• No se han encontrado resultados

Capítulo Nueve

In document Heartland (Espanol) - Julie Cannon.pdf (página 51-55)

Shivley terminó su chequeo nocturno de los caballos y se acomodó en una silla en el porche delantero, con una taza de sidra tibia en sus manos. La noche era fresca, una brisa suave descendía la temperatura otros pocos grados. Este era el momento favorito del día de Shivley, sus huéspedes habían caído agotados a la cama y la casa estaba en silencio. Usaba este momento para reflexionar. ¿Lograría lo que se proponía hacer? ¿Hacía lo que quería hacer? ¿Había vivido la vida al máximo el día de hoy? Shivley se recostó en su silla, con las piernas estiradas hacia afuera delante de ella, sus botas apoyadas sobre una mesa de madera curtida. Grillos piaban su propia forma de comunicación en la oscuridad, y el ganado se acomodaba para pasar la noche.

Shivley sorbió su bebida. El primer par de años se sentaba en el porche en este exacto lugar imaginándose a Dale sentada a su lado. Hablaban acerca de sus sueños y esperanzas para el rancho y su vida en común. Después de un tiempo Shivley finalmente reconoció que era sólo un sueño y que Dale nunca habría estado sentada a su lado, incluso si hubieran tomado la decisión y hubieran comprado la propiedad. En realidad, nunca habría sucedido en primer lugar si ella no hubiera muerto.

Shivley era feliz aquí, más feliz de lo que nunca pensó que podría ser. Hizo falta la muerte de Dale para ponerla en un lugar donde podría pasar el resto de su vida. La culpa la abrumaba cada vez que pensaba en ello, por lo que evitaba pensarlo.

Rachel salió al porche, trayendo a Shivley de regreso al presente. “Por supuesto.” Se sentó, con los pies cayendo al piso del porche.

Rachel deslizó una silla cerca de Shivley y se sentó. Había estado observando a Shivley durante varios minutos, debatiendo con ella misma si debía interrumpir su tiempo privado. Shivley parecía pertenecer exactamente a donde estaba. Rachel pensó que la imagen frente a ella podría haber estado en una tarjeta postal o en un episodio de Bonanza. No quería entrometerse, pero tenía la imperiosa necesidad de estar sentada al lado de Shivley.

“Creí que te habías acostado” Shivley miró a Rachel cuando se sentó a su lado. Por lo general no se aventuraba fuera, al porche, para descansar hasta que sus invitadas se habían ido a la cama. La interrupción de Rachel fue una sorpresa agradable.

“Cambié de opinión,” respondió Rachel, molesta por haber cedido a la tentación de pasar más tiempo con Shivley. Había estado peleando con la necesidad de estar con Shivley, para aprender más en ella, desde su primer encuentro en el camino de tierra. Rachel no estaba acostumbrada a esta cantidad de curiosidad acerca de otra mujer. Normalmente estaba interesada en ellas, sí, pero por lo general no más que superficialmente y, ciertamente, no en saber qué las movilizaba.

“¿Demasiado tranquilo?” “Demasiado excitante.”

Shivley se rió. “Sí, eso pasa. La primera noche siempre está llena de anticipación, luego todas las otras noches están llenas de puro agotamiento.?”

La risa de Shivley fluyó por las venas de Rachel. “No lo dudo.” El silencio era cómodo. Shivley no sentía ninguna necesidad de llenar el espacio con charla para que su huésped se sintiera a gusto. Miró a Rachel, su rostro iluminado por la luna llena. Se veía contenida. Los otros huéspedes eran nerviosas, ansiosas o aburridas por completo.

prolongó y Shivley pensó que Rachel se había quedado dormida hasta que habló en voz baja.

“Te envidio.”

“Esto es increíblemente bueno, ¿no es así?” Shivley sabía a lo Rachel se refería sin que tuviera que explicarlo en detalle. El aire libre, un rancho, animales, naturaleza, cielo azul sin nubes con estrellas tan brillantes que casi tenía que cubrirse los ojos.

“¿Es todo lo que parece ser?” Rachel sabía que la vida era por lo general todo lo contrario.

“En su mayor parte.”

“Apuesto a que aún con la parte negativa, vale la pena.”

“¿Te refieres a las ampollas, callos, al dolor de espalda, el barro, la lluvia, la suciedad y la sangre? Entonces, sí. Definitivamente vale la pena.” Shivley sintió cada palabra. Su trabajo ahora era, por mucho, el más duro, el más soporífero, el mas desafiante físicamente que había tenido nunca. Y amaba cada minuto de él. No lo cambiaría por ninguna otra cosa en el mundo. “Si prometes no decírselo a nadie, compartiré un secreto contigo.”

El interés de Rachel de despertó. “Cruzo mi corazón.” Imitó sus palabras con la acción.

Shivley miró a su alrededor, comprobando para asegurarse de que no había nadie más dentro del rango de audición. Tomó un profundo y estabilizador aliento. “Cuando me rompo una uña, casi me pone de rodillas.”

Rachel frunció el ceño, confundida por un momento y luego se echó a reír. A ella se unió Shivley y ambas se rieron tan fuerte que las lágrimas gotearon de sus ojos. Rachel finalmente fue capaz de tomar un respiro.

“Dios mío, estabas tan seria que pensé que ibas a decirme que un grupo de duendes de rancho venían cada noche y hacían todo el trabajo real.”

Shivley todavía estaba luchando con su propia respiración, no totalmente causada por el humor que compartían. Mirar a Rachel

reírse sin una preocupación en el mundo fue lo que realmente casi la puso de rodillas. Después de lo que pareció una eternidad, cayó en la cuenta. “¿Cómo puedes pensar algo así?” respondió con disgusto fingido. Hizo una pausa. “Sólo vienen dos veces por semana.” Fue recompensada de nuevo con el sonido de la risa de Rachel en la noche.

In document Heartland (Espanol) - Julie Cannon.pdf (página 51-55)