Mientras se desarrollaban los preparativos para la campaña, Brown desig- nó como capitán de la Hércules a su hermano Miguel y entregó el comando de la Santísima Trinidad a Walter Chitty, su cuñado.
El gobierno directorial también sumó a dos corsarios más a esta expedición. Se entregaron patentes al francés Hipólito Bouchard quien recibió la corbe- ta Halcón; y al escocés Oliverio Russell quien obtuvo el comando de la goleta Constitución. Las dos divisiones corsarias se encontrarían en aguas chi- lenas y a partir de allí Guillermo Brown tomaría el control de las operaciones.
Para mediados de octubre de 1815, la división comandada por Brown se en- contraba en Colonia del Sacramento lista para zarpar, pero en ese momento llegó una carta que pedía el embargo de sus bienes y la prohibición de salir del puerto. El conflicto provenía de algunos desacuerdos surgidos con los ar- madores al momento de repartir las presas capturadas en la Campaña de Montevideo. El Directorio dio lugar a la solicitud y pidió el regreso inmediato de las embarcaciones. Brown se negó alegando la importancia de exportar la Revolución a los pueblos sojuzgados de América del Sur.
Desatendiendo las intimaciones que llegaban desde Buenos Aires, el 24 de octubre decidió zarpar hacia el Cabo de Hornos.
La segunda división comandada por Bouchard y Russell zarpó de Buenos Aires el 29 de octubre. Al cruzar el Cabo de Hornos una fuerte tormenta que duró dos semanas hizo naufragar a la goleta Constitución. Russell y su tripu- lación se ahogaron al hundirse su buque.
A fines de diciembre se produjo la reunión de las dos divisiones corsarias en el sur de Chile. Allí Brown y Bouchard firmaron un convenio donde estipularon las condiciones de corso. Acordaron una serie de puntos: actuarían en conjunto durante los siguientes 100 días y Brown comandaría todas las fuerzas.
En los primeros días de 1816 la escuadrilla corsaria comenzó sus opera- ciones apresando embarcaciones mercantes que se encontraban en las inme- diaciones de El Callao. Este puerto fue elegido por ser un punto neurálgico del poder realista, por el cuantioso botín que podría obtenerse allí y también por el efecto que iba a causar en los habitantes del Virreinato del Perú
Los tres buques rioplatenses bloquearon el acceso a la bahía e iniciaron bombardeos sobre la plaza. La tranquilidad con que actuaron no se corres- pondía con la importancia económica y militar del lugar. Este ataque fue po- sible debido a que la Real Armada Española se encontraba en ruinas por pro- blemas presupuestarios y hacia 1816 ya no quedaba ningún buque en la zona, favoreciendo el accionar de otros corsarios que por ese entonces se lanzaron a luchar contra la corona hispana en busca de botín.
5. Campaña al Pacífico
Oliverio Russell (1771-1815)
Marino de origen escocés que hacia 1790 fue ha- bilitado como práctico del puerto de Buenos Aires. Luchando en el bando español, tuvo un papel im- portante en el ataque inglés de 1806. Se destacó en su participación en la Campaña Naval de 1814. Obtuvo su patente de corso en 1815 y murió al cru- zar el Cabo de Hornos.
Fueron empresarios que invirtieron sus bienes en la preparación de escuadras navales destinadas a hostigar el tráfico marítimo del enemigo. De ellos dependía en gran medida el éxito de la actividad corsaria ya que un buen armado (de las naves tan- to en lo material como en la dotación) aseguraba el éxito de la expedición. En su mayoría los arma- dores podían ser comerciantes que buscaban ob- tener ganancias o marinos con recursos suficien- tes para armar su propia embarcación.
Armadores
El Callao se encuentra a pocos kilómetros de la capital peruana, Lima. Está ubicado sobre una ba- hía y enfrentado a la isla de San Lorenzo. Fue en la época virreinal el núcleo principal del poderío español en América. De allí salían hacia el Viejo Continente los metales preciosos que se extraían de Sudamérica. Hacia inicios del siglo XVIII poseía un sistema de murallas dotado de poderosos ca- ñones que dificultaban el acercamiento de naves hostiles a sus costas.
Las acciones corsarias en el Caribe fueron complementadas a partir de 1815 por las incipientes armadas de las naciones que declaraban su in- dependencia de España. La Real Armada Española (si bien se encontra- ba en franca decadencia) poseía en la región varias naves de guerra que, complementadas con fortalezas en la zona y la expedición de Morillo, hicieron fracasar durante muchos años las acciones corsarias y navales
El Callao
Acciones corsarias en el Caribe
en la región de Nueva Granada y Venezuela. Sin embargo, nu- merosos buques provenientes de Estados Unidos con patentes de corso de las Provincias Unidas se hicieron presentes. Un ejemplo de ellos fue Tomás Taylor, quien tenía bajo su órbita a una cantidad importante de corsarios.
Los buques corsarios siguieron operando sobre la costa peruana en enero de 1816, pero la imposibilidad de ocupar el puerto de El Callao llevó a la es- cuadrilla corsaria a trasladar sus operaciones hacia Guayaquil, capturando en el camino dos presas importantes: las fragatas Candelaria y Consecuencia. A principios de febrero de 1816, Brown tomó la decisión de dividir la escua- drilla, dejando a su hermano Miguel y a Bouchard con la fragata Hércules y la corbeta Halcón para custodiar las embarcaciones apresadas hasta ese mo- mento. El comandante de la expedición eligió al bergantín Santísima Trinidad
para desarrollar el ataque ya que era el navío más rápido con que contaba y el de menor calado. La goleta Carmen apoyaría sus maniobras.
Un error de cálculo producto del desconocimiento de las bajantes del río Guayas llevó al fracaso de la misión. Repentinamente, la marea comenzó a descender dejando al bergantín en una situación dramática. La corriente guiada por el viento impulsó al navío hacia la costa. La goleta Carmen, que debía ir en su auxilio, casi no tenía tripulación ya que sus hombres se encon- traban realizando operaciones terrestres. Una vez varada, fueron inútiles los esfuerzos realizados para repeler la contraofensiva enemiga que culminó con el abordaje de la embarcación.
La captura de Brown y su tripulación llevó a que el Cabildo de Guayaquil discutiera la conveniencia de realizar un canje de prisioneros, pero esta si- tuación no prosperó y el 12 de febrero las embarcaciones Hércules y Halcón
lanzaron su artillería contra el poblado.
Episodio producido en Enero de 1816 en aguas de El Callao, la fragata Hércules captura a la fragata Gobernadora que provenía de Guayaquil, con valiosos cargamentos y varios presos políticos. Óleo de Emilio Biggeri (Museo Naval de la Nación).
Captura de la Fragata Gobernadora
Guayaquil era un puerto comercialmente prós- pero que contaba con los primeros astilleros del Océano Pacífico. Estaba emplazado sobre el río Guayas en territorio que actualmente pertenece a Ecuador. Poseía como defensas artificiales la for- taleza de la Concepción, fortificaciones menores y su golfo que contaba con varios accidentes geo- gráficos que tornaban difícil la navegación para quienes no conocían la región.
Campaña corsaria de Brown, 1815-1816 Cuando los atacantes se percataron de la imposibi-
lidad de liberar a su comandante, decidieron entablar negociaciones que culminaron en un intercambio de prisioneros (Brown entre ellos) y de naves que fue des- favorable para los corsarios ya que solo pudieron con- servar las fragatas Hércules y Consecuencia, la corbeta
Halcón y la goleta Carmen.
Luego de ser liberado, Brown llegó a un acuerdo con Bouchard por el reparto del botín obtenido hasta el mo- mento. El marino francés obtuvo la Consecuencia y la
Carmen, aunque debió entregarle a Brown el buque que lo había acompañado durante toda la travesía, la Hal- cón. Una vez realizado el intercambio en las islas Galápa- gos, Bouchard decidió emprender el regreso hacia las Provincias Unidas. En cambio, Brown puso proa hacia la bahía de San Buenaventura en Nueva Granada para abas- tecerse de víveres y reparar las averías de las naves que quedaron bajo su mando antes de emprender el regreso.
La derrota hacia el Cabo de Hornos fue muy dura y la tripulación debió soportar hambre, cansancio y en- fermedades como el escorbuto. Brown y sus marinos quedaron sin provisiones a la altura de las Islas Malvi- nas. Pese a que el deseo de arribar a Buenos Aires era manifiesto, la incertidumbre por el panorama político y los cargos que iba a enfrentar por desobedecer las órdenes del Directorio al zarpar sin su autorización hi- cieron que Brown decidiera cambiar el rumbo hacia las costas brasileñas.
Luego de aprovisionarse y descansar unos días en Pernambuco, Brasil, la nave comandada por Brown partió hacia las islas Antillas que en esos momentos se encon- traban bajo dominio inglés. Allí pensaron que iban a ser bien recibidos ya que Inglaterra era una nación neutral en el conflicto entre España y sus ex colonias. Brown ne- cesitaba de un puerto amigo para abastecerse, reparar el casco de la fragata y curar a la maltrecha tripulación mientras esperaba novedades favorables desde las Pro- vincias Unidas.
En septiembre de 1816 arribaron a Bridgetown (Bar- bados). Sin embargo, el gobernador de las islas no dio su
Pernambuco
OCÉANO A
TLÁNTICO
OCÉANO P
ACÍFICO
Montevideo Buenos Aires I. Malvinas C. de Hornos I. Westminster Hall E. de Magal lanes I. Mocha I. Juan Fernández Callao I. Galápagos Guayaquil Buenaventura Mar de las Antillas Golfo deMéxico
I. Antigua
Bahía Carlisle
N