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COMENTARIOS CON RELACIÓN A LOS EJES DE LA POLÍTICA MIGRATORIA

Presenta: Tomás Bárbulo

CARLOS GIMÉNEZ

III. COMENTARIOS CON RELACIÓN A LOS EJES DE LA POLÍTICA MIGRATORIA

Decididamente tengo que abreviar para que pueda haber tiempo para el diálogo, por lo tanto voy tan solo a enumerar alguna de las ideas centrales de lo que falta. Hasta ahora y ante el interrogante ¿qué política de inmigración? sólo

he dicho que debe ser, en lo esencial y básico, consensuada, concertada, parti- cipativa y pactada a nivel de estado, y segundo que debe ajustarse a la realidad del fenómeno migratorio tal como es analizado desde las ciencias sociales; si queréis ponerlo en la forma antigua y vieja, hablaríamos de una «política cien- tífica» pero a mí me gusta más, utilizando la expresión del filósofo Dewey, una política «inteligentemente llevada». Por un lado están los trabajos y estudios y por otro lado están las decisiones políticas; dos campos con lógicas bien dife- rentes pero ¡ojalá se acoplaran un poco más! Quisiera ahora retomar los tres ejes mencionados de las políticas migratorias y exponer algunas ideas en torno a ellos ¿Qué cosas habría que innovar? Primero abordaré el eje de control de flu- jos, después abordaremos el de integración y luego abordaremos el referente a cooperación.

Sobre control de flujos

Lo primero sería transformar la actitud predominante de control en el sen- tido reactivo y restrictivo en una política de gestión activa, flexible y positiva de los flujos migratorios. Lo que predomina es un intento de control pues de hecho no se controlan las migraciones, o al menos aspectos esenciales de ellas; pero ese control tiene motivaciones y componentes importantes de apariencia de control, para dar una imagen pública de control. En cualquier caso supone una política básicamente unilateral. Desde hace años, el gobierno y la administración española vienen desarrollando actividades tratando de controlar los flujos; todo eso habría que transformarlo hacia una gestión compartida con los países de origen. En este sentido, hay que señalar que sin duda se debe corresponsabilizar de la situación a los dirigentes de los países de origen y tránsito, pero el planteamiento más habi- tual suele ser en estos términos: «usted me causa un problema, un problema que se origina en su país, y a ver si nos ponemos de acuerdo; yo le doy una oportuni- dad, y a ver si usted es generoso, ya que yo le doy una oportunidad». Con esas ba- ses es realmente muy difícil hacer un buen convenio, ¿me siguen?

Hay firmados varios convenios bilaterales con Ecuador, Polonia, Rumania, etc. Desde la parte de ellos, perdonadme el ellos, pero en fin en los países de ori- gen, el problema desde mi punto de vista es la enorme debilidad institucional de estos países. O no son democráticos o son débilmente democráticos o hay una fra- gilidad institucionalidad enorme, cuando no un predominio de la corrupción. «¿Cómo se va a gestionar un flujo migratorio con semejante interlocutor?», se plantean algunos. Moraleja: hágase mucha y buena cooperación al desarrollo pre- cisamente para fortalecer institucionalmente y canalizar las migraciones en los países de origen. España debería volcar su cooperación al desarrollo en Rumania, en Bulgaria, en Ecuador, en Colombia, en Perú, en Marruecos, en Senegal, en Ni- geria, en Camerún, para ayudar mediante la cooperación al desarrollo, no tanto para que no haya migraciones, que también y ahora hablaremos de ello, sino para fortalecerlas institucionalmente.

Incorporo aquí una experiencia y una información, a titulo de ejemplo, para mostrar las amplias posibilidades en el campo de la gestión compartida y la coo- peración bilateral en materia de flujos migratorios. En febrero de 2005 asistí a un congreso sobre migraciones ecuatorianos celebrado en Quito y organizado por FLACSO. En aquella ocasión tuve la oportunidad de conocer y reunirme con res- ponsables y técnicos de la municipalidad de Quito. De las muchas cosas que me sorprendieron y llamaron la atención en aquella visita, la que más fue el conocer de primera mano que Ecuador tiene en torno a 500.000 inmigrantes. Según las autoridades, hay en torno a 420.000 colombianos en Ecuador y unos 80.000 pe- ruanos. Es decir, Ecuador es también un país de inmigración. Es lo que está pa- sando a otra escala y ritmo en Marruecos destinado probablemente a convertirse en un país de notable inmigración africana. Los colegas de Quito recababan mi colaboración, pero no para trabajar sobre la emigración ecuatoriana en España sino para que les ayudara en la política de migración allá, tanto con el emigrante ecuatoriano como con respecto a los inmigrantes de Colombia y Perú: «trabaje us- ted en España con la comunidad ecuatoriana, e intente ayudarnos aquí con la po- lítica municipal (de inmigración)».

Se mostraron interesados en ampliar la colaboración con el Ayuntamiento de Madrid que les había venido financiando el proyecto de la Casa del Emigrante, y en proyectos como el Observatorio de las Migraciones y la Convivencia Intercul- tural de la ciudad de Madrid de cuya dirección me acababa de hacer cargo. Res- ponsables y técnicos de las ciudades y municipios de Madrid y Quito están cele- brando diversas reuniones en los últimos meses para la firma de un convenio de colaboración en esta materia. Ojalá se trabe una sólida alianza entre estas dos ciu- dades, un plan a medio y largo plazo de alianza de dos metrópolis: Quito tiene 1.800.000 personas, Madrid 3.000.000 y ambas tiene un importante porcentaje de población inmigrada. Fijaros si Quito y Madrid tienen puntos en común y re- cursos para hacer una alianza de gestión de los flujos migratorios: podrían retro- alimentarse redes de profesionales, proyectos de cooperación, proyectos de co-de- sarrollo, etc. Hay mucho campo. Pero estamos ante otra concepción, una concepción alternativa de que la inmigración genera o puede general sistemas bi- nacionales de gestión de los flujos y aprovechamiento del potencial de desarrollo de las migraciones.

No podemos ver la cosa como un territorio que está dividido drásticamente en dos: aquí España, aquí Ecuador, sino que el flujo es ecuatoriano-hispano. Y en- tonces las dos autoridades deben reconocer: tenemos una misma realidad común que gestionar. Con este enfoque diferente, y más ajustado a los que los flujos son y generan, quizás se tenga algo más de eficacia, pero para esto hace falta ponerse a hablar de igual a igual y la realidad no es precisamente esa. Comprendo las li- mitaciones de todo lo que estoy planteando, pero si nos conformamos con la re- alidad tal y como es tampoco la transformamos nunca, ¿no?

Unas palabras sobre la política de contingentes, otro aspecto central de la ges- tión de flujos, iniciada bajo gobiernos del PSOE y continuada bajo gobiernos del PP. Ha habido importantes debates sobre ella y sigue siendo objeto de debate.

Como sabéis año se decide cuántos pueden venir mediante este mecanismo. Se hace una estimación de los 20.000 o 30.000 trabajadores/as que son necesarios, según los sectores (servicio domestico, construcción, hostelería, agricultura) y se- gún las comunidades autónomas y las provincias. La estimación se hace a partir de las informaciones de las oficinas del INEM sobre ofertas de trabajo no cubier- tas. Desde mi perspectiva, y algo he escrito sobre esto, la política de contingentes además de un modesto instrumento de regulación de flujos y de un mecanismo oficial o institucional de segmentación del mercado de trabajo, es sobre todo una operación de imagen pública. El mensaje es algo así como: «No se preocupen us- tedes, ciudadanos españoles, que el Estado ha calculado bien la necesidad de mano de obra, y los vamos a traer ordenadamente».

Ahora bien, los trabajadores extranjeros necesarios –y los que vienen de hecho– son muchos más, en algunos años hasta diez veces más de lo establecido en el contingente. El Gobierno no se atreve a decir, o no ve conveniente expli- car: «vamos a aceptar tantos porque son los que hacen falta» Los empresarios sí lo saben y sí que se lo piden al Gobierno, pero la política de establecimiento de contingentes o cupos anuales tiene, como decía, un elemento de opinión pú- blica subyacente: ¿cómo le vendo a la opinión pública, donde hay un tanto por ciento de desempleados, que el país necesita hoy por hoy muchos más inmi- grantes (que el año anterior y que las demandas no cubiertas en las oficinas de empleo)?

La mejora de este otro instrumento de la política migratoria puede venir de calcular las necesidades reales de la economía y del mercado de trabajo y de in- corporar mejores prácticas de información y explicación a la ciudadanía. Parece haber una visión estrecha y estática de la economía como si fuera una tarta; la tarta es de este tamaño y, claro, si vienen los inmigrantes, se comen una parte y entonces ¿qué pasa con los españoles? Los economistas y expertos en mercado la- boral saben que eso no existe, que las cosas no operan así. La economía es algo di- námico y en función de qué condiciones se establezcan se necesitará a unos pocos o se necesitará a tantos más.

Un aspecto que habría que explicitar es que la incorporación de trabajadores extranjeros no solo potencia la economía sino que crea empleo y promociones en el empleo. Este tema es también complejo. Sólo mencionaré, como ejemplo, algu- nos estudios muestran la correlación existente entre el mantenimiento de impor- tantes sectores de mujeres en el mercado laboral europeo y el empleo en los hoga- res de servicio doméstico de origen extranjero. Aquí, por cierto, se manifiesta la conexión entre las políticas de inserción laboral y las políticas de desarrollo social y económico. Con estos enfoques de dinamismo económico, conexión de la migra- ción con el crecimiento económico y el empleo, etc, quizás pueda se entenderse algo mejor cuánta gente se necesita, porqué motivos, para qué cualificaciones, etc. El tema es realmente amplio, pero un aspecto que no quiero dejar de mencionar es que también en este punto es preciso abogar por compartir responsabilidades (go- bierno, empleadores, sindicatos, etc) y que muy posiblemente funcionarían mejor los contingentes con una mayor participación de las Comunidades Autónomas.

Sobre integración social

Llegamos ahora al gran tema, el de la integración social, este es por decirlo así mi punto fuerte, pues es a lo que me dedico y donde vengo tratando de aportar y participar desde las investigaciones, la docencia y los proyectos apli- cados. Dado que tengo necesariamente que ser sintético me limitaré a comen- tar la definición usual de esta política. La política europea es «integremos so- cialmente a los inmigrantes». Pero ¿qué se entiende por esto en la política comunitaria y en la política española? En principio, algo bueno y consensuado que es lo siguiente: «incorporemos a los extranjeros en igualdad de derechos, de obligaciones, sin que por ello y en ese proceso de incorporación, tengan que perder su identidad propia». Esto está en los distintos documentos europeos y es magnífico, sobre todo si fuera realidad. Primero porque habla de igualdad, segundo porque no se olvida de hablar también de los deberes y tercero, porque todo ello supone un justo énfasis en la igualdad de trato, en la no discrimina- ción. Además se agrega, distanciándose del asimilacionismo, que lo anterior no quiere decir que tengan que dejar de ser musulmanes, o de practicar sus ritos comunitarios africanos en cualquier plaza; se afirma una y otra vez que todos tienen derecho a su cultura y a su identidad.

Podríamos decir que, como todas las grandes frases, esta también es fantás- tica, pero que la realidad es otra. Comencemos por la primera parte de la defini- ción, la que se refiere a la igualdad de derechos y obligaciones. Distamos mucho de que las personas de origen extranjero estén en igualdad de derechos laborales, sociales y políticos; la política migratoria de empleo parte del principio de pri- macía nacional con las consecuencias y efectos que ello tiene; está pendiente la re- solución por el Tribunal Constitucional con relación a las peticiones de inconsti- tucionalidad de los artículos de la Ley de Extranjería donde se indica que los migrantes irregulares no pueden ejercer determinados derechos fundamentales (reunión, manifestación, etc); los no comunitarios no tienen aún el derecho al voto en las elecciones locales, etc.

En la política de integración europea y española se afirma también la no discriminación: que las políticas deben ser fundamentalmente antidiscrimina- torias y antirracistas. En este campo se han dado avances en la Unión Europea con las disposiciones sobre lucha contra la discriminación pro razones tanto de género como de raza y etnia. Ya por fin, después de algunas dilaciones que hubo en la administración anterior, España ha suscrito esas normativas y está en marcha la configuración de un Organismo anti discriminación. En el Plan Madrid de Convivencia Intercultural, que hace poco se ha aprobado, está pre- vista una unidad anti-discriminación. Todo ello son pasos para superar otra asignatura pendiente en España y en materia de inmigración como era el escaso y a veces nulo énfasis en la cuestión de los derechos, la no discriminación y lu- cha contra el racismo. Ese debe ser en España uno de los nuevos rasgos de la política, en consonancia con otros sistemas nacionales como el británico o el holandés: un énfasis claro en la persecución, en la lucha, contra la discrimina-

ción porque si no, la inmigración se va a insertar pero se va a insertar discri- minadamente.

Por otra parte, no basta con la igualdad formal y jurídica de derechos sino que la integración requiere igualdad de oportunidades. Volviendo, por ejemplo, a lo comentado sobre el nuevo alumnado de origen extranjero, se trata de que haya igualdad de derechos y de oportunidades para que los más de medio millón de hijos de inmigrantes matriculados en el sistema educativo en el curso pasado tengan las mismas oportunidades educativas que, por ejemplo, mis hijos que aca- ban de entrar en los primeros ciclos escolares.

Vamos a la segunda parte de la definición que analizamos: «sin por ello per- der su identidad y cultura propia». Bueno, eso es también precioso y justo. Señala una política anti asimilación. Es decir, el modelo es que no hay que asimilar sino integrar. Lo que sugiero es que realmente nuestra forma de intervención es neo- asimilacionista. En realidad, decimos que queremos integrar pero se lleva a cabo una política de asimilación. Es decir, aquí les va a ir bien a aquél que se comporte fundamentalmente según las bases culturales de este país, los demás lo van a te- ner muy difícil, va a ser difícil tener éxito social manteniendo una distintividad comunitaria propia. ¿Por qué digo esto? Porque la identidad y la cultura se respe- tan siempre cuando quedan en el marco privado, pero la lengua, la religión, la cul- tura, si tiene algún sentido en la colectividad es en el ámbito público, en el ám- bito comunitario. Y lo que hace falta es que el Estado se adapte a la naturaleza profundamente multicultural de la sociedad. Quiero decir con esto, que cuando uno entra en servicios sociales, claro que debería haber la trabajadora social lla- mada digamos Nayma, que hable perfectamente árabe o bereber. Estamos de acuerdo, pero buscad, buscad… ¿cuántos de los profesionales de la intervención social en instituciones públicas nuevos ciudadanos de origen extranjero? Y así con los médicos, con los profesores de la universidad, etc. Estamos hablando de la in- migración pero sin los inmigrantes; ellos y ellas están en el segmento secundario del mercado laboral y así no se puede integrar adecuadamente.

Sobre la cooperación al desarrollo con los países de origen

Falta hablar de cooperación al desarrollo pero el tiempo se nos acaba. Enu- meraré en este campo, primero, que es importante superar la idea demagógica de que la cooperación acaba con las migraciones e incluso esa pretensión de evitar- las; segundo, que la cooperación al desarrollo con los países de origen de las mi- graciones debe vincularse al hecho de que la propia migración y los migrantes son factores de desarrollo; tercero, y consecuencia de lo anterior, que de aquí en ade- lante buena parte de la política migratoria debe consistir en enriquecer las prácti- cas de cooperación al desarrollo con la nueva modalidad del codesarrollo sobre la que también hay debates.

Para acabar y resumiendo ¿qué políticas de inmigración? Una política de Es- tado que haga énfasis en las cuestiones comunes de toda la ciudadanía e incorpora

las especificidades necesarias, que no sea una lista de carencias y de satisfactores de necesidades de la nueva población, sino que a partir de las ideas e ideales comu- nes de Desarrollo, Derechos y Democracia (me suelo referir a esto como digo las tres D) mantengan esos elementos para el conjunto de la población, incluyendo a los inmigrantes. Una política activa, que se anticipe, una política ajustada en la realidad, una política centrada en lo social. Y en definitiva, para mi la clave, es de- jar de ver la inmigración fundamentalmente como un gran problema y ver lo que tiene de oportunidad. Se ha de tratar de una política que gestione lo que de opor- tunidad tienen las migraciones, oportunidad de enriquecimiento cultural, opor- tunidad económica, desde todos los puntos de vista. Creo que hace falta, una re- formulación positiva del fenómeno.

Comentario final: acerca de inmigración y medios de comunicación

No he podido decir nada sobre los medios de comunicación y este es un curso sobre periodismo solidario. La prensa en general, no contribuye adecuada- mente a la emergencia de lo que vengo planteando, sino todo lo contrario. Salvo casos excepcionales y algunos están aquí presentes, el enfoque suele ser negativo, reactivo, estigmatizante y criminalizado, independientemente de que de vez en cuando uno se desayuna con una buen editorial llena de sentido común. Pero en general los medios son una de las entidades más atrasadas con respecto al reto que tenemos. Hace falta una reactivación absoluta, podrían jugar un gran papel, con una concepción no digo positiva, pero al menos realista. Ya está bien de entresa- car sólo lo negativo, fundamentalmente lo negativo.

Me referiré a El País, el periódico de mayor tirada, cuya Escuela de Perio- dismo en la UAM organiza este curso junto a la Oficina de Acción Solidaria, y que es el que mejor conozco por leerlo desde que empezó allá por 1976, cuando estaba haciendo la mili en Ceuta. Pues bien, fijémonos que el cintillo para agrupar las noticias respecto a la temática que nos ocupa: «Los problemas de los inmigrantes» ¿No podría ser, por ejemplo algo como «La cuestión mi- gratoria» o «Problemas y oportunidades de la inmigración» o la menos «El mundo de la inmigración». En fin no soy periodista y no es mi responsabili- dad, pero lo que quiero ejemplificar con ello es la enorme influencia de la ma- nera de categorizar el fenómeno. La categoría exclusiva de problema es parcial, reactiva, agobiante. Nunca se ha gestionado bien nada en la comunidad social y política, e incluso me atreverá a afirmarlo en el ámbito de la vida privada, cuando se vive como un problema o solo como un problema. La migración es