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Capítulo Trece

In document Heartland (Espanol) - Julie Cannon.pdf (página 76-82)

Shivley se quedó sin habla. Pensó que había malinterpretado lo que había dicho Rachel, pero una mirada a su rostro la convenció de lo contrario. Todas las charadas fueron olvidadas y Rachel se centró en sus labios con una intensidad que hizo que las piernas de Shivley se debilitaran. Si no hubiera estado sobre la montura, podría haber colapsado en un montón. Así puestas las cosas, tuvo que apretar sus piernas para mantenerse en pie. Midnight lo tomó como una señal y se movió hacia delante, rompiendo el hechizo. “Whoa, nena.” Shivley no estaba segura de si su mandato estaba dirigido a ella, a su caballo, o a Rachel. Tiró de las riendas, el sombrero se escapó de sus manos y aterrizó en la tierra.

Rachel no tenía ni idea de lo que iba a decir hasta que salió de su boca, y no sentía que lo hubieran hecho. Después de esta mañana no había querido nada más que retomar donde lo habían dejado en la cocina y ver hasta dónde llegarían. La ducha fría sugerida por Ann había hecho poco por enfriar su libido, y estar con Shivley todo el día avivó el fuego.

“Ahora mira lo que he hecho.” Rachel volvió a su acento. “Es mi turno de pedirle disculpas a usted, Sra. McCoy, y preguntarle que puedo hacer por su perdón.” Deseaba a Shivley, pero disfrutaba jugando con ella más. No lo hacía con un espíritu malicioso, pero era tan refrescante encontrar a alguien que estaba honestamente asombrada por sus atenciones. Cuando Shivley no respondió inmediatamente, Rachel se apiadó de ella. “No tiene que responder en este momento. Piense en ello y vuelva a mí. ¿Tal vez esta noche en la

terraza acompañada de una copa después de cenar?”

Todo lo que Shivley pudo hacer antes de que las otras mujeres entraran en el corral fue asentir. Estaban muy excitadas con la carrera y estaban hablando una por encima de la otra. Christina fue la primera en mencionar que Ellen había llegado última y que se asegurase de limpiar el estabo de su caballo extra-bien. Todo el mundo se echó a reír al ver la expresión asustada en la cara de Ellen.

“No te preocupes, Ellen. Yo te ayudaré.” Intervino Shivley. La mirada de alivio en la cara de Ellen no tenía precio. “Bueno, todo el mundo, a caminar a sus caballos hasta que se enfríen, y luego llévenlos a sus establos y denles un buen cepillado. Estaré por aquí para ver si necesitan alguna ayuda.”

Shivley pasó tiempo con cada una de las mujeres mientras atendían a sus caballos, y en poco tiempo los caballos estaban cepillados y alimentados y sus arreos removidos. Cometió el error de dar un paso en el interior del establo donde estaba Christina.

“Ven, deja que te enseñe.” Shivley tomó el cepillo de la mano extendida de Christina y rápidamente y frotó los lados del caballo. “De este modo. No tengas miedo de frotar duro. A Dandy le gusta de esa manera.”

En ese momento, Christina se acercó a ella. “Puedes frotarme de ese modo cuando quieras, Shivley. Sé que me va a gustar tanto como le gusta a él.”

Christina estaba tan cerca que Shivley sentía su cálido aliento en su cuello. En lugar de ser provocativa, sólo le dio escalofríos. Se las arregló para burlar a la mujer impaciente y salir del establo ilesa. Se recordó a sí misma que tenía que estar en alerta máxima cada vez que Christina estaba alrededor y nunca estar a solas con ella.

La última parada de Shivley estaba en el establo adyacente al que acababa de dejar. “¿Tienes todo lo que necesitas?” -preguntó, de pie en el umbral de la entrada. Rachel se dio vuelta. La expresión ardiente de su rostro le dijo a Shivley que había leído más en su pregunta de lo que había pretendido.

“Sí, habré terminado en un minuto más o menos.”

Shivley había esperado una respuesta más acorde con el mensaje que Rachel le estuvo dando unas horas antes, y se sintió sorprendentemente decepcionada. Por mucho que quería besar a Rachel otra vez, tenía miedo. Tenía miedo de Rachel, y miedo de sí misma porque quería mucho más que besos. “Él se ve bien.”

“¿Perdón?”

Shivley señaló con la cabeza al caballo que brillaba bajo el cepillo de su jinete. “Bonanza. Creo que nunca lo vi tan brillante y bien cuidado.” Había estado observando a Rachel cepillando a su caballos durante varios minutos. Estaba hablando con él en tonos suaves y bajos que sólo el caballo podía oír, y Rachel tenía toda su atención. Una máscara cayó rápidamente sobre los ojos de Rachel.

“Sí, bueno, ya sabes, los caballos, los perros, los niños. Todo lo que necesitan es un poco de amor para sobrevivir” Dijo Rachel y volvió a cepillar la piel del bayo.

Shivley tenía la corazonada de que había algo más en Rachel que lo que la gente veía en el exterior. Shivley era bastante buena juez de carácter, y su instinto le dijo que Rachel sólo le permitía a la gente ver exactamente lo que ella quería que vieran. La reserva de Rachel se resquebrajaba, y Shivley quería conocer lo que había dentro.

*

Shivley caminó a través de la gran sala después de ayudar a Ann a limpiar lo de la cena y contó seis cabezas mirando la gran pantalla de televisión. En realidad, parecía que cuatro de las seis cabezas estaban durmiendo más que mirando la calma evacuación del Titanic. Rachel no estaba en la habitación, ni había dado ninguna indicación de dónde estaría. Shivley lo pensó un momento, pero siguió hacia la puerta.

El aire era fresco, mientras caminaba por el patio hacia los establos. Había una luz encendida e hizo una nota mental para

recordarles a Gail y Bart que la apagaran cuando no estuvieran adentro. El sonido de una voz suave flotaba en el edificio y apretó el paso.

Rachel estaba en el establo de Bonanza, cepillándolo y hablándole en voz baja. Rachel no sabía que ella estaba allí, y Shivley quiso mantenerlo de ese modo durante todo el tiempo que le fuera posible. Observó mientras Rachel sostenía el cepillo duro y acariciaba la espalda del caballo desde el final de su melena a la parte superior de la cola. Adelante y atrás, adelante y atrás, cada golpe largo y suave, apenas superponiéndose con el anterior. Estaba hipnotizada con las tranquilizadoras caricias y la dulzura de las acciones de Rachel. Un destello de las manos de Rachel acariciando su cuerpo al mismo ritmo hizo que un escalofrío le recorriera la espalda. De repente, se sentía muy caliente y sintió debilitarse sus rodillas.

“No creo que a él le molestara un poco más de atención,” dijo Rachel con calma, sin darse vuelta. Había oído a alguien detrás ella y, cuando no se pronunció ninguna palabra, supo que era Shivley. Tuvo que concentrarse para asegurarse de que su cuerpo no traicionara la forma en que la precencia de Shivley la afectaba. En todo caso, nunca se había sentido tan sensual como lo hacía ahora sabiendo que Shivley estaba observándola.

Le tomó un momento a Shivley darse cuenta de que Rachel estaba hablando con ella. No había perdido el ritmo de una sola caricia o incluso dado el menor sigo de saber que Shivley estaba allí. Shivley se preguntó por cuánto tiempo Rachel había sabido que estaba de pie detrás de ella. “¿Qué macho no disfrutaría de las hábiles manos de una mujer hermosa sobre él?” Shivley casi se quedó sin aliento con su respuesta sin flitro. Había sido capturada por el hechizo de Rachel y no podía escapar. Detectó una ligera vacilación en el trazo de Rachel antes de que se volviera para mirarla. El corazón le dio un vuelco por el deseo ardiente desenmascarado en los ojos de Rachel.

“¿Eso aplica también a mujeres rancheras hermosas?” Rachel se lamió los labios. Continuó cepillando a Bonanza, acentuando cada

movimiento. Shivley no se había movido, y Rachel no estaba segura de que siquiera estuviera respirando. Poco a poco cruzó los dos metros que las separaban y se detuvo a escasos centímetros del pecho de Shivley. Pudo ver motas de luz reflejándose en los oscuros ojos de Shivley, que no habían dejado de mirar fijamente sus labios.

Rachel se acercó. “¿Yo te asusto?”

“Sólo cuando me miras como lo haces en estos momentos.” y

como lo hiciste esta mañana, esta tarde, y ayer, y el día anterior a ese.

Shivley se devanó los sesos para recordar la última vez que Dale la había mirado así. La culpa goteó por su garganta cuando no pudo recordar la última vez que ella miró a Dale de ese modo tampoco.

Rachel ladeó la cabeza. “¿Y cómo estoy mirándote?”

Shivley se tragó el nudo que se había presentado de repente en su garganta. El corazón le latía con tanta fuerza que apenas podía oír su propia voz. Estaba pisando un terreno traicionero y su equilibrio era inestable. “Como si quisieras besarme.”

“No, yo no quiero besarte.” Rachel hizo una pausa. “Quiero que

tú me beses.”

Con una sola declaración, Rachel volvió el estómago de Shivley del revés. Shivley quería besar a Rachel de nuevo, pero no creía ser capaz de tomar la iniciativa. Le temblaban las manos y tenía miedo de que sus piernas cederían en cualquier momento. Era hipócrita desear ser besada pero no ser quién besaba, pero no le importaba. Eso quitaba la responsabilidad de sus manos.

Rachel vio que era evidente que Shivley luchaba con lo que debía hacer. No pensaba que hubiera sido una petición difícil, sobre todo después del beso que compartieron esa mañana, pero Shivley parecía estar indecisa.

“Rachel” Comenzó Shivley.

Rachel había tenido suficiente. Estaba cansada, dolorida y frustrada. “Shivley, ¿qué está pasando aquí realmente?” Con ese comentario, finalmente Shivley la miró a los ojos. “No, no me mires como si no supieras de lo que estoy hablando. Me besaste esta

mañana. Bastante apasionadamente, debo añadir, y hasta hace dos segundos atrás, parecía que querías hacerlo de nuevo. ¿Cuál es el asunto? Nosotras somos dos adultas que consienten. No tengo compromisos y creo que tú tampoco, así que ¿por qué no divertirse un poco? Y no me digas que es porque soy una huésped, porque eso es una cortina de humo y lo sabes.” Shivley no respondió. Rachel no estaba acostumbrada a que las mujeres dudaran o la rechazaran, pero no iba a darse por vencida con Shivley. Sabía que valdría la pena la espera. “Bueno, no voy a forzarlo. Al menos no esta noche.”

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