Presenta: Tomás Bárbulo
CARLOS GIMÉNEZ
II. POLÍTICA BASADA EN LA COMPRENSIÓN ADECUADA DEL FENÓMENO MIGRATORIO
Hasta ahora he argumentado acerca de la necesidad de una política migrato- ria consensuada, y ello nos ha llevado a la concertación entre administraciones, a la participación y a la conveniencia de un pactar a nivel de estado sus elementos fundamentales. Ahora bien, al tiempo que consensuada debe ser una política que tenga en cuenta la realidad del fenómeno. En realidad esto es previo pero he que- rido empezar por la necesidad de consenso y concertación por las características del momento en que estamos, asunto al que hice referencia al principio.
Se comprende mal la inmigración. No hay ideas claras de este fenómeno, es- toy muy de acuerdo con lo expuesto antes por Tomás Bárbulo. Ha habido cuatro congresos de estudiosos de la inmigración, hay decenas de tesis doctorales, hay Observatorios de la inmigración, listas de publicaciones, colecciones de libros, pero cuando uno va a algunas reuniones se observa con frecuencia una compren- sión parcial, unilateral, deformada y muy negativa de este fenómeno internacional tan importante. Tampoco es el momento para abordar con cierto detalle este án- gulo del asunto, sólo enumeraré los cuatro aspectos que a mí me parecen más no- torios del desenfoque.
Vinculación entre migración y desarrollo
Es habitual que políticos, técnicos o periodistas no vayan más allá de ver que las migraciones las causa el subdesarrollo, extrayendo o dejando caer la conse- cuencia de que lo que hay que hacer es superar subdesarrollo y así no habrá mi- graciones. Lo cual es una imagen absolutamente deformada, negativa e ineficaz. Las migraciones las causa el subdesarrollo. Pues sí y no. Desde la teoría de la mo- dernización de los años veinte del pasado siglo se sabe que las causas de las mi- graciones reside tanto en los factores de expulsión como en los factores de atrac- ción, y más precisamente en la combinación de ambos. Las migraciones también las causa o provoca la economía sumergida del capitalismo europeo actual. Eso no es subdesarrollo, eso es el corazón del capitalismo, es decir la causa está tam- bién aquí, no solo allí. La gente cree que porque allí se mejore no van a venir. Hay una clara y persistente demanda económica y laboral de trabajadores mi- grantes. El tema es amplio, pero voy a una de sus caras que quiero mostrar: ¿por qué hay que evitar las migraciones si son consustanciales a la historia de la hu- manidad y la desarrollo? Somos lo que somos, en gran parte y en la historia, por las migraciones.
Habrá que evitar la trata de mujeres ligada a procesos migratorios, la explo- tación, la mafia, la clandestinidad, el drama del Estrecho, sin duda ninguna. Pero si pensamos en la movilidad laboral de toda la historia, podemos preguntarnos: ¿porqué esa apreciación de que la gente tiene que quedarse en su casa? Por cierto, ya se queda la inmensa mayoría: de 6.500 millones de seres humanos que hay en
el planeta Tierra sólo algo más de 200 millones sean los que se mueven (o a lo más 300) según la estimación de la OIM. Por lo tanto, no llegan ni al 3% de la Hu- manidad la que están fuera de su tierra o país. ¿No os llama la atención que el 97% de la gente no haya salido? Parece que con esa cuota ya está bien, pero ¿tam- poco queremos que salga el otro 3%? ¡Pero bueno! ¿Esto qué es? Migrar es un de- recho y es también, con frecuencia, una experiencia globalmente positiva para el desarrollo de las personas y de los países. Entonces hay una imagen que no vin- cula de forma integral, adecuadamente, el fenómeno de la migración y los proce- sos de desarrollo. Lo que sostengo hace años es que hace falta una vinculación po- sitiva entre migración y desarrollo.
Las migraciones son un colosal factor de desarrollo, a pesar de todas sus mi- serias. Pero en esto se hace poco énfasis, lo sabemos los estudiosos, pero no se tra- duce en políticas de desarrollo. Voy a poner un ejemplo. Desde hace años he te- nido algunas experiencias profesionales de consultoría en planes de inmigración. En el plano local, por ejemplo, he asesorado el Plan Madrid por la Convivencia Social e Intercultural así como el Plan de Migración y Desarrollo Local del mu- nicipio guipuzcoano de Getxo. Así mismo he ofrecido conferencias sobre inmi- gración y desarrollo local, sobre todo en encuentros de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) La idea básica es que cuando se elabora una po- lítica municipal que aborda al cuestión migrante debe partirse de que, dado que se ha generado una oportunidad de desarrollo, el plan o la política debe precisar cómo va a aprovecharse y gestionarse esa oportunidad.
La idea que he sugerido es que una determinada corporación municipal, y un alcalde, lo que ha de plantear es lo siguiente: «esta población, que ahora es un mu- nicipio de inmigración, se está desarrollando también gracias a la inmigración, y –aquí viene lo más importante– se va a seguir desarrollando, económicamente, en calidad de vida y en ciudadanía; y en todo ello vamos a incorporar el fenómeno migratorio». Los planes migratorios municipales, a veces son una lista de proble- mas y una lista de soluciones, lo cual corre siempre el riesgo de ser percibido por la población autóctona como un privilegio, un extra, algo específico para los in- migrantes. Y es que no hay que hacer eso. En Madrid, y en cualquier otro muni- cipio, hay que garantizar que nadie va a perder una plaza de guardería porque haya numerosas familias emigradas. Lo que hace falta es, cuantificar y planificar cuantas guarderías hacen falta y va a ir haciendo falta, e invertir en guarderías y demostrar que ahí a nadie se le ha puesto en cuestión una plaza.
La propuesta es pensar en el desarrollo del bienestar social del conjunto de la población y para ello se tiene que aprovechar la aportación que supone la inmi- gración. ¿Cuándo se va a decir en la prensa o en la televisión que hoy por hoy los emigrantes aportan al Estado de bienestar mucho más de lo que reciben? Así se ha demostrado en el caso de otros países. En España existen al menos, y hasta donde conozco, dos estudios que así lo muestran: un estudio general sobre economía e inmigración elaborado por un equipo de la Universidad Pontifica de Comillas y otro focalizado en el colectivo de colombianos y elaborado por un equipo ínter universitario con investigadores de Comillas y de la Universidad Autónoma de
Madrid. Para el año 2000, año sobre el que se disponía de información los dife- rentes aspectos cuantificados, y año en el comenzó a intensificarse el crecimiento de la colonia colombiana en España, los ingresos públicos procedentes de los mi- grantes colombianos (ingresos a la seguridad social más ingresos fiscales) conta- bilizaron 67 millones de euros, mientras que el gasto público para ese año 2000 (por los conceptos de atención inmigrantes, sanidad, educación y desempleo) se elevó a 38 millones de euros. Es que la población trabajadora migrante es una po- blación muy activa y productiva, pero claro esto no se va a decir. La percepción social, es que son chupadores de recursos sociales, que teníamos poco y encima se lo comen otros, etc. Eso es como lo percibe mucha gente y eso es una fuente de rechazo y xenofobia, pero si uno estudia y comprende el fenómeno desde el punto de vista de desarrollo económico, fiscal, productivo, hay argumentos para otra po- lítica, otra educación cívica y otra sensibilización.
Economía política y cultura en la cuestión migrante
He hablado de la conexión entre el desarrollo y la migración; abordaré ahora otra conexión de importancia como es la existente entre economía política y cul- tura, y lo planteo tanto como desde la combinación de dos perspectivas (econo- mía política y antropología como enfoques y miradas) como desde la necesidad de anticuar en el análisis, las dimensiones económico-políticas y las etnoculturales. Al tratar de comprender las dinámicas migratorias, estamos ante fenómenos y procesos que tienen por un lado, un elemento económico-político, de inserción laboral, economía sumergida, explotación laboral, etc. que es el asunto principal del problema.
Pero al mismo tiempo, la inmigración supone un proceso de diversificación, étnica, cultural, religiosa, lingüística del país y la sociedad, y la política no está res- pondiendo suficiente o adecuadamente a ese reto. Lo diré de forma más coloquial y directa: España ya ha cambiado otra vez, ya es otro país, la cuestión es cómo se gestiona ese cambio; vuestras familias, parejas e hijos, vuestras redes de relaciones, vuestras experiencias (de ocio, educativas, sanitarias, etc.) se encuentran en un nuevo contexto multicultural que se irá explicitando más y más. Vamos camino de un país con un porcentaje importante de población extranjera y por lo tanto, aspectos como la diversidad religiosa o lingüística se sitúan en un nuevo contexto: así, la multiconfesionalidad de la España de nuestros padres o nuestra infancia va a quedar desfasada con la que se está generando; el multilinguismo que ya existía y el que se finalmente se reconoció y potenció desde la transición va a verse in- crementado y complejificado.
¿Cómo conectamos los aspectos económico-políticos con los culturales? Una vez más no puedo desarrollar a fondo esta cuestión, pero sí exponer dos aspectos de considerables consecuencias. Primera, que no hay que olvidar que siendo va- riadas las dimensiones de la integración social de los inmigrantes, las claves son los aspectos jurídicos y laborales. Ciertamente, y así lo he expuesto en varios textos,
las adaptaciones, itinerarios y procesos de la integración social supone aspectos fa- miliares, residenciales, generacionales, de género, vecinales, participativos, educa- cionales, sanitarios, cívicos, culturales, lingüísticos, etc, pero la incidencia del es- tatuto jurídico y la posición laboral es contundente. Diréis «¡pues claro!», pero añado por mi parte: «¡Ojalá estuviera claro!». Hay actuaciones, proyectos y prác- ticas sociales en los que parece que lo sustancial, en un barrio por ejemplo, es que no hay suficientes espacios de encuentros entre personas de diferentes culturas, o en el campo escolar parece que es importante o crucial, dentro de una educación intercultural que a veces no se entiende bien, recordar a los niños una y otra vez las cuestiones de origen, de dónde vienen los alimentos del mundo, etc. ¡Hombre, eso es importante! Pero si se avanza cabía el predominio claro del estatuto jurídico estable y hacia la inserción laboral digna, todo eso está condenado al fracaso en cuanto a su incidencia real en la integración de la mayoría de la población de ori- gen extranjero. Es ganas de engañarnos creyendo que actividades de ese tipo van a conseguir la convivencia y la ciudadanía. De ninguna manera, así es que por un lado, creo que hace falta poner el acento donde hay que ponerlo.
Segundo, no caer en el culturalismo, no exagerar las diferencias culturales. Hay toda una jerga culturalista. Pareciera que cuando por la razón que sea esta- mos con un niño marroquí, ya esta ahí la construcción absoluta de la diferencia, el sujeto étnico diferenciado. Lo primero que hay que decir respecto a un niño, por ejemplo de origen, nacimiento y/o nacionalidad marroquí, es que es un niño. Digo y repito que hay que ir a más a los sustantivos y menos a los adjetivos. ¿Sa- béis lo que les pasa a los niños de diez años? Pues que se parecen un montón, que son bajitos en comparación con los de 14, que les gusta mucho jugar, que en de- terminado momentos y circunstancias son díscolos, que se quieren parecer al de al lado, que si el otro lleva una chaquetón de tal hechura, yo también. Y en oca- siones todo ese énfasis excesivo en su cultura distintiva, su nacionalidad, etcétera, lo que expresa es una obsesión diferenciador y clasificadora de los adultos. Es de- cir, los estamos extranjerizando.
En ocasiones estamos confundiendo la buena educación intercultural, nece- saria e incluso imprescindible, con la extranjerización de los niños. Esta línea nos llevaría a largos desarrollos; dejo aquí solamente y para la reflexión de cada cual la idea de que a veces no somos lo suficientemente ponderados en el asunto de la diferencia. Si volvemos al caso al que me referí antes, si una mujer con la que tra- tamos es por ejemplo nigeriana, entonces ya parece que muchas cosas se siguen de ello. Hombre, algunas cosas sí, pero la práctica de la prostitución que mencioná- bamos antes es una situación social y una experiencia personal que genera múlti- ples aspectos de similitud y convergencia en la problemática tremenda de muchas mujeres, sean ellas nigerianas, colombianas o españolas.
Habría que poner el acento, en las convergencias, en lo común y se está abu- sando en la presentación de las migraciones sobre todo como un gran reto cultu- ral. Lo es, es también un desafío con componentes identitarios y etnoculturales, pero sin olvidar ni relegar lo jurídico, lo político, lo económico y lo político, y sin exagerar o presentar unilateralmente las diferencias. Los migrantes cuando les en-
trevistas y les preguntas qué es lo más importante en su vida, te dicen «papeles y curro», no te dicen la libertad religiosa, etc, te dicen papeles-y-curro, te lo dicen con tres palabras. Desearía que la política migratoria tomará en consideración, además de la vinculación global entre migración y desarrollo (no dejando en la cuneta las vinculaciones positivas) la conexión entre economía política y cultura. Considero que algunas cosas van por buen camino en este sentido. Así el proceso de normalización-regularización ha sido, desde mi perspectiva, francamente ne- cesario y positivo, si bien uno puede criticar determinadas improvisaciones y otros aspectos; también se pone un adecuado énfasis en cuestiones claves en las reunio- nes que está habiendo para el sistema nacional; en el nuevo Plan Estratégico al que antes me referí, se proponen cambios positivos en estos dos asuntos del estatuto jurídico y de la inserción laboral y estos cambios tienen implicaciones positivas para la construcción de la sociedad intercultural.
Migración y transnacionalidad
El tercer elemento que no se comprende bien y obliga a un cambio de chip de los profesionales y de los políticos, es la naturaleza transnacional de las mi- graciones contemporáneas y en época de globalización. Cuando decimos trans- nacional, no estamos diciendo internacional. Las migraciones contemporáneas tienen una serie de rasgos sobre los que hay consenso total, como por ejemplo su feminización, y otros sobre los que el consenso es muy amplio, como es lo re- lativo al carácter trasnacional de bastantes de sus aspectos. Por la naturaleza del mundo actual globalizado, las migraciones están generando campos sociales cuya lógica, funcionamiento y dinámica, no es explicable, ni asumible desde el Estado Nación. Los vínculos, conexiones, redes y articulaciones que los proce- sos migratorios internacionales están generadnos dan forma, configuran cam- pos sociales económicos, asociativos, identitarios, cuya naturaleza y lógica trans- greden las fronteras y territorios de los estados; desbordan ese principio fundamental de la constitución del mundo antes la globalización que es el Es- tado Nación. Lo diré de otra forma: buena parte de las realidades familiares vin- culadas a la migración, de las formas que adopta la identidad étnica y cultural de los migrantes y sus descendientes, y de las repercusiones políticas de sus ac- tividades asociativas e ideológicas, no pueden entenderse ni aquí, ni allí, ni si- quiera aquí-allí que ya sería un gran avance, sino que requieren de la conside- ración y comprensión de campos o arenas sociales con lógica propia, transnacionalizada.
Tomemos como ejemplo (es un caso real) el de un chico africano, de un país de África occidental, hijo de notable local, con estudios universitarios interrum- pidos cuando emigra a España. Ese joven solicitó asilo y le fue denegado. Luego trabajó como irregular en un restaurante chino y en un supermercado. Trajo a su mujer abandonando su pauta de piso compartido con muchos y pasando enton- ces a vivir con otra pareja. Más tarde, este inmigrante y su mujer fueron a vivir in-
dependientemente en vivienda de alquiler junto con sus dos niños nacidos en Madrid, más recientemente ha adquirido una vivienda en propiedad del Instituto de la Vivienda de Madrid (Ivima) ¿Cuál es la clase social de ese amigo mío? Para quines le contrataban probablemente sería y es un pobre negro perteneciente a la clase trabajadora; quizás para la vecina española es un emigrante que no le debe ir tan mal, para sus amigos de su grupo etnonacional es sin duda el hijo de un no- table local y una persona relevante, para el mismo es alguien que va demostrando en origen su ascenso social con sus envíos de dinero y el apoyo a los familiares que vienen. Lo que quiero expresar es que el concepto y la realidad de la clase social, lo tenemos territorializado. Con el de la pobreza, exactamente igual. No podemos entender adecuadamente si la persona mejora o no en su proyecto migratorio si no es en esta red transnacional. En términos de la teoría trasnacional se habla del «nacionalismo metodológico».
Quizás algunos de vosotros estéis pensando qué abstracto es todo esto, pero quisiera que captéis no solo la necesidad de este nuevo enfoque para comprender bien los procesos migratoiros sino las implicaciones prácticas que tiene. Cuando llega un emigrante a servicios sociales y se le pregunta por ejemplo «¿tiene usted hijos?» y responde «tengo seis, cuatro allí y dos, los mayores, que ya están aquí conmigo», no se debiera proseguir «bien, entonces, hábleme de los dos de aquí, ¿están escolarizados?», etcétera. No hay que romper la familia; su familia es toda esa familia, los de aquí y los de allí. Por el hecho de ser la familia bi o multiresi- dencial, no agrupada, transnacionalizada, etcétera, no debes por ello dejar de ser tenida en cuenta. No digo con esto que se les vaya a conceder una ayuda o pres- tación social para los niños de allá, sino que habrá que tener en cuenta todo el mundo de ese migrante. Hay que adaptar los protocolos de la intervención social a la lógica de los flujos migratorios; en estos aspectos estamos todavía lejos de comprender adecuadamente la naturaleza de las realidades y de adaptar adecua- damente nuestras prácticas.
Carácter estructural del fenómeno y sus implicaciones
Un último aspecto que no siempre se entiende bien, por evidente que sea, es el carácter de alteración de fondo y de largo plazo del fenómeno. Sin duda las migraciones tienen mucho de coyunturalidad, y si hay algo cambiante son las migraciones. Es incluso fascinante su alteración constante; todas las realidades pero desde luego las migratorias son constantemente cambiantes. Pero al mismo tiempo hay una estructura, un fenómeno profundo y de larga duración ¿Por qué digo que no se entiende, esto que parece tan evidente? Observad la planifica- ción que se hace en las comunidades autónomas en España respecto al fenó- meno. Ciertamente, perdonadme la ironía, los españoles no somos por lo ge- neral unos genios de la planificación, pero dado lo que se conoce del fenómeno, dadas las tendencias en marcha, no es imposible prever escenarios para el 2010