mismo camino seguirán los dos hermanos». Agarró la espada Gramr y cortó la cabeza a Reginn.
Tras ello se comió un trozo del corazón de la serpiente y conservó el resto. Montó su caballo y cabalgó tras las huellas de Fáfnir hasta llegar a su madriguera, que se encontraba abierta. Todas las puertas eran de acero, lo mismo que los marcos, y de acero eran todos los cerrojos de la casa, hincados con fuerza en el suelo. Sigurdr encontró grandes cantidades de oro y la espada Hrotti[147], y cogió el terrorífico yelmo, la
coraza de oro y muchos otros objetos de gran valor. Encontró tanto oro que calculó que harían falta más de dos o tres caballos para transportarlo. Cogió todo el oro y lo puso en dos grandes alforjas. Agarró a Grani por las riendas, pero el caballo no quiso andar. De nada servía empujarle. Sigurdr dedujo lo que le pasaba, lo montó y lo golpeó con las espuelas; el caballo echó a correr como si no llevara nada encima.
CAPÍTULO XXI
SIGURDR
Sigurdr cabalgó durante mucho tiempo sin pararse hasta llegar a Hindarfjall, y desde allí se dirigió hacia el sur, hacia el país de los francos. En la montaña delante de él vio un gran resplandor, como si hubiera un incendio cuyas llamas se elevaban hasta el cielo. Cuando llegó, se erguía ante él una muralla de escudos, y vio que había alguien tumbado, durmiendo con todas sus armas. Le quitó el yelmo y vio que se trataba de una mujer. Estaba dentro de la coraza, que llevaba pegada al cuerpo como si de una segunda piel se tratase. Entonces la cortó desde la gola hasta abajo, y lo mismo hizo con las mangas, que se rasgaron como si fueran de tela. Sigurdr le dijo que debía haber dormido mucho tiempo[148].
Ella le preguntó quién era el que había sido capaz de cortarle la coraza, «y romper mi sueño; ¿acaso ha llegado Sigurdr Sigmundarson con el yelmo de Fáfnir y el arma que lo mató en la mano?».
Sigurdr respondió: «A la estirpe de los volsungos pertenece quien ha hecho esta labor; he oído decir que eres hija de un poderoso rey, y la misma persona me ha contado que tendríamos que probar tanto tu belleza como tu sabiduría».
Brynhildr le contó que había dos reyes enemigos. Uno de ellos se llamaba Hjálmgunnarr. Era el de más edad y el mejor guerrero, y Odín le había prometido la victoria. El otro se llamaba Ágnarr, y era hermano de Audi[149]. «Yo hice que Hjálmgunnarr cayera en la batalla, pero Odín hizo
que me pinchara con la espina del sueño en venganza por lo sucedido y me dijo que ya nunca más volvería a repartir victorias y que tendría que casarme. Pero yo juré enseguida que jamás me casaría con nadie que conociera el miedo».
Sigurdr dijo: «Danos un consejo para un magnífico destino».
Ella respondió: «Os haréis más sabio. De buena gana os contaré todo lo que sabemos si consideráis que os pueda ser útil, del arte de las runas y de cualquier otra cosa que os pueda servir en cualquier situación. Ahora bebamos juntos, y ojalá que los dioses nos concedan un día favorable, y que consigáis fama y gloria gracias a mi sabiduría y que recordéis nuestros consejos».
Brynhildr llenó una copa, se la entregó a Sigurdr y dijo[150]:
«Te sirvo cerveza,
manzano con coraza[151],
mezclada con vigor
e inmensa gloria;
y signos favorables
de buenos conjuros
y auspiciosas runas.
Runas de victoria has de componer,
si quieres ser sabio,
y grabarlas en el puño de tu espada,
en las ranuras
y sobre la hoja
e invocar a Týr[152] dos veces.
Runas del remo has de hacer,
en la bahía los palos de las velas[153].
Grábalas a babor
y a estribor
y ponlas a fuego en el remo.
No habrá mar tan gruesa
ni olas tan altas
que te impidan volver salvo a tierra.
Runas de elocuencia has de componer
si quieres que nadie
pueda herirte con su odio.
Átalas,
mézclalas bien
en el thing[154],
donde la gente
va a juicio.
Runas de cerveza has de componer,
si quieres que la mujer de otro
no te engañe, si te fías.
Las grabarás en el cuerno
y en el dorso de la mano
y en la uña pondrá Naudr[155].
contra el mal de ojo
y echar puerro[156] en el licor.
Por lo que sé
para ti jamás será
venenoso el néctar.
Runas del parto has de aprender,
si quieres estar preparado
y ayudar a parir a una mujer.
Te las tatuarás en la palma de la mano
agarrarás todos sus miembros
e invocarás la ayuda de las diosas.
si quieres ser curandero
y curar las epidemias.
Las grabarás en un abedul
y en las agujas de un pino
cuyas ramas apunten al oriente.
Runas del ánimo has de aprender,
si de todos quieres
ser el más sabio.
Ésas las leyó,
ésas las grabó,
Grabadas estaban sobre el escudo
que hay ante la brillante diosa[158],
sobre la oreja de Árvakr
y sobre la cabeza de Alsvidr[159]
y sobre la rueda que rueda
bajo el carro del asesino de Hrungnir[160],
sobre el mordisco de Sleipnir[161]
y sobre las cintas de su trineo,
sobre la pezuña del oso
y sobre la lengua de Bragi[162],
sobre las garras del lobo
sobre las alas ensangrentadas
y sobre los bordes del puente,
sobre la palma de la comadrona
y sobre la huella que socorre,
sobre el vidrio y sobre el oro
y sobre la buena plata,
en el vino y en la cerveza
y sobre la silla de la vidente,
en la carne de los hombres,
sobre la punta de Gungnir[163],
sobre la uña de la norna
y sobre la cara del búho.
Todas fueron grabadas
tras haber sido escritas,
lavadas con licor santo
y enviadas por vastos caminos.
Están con los elfos,
algunas con los ases
y entre los sabios vanes[164].
Algunas son de seres humanos.
Son las runas del auxilio
y todas las runas de la cerveza
e ilustres runas del poder,
todas ellas, por lo que se sabe,
inalteradas e intactas
para llevarlas como talismanes.
Sírvete, si has entendido,
mientras dure su fuerza.
Ahora has de elegir,
cualquier elección es lícita
para el árbol de las armas afiladas[165].
pondera en tu mente.
Todo discurso tiene su valor».
Sigurdr respondió: «No pienso huir
aunque me veas perdido.
No he nacido con cobardía.
Tu buen consejo
pienso aceptar por entero
mientras siga vivo».