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3. MATERIAL CLÍNICO: ELEMENTOS DE ANÁLISIS Y REFLEXIÓN

3.2. Carlos, el súper héroe de un mundo apuñalado

Carlos, es un adolescente de 13 años de edad, el mayor de 4 hermanos y un bebé en gestación. El paciente inicia psicoterapia dentro de una institución de protección a la mujer maltratada, en la cual se encuentra junto a su madre y sus hermanos en situación de refugio, tras haber sido referidos por violencia intrafamiliar.

Carlos, llega a la institución tras varios días de hospitalización, por haber sido víctima del ataque de su padrastro. En una discusión que sostenía este señor con la madre de Carlos, por la constante demanda de comida de su hijo, agredió física y verbalmente a la madre de Carlos, quien inmediatamente intentó defender a su madre de los golpes de su padrastro, y en ese momento fue apuñalado varias veces en el estómago hasta dejarlo inconsciente.

El registro de ingreso a la institución fue: “Agresión intrafamiliar a madre e hijo. Menor hospitalizado por graves lesiones

físicas, herida con arma blanca”, siendo esto congruente con el relato ofrecido por el paciente en las primeras sesiones de entrevista.

Con este caso pretendo ilustrar en primer lugar el estado mental característico en Carlos y su forma de relacionarse con los demás, observada durante diferentes momentos de las sesiones, lo cual nos abrió un espacio para pensar en la predominancia de un tipo especifico de organización psíquica bidimensional, tal cual como

lo describe Donald Meltzer en su libro Exploración del Autismo (1975).

Por otra parte, el análisis del material nos permite plantear la hipótesis sobre el funcionar de Carlos correspondiente, por su forma de organización, al de los Supuestos Básicos descritos por Wilfred

Bion (1961), en su publicación Experiencias en grupos, que como se

va a ilustrar, adquiere una forma particular que hemos de llamar la de súper héroe, tema en el que se ahondará más adelante.

También se pudo apreciar a través del proceso psicoterapéutico que en momentos se producía un movimiento hacia una organización tridimensional, donde se puede decir se vislumbran esbozos de un espacio mental, generado por el genuino sentimiento de preocupación por su hermano menor y por la experiencia de contención encontrado en la terapeuta, lo que le permitía pensar, hablar y sentir una forma distinta de vinculación con los otros. Estos momentos donde se puede apreciar esta aparición genuina de la capacidad de sentir y pensar en el otro, se pueden ver en momentos de las sesiones donde se relaciona con su preocupación por el hermanito menor.

Para ilustrar lo anteriormente expuesto presento en viñetas del material, las características del estado mental que predominó en Carlos a lo largo del proceso, a la vez que las que sustentan la

formulación de la hipótesis del Supuesto Básico que hemos denominado de Súper Héroe.

3.2.1.

Así mismo, la cualidad de objeto protector, era percibida por momentos en la madre, quien se enfrentaba con el padrastro de Características de los objetos y la relación que Carlos establece con ellos

En lo que sigue vamos a hacer la presentación de los objetos más importantes para Carlos y la relación que tiene con ellos.

Durante diferentes momentos del proceso, Carlos se refirió a su madre, lo cual nos permitió reconocer diferentes elementos que demuestran la cualidad y calidad del vínculo que existe con ella, sus características y sus demandas hacia ésta.

La Madre:

En las siguientes viñetas se puede apreciar que Carlos percibe a su madre como un ser indefenso, atacada por su padrastro, lo cual

según su verbatum, le genera un sentimiento de rabia, al tiempo que

durante las sesiones lo que se percibía era realmente un aplanamiento emocional contrastante con su discurso. Esto se puede mostrar en el siguiente fragmento: “porque la agarraba con ella y eso no me gustaba, me daba mucha rabia que se metiera con ella y conmigo…”. Esta falta de coherencia entre lo expresado verbalmente y lo transmitido de forma emocional, nos deja frente a la pregunta sobre el lugar o destino de los afectos en Carlos. ¿Qué ha pasado con ellos?, ¿Han desaparecido de la escena psíquica o se han reprimido?.

Carlos tratando de evitar más agresiones físicas: “a mi mamá le pegaba cuando se metía a defenderme.”

Tras la indagación por parte de la terapeuta acerca de qué lo hacía pensar o sentir el hecho de que su mamá lo defendiera de los golpes y maltratos de su padrastro, Carlos responde lo siguiente: “mi mamá es muy buena”, esta frase y lo que el paciente constantemente refiere de su madre, permite pensar que este objeto es percibido como bondadoso, por momentos protector y contenedor de las cosas que le pasaban a Carlos: “Yo le cuento mis cosas a mi mamá, ella siempre

me escucha, y me dice que le cuente las cosas”.

A pesar de lo anterior, la madre de Carlos es vista como alguien

a quien hay que estar atento, puesto que refiere: “Mi mamá a veces es

muy dura conmigo, me regaña y me puede pegar”. Así mismo, pareciera que esta consecuencia de sus actos no se relaciona con un juicio o una reflexión sobre los mismos. Es simplemente un asunto para tener en cuenta y evitar pero que no involucra una dimensión moral. Carlos dice que esto ocurre tras la demanda de sus amigos del barrio de ir a robar, frente a lo que manifiesta que no lo hará pensando en las consecuencias que le traerá con su mamá el hacerlo.

Varias sesiones después, aparece la confesión de que él robaba en supermercados comestibles, cosa que él no creía que fuera algo malo, ya que simplemente lo hacía con el fin de obsequiarlos a otras personas. Durante este momento aparece cómo la mamá de alguna forma buscaba reprenderlo por estos hechos, aunque sin hacer una referencia directa al hecho: “Yo me sentía mal, por eso yo creo que mi

sentimiento de malestar referido tras ser descubierto robando no se puede ver un reconocimiento verdadero del acto como tal, sino es más un malestar generado por defraudar el objeto o por molestia al regaño, más no una consideración por la persona a la que se roba o por un reconocimiento del límite entre lo ajeno y lo propio: “… pues si mi mamá me lo dice debe ser por algo, por eso trato de hacerle caso y ayudándola así sea estando aquí con mis hermanos, yo sé que eso a ella la deja tranquila.”

Se puede observar que las demandas de la madre son recibidas y satisfechas por Carlos, con un afecto que corresponde a la forma de apego superficial-dependiente-complaciente, pero sin capacidad para pensar en ello, haciéndolo para que ni él ni su madre se sientan mal, tratando de ofrecer un tipo de satisfacción y cuidado invertido.

Esto se puede apreciar de igual forma cuando Carlos comenta: “mi mamá me dice que yo soy el hombre de la casa ahora…”. Indudablemente la madre ha depositado en Carlos su función de apoyo y protección de la familia, invirtiéndose las funciones familiares y poniendo en Carlos obligaciones que él no está en capacidad de cumplir plenamente, sin poder tampoco reconocer sus limitaciones, ya que éstas no están a su alcance.

Así mismo, se pueden apreciar ocasiones en las que al parecer el discurso de la madre es doble y contradictorio en relación a las demandas de ésta hacia Carlos, pues así como le exige que debe tomar las riendas, cuidar y velar por la familia, siendo ahora el hombre de la casa, le dice en otras ocasiones que él no puede ayudar,

ya que le falta crecer. Esto se puede ver en el siguiente fragmento de sesión:

Y yo sé que mi mamá me quiere y quiere lo mejor para nosotros y para mí… pero yo sé que ella siente que le queda muy duro… y yo quisiera poder ayudar pero ella me dice que ahorita no, que aún me falta mucho y que tengo que crecer.

Esto nos hace pensar en una demanda de crecimiento confusa para Carlos, es una demanda paradójica, ya que de ninguna manera logrará complacer a la madre, planteando ésta lo malo qué es si crece y cuida a la familia y lo malo qué es si no lo hace.

En las demandas o sobre exigencias invertidas que hace la madre con Carlos, se puede apreciar, cómo estas situaciones de gran confusión para él, lo llevan a actuar y pretender cumplir el rol de padre, adulto y hombre de la casa:

P: claro, porque ella está embarazada, y no sería bueno dejarla sola.

T: te sientes como un protector de ella también…

P: claro, yo soy el hombre mayor, el hijo varón más grande, esta mi chiquito Enmanuel (hermanito menor), él es muy indefenso todavía.

Esta exigencia materna unida con la incapacidad de Carlos para cumplirla debido no solo a que no tiene las condiciones de desarrollo para cumplirlas, ni un espacio mental interno para pensarlas ni elaborarlas, lleva a que el niño sea vea impulsado en sus acciones cierta forma de funcionamiento poco reflexivo y primario que tiene una imagen de sí mismo omnipotente y alterada, como copia e

imitación de figuras e historias de su ambiente cercano, de los “machos” que centran su poder en la “fuerza física primitiva” y en “hazañas” de justicia.

El Padrastro:

A continuación se mostrará el tipo de relación que Carlos estableció con su agresor, quién es también su padrastro.

En los siguientes fragmentos de sesión se puede apreciar como para Carlos, su padrastro es un objeto que pudiera ser bueno, pero no se sabe cómo, ni cuándo podría apreciarse en él esta cualidad bondadosa, única referida en un momento de nuestro trabajo. Así mismo lo percibe como un objeto desvalorizado, vicioso, dañino, también envidioso, como se puede apreciar cuando expresa:

Si, él a veces era bueno, pero pues casi siempre se vivía metiendo cosas. …Es que él no puede entender que yo tenía cosas buenas y bonitas. …Si, él es así, como yo trabajaba y lograba ayudar a mi mamá y comprar cositas, eso a él le daba mucha rabia y por eso se metía conmigo, solo conmigo.

Pasa de bueno a envidioso y peligroso de manera secuencial sin establecer nexos entre ambas características y sin poder entender tampoco ésta variación. Solo queda una sensación de que es un objeto que hay que observar, que no es confiable, con quien se establece una lucha y rivalidad por un territorio.

Durante el trabajo en una sesión, tras la lectura del cuento del gato con botas, se puede apreciar la dificultad de Carlos para dibujar el cuerpo del Marqués de Carabas, donde sólo dibuja una cara,

frente a lo cual la terapeuta dice lo siguiente: “T: y por qué será que cuando tratas de dibujar a este personaje no lo puedes completar….”. Carlos responde: “porque no me sale el cuerpo… ese señor era malo también…” la terapeuta indaga: “y quién era ese señor….” Y este responde “pues el Marqués de Carabas, quién también maltrataba al gato con botas… porque el también quería que él engañara y mintiera para conseguir cosas…”. Seguidamente la terapeuta interpreta lo siguiente: “así como tu padrastro, que te maltrataba a ti… el marqués era un hombre malo, del cual solo puedes recordar su cara…”. En ese momento de la sesión “el paciente hace silencio… mira la hoja… y dice…. así son los árboles en el bosque...”, haciéndose notoria una ansiedad generada tras tratar de pensar en los maltratos de su padrastro, de manera que niega, evade y se resiste por completo a pensar en esa situación, desviándose su atención del tema, y mostrando interés aparente en los árboles del bosque del cuento.

Se puede pensar que la percepción del objeto agresor de Carlos es alguien que no tiene contornos ni definiciones claras; lo único que parece permanecer es la forma violenta e inesperada de responder. En la indagación inicial que hace la terapeuta sobre las razones por las cuales Carlos estaba en la institución, el niño dice: “ese señor nos maltrataba, a mi mamá y a mí nos pegaba…”. Pareciera entonces que se configura en Carlos las cualidades de bondad y agresión, que producen a su vez que no se pueda establecer claramente una distinción entre estas dos condiciones y que solamente se responda reactivamente frente a ellas, lo que dificulta tener claridad sobre la bondad o la maldad de una situación o de un objeto. Hay entonces que estar alerta pues no es posible anticipar cómo va a actuar alguien, pues no se sabe con cierta claridad quién, ni cómo es, lo que

a su vez también deja al sujeto sin referentes para entender las situaciones. Así como se ubica en el lugar del padre, el padrastro, quien es su agresor, perseguidor y casi lo mata.

La Institución:

Durante el proceso psicoterapéutico emergió un tipo de relación proveniente del encuentro con la terapeuta y el mundo privado de Carlos y un tipo de relación con la Institución y el entorno que lo rodeaba al estar interno en ese lugar. Este tipo de relación pone en escena lo que psicoanalíticamente se conoce como Transferencia, la cual hace referencia, según Freud (1910), a la función psíquica mediante la cual el paciente transfiere inconscientemente y revive en sus vínculos nuevos, sus antiguos vínculos, sentimientos, afectos, expectativas o deseos reprimidos o no conscientes. Así mismo, cuando hablamos del tipo de relación que estableció Carlos con la institución, se puede apreciar claramente su descontento, cuando este expresaba sus necesidades, carencias, asi como las constantes demandas y reproches sobre la situación que vive y que percibe como amenazante en muchas ocasiones. Esto se puede observar cuando Carlos, demanda más comida, haciéndose evidente una incapacidad para saciarse y satisfacerse con lo que el otro le da: “La comida es

muy poquita, y uno no puede decir nada…”, en estos momentos de

queja, se puede pensar en cómo se repiten las escenas vividas en su casa, donde tampoco se le satisfacía nunca, lo cual era el motivo principal de las constantes peleas y luchas con su padrastro, las cuales lo llevaron casi a la muerte.

Se puede pensar que si bien es una percepción de Carlos acerca de lo que recibe por parte de la institución, también se pone

en evidencia de manera literal lo que su madre le expresa a él cuando le pone en manifiesto sus deseos de obtener más comida: “Le cuento eso a mi mamá. Pero ella me dice que no se puede hacer mas nada por ahora”, de nuevo se pone en evidencia la impotencia propia y del objeto para satisfacer sus necesidades urgentes de aplacar el dolor, angustia o incertidumbre, como si tuvieran que resignarse a no esperar nada por parte del objeto, pues estamos frente a la impotencia del objeto o frente a un objeto impotente. Lo anterior nos

lleva a pensar en lo que Bion (1962) en su libro Una teoría del

pensamiento denomina Conciencia, como el órgano sensorial para la percepción de las cualidades psíquicas. En Carlos lo que se observa es la primacía de las cualidades físicas, lo que nos lleva a preguntarnos por la amplitud de la función de la conciencia.

En las sesiones con Carlos durante la permanencia dentro de la institución, se pudo observar, por momentos, una aparente sumisión, al tiempo que su percepción de sentimientos de desconsideración y amenaza por parte de otras personas que vivían allí mismo, lo cual nos hace pensar que son también la manifestación de sentimientos y pensamientos que ya habían existido cuando estaba en su casa, fuera de la institución. Carlos manifiesta:

Es que a veces siento que aquí nos faltan muchas cosas y que incluso cositas que hemos traído cuando nos vinimos para acá, nos han sido quitadas, como por ejemplo, a mi hermanito, a él le trajimos unos muñequitos y aquí se los quitaron y uno no puede decir nada, porque si uno dice de paso lo regañan.

Se puede pensar que sus inconformidades y quejas constantes, son la expresión repetida de las situaciones donde se sentía carente

de cosas materiales y afectos, despojado de sus cosas, como cuando su padrastro le quitaba cosas para venderlas y comprar droga.

La terapeuta: proceso transferencia – contratransferencia

Como se expuso anteriormente, en el proceso psicoterapéutico se pudo apreciar una experiencia compartida, en la que se manifiestan diferentes elementos característicos de su estado mental, tales como la voracidad, la envidia, el maltrato, cualidades curativas y cuidadoras que le asigna a la persona del terapeuta, así como la emergencia de una estructuración en la relación de la función continente-contenido que permitió en Carlos un espacio para pensar.

Al inicio del proceso, tras la indagación de la terapeuta sobre la razón de asistir a psicoterapia, Carlos expresa: “Pues más o menos… como para que usted sepa cómo fueron las cosas…”. Esta respuesta muestra que para el paciente este trabajo no es una acción que le vaya a generar algún beneficio o efecto; por el contrario, siente que lo que él diga es tomado para beneficio de la terapeuta, con la finalidad de conocer y extraer la información necesaria para ella y para cumplir requisitos institucionales.

Este tipo de respuesta es frecuente entre las personas que reciben atención y refugio en la institución, cuando después de la inclusión en ella, por un hecho de violencia, Carlos ha sido puesto a hablar sobre la situación de agresión de la que fue víctima, muchas veces, donde probablemente en lugar de sentirse escuchado y legítimamente comprendido, ha sido objeto de investigación, que dará información para proceder legalmente, donde quizás no haya sentido consideración por parte del otro sobre lo que pudo haber sentido y

significado la agresión de su padrastro y el cambio de estilo de vida al que fue sometido con la finalidad de resguardarlo de la muerte física.

En la relación con la terapeuta, se puede apreciar que en las primeras sesiones el paciente no nombraba de ninguna manera, ni por su nombre, ni con el prefijo “doctora” que comúnmente suele utilizarse, simplemente era reconocida como una persona más a la que debía contar su historia. Poco a poco fue cambiando y empezó a ser percibida como una persona a la que debía obedecer y acatar sus mandamientos y normas: “Si señora…” expresión que se acompañaba de una actitud corporal donde se podía apreciar una aparente

sumisión, que corresponde más a una forma de evitar

inconvenientes, aceptando obedientemente los mandatos y lo que dice, ya que si bien no tiene claro quién es el objeto que tiene al frente, sí sabe que éste ocupa un lugar de poder dentro de la institución. La aparente sumisión es entonces una estrategia de supervivencia frente a objetos (madre y su padrastro) de los cuales no sabe que esperar, si cosas buenas o cosas que lo dañarán, objetos que no son estables, ni consistentes emocionalmente. Una reedición de esta forma defensiva de relación con el objeto se produce frente al funcionamiento autoritario de la terapeuta que le demanda que continúe en el proceso con ella, porque eso será de alguna manera lo mejor que le pudiera pasar: “T: por ahora debes estar aquí. Y continuar aquí conmigo para tratar de pensar y entender eso que te