Punta Alta y la Teoría de la Evolución
8. La escuadra confederada en la Guerra Grande
La paz alcanzada con Francia desembocó en una si- tuación diplomática tensa entre la Confederación Argen- tina y el gobierno uruguayo encabezado por Rivera. Bue- nos Aires reconoció la independencia uruguaya y acordó una amnistía a los unitarios emigrados en Montevideo, siempre respetando el principio que depongan su acti- tud. Sin embargo, los opositores a Rosas apostados en el estado oriental mantenían sus actividades contra éste y además contaron con el apoyo y la protección del go- bierno de Montevideo.
En respuesta a esta situación, Buenos Aires decretó el 22 de enero de 1841 el cierre de la navegación de los ríos Paraná y Uruguay a los orientales y se declaraba que las embarcaciones que burlasen esta disposición serían apresadas. Por su parte, Montevideo respondió decretan- do el corso contra los barcos bonaerenses.
El gobernador de Buenos Aires, que ya se había libe- rado del bloqueo francés, optó por iniciar hostilidades con Uruguay, para lo cual creó una escuadra y ofreció el comando de la misma a Guillermo Brown, quien estaba próximo a cumplir 64 años. Por tercera vez era designado para desempeñarse como comandante naval.
Una vez más el armado y puesta a punto de la escuadra fue un tema sensible ya que se debió iniciar la misma casi “desde cero”. Sin embargo, en pocos meses se pudo con- tar con una fuerza naval que contaba con embarcaciones auxiliares y logísticas.
Durante los primeros meses de 1842 Rivera, viendo que no podía dominar el río de la Plata, armó una flotilla para remontar el Paraná para de esta forma poder socorrer y apoyar logísticamente a las tropas del general José María Paz, apostadas en Corrientes. El gobierno correntino había resuelto re- tirarle el manejo de las relaciones exteriores al gobernador de Buenos Aires, reasumiendo plenamente sus facultades soberanas y firmando un acuerdo con el gobierno de Rivera.
La escuadra uruguaya estaba compuesta por un bergantín, una barca y una goleta a las que se sumaron otras embarcaciones menores pero aptas para el combate fluvial, que fueron previamente apresadas. Al mando de esta fuerza naval estaba el italiano Giuseppe Garibaldi.
El 23 de junio partieron de Montevideo, aprovechando que las naves de Brown estaban en Buenos Aires. A los pocos días las baterías posicionadas en la isla Martín García hicieron fuego sobre la escuadra uruguaya provocándole daños importantes. Esta situación hizo que Brown, que se trasladó en el ber- gantín Belgrano, saliera rápidamente en su búsqueda, pero al aproximarse a la isla la embarcación varó, imposibilitando el ataque a la flota de Garibaldi.
Las naves uruguayas siguieron camino hacia el Paraná pero encontraron nuevas dificultades en La Bajada, actual ciudad de Paraná, donde estaban apostadas naves confederadas con las que mantuvieron fuego cruzado sin efectuarse daños. Garibaldi evitó que su escuadra sea detenida y siguió hacia Bajo la estricta supervisión de Brown se adquirieron algunos barcos como el nuevo bergantín Belgrano, de matrícula austríaca; la goleta Entrerriana y la goleta
Libertad que navegaba con pabellón uruguayo hasta que un motín de su tripulación en el mes de febrero la pasó a las filas argentinas. Posteriormente se adquirió la fragata 25 de Mayo de origen estadounidense y se compró un bergantín de matrícula sueca al que se lla- mó San Martín.
Del otro lado del río de la Plata los alistamientos y pre- parativos pertinentes se efectuaron en tiempo y forma, armando una escuadra bajo el mando de Juan Coe.
El 15 de marzo de 1841 Brown zarpó hacia Montevideo y el 24 de mayo tuvo su primer enfrentamiento, en el cual las fuerzas rosistas ocasionaron algunos daños en la es- cuadra rival; además de ello la goleta uruguaya Palmar
se pasó al bando porteño.
La estrategia de Brown era mantener el bloqueo de Montevideo lejos de la costa; así Coe se vio obligado a salir en su búsqueda en varias oportunidades, perdiendo incluso el bergantín Cagancha, que fue apresado y rebau- tizado en Buenos Aires con el nombre de Echagüe. Por último, el 20 de diciembre, Coe efectivizó una nueva ofen- siva que tampoco arrojó resultados positivos.
Estas maniobras y combates menores no cambiaron la situación inicial y el bloqueo persistió.
9.
Combate Naval de Costa Brava
Giuseppe Garibaldi (1807- 1882)
Marino y revolucionario italiano. In- fluenciado por ideas socialistas y na- cionalistas, era republicano y uno de los
promotores de la unidad italiana. Exiliado, entre 1836 y 1848 vivió en Sudamérica, donde participó en varios acontecimientos bélicos, siempre al lado de quienes combatían por la libertad o la independencia. En 1836 intervino voluntariamente en la fracasada insurrec- ción secesionista de la república brasileña de Rio Grande do Sul y en 1842 fue nombrado capitán de la flota uruguaya en su lucha contra Rosas. Al año siguiente, durante la defensa de Montevideo, organi- zó una legión militar italiana. Regresó a Italia donde tuvo actividad parlamentaria y política.
su destino. Recibió víveres de refuerzo enviados desde Corrientes y navegó hasta Costa Brava, cerca del límite entre esta provincia y Entre Ríos, en donde una bajante le impidió continuar su periplo.
Por su parte Brown se demoró casi quince días debido a la varadura del
Belgrano, pero una vez finalizado este percance continuó con la persecución del italiano.
El 14 de agosto ambas flotas se encontraron en Costa Brava. Garibal- di sabía que las naves de Buenos Aires también remontaron el Paraná para enfrentarlo y buscó ganar tiempo consolidando una adecuada defensa de su posición. En primera instancia acoderó algunos de sus buques y en segundo lugar ubicó a otros a lo largo de la costa, esperando un ataque frontal de Brown y sus naves.
Al día siguiente comenzaron las hostilidades entre las escuadras. Ante la escasez de viento para remontar el río y aproximarse al enemigo, Brown envió a tierra sirgadores para aproximar sus naves pero fueron tiroteados por hombres de Garibaldi. Este suceso provocó que el comandante confederado decidiera desembarcar su fuerza de infantería y de esta manera poder despe- jar la zona de tiradores enemigos.
La intervención de este cuerpo permitió a Brown poder ubicar sus barcos y finalmente iniciar fuego sobre la escuadra uruguaya; el intercambio de artillería duró todo el día con un saldo ampliamente favorable para las fuerzas rosistas.
En la mañana del 16 las naves del italiano fueron víctimas de un cañoneo incesante; para el mediodía la resistencia era mínima por lo que se decidió abordar las mismas. Ante esta desesperante situación, Garibaldi huyó por tie- rra e incendió dos de sus naves, sin ser perseguido por Brown
La decisión del comandante confederado tuvo mucha lógica. Para iniciar la persecución de la fuerza uruguaya precisaba utilizar por lo menos cien hom- bres para enfrentar a los aproximadamente cincuenta que secundaban al ita- liano y que estaban bien armados. Brown tenía muchas preocupaciones con sus buques, las presas obtenidas, los heridos y por supuesto el cansancio de sus hombres en una campaña tan desgastante. La victoria fluvial podía des- vanecerse en una trágica campaña terrestre por el solo objetivo de capturar a un hombre.
Combate de Costa Brava
CAATAYTI ESCUADRILLA ORIENTAL ESCUADRILLA ARGENTINA Paso Superior de San Juan Banco de arena Arenal Caatayti
R
ío
P
ar
an
á
NSon los tripulantes de una embarcación cuyo tra- bajo es arrastrarla a lo largo de una canal o río tirando de ella mediante cuerdas o cadenas deno- minadas sirgas.
Sirgadores
Combate de Costa Brava, óleo de Rodolfo Sundblad (Colección Capitán Fermín Eleta). Combate de Costa Brava.
10. Después de Costa Brava
La situación militar se hacía cada vez más desfavorable para las tropas de Rivera, quien además de la mencionada derrota fluvial sumaba por tierra nue- vos traspiés. El ex presidente oriental Manuel Oribe, aliado de Rosas consi- guió, antes de Costa Brava, algunos triunfos frente a las tropas de Lavalle que terminaron con la llamada Coalición del Norte, el principal frente opositor a Rosas en el territorio de la Confederación Argentina.
Con posterioridad y después de la campaña fluvial citada, Oribe obtuvo un gran éxito militar el 6 de diciembre de 1842 en la batalla de Arroyo Grande. obligando a Rivera a circunscribir su poderío, tropas y gobierno solamente a Montevideo. De esta manera comenzó el sitio de esta plaza liderado por los partidarios de Oribe, y apoyados por las fuerzas rosistas.
En abril de 1843 Buenos Aires decidió efectuar un bloqueo limitado. Se prohibió el ingreso de artículos de guerra, ganado en pie, carnes frescas o
Coalición del Norte
Batalla de Arroyo Grande
La situación de la Confederación Argentina en- tre 1838 y 1845 fue particularmente compleja. A la sublevación de los Libres del Sur se sumó la rebelión contra Rosas del gobernador de Co- rrientes, Genaro Berón de Astrada, que fue so- focada. Hacia 1839 hubo una alianza antirrosista entre los grupos unitarios exiliados en Uruguay, Rivera, los franceses que bloqueaban Buenos aires y sectores internos de la Confederación. En setiembre de 1839, utilizando las naves fran- cesas, el general Juan Lavalle desembarcó en Entre Ríos, aliada de Rosas. Como fue derrota- do, el jefe unitario se trasladó a Corrientes y a Santa Fé; hasta que finalmente fue vencido por el ejército de la Confederación, comandado por Oribe. Lavalle fue perseguido por una patrulla rosista, que finalmente le dio muerte. Sin em- bargo, el general José María Paz pudo derrotar a Entre Ríos y organizar la llamada Coalición del Norte (1842), con los gobernadores de Corrien- tes, de Santa Fé, y Rivera como Presidente del Uruguay. Las fuerzas de la coalición se enfren- taron con las conferderadas el 6 de diciembre de 1842 en Arroyo Grande y en ella la victoria de las fuerzas rosistas fue total. Así se puso fin a la Coalición del Norte.
El 6 de diciembre de 1842, en los campos del Distrito de Arroyo Grande, departamento San Salvador, Entre Ríos, se enfrentaron las fuerzas de la entonces Confederación Argentina bajo el mando de Manuel Oribe y las Aliadas bajo las órdenes del Presiden- te uruguayo Fructuoso Rivera. Participaron aproximadamente 8.000 argentinos y unos 7.000 uruguayos, hubo un saldo total de 2.000 muertos entre vencidos y vencedores. Esta batalla destruyó el plan de Rivera, quien quería formar la llamada “Federación del Uruguay Mayor” o “Estado Oriental del Paraná” anexando al Uruguay las Pro- vincias de Entre Ríos, Corrientes y la de San Pedro (Brasil); con el tiempo también deseaba anexar Paraguay, para lo que contaba con el apoyo de Inglaterra y Francia que pretendían abrir los ríos Paraná y Uruguay al comercio.
Poco se conoce del trato que establecieron y mantu- vieron estos grandes hombres de la historia argentina; inclusive la historiografía de nuestro país carece de tra- bajos que nos ilustren al respecto.
Durante el vertiginoso ascenso al poder de Rosas, los acontecimientos políticos de la época los encontraron en veredas opuestas; el marino era cercano a los principios unitarios, al cual adhirieron varios referentes militares de nuestra nación que combatieron en la Guerra con Brasil, por su parte Rosas era un feroz defensor de las ideas federales que rivalizaban con aquella. Sin embargo la enorme popularidad de Brown, tanto en la ciudad de Buenos Aires como en la campaña, ganada por su des- empeño en heroicas batallas enfrentando primero a los españoles y luego a los brasileños, hicieron que Rosas y sus partidarios nunca se atrevan a tomar represalia algu- na contra nuestro máximo héroe naval.
Esta decisión, posiblemente, estuvo reforzada por un dato no menor. El propio Brown fue una de las pocas per- sonalidades que pidió clemencia a Juan Lavalle por la vida del federal Manuel Dorrego aunque sin tener éxito. Esta acción le permitió ganarse la simpatía de algunos seguidores de esta facción por su coraje, demostrando
sus principios en defensa de la integridad humana. Como gobernador de Buenos Aires Rosas no dudó en contar con los servicios del jefe naval cuando la situa- ción lo ameritó y este último aceptó el pedido al consi- derar amenazada la soberanía de su patria adoptiva. La correspondencia entre ambos es un fiel testimonio del respeto que se tenían y por el lugar que el otro ocupaba: Rosas como mandatario y Brown como comandante de la escuadrilla.
Tanto en las campañas para efectuar efectivos blo- queos a los puertos de la Banda Oriental como en la cam- paña fluvial de Costa Brava, el éxito militar siguió siendo parte indisoluble de su performance naval y Rosas no es- catimó elogios para con su persona.
Independientemente de la ideología de los distintos gobernantes que varían con el correr de los años, Brown cada vez que fue solicitado para defender los intereses argentinos en el mar dijo presente, siendo reconocido por todo el arco político. Que en su funeral, en el mes de marzo de 1857, quien se encargó de despedirlo con conmovedoras palabras sea Bartolomé Mitre, ferviente opositor a Rosas, es la más acabada muestra de lo re- cién expresado.