Autor, lugar y tiempo de origen
4. Las cartas de Ignacio de Antioquía
Estructura literaria y contenido
Los siete escritos (= Ign) están unidos por la clásica estructura epistolar y por una impronta estilística inconfundible. Aún en la parte introductoria de las cartas –datos sobre el remitente, los destinatarios y el saludo–, el autor no se contenta con formas estereotípicas, sino que acumula expresiones y forma frases densas en contenido, pero de una sintaxis sobrecargada. Así en la carta a los Efesios:
“Ignacio, que se llama también Teóforo, a la (iglesia) que ha sido bendecida en abundancia por la plenitud de Dios, el Padre, que ha sido determinada de antemano para siempre a una gloria permanente e inmutable, unida y elegida en una verdadera pasión, por la voluntad del Padre y de Jesucristo, nuestro Dios; a la iglesia digna de toda ala- banza que está en Éfeso de Asia: un saludo pleno en Cristo Jesús y en gozo intachable.”
Otra característica es el uso muy frecuente de expresiones metafóricas: “1. Por esto les conviene andar conformes a la intención del obis- po, tal como ya lo hacen. Pues el presbiterio, digno de su nombre y de Dios, está en armonía con el obispo como las cuerdas de una lira. Por ello se canta a Jesucristo en amor concorde y armonioso. 2. Y cada uno de ustedes se vuelve un coro, para que, en armonía y concordia, tomando la melodía de Dios en la unidad, canten al Padre por medio de Jesucristo a una sola voz, para que Él los escuche y reconozca por las buenas obras, que ustedes son miembros de su Hijo” (IgnEf 4,1-2).
Los ejemplos se pueden multiplicar fácilmente: los herejes son perros rabiosos (IgnEf 7,1); Policarpo debe buscar los vientos como el timonel de un barco, o el puerto cuando está en una tormenta (IgnPol 2,3); los
18 La tradición manuscrita es compleja. Según la información transmitida por Eusebio (Hist. Ecl.
III,36,5.10) Ignacio escribió siete cartas: a las comunidades de Éfeso, de Magnesia, de Tralia, de Filadelfia, de Roma, de Esmirna y a Policarpo, obispo de Esmirna. Tomando este dato como punto de partida se distingue una recensión “larga”, que ofrece una versión más extensa de las siete cartas, y agrega a ellas otras seis cartas; una recensión “breve”, que contiene las siete cartas citadas; y una recensión “muy breve”, transmitida en siríaco, con sólo tres cartas: a los Efesios, a los romanos y a Policarpo. La investigación moderna considera a la recensión “breve” como la base textual más segura.
creyentes deben mantenerse lejos de las plantas dañinas (las herejías), que Jesucristo no cultiva porque no son plantas del Padre (IgnFil 3,1) etc.
De acuerdo al contenido las cartas se pueden ordenar en tres grupos: * A las comunidades de Éfeso, Magnesia, Tralia, Filadelfia, y Esmirna. Las
primeras tres cartas están escritas en Esmirna, en donde Ignacio ha llega- do viajando por tierra desde Antioquía con rumbo a Roma. Las dos últi- mas Ignacio las envía desde Tróades, antes de embarcarse hacia Roma. A pesar de la diversidad temática, hay dos motivos que se repiten en todas ellas: la unión con el obispo y el presbiterio, y la polémica en contra de los herejes. Veremos los contenidos al tratar las líneas teológicas.
* A la comunidad de Roma (desde Esmirna). A diferencia de las cartas anteriores, el tema central es el pedido insistente de Ignacio a los cristianos de Roma para que no hagan ningún intento de liberarlo. El pasaje de IgnRom 4,1-3 es elocuente:
“1. Escribo a todas las iglesias y declaro a todos, que muero volun- tariamente por Dios, si es que ustedes no lo impiden. Les ruego que no muestren una bondad inoportuna. Dejen que me vuelva alimento de las bestias, por las que es posible llegar a Dios. Yo soy trigo de Dios y soy molido por los dientes de las bestias, para ser encontrado como puro pan de Cristo. 2. Halaguen más bien a las bestias para que se vuelvan una tumba para mí y no quede nada de mi cuerpo, para que, una vez muerto, no sea de peso para nadie. Entonces seré verdaderamente discípulo de Jesucristo, cuando el mundo no vea ni a mi cuerpo. Rueguen a Cristo por mí, para que por medio de estos instrumentos sea encontrado como sacrificio de Dios. 3. Yo no les ordeno como Pedro y Pablo. Aquellos son Apóstoles, yo soy un condenado. Aquellos son libres, yo soy hasta ahora un esclavo, pero si sufro, seré un liberto de Jesucristo y resucitaré libre en él. Y ahora aprendo, encadenado, a no desear nada.”
* A Policarpo, obispo de Esmirna (desde Tróades). Es la única carta dirigida a una persona individual, y no a una comunidad. Teniendo en cuenta la importancia de Policarpo no sólo en la iglesia de Esmirna, sino también en toda la región de Asia Menor19, Ignacio se adjudica
una autoridad sorprendente que lo ubica en un nivel claramente más elevado. Las exhortaciones personales lo indican: “te exhorto en la gracia con la que has sido revestido, a que avances en tu camino y exhortes a todos para que se salven” (1,2); “entrégate completamente a la oración, pide más inteligencia de la que ya tienes” (1,3); “sé sobrio como un atleta de Dios” (2,3); “sé más diligente de lo que ya eres” (3,2); “no desprecies a los esclavos y a las esclavas” (4,3). Policarpo aparece como el discípulo dócil que recibe la enseñanza de su maestro acerca de sus deberes como obispo de Esmirna.
Motivo
Las cartas suponen un escenario preciso que explica su origen. Ignacio recorre el largo camino desde Antioquía en Siria hasta Roma (IgnEf 21,2; IgnRom 10,2), adonde es llevado prisionero por un grupo de diez soldados (IgnRom 5,1) para ser ejecutado. Si el juicio y la con- dena acontecen en Roma, quiere decir que Ignacio poseía la ciudada- nía romana. Si las autoridades no lo mandaron a Roma con un grupo de prisioneros, sino que lo llevaron custodiado por diez soldados, esto indica que la persona de Ignacio era considerada de una importancia apreciable como para justificar la medida.
La travesía implica recorrer todo el territorio de la actual Turquía, hasta llegar a la costa occidental. En la ciudad portuaria de Esmirna el grupo hace una escala más prolongada, e Ignacio tiene la oportunidad de recibir a representantes de varias comunidades a las que envía cartas. La segunda estación es el puerto de Tróades, en donde se repiten los hechos.
Dos aspectos complementarios remarcan la autoridad de Ignacio: su paso por las ciudades mencionadas no pasa desapercibido a las comunidades cristianas de la zona, que envían a representantes para visitarlo y recibir su mensaje. Esta valoración de su persona no queda sin respuesta. Aún en las condiciones precarias de un prisionero que espera su condena, él escribe y envía cartas a las comunidades que han mandado sus representantes: Onésimo, el obispo de Éfeso (IgnEf 1,3), Damas, el obispo de Magnesia (IgnMg 2), Polibio, el obispo de Tralia (IgnTr 1,1). Las cartas son el testimonio de la importancia de Ignacio. Su muerte como testigo de la fe, a la que alude repetidas veces, corro- bora el hecho. El que escribe no es un maestro cristiano que desea
transmitir sus conocimientos sobre la vida cristiana, o un obispo que se apoya en su dignidad para enseñar a las comunidades; la autoridad de Ignacio y de su mensaje se funda en último término en la prueba irre- futable de fidelidad que va a dar con su muerte. Sus cartas tienen así la autoridad de la “última palabra”, del testamento que se debe acatar.
Autor, lugar y tiempo de origen
El primero que informa sobre Ignacio es Eusebio en Hist. Ecl. III,36,2-15 (alrededor del 312). Antes de Eusebio es muy poco lo que se sabe y transmite acerca de Ignacio. Dada la originalidad de las cartas y la importancia de su autor, es difícil explicar el silencio de la tradición sobre él.
Según la misma fuente, Ignacio fue el segundo sucesor de Pedro en la comunidad de Antioquía (III,36,2). La fecha de su martirio se ubica en el tiempo del emperador Trajano, es decir entre el 98 y el 117. Eusebio precisa el dato en su “Crónica”, y señala el año 107, mientras que Jerónimo prefiere el año 109.
El problema de la reconstrucción de la situación original siguiendo la tradición transmitida por Eusebio, es que Ignacio defiende un rol del obispo en la comunidad que no tiene paralelos en las primeras décadas del siglo segundo. A esto se suman otros detalles, pero ésta es la objeción de mayor peso.
Así surgió en las últimas décadas del siglo XIX en ámbitos no cató- licos la cuestión “ignaciana”, que negó la autenticidad de las cartas. En oposición a esta tendencia, Th. Zahn (1873) und J. B. Lightfoot (1885) sostuvieron la historicidad de la cronología de Eusebio. A ellos se unie- ron A. Harnack (1878) y E. v. d. Goltz (1894), aunque no excluyeron la posibilidad de una datación más tardía de las cartas.
Aunque la cuestión seguía siendo discutible, lo cierto es que la investigación a lo largo del siglo XX partió de los datos de Eusebio para ubicar históricamente e interpretar las cartas de Ignacio. Recién el trabajo de R. Joly, Le dossier d’Ignace d’Antioche, Bruxelles 1979, planteó nuevamente la cuestión “ignaciana” al negar la autenticidad de las cartas, datándolas en los años 160-170. En la misma línea le han seguido R. M. Hübner (1997), T. Lechner (1999) y otros. El autor de
las siete cartas ficticias buscaba imponer la estructura del obispado monárquico como instrumento de defensa de la fe en el único reden- tor, frente al peligro de las divisiones doctrinales.
La discusión en torno a la autenticidad y a la fecha de las cartas de Ignacio, no ha llevado todavía a ningún resultado definitivo satisfac- torio. Creemos que tres aspectos pueden ser útiles a la hora de buscar una solución al problema: 1. Debido a las muchas inseguridades sobre el origen de las tradiciones recibidas y sobre la propia construcción de Eusebio, su cronología no debe ser tomada como un punto de referen- cia seguro para datar a las cartas de Ignacio. Esto permite mantener la autenticidad de las cartas, pero en una fecha posterior al tiempo de Trajano, entre el 130 y el 140; 2. el lenguaje y las imágenes de Ignacio pertenecen al mundo cultural de la así llamada “segunda sofística”. Sólo un análisis exhaustivo del vocabulario y la metafórica de Ignacio permitiría una ubicación de las cartas en el mundo literario del siglo segundo; 3. en la tan mentada cuestión de los ministerios, hay que recordar que el papel privilegiado del “epískopos” en las cartas de Ignacio no es tan singular como muchas veces se afirma. Santiago, el hermano de Señor, en la comunidad de Jerusalén, el “Presbítero” de las Cartas de Juan, no comparten su poder con otros líderes cristianos, aunque no sean llamados “epískopos”. Surge así la cuestión si es que la novedad de Ignacio no es sobre todo terminológica, en cuanto que asume los términos conocidos del “epískopos”, de los presbíteros y diáconos, y los ordena en una nueva relación jerárquica que subraya el papel directivo del “epískopos”. El nacimiento del “obispo monár- quico” parece estar en directa relación con las controversias acerca de la verdad de la fe.
Líneas teológicas
* No se puede negar el énfasis con el que Ignacio subraya el papel central del obispo en la vida de la comunidad:
IgnEsm 8,1-2: “1. Que todos sigan al obispo como Jesucristo sigue al Padre, y al presbiterio como a los Apóstoles; respeten a los diáconos como al mandamiento de Dios. Que nadie haga nada en relación a la iglesia, sin el obispo. Consideren como válida a la celebración eucarística que tiene lugar bajo el obispo o bajo uno a quien él se la
ha encomendado. 2. Allí donde aparezca el obispo, allí debe estar el pueblo; tal como donde está Jesucristo, allí está la iglesia universal. Sin el obispo no está permitido ni bautizar ni celebrar el 'agape'; todo lo que él aprueba, esto es agradable también a Dios, para que todo lo que hagan sea seguro y válido.” Cfr. IgnEf 4,1-5,2; IgnMag 6,1-7,2; IgnTral 2,1-3,2; IgnFil 7,1-8,2.
Dejando de lado la cuestión de la autenticidad de las cartas y de la fecha de origen, es evidente que el rol del obispo es una forma para asegurar la transmisión de la verdad de la fe, y proteger la unidad de las comunidades.
* La herejía más combatida es la del “docetismo”, que negaba la rea- lidad de la encarnación del Salvador y le adjudicaba una realidad meramente espiritual. La consecuencia más seria de esta concepción es que la muerte de Jesús en la cruz pierde toda importancia salvífi- ca, para convertirse en un gesto vacío:
IgnEsm 2. “Pues él sufrió todas estas cosas por nosotros, para que seamos salvados; y sufrió verdaderamente, como también resucitó verdaderamente, no como dicen algunos incrédulos, de que sufrió aparentemente: ellos existen aparentemente.” Cfr. IgnEsm 7,1; IgnFil 4.
* El viaje a Roma y la seguridad de la condena a muerte inspiran en Ignacio una teología del martirio de gran profundidad teológica y belleza literaria. Como vimos en IgnRom 4,1-3 la muerte martirial es la “hora de la verdad”, en la que el creyente pasa de la esclavitud a la libertad, y comienza a ser verdaderamente discípulo, como si toda la vida anterior hubiera sido sólo una preparación para ese momento. Cfr. IgnRom 7,1-8,3. Por una parte, esta teología conserva su relación con el NT, al ver el martirio como la forma acabada del “testimonio” (“martyrion”) propia del discípulo. Por otra parte, el mártir es el testigo que entrega su vida en una muerte cruenta, como es el sig- nificado del término “mártir” que se va a imponer en el vocabulario teológico. IgnRom 7,3 alude también a los signos eucarísticos, que representan la entrega del Salvador significada ahora por la entrega del mártir: “Quiero el pan de Dios, que es la carne de Jesucristo, que desciende del linaje de David, y como bebida quiero su sangre, que es el amor incorruptible.”
Ejercicio de lectura
Confesiones de fe cristológica en las cartas de Ignacio
IgnEf 7,2: “Uno es el médico, carnal y espiritual, engendrado y no engendrado, Dios aparecido en carne, en la muerte vida verda- dera, nacido de María y de Dios, primero pasible y luego impasible, Jesucristo, nuestro Señor.”
IgnEf 18,2: “Pues nuestro Dios, Jesús, el Cristo, fue llevado en el seno de María según el plan de Dios, de la estirpe de David y del Espíritu Santo; él nació y fue bautizado, para purificar el agua por su pasión.”
IgnEf 20,2: “… en Jesucristo, que según la carne es de la estirpe de David, el Hijo del Hombre e Hijo de Dios…”
IgnTral 9,1-2: “1. Sean sordos cuando alguien les habla sin Jesucristo, de la estirpe de David, de María, que verdaderamente nació, comió y bebió, verdaderamente fue perseguido por Poncio Pilato, verdadera- mente fue crucificado y murió siendo contemplado por los seres celes- tiales, terrestres y subterráneos, 2. que verdaderamente fue resucitado de entre los muertos, habiéndolo resucitado su Padre.”
IgnEsm 1,1-2: “1. … Nuestro Señor, que verdaderamente es de la estirpe de David según la carne, Hijo de Dios según la voluntad y el poder der Dios, verdaderamente nacido de una virgen, bautizado por Juan, para que por él se cumpliera toda justicia, 2. verdaderamente clavado en la cruz por nosotros en la carne bajo Poncio Pilato y el tetrarca Herodes …” Para profundizar
1. Anote los contenidos que más se repiten en estas confesiones de fe; 2. ¿Hay alguna relación entre estas confesiones de fe y los errores que combate Ignacio? 3. Trate de determinar el origen de estas confe- siones en textos del NT.
Bibliografía 6
Joseph Fischer (Bibl. 2); William R. Schoedel, Ignatius of Antioch. A Commentary on the Letters of Ignatius of Antioch, Philadelphia 1985; Juan J. Ayán Calvo, Ignacio de Antioquía. Policarpo de Esmirna. Carta de la Iglesia de Esmirna (FuP 1), Madrid 1991; Reinhard M. Hübner, Thesen zur Echtheit und Datierung der sieben Briefe des Ignatius von
Antiochien, en: Zeitschrift für Antike und Christentum 1 (1997) 44-72; Hermut Löhr, Die Briefe des Ignatius von Antiochien (en: Wilhelm Pratscher, Die Apostolischen Väter [Bibl. 2]).