• No se han encontrado resultados

Capítulo sexto: La reducción del saber a la gestión del mercado en los

A. A modo de introducción

6. Capítulo sexto: La reducción del saber a la gestión del mercado en los

universitarios. Todos obsoletos.

“No queda sino agregar al arte, la cultura y la comunicación, colonizados por las industrias culturales, como focos y vectores de «imbecilidad». El capitalismo cognitivo y cultural no equipa la subjetividad con el «conocimiento», sino con la tontería, aún cuando esta sea calificada y sobre calificada (licenciatura, maestría, doctorado)”1

Pensemos por un instante en un discurso que no requiera girar, en uno en el que las relaciones entre los elementos marquen un circuito completo e infinito; por supuesto, pretendería bastarse así mismo y por tanto excluir todo aquello que dificulte su expansión, se trataría de un discurso “locamente astuto”2 que marcharía muy rápido, y seguramente “se consumaría tan bien, que se consumiría”3. Sería un discurso avasallador e imperioso; voraz, en el que cada quien competiría por desplegar esa misma voracidad, en el que se calcularía lo incalculable, uno que comportaría «el único síntoma social», a saber, “que cada individuo es realmente un proletario, es decir, que no tiene ningún discurso con el cual establecer un vínculo social, dicho en otro término, semblante”4; que por lo mismo, sería calificado entonces, como seudodiscurso.

1

Maurizio Lazzarato, La fábrica del hombre endeudado. Ensayo sobre la condición neoliberal, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 2013, p. 179.

2

Jaques Lacan. Conferencia en Milán del 12 de mayo de 1972, op. cit., p.13.

3

Ibíd.

4

Jacques Lacan, La Tercera, Versión digital del texto extraído de "Actas de la Escuela Freudiana de París", Varios autores, Editorial Petrel, Barcelona 1980, p. 7. Disponible en:

http://www.edipica.com.ar/archivos/jorge/psicoanalisis/lacan6.pdf

Quizá nos resulte simple para acercarnos a esa formulación, concordar en principio con que en la sociedad capitalista lo que interesa es fundamentalmente de índole mercantil, de la plusvalía y lo que se juega en torno al dinero: al capital; sabemos que conviven la explotación y la especulación junto a la caridad y la filantropía, la inclusión y la exclusión, la guerra como medio para alcanzar la paz.

6.1 No es un giro, es una torsión: el discurso capitalista

“Como si el capitalismo hubiera de hacer indiferentes a los hombres, como lo hizo con las cosas”5

Hasta ahora hemos ahondado en los cuatro discursos de Lacan. Él mismo nos advirtió que “no hay treinta y seis posibilidades, hay solamente cuatro”6. No obstante escribió uno

más, un discurso por completo excluido de los otros pues no es un discurso del semblante, en el que por tanto las relaciones entre los elementos se ven tergiversadas. Lo denominó discurso capitalista o discurso del capitalismo –leámoslo tal cual, discurso capitalista o del capitalismo, no discurso del capitalista, lo que de entrada nos indica que algo cambia radicalmente en el lazo social y en el sujeto del que se trata–. En su momento Lacan afirmó que se trataba del sustituto del discurso del amo7, un discurso respecto del cual el analítico estaría al acecho8, pero que por no ser del semblante no es propiamente un discurso, ni sería en absoluto lazo social9.

Nos dirá que el discurso capitalista es la mejor expresión del discurso del amo, en “curiosa copulación con la ciencia”10; cópula que escribe en un cuatrípodo que no cumple

con las restricciones de los cuatro discursos y que por tanto no emerge de un giro de los demás, sino de una torsión que invierte los lugares ocupados por el sujeto y el S1 en la

5

Gilles Lipovestsky, La era del vacío, ensayos sobre el individualismo contemporáneo, Editorial Anagrama, Barcelona, 1986, p. 43.

6

Jaques Lacan. Conferencia en Milán del 12 de mayo de 1972, Versión digital publicada el 21-03- 2013, http://elpsicoanalistalector.blogspot.com/2013/03/jacques-lacan-del-discurso.html p. 15.

7

Ibíd., p. 13.

8

Jaques Lacan, Libro 18, op. cit., p. 154

9

Jaques Lacan, Libro 19, op. cit., p. 179

10

Capítulo 6 189

estructura del discurso del amo, lo que a su vez cambia el sentido del vector entre el lugar de la verdad y el de semblante.

Veamos cómo lo presenta en la Conferencia pronunciada en Milán el 12 de mayo de 1972, en contraste con la escritura del discurso del amo:

Discurso del amo Discurso capitalista

S1 S2

a

En la escritura podemos entrever que el sujeto aparece en el lugar que ocupa en el discurso de la histérica, que, como recordarán, Lacan relaciona con el discurso científico. Además, el S1 está en el lugar que ocupa en el discurso del universitario, y los otros dos

elementos permanecen en el lugar que ocupan en el discurso del amo. Así logra escribir la «curiosa copulación» amalgamando esos tres discursos: el del amo, el de la histérica y el del universitario, los tres discursos en los que la voluntad de dominio es más que evidente.

Si seguimos los vectores del discurso capitalista, notamos que se trata de un circuito que gira indefinidamente sin imposibilidad y sin barrera, un recorrido como el trazado por el signo infinito, ∞ en el que, por tanto, todos los elementos pueden indistintamente alcanzar cualquier lugar, sin que se afecte el curso de las relaciones, pero en el que además, el sujeto ya no aparece separado del objeto que entonces lo «completaría».

Colette Soler lee el discurso de la siguiente forma: “el sujeto manda a la cadena S1-S2

que le responde algo, el pensamiento científico y técnico, que a su vez instrumentaliza el lenguaje para obtener efectos técnicos sobre la realidad y el mundo”11. Así, en el circuito,

si bien el sujeto pone en funcionamiento la cadena de producción, los objetos mismos terminan por mandar sobre el sujeto: “es el circuito cerrado del mandamiento y no hay

11

Colette Soler, Los discursos de Lacan, Seminario del Colegio de Psicoanálisis de Madrid, Colegio de Psicoanálisis de Madrid, España, 2007, p. 138.

S2

más sitios dominantes del discurso”12

. Entonces, en el capitalismo lo que aparece es un tipo de relación de consumo entre un sujeto y un objeto, que no es individual sino idéntico para todos los sujetos, pues sale de la línea de producción en masa; funcionamiento que nos deja entrever el lugar privilegiado del efecto homogeneizante13 que implica que estemos todos a expensas de tal discurso.

Recordarán que en el discurso del amo Lacan escribió la estructura misma del surgimiento del sujeto en la articulación significante, cuyo producto es el objeto a en el lugar de la pérdida. Ahora bien, al leer según las indicaciones que dan las flechas, en el discurso capitalista tendríamos que un sujeto es lo que determina al significante amo que desde el lugar de la verdad hace que el saber trabaje para producir el objeto a, que retorna al sujeto que en principio actuó como agente. ¡Menudo embrollo! El sujeto es él mismo, con su objeto.

Parecería que el sujeto es entonces mero sujeto del conocimiento que está capacitado para producir los objetos que lo completan; el vínculo paradojal de un individuo con su objeto. En ese circuito, la dificultad u obstáculo, si traemos a colación que cuando hablamos de capitalismo hablamos de mercado, es que el personaje en cuestión tenga los recursos económicos para comprar y luego consumir el a, y punto.

Es claro que no nos referimos a un sujeto dividido, sino a uno completado por el objeto, para quien no operaría la falta del objeto en tanto causa de deseo, sino que dispondría de la positivización del objeto en los objetos del mercado14. Dicho de otra manera, el discurso capitalista sabe aprovechar en su itinerante mercado la cuestión de la falta de objeto que moviliza el deseo, de ahí que los productos a la venta se ofrecen justamente como aquello que a cada quien le falta. La estrategia de mercadeo convierte el producto que oferta en aquello que al consumidor le hace falta, incluso empieza a faltarle cuando el producto sale a la venta. Así, el consumo parece una obviedad: «lo que a usted le falta, yo se lo vendo». 12 Ibíd. 13 Ibíd., p. 139. 14