A. A modo de introducción
4. Capítulo cuarto: La producción de los cuatro discursos: un sencillo cuarto de
4.10 El discurso de la Histérica: primer cuarto de vuelta
“Lo que conduce al saber no es el deseo de saber. Lo que conduce al saber es – concédanme un plazo más o menos largo para que lo justifique– el discurso de la
histérica”91 S1 a S2 87 Ibíd., p. 19. 88 Ibíd., p. 184. 89 Ibíd. 90
Ibíd., p. 20. En un movimiento, que veremos luego, da lugar al discurso del Universitario.
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Hemos de recordar aquí que fue en el encuentro con las histéricas y por la imposibilidad del saber médico para darles respuesta, que Freud tuvo ocasión de reconocer las formaciones del inconsciente y por esa vía, formular la teoría psicoanalítica. Esta circunstancia no es contingente o irrelevante, pues reveló la inadecuación del saber médico respecto de los sujetos y de su articulación con el goce. En otras palabras, el sujeto histérico fue quien hizo posible cuestionar el funcionamiento del discurso del amo92; empezando por el saber científico del propio Freud quien tuvo que darle un giro a su proceder clínico: “Ahora dejo que el enfermo mismo determine el tema del trabajo cotidiano, y entonces parto de la superficie que el inconsciente ofrece a su atención en cada caso”93.
Este proceder de la clínica psicoanalítica fue planteado por Lacan de la siguiente forma: “ya se dé por agente de curación, de formación o de sondeo, el psicoanálisis no tiene sino un médium: la palabra del paciente”94; en este sentido, tan pronto la histérica toma la
palabra aparece su división, porque no sabe lo que dice, porque dice más de lo que sabe, quizá quiere decir y no puede; en fin, porque dice más y menos de lo que aspira a decir.
En el discurso de la histérica, en el lugar de dominancia que es el lugar del semblante y del deseo, aparece el sujeto con su síntoma, de modo que es alrededor del síntoma que el discurso se sitúa95; mientras que el saber ocupa el lugar de la producción, del plus-de- goce, justo por eso, aquello que se relaciona con el goce, ese saber producido por un amo, es lo que la histérica viene a interrogar. En su discurso, “lo que ella quiere, es el saber como medio de goce”96.
El sujeto histérico ubicado en el lugar del agente del discurso, “se aliena por el significante amo [que aparece en el lugar del goce] como sujeto al que este significante
92
Enric Berenguer, “Discurso y vínculo social”, en Discurso y vínculo social con referencia al Seminario 17, op. cit., p. 33.
93 Sigmund Freud, “Fragmento de análisis de un caso de histeria”, Volumen VII, op.cit., p. 11. 94
Jacques Lacan, “Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis”, Escritos 1, Siglo XXI Editores, México, 2005, p. 237.
95
Jacques Lacan, Libro 17, op.cit., p. 46.
96
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divide –al que, en masculino, representa al sujeto–, este sujeto que se opone a hacerse a su cuerpo”97. Podemos formular por lo que comporta esta relación, que la histérica con su
síntoma desenmascara la verdad del amo, es decir, revela la impotencia del saber médico que sobre ella no logra decir nada, por tanto, es quien logra que el amo “se arroje al saber”98
, pues le demuestra que no sabe. De ahí la relación que Lacan establece entre el discurso de la histérica y el discurso científico, o más ampliamente, cómo lo que condujo a la ciencia “fue la entrada del sujeto, como agente del discurso”99, y no un cierto
deseo de saber, sino una puesta en duda radical de todo saber.
La histérica insta al amo hacia el saber, pero no entrega el suyo100, sino que exhorta al otro, al que le atribuye el significante amo, para que le dé una respuesta sobre lo que constituye la causa de su deseo, el objeto a que se sitúa en el lugar de la verdad, y lo hace sustrayéndose ella misma “como objeto de su deseo”101.
Otra consecuencia de que el objeto a esté ubicado en el lugar de la verdad es que si bien el síntoma revela que en la historia del sujeto hubo una pérdida de goce, algo de tal goce se viene a recuperar en el propio síntoma102. Lo que señala la histérica como su verdad es que solo como objeto a es deseada; y a la larga esto le permite sustraerse ella misma como objeto del deseo del otro; también desde lo que está en el lugar de la verdad logra denunciar que “el lenguaje no alcanza a dar la amplitud de lo que ella, como mujer, puede desplegar con respecto al goce”103.
Diríamos entonces que la histérica se dirige al amo en la búsqueda del saber sobre su sexualidad, pero al hacerlo, lo que hace es revelar su falta, su inconsistencia… “Y esta es la estrategia seguida con frecuencia por la histérica en relación al padre o a quien haga sus veces; lo instala en el lugar del amo para terminar afectándolo de castración”104.
97
Ibíd., p. 98.
98
Jacques Lacan, Libro 18, op.cit., p. 143.
99
Jacques Lacan, Libro 17, op.cit., p. 191.
100
Ibíd., p. 99.
101
Ibíd.
102
Ronald Portillo, “La castración y los mitos freudianos”, en Los discursos de Lacan, Seminario del Colegio de Psicoanálisis de Madrid, Colegio de Psicoanálisis de Madrid, España, 2007, p. 128.
103
Jacques Lacan, Libro 17, op.cit., p. 35.
104
Estas particularidades del discurso, y en especial el lugar del saber con relación al amo, han de recordarnos a los sofistas, quienes le demostraban a quien fuese que enunciara una verdad, que no sabía lo que decía105, a los goliardos y su denuncia sobre el orden político y eclesiástico, así como a aquellos universitarios del Medioevo que pusieron en la palestra los textos de los sabios y de los santos, haciendo posible la consolidación del movimiento que estableció la hegemonía del discurso científico; un giro que dependió en gran medida del soporte que brindó la escritura. Dicho de otro modo, es el sujeto que emerge en el lugar de agente para hacer semblante, o la ciencia misma, “la que pone a la verdad entre la espada y la pared de la verificación”106.