidos de satisfacción de Kate, Jessie salió lentamente para abrazarla otra vez- Cuando me despierto por la mañana y te veo durmiendo junto a mí, pienso que no puedo amarte más. Cuando miro a

través del patio y te veo en el porche, llevando agua o amontonando leña o cualquiera de las docenas de cosas que haces, pienso que no puedo amarte más. Cuando estoy contigo como ahora, cuando me has tocado en los lugares que nadie más ve, y has dejado que yo te toque de la misma manera, pienso que no puedo amarte más -besó la punta de la barbilla de Kate, luego sus labios- Pero cada día te amo más.

Kate puso sus brazos alrededor de los hombros de Jessie y tiró de ella hacia abajo abrazándola estrechamente. Con su boca pegada al oído de Jessie, susurró con fiereza- Tú eres mi corazón. Te amo.

- Tan pronto como Jed pueda viajar sin riesgo, me gustaría llevarlo de vuelta al Rising Star -dijo Jessie- Quiero que sea atendido por sus amigos.

- Por supuesto. Estoy segura de que puedo encargarme de cualquier cosa que sea necesario.

Jessie negó con la cabeza- No te pido que hagas eso. Yo puedo...

- Tú puedes, y lo harás. Pero no sola -Kate le dio a Jessie un pequeño empujón- Demonios, ¿no habíamos tenido ya está conversación hace dos semanas?

Jessie sonrió y se acurrucó contra el hombro de Kate- Puede que tengamos que tenerla algunas veces más.

- Tantas como sea necesario-dijo Kate medio dormida- Vamos a dormir, cariño.

- Me levantaré temprano. Intentaré no despertarte.

Suavemente, Kate se rió- Siempre dices eso, pero siempre sé cuándo te vas. Jessie sonrió- Me alegro.

- Y yo.

El sonido de un disparo hizo que Vance se incorporara bruscamente. Cuando sonó el segundo, esta vez más cerca, ella se lanzó sobre el soldado herido a su lado- ¡Quédate Abajo!

El enemigo está disparando. El suelo temblaba por la fuerza de las balas de cañón incrustándose en su superficie, y una lluvia de tierra desmenuzada cayó sobre ella, un aguacero mortífero de barro y sangre. Ella gimió mientras el fuego abrasaba su carne, y presionó el cuerpo debajo con más la fuerza.

- Vance, ¿qué pasa? -gritó Mae, se había despertado de un sueño pesado al oír los gritos de Vance. Empujó, por instinto, el peso que la inmovilizaba sobre la cama, entonces se detuvo al percatarse de que podría lastimar a Vance sin darse cuenta. En lugar de eso, se obligó a quedarse inmóvil y acarició la espalda de Vance. Acunó la cabeza de Vance contra sus pechos y se asustó al ver que el pelo de Vance estaba empapado por el sudor y su cuello estaba helado- Oh, cariño, está bien. Es fuera. Algún tonto está disparando fuera en la calle.

- Disparos -dijo Vance angustiosamente- Alguien está disparando.

- Es fuera -repitió Mae. La habitación estaba ligeramente iluminada, así es que debía faltar poco para el amanecer. Cogió la barbilla de Vance con su mano y obligó a Vance a mirarla. Esperó a que los ojos oscuros de Vance se enfocaran y se fijaran en su cara- Nadie nos dispara. Estamos a salvo. Estás bien.

Vance fruncido el ceño, esforzándose por orientarse mientras los recuerdos de la tarde anterior volvían a su mente y se dio cuenta de dónde estaba. Entonces fue consciente, extremadamente consciente de donde estaba... completamente desnuda encima del cuerpo de Mae… igualmente desnudo. Se quitó de encima y se quedó sobre su espalda. Su pecho se movía agitado por los restos de su pesadilla y por una clase completamente distinta de excitación. Nunca había experimentado contacto de otro cuerpo a todo lo largo del suyo propio, y Mae

era exuberante, cálida y…excitante.

- ¿Estás conmigo ahora? -Mae preguntó mientras trataba de encontrar la mano de Vance. De repente sintió una punzada de dolor en su corazón al darse cuenta de que estaba tumbada al lado izquierdo de Vance y no había mano que encontrar. Se acercó más todavía y pasó su brazo sobre el cuerpo rígido de Vance hasta que pudo entrelazar sus dedos- Vance, ¿cariño?

- ¿Ves porqué no debería dormir contigo? -dijo Vance furiosa, obligando a cada palabra a pasar por el nudo que sentía en su garganta- Podría hacerte daño.

- He sido yo la que casi te lastima -puntualizó Mae con lo que pensaba que era un tono razonable y teniendo en cuenta la oleada de miedo que la atravesaba por las palabras de Vance. Había pasado mucho tiempo desde que alguien la había asustado. Lastimar su cuerpo, puede, pero no su corazón. Acarició la cara de Vance- No estoy herida.

Vance apartó la mirada- Pero podrías estarlo. Algunas veces hago cosas en mis sueños -se rió sarcásticamente- Una noche rompí una lámpara antigua y me costó mucho trabajo explicárselo a mi padre a la mañana siguiente.

- No soy porcelana china, y no me rompo fácilmente.

- No se trata de eso, Mae -Vance retiró su mano de la de Mae y se incorporó en la cama- Soy yo la que está rota. No tengo nada que hacer aquí.

- ¿Qué es lo que crees que necesito, Vance? -dijo Mae con voz acalorada. Se incorporó también, sin importarle que la sábana se deslizara dejando su cuerpo desnudo al descubierto- No te he pedido que cuides de mí. He estado cuidándome sola durante mucho tiempo.

- Y yo no te pido que te preocupes por mí -Vance pasó sus piernas por el lado de la cama, esperando sentirse más centrada antes de ponerse de pie.

- Por Dios -suspiró Mae- No estoy proponiendo…. Lo que tenía en mente era compartir un poco de alivio y un poco de placer.

Vance no dijo nada, porque sabía que sería mucho más que eso para ella- Te lo agradezco -Se puso de pie y escudriñó la habitación, tratando de recordar donde había dejado sus pantalones- Debería ir hasta la consulta para averiguar sobre Jed. No debería haber dejado solo a Caleb allí toda la noche.

- Solo han sido unas pocas horas -puntualizó Mae mientras se levantaba y se ponía su túnica- Y tú necesitabas algo de descanso.

- Lamento haber perturbado el tuyo -Vance se puso encima su camisa y comenzó a abrocharse los botones.

- No lo hiciste -Mae apartó a un lado la mano de Vance y abotonó su camisa- Ahora he visto como son tus ataques. Despierta y dormida. ¿Son siempre así de malos?

- No -Vance miró por detrás de Mae hacia la luz mortecina que entraba por la ventana, sintiéndose igual en su interior. Exhausta y desolada- Algunas veces son peores.

La sola idea de ser visitada por tales horrores hizo que las lágrimas afloraran a los ojos de Mae, pero parpadeó rápidamente, con la seguridad de que sólo lastimarían el espíritu ya herido de Vance- No parece tan terrible para mí.

Vance sonrió con desgana- Creo que nunca he conocido a nadie como tú. Mae inclinó la cabeza hacia atrás y miró fijamente a Vance- Lo tomaré como un cumplido ya que pareces un poco escasa de ellos ahora mismo.

- No sé por qué te preocupas por mí.

- Sé que tú no lo haces -Mae depósito un suave beso en la boca de Vance- Probablemente lo hago por eso.

- Necesito ir a ver a Jed.

- Y yo necesito asegurarme de que aquí todo el mundo está bien.

Mae pasó sus manos sobre la pechera de Vance- Me gustó como me sentí contigo en mi cama anoche. Quiero que vuelvas.

- Eres una mujer hermosa -Vance jugueteó con sus dedos ligeramente sobre el cuello de Mae y debajo del borde de su túnica rozando su clavícula- Una Mujer amable y tierna.

- Vance...

- Shh… -Vance se apartó, dejando caer la mano sobre su costado- Me gustó como me sentí en tu cama anoche. Me gustaba volver, algún día cuando no esté vacía por dentro. Cuando haya algo que pueda ofrecerte.

- Tal vez ya lo hay -susurró Mae- Es solo que no puedes verlo.

Vance asintió con la cabeza seriamente mientras recogía su abrigo- Tal vez tengas razón. Espero que la tengas.

- No te alejes solo porque no sabes cómo resultará -dijo Mae mientras Vance caminaba hacia la puerta- Hay algunas cosas que solo se aprenden haciéndolas.

- Creo que no soy tan valiente como tú, Mae -Vance negó con la cabeza- De hecho, tengo la seguridad de que no lo soy -miró por encima su hombro mientras trataba de alcanzar el pomo de la puerta- Perdí algo más que mi brazo.

- No sé cuánto tiempo será necesario para que esos horrores desaparezcan, si es que lo hacen -dijo Mae dijo, resistiendo el deseo de ir hacia ella e impedir que se fuera- Pero sé que tú no perdiste lo mejor de ti. Deberías confiar en mí respecto a eso por una vez.

Vance accionó el pomo pero no salió- Tú me haces desear cosas de las que he aprendido a prescindir.

- Prescindir de ellas y no desearlas son cosas diferentes.

- Sí -Vance abrió la puerta y salió al pasillo- Buenas noches, Mae.

Mae se sentó en el borde de la cama mientras se cerraba la puerta. Apoyó su cabeza contra el poste de la cama y cerró los ojos, recordando cómo era sentir a Vance en sus brazos. ¿Y qué debo hacer yo con las cosas que tú me has hecho

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