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INFORMANDO DESDE EL CONFLICTO Y LA INJUSTICIA

CARLOS VAREA

Soy antropólogo físico y por lo tanto, no soy periodista aunque haya hecho en un momento de mi vida un Máster de periodismo (el del El País y en la Uni- versidad Autónoma). Por lo tanto, mi presencia aquí, dejando claro que no tengo

ninguna vinculación profesional con el arabismo, ni con el mundo árabe, es la de la militancia, la de la experiencia personal en ese terreno. Por lo tanto, mi visión o mis comentarios pueden, quizás, complementar, matizar o contraponerse a al- gunos de los que se han efectuado o de los que podáis tener en la cabeza. Voy a cambiar un poco el registro de mi participación, completando lo último que co- mentaba Olga, sobre los famosos o supuestos secuestrados de la localidad a la que ella se refería. Nosotros estuvimos en la rueda de prensa que había organizado en Bagdad la Asociación de Ulemas Musulmanes, que es la máxima instancia reli- giosa sunní del país y que pertenece al campo anti-ocupación. Convocaron la rueda de prensa para dar cuenta de su investigación sobre el terreno acerca de la crisis que básicamente se enfoca y se entronca con la vocación y la voluntad de al- guien, de algunos agentes de provocar una confrontación civil, comunitaria en Irak. Había muchísimos medios, pero no había más que un único medio occi- dental. Todos los medios que había eran de China, por ejemplo, y básicamente árabes o islámicos. No había más que un único medio occidental, que por cierto estaba representado por un árabe. Eso da una idea muy clara, de cual es la situa- ción informativa a día de hoy en Irak.

Voy a aprovechar un poquito el recorrido personal y organizativo de esta larga década para narrar lo que creo es, en el caso del Irak, paradigmático. Es el drama de un pueblo que desaparece, de una sociedad que desaparece bajo estere- otipos informativos que se van sustituyéndose unos a otros a lo largo del tiempo. Y además, ese volver a Irak de manera puntual, muchas veces anecdótica, desfo- calizada, trivial. No me estoy refiriendo exclusivamente al ámbito informativo, me refiero concretamente también al ámbito institucional, en el más amplio sentido de la palabra. Podría referirme, a como hemos ido pasando por el Ministerio de Asuntos Exteriores durante varios gobiernos, socialistas antes, luego del PP, nue- vamente socialistas, y cómo la percepción no es muy distinta de cómo se trata el tema informativo. Pero igualmente podría decir lo mismo haciendo una autocrí- tica, a cómo tratan tan eufemísticamente los movimientos sociales o fuerzas polí- ticas o asociaciones los temas de solidaridad, y en concreto el tema de Irak.

Nosotros empezamos a viajar a Irak en 1991, enfocando el trabajo esencial- mente, en lo que era una constatación ya evidente sobre el terreno: el impacto hu- manitario de las sanciones. Hasta enero de 1996 no conseguimos romper mediá- ticamente el muro que había entorno a Irak. Y lo rompimos mediante una iniciativa, que a nosotros nos resultaba al principio bastante compleja de abordar, como era el traer a España, a Madrid en concreto, niños y niñas iraquíes a tratarse de malformaciones congénitas. En enero de 1996 nos plantamos en Barajas con seis de estos casos y, con lo que fue un uso consciente de la imagen mediática de niños enfermos, se rompió por primera vez en este país el olvido sobre Irak des- pués de la guerra de 1991, que ciertamente focalizó el interés sobre Irak para in- mediatamente desaparecer de nuevo. Desde ese momento hasta la actualidad prácticamente hemos estado regresando a Irak con delegaciones amplias del Es- tado español en las que habitualmente había medios de comunicación. Ha sido en estos años, un éxito de la campaña de entonces, aunque siempre y a eso me re-

fiero con lo que es la opacidad, la ocultación, la desaparición de la sociedad del país bajo la imagen del régimen o del gobierno iraquí.

Siempre había la duda de si el impacto humanitario de las sanciones econó- micas aprobada en agosto de 1991 (tras la ocupación de Kuwait por parte de Irak) era realmente tal. Ha habido que esperar a que las propias Agencias espe- cializadas de Naciones Unidas (UNICEF, OMS), estimaran en un millón y me- dio las víctimas civiles de una década de sanciones o que dos coordinadores, vi- cesecretarios generales de Naciones Unidas –primero Dennis Halliday y luego Hans von Sponeck– dimitieran sucesivamente de sus cargos al frente del Pro- grama Petróleo por Alimentos para que se comprendiese lo que durante años fue considerada mera propaganda del régimen de Sadam Husein. Una década en la que una sociedad modernizada –en el buen sentido del término–, con grandes ca- pas medias de funcionarios, donde nadie hacía referencia a su pertenencia étnica, confesional o tribal, es laminada. Y donde, ciertamente, durante ese periodo de desestructuración tan fuerte que fueron las sanciones, la gente empieza, mante- niendo un concepto de ciudadanía que no es distinto al nuestro propio, a refu- giarse, ante lo que es el hundimiento de las instituciones y la precariedad coti- diana, en referentes ciertamente regresivos, y que ahora son utilizados como arma arrojadiza para caracterizar a una sociedad como de desarticulada, fragmentada en grupos étnicos, confesionales y comunitarios, aparentemente al borde de la gue- rra civil.

Hubo un acontecimiento informativo que merece la pena resaltar. Es una iniciativa de diciembre de 2000 que coincidió con el cambio de las administra- ciones de Clinton a Bush. Fue un vuelo directo Madrid-Bagdad que contó con el apoyo del entonces gobierno español de José María Aznar, y que estuvo enca- bezada, en su parte institucional, por alguien que luego posteriormente, min- tiendo como todos los responsables institucionales, reiteró hasta la saciedad que Irak estaba provista de armas de destrucción masiva, Se trata del portavoz de ex- teriores del PP en el Congreso, Gustavo de Aristesgui, quien literalmente se pe- leó por ser el primero en bajar por la escalerilla del avión, que como gesto de rup- tura del bloqueo volaba directamente a Bagdad desde Madrid. Pero la lógica de aquel viaje era meramente mercantil: Irak aparentemente había conseguido so- brevivir al embargo y volvía a convertirse en un socio comercial de interés al ex- portar de nuevo crudo bajo Programa Petróleo por Alimentos, puesto en marcha en diciembre de 1996. Viajamos entonces a Irak con todas las televisiones, con todos los medios, con todos los grupos parlamentarios, más una representación social de quienes en aquella época había estado denunciando las sanciones. Tam- bién viajó, evidentemente, Repsol, que era, en última instancia, la animadora de la iniciativa.

Pero se trató de una luna de miel pasajera, porque inmediatamente llegó la Administración Bush y el 11 de septiembre, y nuestro gobierno, el Gobierno de Aznar, cambió de registro. Llegó la guerra de invasión de 2003. De nosotros se ha dicho –por parte de un colega de mis amigos y amigas periodistas– aquí presen- tes que estábamos empotrados en el lado iraquí como brigadistas (luego contaré

una anécdota al respecto de lo que les vino de bien a algunos tal empotramiento). Tengo también mis críticas a lo que fue la presencia periodística en aquellos días en Bagdad, que a diferencia ciertamente de lo que ocurrió en 1991 permitió que se diera una visión alternativa de lo que estaba ocurriendo durante la guerra.

Pero, en cualquier caso, tras la guerra, la población iraquí nuevamente desa- parece asociada a la propia lógica del régimen, al propio colapso o cobardía –como se quiera llamar– de un régimen, que, se lo he oído a Teresa Aranguren, no resistió, no porque no pudiera hacerlo (más allá de lo que era su imposibilidad técnica de parar la maquinaria militar estadounidense) si no que no quiso inmo- larse arrastrando a su población, algo que le debemos reconocer. Y si no se vola- ron los puentes sobre el Tigris en Bagdad, no fue porque no pudieran hacerlo, sino sencillamente porque no lo consideraron necesario ni útil. Eso también hay que reflejarlo. Pero en cualquier caso, el régimen, la población nuevamente, de- saparecerá con el propio movimiento internacional contra la guerra.

¿Cuándo reaparece el tema de Irak informativamente? Cuando empieza a ha- ber una actividad de resistencia. Pero también es un periodo muy breve que rápi- damente es conducido hacia la focalización en determinadas acciones que, sin dudar, califica adecuadamente de terrorismo, acciones indiscriminadas que, como hemos podido comprobar sobre el terreno, son absolutamente rechazadas por la población y que además son adjudicadas o bien a elementos radicales islamistas suníes (de Al Qaeda) o bien a agentes de terceros países o de países limítrofes que, sencillamente, lo que quieren es focalizar sobre esas acciones un fenómeno de in- surgencia que ha sido el que ha llevado a lo que a mí, no me cabe ninguna duda calificarlo así, como la quiebra del proyecto de ocupación de Estados Unidos so- bre Irak.

Esa imagen de resistencia como terrorismo se está asociando a la de la con- frontación civil. Esencialmente, porque ese tipo de acciones lo que pretenden es favorecer una imagen de confrontación que requiere la continuidad de la ocupa- ción y, sobre todo, que permita desdibujar nuevamente una sociedad, una socie- dad muy articulada internamente, no muy distinta a la nuestra. Incluso es inte- resante ver el recorrido de la propia imagen del régimen: primero el de un dictador aislado, luego el de una familia y ahora finalmente el de una comunidad, la suní, opresora de otras comunidades. Una deriva que yo creo que sigue la pro- pia lógica informativa y de quien sencillamente pretende apoderarse del país.

Para acabar ya, junto a Javier Couso y otros compañeros de la CEOSI, hemos estado en Irak hace escasamente 10 días. El drama de Irak es nuevamente digno de resaltarse porque ciertamente con la información que recibimos se nos está hurtando la realidad admirable y estimulante, prometedora, el de una sociedad que a pesar de la violencia que está viviendo (se dijo que la guerra fue incruenta, pero las estimaciones del equipo de epidemiólogos de la universidad John Hops- kins es de hasta 100.000 muertos civiles) procura articularse en un proyecto de- mocrático frente a la ocupación, con una efervescencia organizativa en la que cualquier campo social, académico, universitario y profesional encuentra una in- terlocución plural, democrática e integradora.

Este es el reto esencial que le corresponde recuperar al periodismo. Es una inmoralidad que un grupo de siete ciudadanos españoles podamos entrar sin nin- guna dificultad extrema, no ya en Irak, sino en Faluya, y que cuando visitamos el Hospital General de la ciudad su director comente que desde la visita de una em- potrada de la BBC durante el asalto de noviembre de 2004 no han recibido la vi- sita de ningún medio de comunicación internacional. Y es una inmoralidad que cuando nos bajamos a la calle, cuando ponemos el pie en el suelo, en vez de lin- charlos, que es la imagen que pudiéramos tener sobre Faluya, a pocos metros del puente, donde si fueron colgados los cadáveres –cadáveres, por cierto, de merce- narios estadounidenses– lo que nos sentíamos es abrumados por una población que se nos hecha encima para ofrecernos una bebida de cola (por cierto, iraquí) para pedirnos sacarles del aislamiento y denunciar la brutalidad y las violaciones del asalto sufrido por la ciudad. Eso creo que debería ser una reflexión sobre lo que es todavía el compromiso del periodismo acerca de lo que son dramas que no se pueden cubrir o que no se quieren cubrir. Yo ya lo he dicho también (lo decí- amos ayer en una mesa redonda en RNE en este mismo ámbito) que el problema de Irak no es tener que pagar seguros de vida multimillonarios a los periodistas. El problema de Irak, lo mismo para el periodismo que para muchas ONG que acudieron también con intereses espurios inmediatamente después de la invasión, es que hay que tener interlocución dentro del país. La seguridad te la da la inter- locución y si tienes interlocución en Irak reduces la inseguridad. Y la interlocu- ción, eso es lo importante, existe. El drama en Irak es que se les está dejando so- los. Incluyo también la referencia a la resistencia armada, legítima, bien contrastada con las acciones que ellos consideran de terrorismo.

Acabo con una consideración que además también, seguro que les irrita un poco a mis compañeros de mesa. Ellos estaban rodeados de funcionarios del Ministerio de Información que también de una manera un poco ridícula pre- tendían coartar su libertad de informar. Habría que ver qué hubiese pasado en un país occidental en tiempos de guerra, con un grupo de periodistas tan nu- merosos como el que había en Bagdad (varios centenares). Lo que quiero re- cordar, no es a esos funcionarios que no eran tales, que era gente que sabía cua- tro palabras de castellano u otro idioma y los metían con algún equipo de televisión. Lo que siempre recuerdo es el funcionario que teníamos nosotros como empotrado en el régimen iraquí –como aquí se ha comentado–. Él era un funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores, que facilitaba nuestra pre- sencia en Bagdad antes del inicio de la guerra y durante las tres semanas que duró ésta. Pues bien, él tenía su familia en Bagdad y dormía con nosotros du- rante las noches de bombardeos y por la mañana temprano se iba a ver a sus hi- jas a la casa familiar. No nos abandonó hasta que no salimos de Bagdad el día 14 de abril. Esa es la imagen de un país y de una sociedad: la de un funciona- rio que cuando el régimen se viene abajo, que cuando no hay cadena de mando, poniendo en peligro su propia vida sigue con nosotros y hasta que no nos ve partir no nos abandona. Esa es la imagen de Irak, que repito quiero enfatizar, la de esa gente que nos sigue reclamando compromiso, vínculos, relaciones y que

se informa sobre sus aspiraciones, que no son muy distintas, lo mismo que ellos no lo son, de las nuestras propias.

COLOQUIO

Pregunta: Esta pregunta se la quisiera hacer a los compañeros periodistas. Yo también soy periodista, pero estoy empezando y tengo dudas. Antes hablabais de que se está dando una uniformidad en la información a nivel internacional, de he- cho los periodistas tienen muchos problemas para colar la crónica que quieren co- lar, luego ya se la recortan cuando llegan aquí y supongo que estáis habituados a eso. Además, cada vez hay más obstáculos para llegar a dar una información ri- gurosa y equilibrada. Con ese panorama que nos encontramos, ¿vale la pena la vida de un periodista por una crónica?

Pregunta: Quisiera hacer dos preguntas. Primero a los medios de televisión y ra- dio: ¿En qué grado sentís que tenéis libertad de elegir lo que quisierais informar y de lo que más o menos viene indicado desde una sede o de las pautas que tenga vuestro medio? Segundo: ¿creéis que la prensa escrita es uno de los medios donde tal vez se pueda aplicar más lo que nos ha dicho Jon, dar un poco más una opi- nión? ¿Pensáis que tal vez radio y televisión porque es inmediato, da menos opor- tunidades?

Pregunta: ¿Hasta qué punto la primicia informativa refleja esa capacidad de au- tonomía de la que hablaba Olga para contrarrestar a esa tendencia a la uniformi- dad de la información? Y la segunda pregunta ¿qué se puede hacer para que re- troceda esa especie de nacionalismo mediático que está tan en boga en los Estados Unidos?

Olga Rodríguez:¿Cómo encontrar espacio? Es difícil. Soy crítica con el perio- dismo que hay, y mucho. A veces, sinceramente me resulta frustrante. Pero creo que todos, realmente todos, pensamos lo mismo. Depende de la posición en la que esté cada periodista, pues hay unos que pueden tener más posibilidad de en- contrar cauces, a través de los cuales, pueda hacerse con una pequeña parcela que esté dedicada a ese otro tipo de periodismo que es visto por muchos, como un pe- riodismo marginal y sin embargo a mi me parece fundamental. Porque incluso hay veces que el periodismo internacional en este país, es considerado marginal, el periodismo de política internacional, porque cuando nos vemos arrastrados por la vorágine del periodismo de declaraciones del partido político de turno, pa- rece que todo lo demás no existe. En mi caso particular: aunque ahora pertenezco al área de informativos, cojo por banda a Iñaki Gabilondo y le ofrezco cada 15 días una píldora de 10 o 15 minutos. Lo último que hice el otro día, unas entre- vistas a 4 mujeres de Burundi que estaban por aquí y que han sido víctimas de la guerra civil de ese país y tienen una vida con unos testimonios desgarradores. Tes-

timonios a través de los cuales también se podía entender algo más de lo que pasó y lo que está pasando actualmente en Burundi. Pues, una de ellas es la esposa del ex presidente derrocado en 1996. Otra ha sido combatiente y ahora está en un proceso de reintegración social. Fue coronel de un batallón de 500 hombres y 21 mujeres, se quedó viuda, abandonó a sus hijos. En fin, una serie de testimonios interesantes que en informativos no tienen cabida y yo sé que a Gabilondo le gustan. Estoy hablando de mi caso, cómo trato de hacerlo. Pero sí es cierto que prima bastante lo institucional, la uniformidad, pero ante eso tienes dos opciones. Una es: me rindo, me dedico a otra cosa. La otra es batallar, batallar y cabrearte y tratar de conseguir ese hueco.

Con respecto a la segunda pregunta, es cierto que ver no significa compren- der, pero eso puede pasar en la prensa escrita también. En la prensa escrita mu- chas veces te escriben páginas y páginas repletas de periodismo de declaraciones. Hay un colega de El País, Ramón Lobo, un hombre con mucha experiencia, que ha estado en muchos conflictos y que siempre dice: «coged un periódico y contad en las fotografías cuántas corbatas hay y os daréis cuenta de que en todas hay cor- batas. Pues desconfiad de esa clase de información, de esas informaciones que traen fotografías con gentes con corbatas». A mí, por ejemplo, la radio me parece un medio apasionante y maravilloso. No tiene un formato muy rígido como lo pueda tener la televisión. En la radio, puedes emplear un lenguaje muy coloquial, muy de a pie, muy familiar. Existe un factor que creo que es importante, que es la proximidad y creo que hay una relación muy especial entre emisor y receptor. Y sé que todo el mundo que ha hecho radio y luego se ha pasado a la tele, siem- pre echa de menos la radio.

Y sobre el tema del patriotismo mediático en Estados Unidos, creo que, como en todas partes, hay de todo. Tengo un conocido que trabaja en la televi- sión ABC y que en verano de 2003, estuvo en Faluya entrevistando a unos sol-