INFORMANDO DESDE EL CONFLICTO Y LA INJUSTICIA
JON SISTIAGA
Voy a tratar de introducir un par de cuestiones porque creo que la vivaci- dad de este curso se gana en el debate posterior y no en lo que digamos todos
nosotros, que más o menos ya se conoce. Según el título de este curso, la pri- mera reflexión que se me viene a la cabeza es que yo tengo la sensación de que se echa en la espalda de los periodistas demasiada responsabilidad por parte de la sociedad o de ciertos sectores de la sociedad. Creo que se nos exige a los pe- riodistas, sobre todo cuando salimos a cubrir conflictos, que nos erijamos en conciencia de esta sociedad, cuando no se nos ha educado ni hemos estudiado para eso, o ni siquiera se nos ha preguntado si queremos ser. En demasiadas oca- siones, sentimos la presión de que cualquier cosa que digamos o hagamos se va a ver con otros ángulos muy diferentes a los que pretendemos nosotros, que simplemente es hacer nuestro trabajo. Esto es llegar a los sitios, ver lo que ocu- rre y tratar de transmitirlo. Como decía Teresa antes, tenemos todos demasia- dos apriorismos, todos los que estamos aquí en esta sala. Probablemente cada uno de nosotros pensemos una cosa sobre el conflicto de Irak o el de Cheche- nia, o el del País Vasco, el de las pateras que cruzan el estrecho. Cada uno tene- mos y somos esclavos de nuestra formación, de nuestra ideología, de los perió- dicos o radios que escuchamos todos los días y que nos van formando nuestra opinión. Por tanto, si cada uno fuéramos a retransmitir ese tipo de conflictos, esos cuatro ejemplos que acabo de dar, tendríamos una aproximación diferente a esa historia. Creo que, por experiencia y ya son unos cuantos conflictos los que he visto, normalmente lo que opinas de quien es el bueno y quien es el malo, cuando dejas el aeropuerto de Barajas y te desplazas a un sitio de estos, a Irak, a Afganistán, a Ruanda, a Colombia, a Palestina, a Argelia, a Irlanda, no tiene nada que ver con lo que te encuentras allí. Las cosas no son ni blancas, ni negras, como normalmente parece que son.Tenemos que leer mucho y esto es una clave en esta profesión, como decía Teresa, para saber el quién es quien, o el cómo ha pasado, o el cómo ha ocurrido, cómo se ha desarrollado. Hay que leer poesía de ese país, literatura, para tener cierto bagaje cultural sobre lo qué vamos a ver. Cuando llegamos allí muchas veces, resulta que aquello tiene mu- chos más matices. Que entre el blanco y el negro existe toda una gama de gri- ses que a cada uno de nosotros, de los que estamos aquí, nos importaría más.
El periodista tiene que ser por eso muy riguroso, empezando por él mismo, sabiendo que probablemente la versión que vaya a dar de los hechos, está media- tizada precisamente por todo lo que estoy diciendo, y también por el medio de comunicación para el que se trabaja. Pero digamos que eso no es culpa del perio- dista. Eso es culpa de la persona que lee o ve ese medio de comunicación sa- biendo que tendencia editorial tiene. El periodista trabaja para ese medio y por lo tanto, informa, no lo que quiere decir ese medio, sino lo que él en puridad debe- ría de ver y para eso se necesita rigor, se necesita honestidad, se necesita honradez. Es muy difícil tener todos estos elementos y es muy difícil llevarlos a cabo. La única hoja de ruta que tenemos que tener los periodistas, es algo tan simple, como por ejemplo, la declaración universal de los derechos humanos, que dice tonterías como que todo el mundo tiene derecho a una vida digna: artículo 1; todo el mundo tiene derecho a que no le quiten esa vida: artículo 3; todo el mundo tiene derecho a no ser torturado: artículo 5. Pues esos pequeños elementos son los que
tienen que ser tu mapa de carreteras cuando llegas a un sitio de estos. Y si resulta que el que mata, el que tortura, el que quita la dignidad, el que no respeta, ni ide- ologías, ni religiones, ni etnias es el que te cae bien, aunque te fastidie, ese tam- bién es el malo y eso hay que tratar de superarlo. No siempre lo logramos, siem- pre tendemos a minimizar las posibles canalladas que hacen los que creemos que son los buenos o los que creíamos que tenían la razón. Siempre tendemos a ocul- tar ciertas cosas que puedan ocurrir, que nos fastidien nuestra línea editorial o a nuestro propio pensamiento ideológico, pero estos tres o cuatro puntos que acabo de decir es lo único que nos puede hacer mantener la moral alta a la hora de vol- ver, y decir que los malos eran los que pensábamos, pero es que los de enfrente, se pasaron también tres pueblos.
Esto lleva a reflexiones mucho más amplias. Ese eterno debate de cuando una organización, un ejército de liberación, pasa a ser una banda de terroristas o una banda de asesinos. Sobre esto se ha escrito mucho y cada uno tendríamos una idea sobre el tema. Pero como digo, creo que sólo reconociendo con ho- nestidad que lo que te has encontrado, quizás no es lo que esperabas o no es lo que esperaban tus espectadores, ni tu audiencia, o tus lectores. Y aunque te fas- tidie a ti mismo hay que decirlo también, los que parecían que eran los aplasta- dos, los oprimidos, pues también sufren de esas pequeñas pasiones humanas que es cometer canalladas. Sólo de esa manera, conseguirás tener cierta altivez profesional para volver con la cara bien alta, diciendo que has tratado de hacer tu trabajo como mejor has podido hacerlo. Reconociendo los errores propios de percepción que tenemos todos los periodistas, que cuando vemos una cosa de- bemos asegurarnos que está contrastada por el mayor número de fuentes posi- bles y que aún así, estamos dando la versión nuestra, la visión de Sistiaga, la vi- sión de Teresa Aranguren, la visión de Olga Rodríguez, que aunque podamos estar en el mismo sitio, viendo las mismas cosas, lo contaremos de manera di- ferente, porque nos aproximamos de manera diferente a ese hecho. Podemos es- tar en el mismo sitio y durmiendo como nos ha tocado en los mismos hoteles y viendo las mismas cosas y cada uno lo contaremos de diferente manera. Y no es- taremos mintiendo ninguno, porque somos buenos profesionales, pero cada uno tenemos una forma de dar las informaciones.
Hay otro elemento para tratar de averiguar todas estas cosas que estoy di- ciendo y de contarlas bien y es poder hablar con todas las fuentes posibles. Esto no suele ocurrir normalmente en conflictos, porque siempre hay una parte que no quiere hablar contigo o a la que no tienes acceso. Esto no es ir a cubrir una rueda de prensa a la que Gallardón ha dicho algo y te vas a preguntar a la pre- sidenta de la Comunidad a ver si es cierto. No puedes contrastar las fuentes. Como decía antes Javier, si los periodistas empotrados no tenían la más mí- nima posibilidad de contrastar lo que estaba ocurriendo al otro lado como los periodistas que estábamos en Bagdad, tampoco nosotros teníamos posibilidad de saber qué estaba ocurriendo al otro lado del frente. Pero cuando tienes po- sibilidades, y esto ocurre en algún tipo de conflictos, ocurría en Afganistán, suele ocurrir normalmente en el conflicto palestino, hay que ir a hacerlo, hay
que ir a hablar con todos los lados. Aunque te fastidie, aunque tengas ganas de darle un puñetazo en la cara al tipo que tienes delante porque sabes que es un canalla y sabes que es un tipo que manda asesinar. Tienes que tragarte todos esos sapos e ir a entrevistarle y tratar de comprender por qué está haciendo lo que está haciendo. Comprender no es asumir, ni es considerar que él tiene ra- zón, ni asentir, es simplemente eso, tratar de comprender, tratar de ir a todos los lados, tratar de hablar con todas las fuentes posibles. Es curioso que luego en este país el periodismo está encanallado de tal manera que si Teresa o yo, digo porque hemos estado en Palestina varias veces, entrevistamos al jeque Yas- sin, difunto líder espiritual de Hamas para preguntarle por qué lanza hombres bomba contra pizzerías israelíes llenas de niños, nos felicitan por nuestro éxito periodístico. Pero si alguien en este país, intenta entrevistar a la cúpula de ETA es anatomizado como proetarra, filonacionalista o reportero sin escrúpulos. En ese caso ya no hay felicitaciones ni premios… ¿Dónde se debe situar el pe- riodista? No quiero tener además la responsabilidad de conformar mentes y opiniones. Esta es una responsabilidad que siempre se nos asume y se nos pre- supone y creo que es un debate que se debería de tener, si nosotros debemos o no debemos tenerlo. Hay organizaciones, algunas representadas aquí, que tie- nen ese espacio y como bien decía Pepe deben de conquistar también no sólo a la sociedad, si no también quizás a los periodistas para lograr ese tipo de espa- cios y conformar, tener ese pequeño margen dentro de su trabajo que es orga- nizar ese tipo de cosa en la sociedad, que no sean los periodistas los que tenga- mos que hacerlo.