2. MARCO TEÓRICO REFERENCIAL DE LA INVESTIGACIÓN
2.6. La dimensionalidad como un parámetro del funcionamiento mental.
Meltzer, en su libro Exploración del Autismo (1975) plantea:
En tanto pueda decirse de un organismo que tiene vida mental, y no meramente que existe en un sistema de respuestas neurofisiológicas a los estímulos provenientes de fuentes externas e internas, es porque vive en el mundo, y este mundo debe estar estructurado en diversas formas. Tal vez uno se ha acostumbrado a pensar “el mundo” como tetradimensional y constituyendo el “espacio vital” (Kurt Lewin) del organismo. Desde el punto de vista psicoanalítico, puede decirse que este espacio vital comprende varios compartimientos de la geografía de la fantasía y se mueve en la dimensión temporal. Esta geografía está de ordinario organizada en cuatro compartimientos: dentro del self, fuera del self, dentro de los objetos internos, dentro de los objetos externos. (Meltzer, 1975, p. 197)
Así mismo, Meltzer (1975) plantea que la dimensión del tiempo tiene un desarrollo que va de la circularidad a la oscilación y finalmente al tiempo lineal del tiempo de vida para el individuo, desde la concepción hasta la muerte. Desde el punto de vista evolucionista de la dimensionalidad se describen varios niveles de organización mental, a partir de hallazgos clínicos, los cuales se
denominan Unidimensionalidad, Bidimensionalidad,
Tridimensionalidad y Tetradimensionalidad. 2.6.1.
En esta dimensión se pueden apreciar la fuente, tendencia y
objetos de los modelos de impulsos (drive) genética y
neurofisiológicamente determinados. Existe una relación lineal de
tiempo-distancia entre self y objeto que da lugar a un mundo con un
centro fijo en el self y con un sistema de rayos en dirección y a
distancia de los objetos, concebidos como potencialmente atractivos o repelentes. Se puede decir, que en ésta dimensión se encuentra ubicado el autismo, como un mundo unidimensional, sin mente, donde no existe la disponibilidad de los eventos para la memoria o el pensamiento. (Meltzer, 1975)
2.6.2. Bidimensionalidad
Cuando la significación de los objetos se vivencia como inseparable de las cualidades sensuales que pueden
captarse de sus superficies, la concepción del self debe ser
por fuerza limitada. El self también va a ser vivenciado
como una superficie sensible, una visión no significativamente distinta de la visión del yo que Freud presentó en “El yo y el ello”. Esta superficie sensible puede ser maravillosamente inteligente en la percepción y apreciación de las cualidades de la superficie de los objetos, pero sus objetivos van a ser necesariamente cercenados por una empobrecida imaginación, dado que carece de medios para construir en su pensamiento objetos o hechos distintos de aquellos experimentados de manera concreta. En el lenguaje de Bion, el yo no tendría medios para distinguir entre un objeto bueno ausente y la presencia de un objeto ausente persecutorio. La razón para esta limitación del pensamiento y la imaginación residiría en la carencia de espacio interno dentro de la mente, en el cual pudiera tener lugar la fantasía como una acción de ensayo y, por ende cómo un pensamiento experimental… Más aún,
y por la misma razón, el self que está viviendo en un mundo
bidimensional va a quedar disminuido tanto en memoria
como en deseo, o en previsión. Sus experiencias no podrán resultar en la introyección de objetos o en la modificación introyectiva de los objetos ya existentes.” (Meltzer & otros, 1975, p. 199)
Siguiendo la idea presentada por Muñoz (1995), se puede decir que cuando la mente funciona bajo el parámetro de la bidimensionalidad, “…se pierde el contacto con el hecho psíquico, con la cualidad psíquica otorgada por la reacción emocional frente a la realidad material y la simbolización llevada a cabo por los objetos internos de la realidad psíquica.” (Muñoz, 1995, Pág. 6).
Cuando la realidad psíquica es construida con base en experiencias emocionales que se tienen con los objetos tanto internos como externos, con estos últimos en la bidimensionalidad la relación es puramente sensorial. En el funcionamiento bidimensional, no existe diferenciación entre los procesos concientes e inconscientes, así como las funciones yoicas se encuentran indiferenciadas lo que hace que las expresiones sensoriales son copias, repeticiones de estados mentales y funcionamientos de otros objetos. (Muñoz, 1995)
2.6.3. Tridimensionalidad
Forma de funcionamiento mental, donde la visión del mundo es
percibido por la profundidad de los objetos y del self por
identificación, como continentes de espacios potenciales. La potencialidad de un espacio, y por ende, de un continente, solo puede tener lugar una vez que se ha hecho efectiva la función de esfínter.
El interior de un objeto también persiste en tener el significado de un estado anterior de la mente, ya que el sentimiento de ser adecuadamente contenido es una precondición para la experiencia de ser un continente capaz de contener, los movimientos en la fantasía de entrar y salir de un objeto tienen necesariamente significación con respecto a la concepción del tiempo. El tiempo, que no se podía diferenciar de la distancia en la Unidimensionalidad de la desmentalización y que había adquirido cierta vaga continuidad o circularidad al moverse de un punto a otro en la superficie del mundo bidimensional, comienza ahora a tener una tendencia direccional propia, un movimiento inexorable de adentro hacia afuera del objeto. Pero la operación continúa de la omnipotencia da forma a la fantasía de identificación proyectiva. Surge el tiempo oscilatorio en las concepciones mentales “del mundo” y, para llegar a ser unidireccional, tendrá que esperar a que se cumpla el proceso doloroso y nunca totalmente completo de renunciar a la identificación proyectiva. (Meltzer, 1975)
2.6.4.
Es solamente una vez que se ha montado la lucha contra el narcisismo y ha disminuido la omnipotencia que imponen la intrusión y el control sobre los objetos buenos en los mundos interno y externo, que puede comenzar la formación de un mundo tetradimensional. Al surgir trae la visión del desarrollo como una posibilidad. Donde la envidia y los celos no podían hallar otro alivio que la afirmación de la voluntad del individuo, puede ahora surgir una nueva esperanza. Y ésta nueva esperanza inspira el proceso de un nuevo tipo de identificación, que Freud descubrió y describió en “El yo y el ello”. (Meltzer y otros, 1975, p. 200) Tetradimensionalidad