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CAPÍTULO DIECISÉIS

In document Corazones Prometidos de Radclyffe (página 162-173)

- ¡Oh, Dios mío! -Martha Beecher estaba de pie en medio de la cocina con la mano puesta sobre su corazón, mirando alternativamente a Kate y a Jessie- ¡No me importa lo que haya pasado! Kate... mírate, estás empapada. Vas a volver a ponerte enferma si sigues actuando así -dijo lanzando a Jessie una rápida mirada de desaprobación.

- Estamos bien, Madre -dijo Kate con un leve tono de enfado en la voz. Después de todo lo que había pasado esa tarde, tanto alboroto por un poquito de lluvia le parecía ridículo- Sólo necesitamos ponernos algo de ropa seca y todo estará bien.

- Vamos al salón y poneos junto al fuego -les ordenó Martha- Preparé un poco de té.

Cuando Kate y Jessie empezaron a salir de la cocina, Martha gimió y agarró a Jessie del brazo. Ansiosamente, preguntó- ¿Eso de la camisa es sangre? ¿Estás

herida?

- Solo es un rasguño. Estoy bien, gracias -contestó Jessie en voz baja.

- ¿Qué ha ocurrido? -esta vez, Martha habló serenamente, como si la gravedad de la situación hubiera asentado sus nervios.

Jessie echó una mirada rápida a Kate que asintió con la cabeza- Unos cuatreros nos dispararon, a mis hombres y a mí, ayer en la montaña. Mi amigo Jed está en casa del doctor ahora mismo.

- ¿Es grave?

- Sí, señora -la voz de Jessie tembló y trató de alcanzar la mano de Kate. Kate se puso rápidamente al lado de Jessie y pasó un brazo alrededor de su cintura, abrazándola- El té estará bien, Madre, si puedes preparar un poco. Ambas estamos congeladas.

Martha se percató de la forma en que Jessie se pegaba a Kate buscando su apoyo, notó la fortaleza en la voz firme y calmada de su hija, y vio, por primera vez vio realmente, la mujer en la que Kate se había convertido. Era imposible negar la profundidad de los sentimientos entre las dos jóvenes, no importaba lo mucho que ella hubiera deseado que fuera de otra manera. Se acordó de aquellas terribles horas, cuando llegó a pensar que iba a perder a Kate por la enfermedad. Recordó a Jessie, sin moverse del lado de la cama de Kate y prometiendo cualquier sacrificio si Kate vivía. Y después, cuando apenas habían pasado unos días de que Kate estuviera a las puertas de la muerte, su decisión de que nada le impediría estar con Jessie, incluso si tenían que irse del territorio para poder estar juntas. Era absurdo pensar que algo tan mezquino como la estrechez de miras de la gente pudiera nunca mantenerlas alejadas la una de la otras.

- Lleva a Jessie arriba, a tu habitación y quitaros esas ropas mojadas. Buscaré algo de ropa de tu padre que le pueda venir bien a Jessie de momento. Ambas necesitáis secaros antes de que caigáis enfermas.

- Gracias -susurró Kate, abrazando a su madre con fuerza. 

La gran bañera de estaño estaba detrás del biombo, en un rincón del dormitorio de Mae. Vance se sintió más cómoda al notar que la zona estaba débilmente alumbrada por una sola lámpara de aceite encendida sobre el tocador, al otro lado de la cama que ocupaba el centro de la habitación. Esperaba que las cicatrices de su pecho y del hombro se fundieran con las sombras y fuesen menos espantosas, si no menos feas. Incluso su padre, un médico y un hombre que estaba acostumbrado a ver lo peor de la condición humana, se había impresionado por el estado de las heridas la primera vez que las había visto. Sin embargo, en su descargo, había que decir que acababa de llegar al hospital de Richmond y aún no estaban curadas.

- Lo que sea que te preocupe… -dijo Mae- probablemente es un desperdicio de energía.

- Mae…no sabes...

- Tú no sabes dónde he estado ni lo que he visto -susurró Mae, deslizando ambas manos debajo de la camisa abierta de Vance y presionando las palmas de sus manos contra el pecho de Vance- No te muevas y no hables. Deja que te vea -cuando sintió a Vance temblar violentamente, añadió- Pon la mano dentro de mi túnica, en mi cintura. Abrázame.

Con un suspiro trémulo, Vance abrió completamente túnica de Mae y pasó su brazo alrededor de la cintura de Mae.

- ¿Preparada? -Mae se apoyó en el cuerpo de Vance y besó su garganta. - Sí.

parte superior de sus brazos, apartando su camisa. Cayó al suelo junto a la bañera detrás de ellas. La pálida piel de Vance brillaba como la plata a la luz de la lámpara. Sus pechos eran pequeños y tersos, su torso delgado y fuerte como el resto de su cuerpo. Tenía una cicatriz, rugosa y áspera, que se extendía desde el borde exterior de su pecho izquierdo por todo su costado. Con cuidado, Mae acarició la superficie irregular- ¿Te duele?

- No -Vance habló con voz ronca, manteniendo sus ojos fijos en la cara de Mae- No cuando haces eso. Algunas veces... algunas veces cuando estoy cansada, o he cabalgado durante mucho tiempo, se irrita.

- ¿Te ayuda que lo toquen?

Vance se rió temblorosa- No lo sé. En este momento resulta bastante agradable

Mae besó la punta de la barbilla de Vance- Podría ser que no estuvieras pensando con claridad ahora mismo. Tendremos que comprobarlo más tarde.

- De acuerdo -Vance tenía dificultades para clasificar todos los sentimientos contradictorios que pugnaban en su interior. Mae estaba tan cerca que el calor de su cuerpo traspasaba la tela de los pantalones de Vance, calentando sus muslos y su pelvis. El perfume de Mae, un perfume atrevido, endulzado con su propio aroma característico, invadió sus sentidos, volviéndola loca de deseo. Sintió su vientre tensarse por la necesidad, y quería tocar a Mae en todas partes. El breve y maravilloso roce sobre el pecho de Mae era lo único en lo que podía pensar. Si hubiera estado completa, si hubiera tenido los dos brazos, nunca hubiera permanecido de pie, tan tranquila, esperando. Habría tocado a Mae de la forma que deseaba ardientemente, habría dado rienda suelta al fuego que rápidamente consumía su buen juicio. Recordó lo que Mae había dicho tan solo unos momentos antes. Siento lo que tú sientes. Necesito lo que tú necesitas. Tenía que creer en eso, o sus sentimientos de impotencia la harían enloquecer.

- Todavía estás temblando. ¿Aún estás asustada? -preguntó Mae con ternura. - No. Yo... ¡oh! -Vance retrocedió un paso cuando Mae movió su mano de su hacia lo que quedaba de su brazo izquierdo.

- Dime si te hago daño -Mae habló lentamente, asegurándose de mantener su voz firme. Había visto cosas mucho peores que el muñón en el que terminaba el brazo de Vance, justo donde debería haber estado su codo. Había visto hombres pisoteados por los caballos, mujeres desgarradas por partos que habían salido mal, niños muertos por la viruela. El brazo de Vance terminaba en un nudo redondeado de tejido cicatricial, mucho menos horrendo de lo que ella había esperado.

Aún así, se preocupaba por esta mujer, y no importaba lo bien que parecía que había sanado la herida, sabía que el daño se extendía mucho más allá de la carne, y sufría por ese dolor. Hizo lo único que se le ocurrió hacer. Cerró los dedos suavemente alrededor del brazo de Vance y besó tiernamente la cicatriz.

Vance se quedó sin aliento otra vez. Fue tan inesperado, tan diferente de cualquier otra cosa que nadie había hecho nunca, que no podía asimilarlo. Sus rodillas cedieron y lo siguiente que supo era que su mejilla estaba apoyada contra el vientre desnudo de Mae mientras los sollozos sacudían su cuerpo. Poco a poco, se dio cuenta de que Mae estaba acariciando su pelo, su cuello, sus hombros. Mae estaba diciendo algo, susurrando dulcemente palabras que no tenían significado pero que acariciaban y aliviaban los lugares descarnados de su alma que estaban llorando- Lo siento…-dijo atragantándose- Lo siento.

Las lágrimas corrían por las mejillas de Mae. No había podido imaginar que algo tan simple como un beso podría hacerle esto a alguien tan fuerte, tan valiente. Con la voz rota, susurró- Todo está bien, cariño -aunque dudaba de la veracidad de sus palabras. Algunas veces no había más remedio que vivir con el dolor.

- Hubiera querido... -Vance frotó su mejilla contra de la piel de Mae. El deseo se mezclaba brutalmente con la necesidad, y era la necesidad lo que ella temía más que la soledad. El anhelo desesperado de ser consolada, de sanar, que había conseguido mantener encadenado durante tanto tiempo, ahora estaba peligrosamente próximo a liberarse. Liberado, la consumía viva y frustraba cualquier esperanza de amistad con Mae- Hubiera querido llegar a ti completa. Mae se tragó su protesta, porque comprendía el orgullo y la independencia. También entendía que Vance no permitiría que hubiera nada entre ellas hasta que no estuviera convencida de que sus sentimientos nacían del amor y no de la compasión- Mirarte me satisface enormemente -acarició la cara de Vance surcada de lágrimas- Y eres la persona más valiente que me he encontrado jamás.

Suspirando, Vance cerró sus ojos- Yo no veo lo que tú ves.

- Lo sé -durante un instante, Mae presionó la cara de Vance contra su cuerpo, luego la apartó suavemente unas pocas pulgadas- Vance, te estás quedando fría. Deja que nos metamos las dos en la bañera para que pueda abrazarte.

Al cabo de un momento, Vance se puso de pie tambaleándose y buscó nerviosa los botones en sus pantalones- Si esperamos mucho más, estará fría.

Mae sonrió- No creo que vayamos a notarlo mucho.

- Tú eres la única persona, aparte de los doctores y las enfermeras y mi padre, que es médico también, que me lo ha tocado.

- No tuve la intención de abrir viejas heridas -apartó la mano de Vance y terminó de desabotonarle los pantalones.

Vance pasó sus dedos por los rizos de Mae mientras ella lo hacía, luego bajó la cabeza y la besó suavemente- No lo has hecho. Algunas veces curarse duele.

Asintiendo con la cabeza sin decir palabra, con miedo de que pudiera echarse a llorar ahora, Mae le quitó a Vance la ropa y se despojó de su túnica. Entró en la

bañera, se sentó con la espalda apoyada en un extremo, y tendió su mano- Ven, recuéstate contra mí.

Cuidadosamente, Vance se metió dentro y se sentó entre las piernas de Mae echándose hacia atrás y recostándose sobre ella. El agua todavía estaba caliente, y, a pesar de su extremo cansancio, con el primer contacto con el cuerpo de Mae, volvió instantáneamente a la vida. Los pechos de Mae presionaban contra su espalda y cuando Mae la rodeó con sus piernas por debajo del agua, el contacto íntimo hizo que su piel se sonrojara por el calor. Vance gimió y echó su cabeza hacia atrás posándola en el hombro de Mae- No quiero moverme de aquí nunca.

Mae acarició con la nariz el cuello de Vance y envolvió ambos brazos alrededor de su cintura- Entonces no lo haremos.

Lentamente, Vance giró su cabeza y besó el cuello de Mae- El vapor huele a ti.

- Es el perfume que uso. He puesto un poco en el agua. - Me mueve cosas por dentro.

- Cosas agradables, espero -dijo Mae un poco sofocada. Su piel vibraba en todas las zonas en las que sus cuerpos se tocaban que era en casi todas.

Sus pechos estaban tensos y dispuestos para ser acariciados. Sentía el calor y la pulsación entre sus piernas, necesitando desesperadamente ser llenada. A pesar de eso, solo pasó su mano suavemente por el vientre de Vance y presionó la mejilla contra su cuello. Lo que había entre ellas ahora no era algo para ser precipitado, sino para ser saboreado lentamente. Este momento era una cuestión de confianza más que de pasión.

- Cosas maravillosas -Vance agarró la mano de Mae y la llevó hasta su pecho, tensándose cuando los dedos de Mae le rozaron el pezón. Ella gimió suavemente- Nunca antes había estado así con nadie. Hombre o mujer.

sien- Siento ser...

- No lo hagas -Vance besó la mano de Mae antes de cambiar de posición hasta que pudo mirarla a la cara- Nada que hayas hecho o puedas hacer podrá ser para mí más importante que lo que hay entre nosotras -le dio a Mae un beso en los labios, suave al principio, exigente después. La besó primero con respeto, luego con deseo. La besó, tomándose su tiempo, explorando su boca cuando deseaba explorarla entera, cuerpo y alma. El ansia de poseerla, de ser poseída por ella no había desaparecido, pero descubrió con cada segundo que pasaba, que sentía algo más que la necesidad. Quería saber. Sobre todo, quería conocer a Mae, su corazón y también su cuerpo. Cuando se apartó del beso y se volvió a colocar entre los brazos de Mae, descansando su cabeza sobre su hombro, murmuró- Solo quería que supieras que no soy muy... buena... en algunas cosas. Si lo hacemos...

- Cuándo… -Mae se rió y acarició el pecho de Vance, rozando sus senos solo lo justo para apaciguar su deseo- Señor…, si fueras mejor, mi corazón podría salírseme del pecho.

Vance sonrió, una sonrisa complaciente, contenta- Mi hermano siempre supo cómo tratar a las damas. Nunca se me ocurrió que aprender esas cosas para mí misma.

- ¿Pero tú sabías que tenías…inclinaciones en esa dirección?

- Sí. Al principio no reconocí exactamente lo que eran, porque como estoy segura tú sabes, esas cosas se discuten raras veces. Pero había una chica en mi clase de la Escuela de Medicina. Éramos buenas amigas, amigas íntimas.

Vance suspiró- Nuestro afecto llevó al inicio algo más íntimo, pero entonces comenzó la guerra y... todo cambió.

- ¿Y tu hermano? ¿Dónde está?

Víctor y yo éramos gemelos. Lo hacíamos todo juntos cuando éramos niños. Fuimos a escuelas de medicina diferentes, pero veíamos a los pacientes juntos con frecuencia. Cuando estalló la guerra y Lincoln llamó a los médicos, nos alistamos juntos también -sonrió- Fue idea de Víctor que me cortara el pelo y me prestó sus ropas para que pudiera alistarme en su regimiento. Sabía que encontraría la manera de ir y siempre fue más divertido estar juntos que separados -se estremeció, aunque el agua todavía estaba algo caliente- Servimos en el mismo regimiento durante el primer año y medio. Había pocos cirujanos cualificados, y no pasó mucho tiempo antes de que ambos fuimos ascendidos a cirujano la brigada. El ejército de la Unión peleaba en muchos frentes y acabamos por separarnos. El correo, lo que quedaba de él, a menudo tardaba meses llevó meses en llegar cuando estábamos en primera línea. No tuve noticias de él en los últimos seis meses de la guerra.

Mae esperó, en silencio cuando Vance se quedó callada, pero reconoció el vacío en la voz de Vance de lo que era una pérdida terrible. La estrechó entre sus en un intento inútil de proteger a Vance de un dolor que ya había golpeado su corazón.

- No supe hasta que, finalmente, regresase a Filadelfia cuando me dieron el alta en el hospital que Víctor había muerto en Richmond en otoño, apenas unas semanas antes de que yo resultara herida -Vance giró su cara apoyándose en el cuello de Mae- siempre me preguntaré si habría podido salvarlo si hubiera estado con él.

No si él hubiera podido salvarte a ti. Mae besó la frente de Vance- Lo

lamento.

- La muerte de Víctor casi acabó con mi padre. Mi... lesión era más de lo que él podía soportar. Nuestra relación nunca volvió a ser la misma, y cuando quise dejar Filadelfia, él se puso en contacto con Caleb Melbourne en mi nombre.

Creo que se alegró cuando me fui.

-Seguro que él no te culpa de lo que sucedió.

- No exactamente. Él no sabía que nos habíamos alistado ninguno de los dos, aunque no habría podido detenernos. Le escribimos una vez llegamos a nuestro primer destino, y él intentó obligarme a volver a casa -Vance suspiró- Cuando finalmente volví a casa, era un recuerdo constante de lo que había perdido.

- Lamento lo de Víctor, pero estoy muy contenta de que tú sobrevivieras. - Gracias -susurró Vance. Durante un tiempo tuvo la esperanza de oír esas palabras de boca de su padre, pero oírlas ahora, de la mujer que estaba empezando a estimar significaba mucho más.

-Estás temblando -suavemente, Mae empujó a Vance y se puso de pie saliendo de la bañera. Amablemente Mae hizo avanzar a Vance, estuvo parada, y dio un paso de la bañera- Déjame coger una manta.

Para cuando Vance salió de la bañera, Mae tenía una manta preparada para envolverla alrededor de sus hombros- Tú también vas a coger frío -protestó Vance. Tomó un borde de la manta y lo puso alrededor de Mae de forma que ambas estuvieron bajo la manta- No sé cómo es posible que acabe contándote cosas de las que nunca hablo con nadie más.

- Porque…-dijo Mae con una ligera sonrisa, abrazando a Vance por dentro de su improvisado refugio- quiero saberlo.

Vance apoyó su mejilla sobre el pelo de Mae- Me alegro tanto…

-Vamos a la cama -dijo Mae. Cuando Vance se puso tensa, sacudió la cabeza y besó el hueco en la base de su garganta- Quiero que me abraces. Eso es todo.

Vance quería más, pero también tenía miedo, y por eso estaba agradecida de que Mae no le exigiera más intimidad- ¿Estás segura? ¿Y las demás?

- Dios mío, Vance -dijo Mae riendo- ¿De verdad crees que a alguien aquí le importa quien comparte cama con quien? Nadie hará ningún comentario, e

incluso si lo hicieron, ¿qué importa? A menos que tú no quieras que nadie... - No -dijo Vance ferozmente, silenciando a Mae con un beso- Es solo que no quiero causarte problemas.

Mae sintió de nuevo unas inmensas ganas de llorar, incapaz de recordar cuándo había sido la última vez que alguien se había preocupado por ella- El único problema para mí sería si me dejases ahora, sabiendo la tremenda necesidad que tengo de estar contigo ahora.

Vance descansó su frente en contra de Mae- Y esta noche, ¿será suficiente con que te abrace?

- Será perfecto.

Cuando se acomodó en la cama a su lado y Mae se encajó en la curva de su cuerpo, Vance se dio cuenta de que Mae estaba en lo cierto. Nada de lo que había conocido se había sentido tan bien. El corazón de Mae latiendo contra su pecho, el muslo de Mae encajando perfectamente entre sus muslos, el aliento de Mae acariciado su garganta como un bálsamo. Pasó el brazo alrededor de los hombros de Mae y puso su mano alrededor de la nuca de Mae, acariciándola suavemente- No sé si voy a ser capaz de dormir esta noche-dijo Vance- Eres

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