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REGINN Y SIGURDR PARTEN A CABALLO

In document Saga de Los Volsungos.pdf (página 64-67)

Sigurdr y Reginn cabalgaban por el páramo siguiendo el sendero que Fáfnir solía atravesar cuando iba a beber; se cuenta que la roca en la que se encaramaba para beber agua tenía treinta palmos de altura.

Sigurdr dijo: «Decías, Reginn, que el dragón no era mayor que una culebra, pero por sus huellas se diría que es mucho más grande».

Reginn dijo: «Cavad una fosa y meteos dentro de ella. Cuando la serpiente se arrastre hacia el agua dadle un golpe en el corazón y morirá. La hazaña os llenará de fama».

serpiente[135]?».

Reginn respondió: «De nada vale aconsejaros cuando tenéis miedo de algo. No poseéis el coraje de los de vuestra estirpe».

Sigurdr cabalgó por el páramo y Reginn se quedó atrás muerto de miedo. Sigurdr cavó una fosa. Y mientras cavaba se le acercó un viejo de largas barbas que le preguntó qué hacía[136]. Él se lo dijo.

Entonces respondió el viejo: «No es muy astuto. Cava más de una fosa para que la sangre fluya hacia ellas, y tú métete en una y golpea el corazón de la serpiente».

Tras ello el hombre desapareció. Y Sigurdr cavó las fosas tal y como le había dicho.

Y cuando la serpiente salió a por agua se produjo un violento terremoto y la tierra empezó a temblar. La serpiente iba escupiendo veneno por el sendero, pero Sigurdr ni se asustó ni se dejó amedrentar por el estruendo. Cuando la serpiente pasó sobre la fosa, Sigurdr le hincó la espada en el costado izquierdo hasta la empuñadura. Luego saltó fuera de la fosa y le extrajo la espada, con los brazos llenos de sangre hasta los sobacos. Y cuando la gigantesca serpiente vio que estaba mortalmente herida empezó a agitar la cabeza y la cola, destruyendo todo lo que se le ponía en medio.

Cuando Fáfnir ya estaba herido de muerte preguntó: «¿Quién eres?, ¿quién es tu padre? ¿Cuál es la estirpe de quien osa hincarme su arma?».

Sigurdr respondió: «Nadie conoce mi estirpe. Me llamo Noble Ciervo, no tengo padre ni madre, y siempre he vivido solo[137]».

Fáfnir respondió: «Si no tienes ni padre ni madre ¿qué portento te ha creado? No quieres decirme tu nombre porque estoy a punto de morir, y sé que me estás mintiendo».

Él respondió: «Me llamo Sigurdr y mi padre era Sigmundr».

Fáfnir dijo: «¿Quién te instigó a esta empresa?, ¿y por qué te dejaste convencer? ¿Acaso no te dijeron que todos me temían a mí y a mi terrorífico yelmo[138]? Oh, joven de ojos brillantes, tu padre fue un

hombre de gran valor».

Sigurdr respondió: «A esta empresa me empujó un ánimo intrépido, y me ayudaron a realizarla una forzuda mano y esta afilada

espada que acabas de probar; es raro que quien de pequeño fue un blando se convierta de mayor en un valiente».

Fáfnir dijo: «Sé que si hubieras crecido con tus parientes te habrías atrevido a pelear con ardor. Lo que me maravilla es que un prisionero de guerra haya tenido el coraje de atacarme, pues los cautivos no tienen dotes para la lucha».

Sigurdr dijo: «¿Me reprochas que me arrancaran de mis parientes? Y aunque haya sido prisionero de guerra, nunca nadie me encadenó. Tú mismo acabas de probar lo libre que soy».

Fáfnir respondió: «Con resentimiento tomas todo lo que te digo. Pero este oro, que hasta ahora me pertenecía, significará tu muerte».

Sigurdr respondió: «Todos quieren tener su oro intacto hasta el día postrero, pero antes o después todos hemos de morir».

Fáfnir respondió: «No haces caso a mis consejos, y debes estar bebido si piensas hacerte a la mar tan a la ligera; regresa a tu reino mientras haga buen tiempo».

Sigurdr dijo: «Dime, Fáfnir, ya que eres tan sabio ¿cuáles son las nornas que eligen los hijos de las madres?[139]».

Fáfnir respondió: «Son muchas y de especies bien diversas, algunas pertenecen a la estirpe de los ases, otras a la de los elfos, y algunas son hijas de Dvalinn».

Sigurdr dijo: «¿Cómo se llama el islote donde Surtr y los ases mezclarán las entrañas de sus espadas[140]?».

Fáfnir respondió: «Óskaptr es su nombre».

Y Fáfnir siguió hablando: «Mi hermano Reginn ha provocado mi muerte, y ello me alegra, pues también él provocará la tuya y todo sucederá según su voluntad».

Y Fáfnir siguió hablando: «He llevado el terrorífico yelmo por encima de todos desde que me apoderé de la herencia de mi hermano, y un día empecé a escupir veneno por los caminos. Nadie se atrevía a acercarse a mí y yo no tenía miedo a ningún arma; jamás he tenido ante mí un hombre lo suficientemente grande como para hacer que dejara de considerarme el más fuerte, pues todos se asustaban de mí».

cualquiera que haya viajado un poco sabe que, hablando en términos absolutos, nadie es el más fuerte».

Fáfnir dijo: «Esto te aconsejo, que cojas tu caballo y te alejes tan velozmente como puedas, pues a veces sucede que un herido de muerte se venga de sí mismo».

Sigurdr respondió: «Éste es tu consejo, pero haré otra cosa. Cabalgaré hasta tu madriguera y me apoderaré de todo el oro que un día perteneció a los tuyos».

Fáfnir dijo: «Cabalga hacia allá y encontrarás oro en abundancia, pero ello significará el fin de tus días, y ese mismo oro será tu asesino y el de cualquier otro que lo posea».

Sigurdr subió al caballo y dijo: «Cabalgaría hasta mi casa y me olvidaría del magnífico tesoro si supiera que nunca he de morir, pero cualquier gallardo desearía poseer riquezas hasta el día postrero. Tú, Fáfnir, sigue luchando con la muerte hasta que te agarre Hel[141]».

Y Fáfnir murió.

CAPÍTULO XIX

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