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Autor, lugar y tiempo de origen

8. La segunda Carta de Clemente

Estructura literaria y contenido

La transmisión del texto a continuación de 1 Clem fue la causa de su denominación tradicional, pero el escrito no es una carta ni puede atribuirse al mismo autor que escribió 1 Clem. Su forma literaria y su contenido corresponden a la categoría del sermón eclesiástico, de la alocución exhortativa a la comunidad creyente con fines edificantes.

29 La tradición manuscrita está ligada a la de 1 Clem. En el códice alejandrino, el jerosolimitano

y una traducción siríaca, 2 Clem sigue a 1 Clem. Tanto en el códice alejandrino como en la traducción siríaca 2 Clem se encuentra junto con los otros textos del NT, lo que quiere decir que se le otorgó una importancia por lo menos casi canónica.

El análisis de los contenidos no llega a descubrir una estructura clara. Los modelos propuestos para dar cuenta del esquema básico de la obra son muy dispares, y muestran que el texto no está concebi- do siguiendo una línea argumentativa consecuente. Pareciera que el autor se toma las libertades temáticas que le sugieren su inspiración homilética.

El elemento constante es la intención exhortativa. Lo que varía son los motivos con los que el autor quiere fundamentar la exhortación. Tomando estos dos aspectos como hilo conductor, es posible distin- guir diversas secciones según las causas aducidas para mover al lector a vivir su fe en la realidad que le toca vivir: 2 Clem 1,1-4,5 presenta a la pasión de Cristo como fundamento de la salvación, que exige del creyente responder con los hechos al don recibido; en 5,1-18,2 la perspectiva escatológica, la mirada hacia el fin de los tiempos, motiva distintos temas de exhortación: la breve estadía del cristiano en este mundo es la oportunidad para la lucha por la fe (5,1-7,5), para hacer penitencia (8,1-6), manteniendo la carne pura (9,1-11) y huyendo de todo mal (10,1-5). La firme esperanza en los bienes futuros y el tes- timonio de la fe en el presente llevarán a pertenecer a la iglesia de la vida (11,1-14,5). Una invitación a la penitencia y a las buenas obras cumpliendo con los mandatos de Dios (15,1-18,2), pone fin a la larga serie de exhortaciones. Los dos últimos capítulos resumen los temas del sermón (19,1-20,430).

Motivo

Los destinatarios del sermón son paganos convertidos al cristia- nismo, a quienes el predicador hace ver el contraste entre el pasado pagano y el presente cristiano:

2 Clem 1,5-8: “5. ¿Qué alabanza le rendiremos o qué pago le dare- mos como recompensa por lo que hemos recibido, 6. nosotros, que estábamos ciegos en nuestro entendimiento, y adorábamos a piedras

30 El pasaje 2 Clem 19,1-20,4 posee algunas características que lo distinguen del texto anterior:

la forma apelativa: “hermanos y hermanas” (19,1; 20,2); los términos “piadoso”, “piedad” (19,1; 20,4) etc. Algunos autores sostienen que el texto es un agregado posterior, pero la opinión no ha tenido gran aceptación.

y maderos, a oro y plata y bronce, obras de los hombres? Y toda nues- tra vida no era nada más que muerte. Cuando estábamos rodeados por la oscuridad y nuestra visión llena de tales tinieblas, volvimos a ver, habiendo apartado, por su voluntad, la nube que nos envolvía. 7. Porque él tuvo piedad de nosotros, y en su compasión nos salvó, des- pués de habernos visto llenos de error y perdición, sin tener ninguna esperanza de salvación, excepto la que nos vino de él. 8. Porque él nos llamó cuando aún no éramos, y quiso que pasáramos del no ser al ser.”

El objetivo de la contraposición temporal es fortalecer la identidad cristiana de los oyentes, que pueden reconocerse como aquellos que una vez estuvieron rodeados por las tinieblas y la ceguera, pero que ahora han pasado al ámbito de la luz, de la visión y del ser. Una vez que estos han tomado conciencia de la nueva realidad en la que viven, la tarea consiste en llevarlos a que se mantengan en ese camino.

Aunque no sepamos nada sobre las circunstancias concretas que fueron la causa de este sermón y que luego movieron a su expresión escrita, el motivo genérico es el interés y la preocupación por este grupo de creyentes. No se busca transmitir información, sino motivar e intensificar un modo de obrar. La confesión de fe no se limita a un acto verbal, sino que debe demostrarse en una praxis que exprese la obediencia a la voluntad de Dios (cfr. 3,4; 4,3; 5,6; 16,4).

El autor es suficientemente realista como para saber que el creyente, a pesar de todas estas exhortaciones, no siempre alcanza los objetivos que le propone su fe. Por esto se multiplican los llamados a la peni- tencia (8,1-3; 9,8; 13,1; 16,1; 17,1; 19,1); el predicador mismo se incluye entre los pecadores que necesita de la conversión:

2 Clem 18,2: “Pues yo mismo, que soy un pecador en todo sentido y no he escapado de la tentación, sino que estoy en medio de los ins- trumentos del diablo, intento alcanzar la justicia para, por lo menos, acercarme a ella, porque temo al juicio venidero.”

El problema que preocupaba tanto al autor del “Pastor de Hermas” acerca de la posibilidad de la penitencia después del bautismo, carece aquí de toda importancia:

“Borremos de nosotros nuestros pecados anteriores y, haciendo penitencia de todo corazón seremos salvados” (2 Clem 13,1).

Autor, lugar y tiempo de origen

El texto es anónimo. Al final de la alocución, el lector se presenta a sus oyentes pidiéndoles que presten atención al mensaje (19,1), pero no hay indicios suficientes como para suponer que no es él mismo el autor del escrito. En dos lugares hay un referencia a los presbíteros en la comunidad (17,1.5) que tienen la tarea de la exhortación y del anuncio de la salvación a los creyentes. Ambos aspectos coinciden con el tenor básico de la homilía. De aquí se puede deducir que el autor es uno de los presbíteros de la comunidad que cumple con una de sus obligaciones más importantes: el anuncio de la palabra.

Eusebio es el primero que sabe de la existencia de una “segunda carta de Clemente” aunque no da la impresión de haberla leído. Sólo señala que el texto no es reconocido del mismo modo como la “primera carta de Clemente” y que los antiguos no lo utilizaron (cfr. Hist. Ecl. III,38,4). Además de este testimonio histórico, la comparación entre los dos textos descarta abiertamente la posibilidad de que ambos proven- gan del mismo autor.

Sin querer emitir un juicio severo sobre el autor, hay que reconocer que el texto que nos ha dejado no es un testimonio de profundo pen- samiento teológico. Sus recursos estilísticos son pobres y su capacidad argumentativa se reduce a la aplicación de recursos simples y cono- cidos. Conoce y cita el AT (cfr. Is 54,1 en 2 Clem 2,1; Is 29,3 en 3,5; Ez 14,14-20 en 6,8; Is 66,24b en 7,6 y 17,5; Is 52,5b en 13,2; Jer en 7,11; Gn 1,27 en 14,2; Is 58,9 en 15,3; Is 66,18 en 17,4s), pero posiblemente no en base al contacto con las fuentes, sino con ayuda de colecciones de citas bíblicas. Los textos del NT que cita explícitamente pertenecen a los evangelios sinópticos (aquí citamos sólo la versión de Mateo: Mt 9,23 en 2 Clem 2,4; Mt 10,32 en 3,2; Mt 7,21 en 4,2; Mt 6,24 en 6,1; Mt 12,50 en 9,11; Mt 5,44 en 13,4), pero esto no es una prueba del uso de fuentes escritas. Se puede contar también con la influencia de la tradición oral. Hay cuatro pasajes que contienen citas de textos “apócrifos”, es decir, documentos no canónicos, de origen desconocido:

* 2 Clem 4,5: “Por esto… ha dicho Jesús: ‘Si ustedes se han unido conmigo en mi pecho y no cumplen mis mandamientos, los arrojaré afuera y les diré: aléjense de mí, no sé de dónde vienen, obreros de la iniquidad’.”

* 2 Clem 5,2: “Pues el Señor dice: Ustedes serán como ovejas en medio de lobos.” * 2 Clem 5,4: “Jesús le dijo a Pedro: ‘Después de que hayan muerto

las ovejas no deben temer a los lobos; y ustedes, no teman a los que los maten y no pueden hacerles más nada, sino que teman al que después de matarlos tiene el poder para arrojar al alma y al cuerpo al infierno de fuego’.”

* 2 Clem 12,2.6: “Cuando (los apóstoles) le preguntaron el Señor mismo acerca de la venida de su Reino, dijo: ‘Cuando los dos sean uno, y lo exterior como lo interior, y lo masculino con lo femenino, ni masculino ni femenino. Cuando ustedes obren así’, dice él, ‘vendrá el Reino de mi Padre’.”

El autor no es ningún representante de la cultura antigua. Los medios que utiliza son los que le ofrece el ambiente eclesiástico al que pertenece: palabras del AT, de la tradición sinóptica y de fuentes inde- pendientes nacidas en el curso de la transmisión oral.

En la historia de la investigación fueron propuestos cuatro luga- res como cuna de 2 Clem: Roma, Corintio, Siria y Egipto, sin que se haya llegado a un consenso al respecto. Los que proponen a Roma y Corintio se apoyan en la continuidad de la tradición que adjudicó a Clemente de Roma el documento anónimo, y lo consideró “segunda carta de Clemente”. A favor de Siria habla cierta tendencia “encra- tita”, de ascética abstinente presente en el texto y testimoniada en Siria. Los que prefieren a Egipto como lugar de origen señalan que la palabra apócrifa de 2 Clem 12,2 (citada más arriba), parece pertenecer al Evangelio de los Egipcios, lo cual fundamentaría la propuesta. Sin pretender solucionar el problema, nos parece que hay otro argumento que favorece a Egipto, más precisamente, a Alejandría, como lugar de origen de 2 Clem. Clemente de Alejandría es el primer autor que cita larga y exactamente la Carta de Clemente a los Corintios. No hay lugar a dudas de que el texto de 1 Clem fue conocido, leído y valorado en la comunidad de Alejandría entre el 170 y el 180. No es seguro que Orígenes haya conocido el texto que luego será transmitido como Segunda Carta de Clemente, pero Eusebio es el primer testigo cierto de su existencia. La continuidad geográfica con Alejandría es el factor constante en el proceso de tradición. Éste culmina en el siglo V con el Código Alejandrino, que transmite 2 Clem después de 1 Clem, a

continuación del Apocalipsis de Juan. De acuerdo a esta hipótesis, el texto de la homilía (2 Clem) fue custodiado en la comunidad de Alejandría, sin que tuviera mayor difusión. Recién Eusebio da cuenta de su existencia, pero debe constatar que los antiguos no lo utilizaron. Con todo, había cristianos que lo leyeron y lo consideraron tan impor- tante como para agregarlo a continuación de la Carta de Clemente Romano, adjudicándole el mismo autor; esto llevó a la numeración de ambos escritos y a la misma denominación, y entonces de un sermón resultó una carta.

La polémica en contra de los que negaban la resurrección de la carne no se explica sin adversarios gnósticos. El dato es importante para determinar la fecha de origen. Como terminus a quo no se puede ir a una fecha muy anterior al 140. La naturalidad con la que se citan palabras apócrifas del Señor, indica que el proceso de delimitación de los evangelios sinópticos no está concluido, lo cual justifica un terminus

ad quem hacia el 150.

Líneas teológicas

* En afirmaciones cristológicas el autor utiliza en forma indistinta Jesús (5,4; 14,2; 16,2; 17,5.7), Jesucristo (1,1.2; 17,6) y Cristo (2,7; 5,5; 6,7; 9,5; 14,2.3). Hay otras afirmaciones que tiene como sujeto en algunos casos a Dios, en otros a Cristo; cfr. 1,1; 10,1 y 1,8; 10,1 y 4,7 etc. * La encarnación no se refiere al Logos que se hace carne, sino al

Espíritu preexistente, pero el motivo cristológico está en función de la exhortación que se abre a una dimensión escatológica:

2 Clem 9,1-5: “1. Ninguno de ustedes diga que esta carne no será juzgada ni resucitará. 2. Reconozcan que no han sido salvados ni han llegado a la visión de la fe sino estando en esta carne. 3. Tenemos entonces que cuidar la carne como a un templo de Dios. 4. Del mismo modo que ustedes han sido llamados en la carne, así también se irán en la carne. 5. Uno es Cristo, el Señor, que nos ha salvado, que prime- ro era Espíritu y luego se hizo carne, y de este modo nos ha llamado. Así también nosotros recibiremos la recompensa en esta carne.” * La eclesiología es otro campo que sirve para fundamentar la exhor-

sugerimos como ejercicio de lectura. Como en el Pastor de Hermas, la iglesia está presentada como una realidad anterior a la creación, de carácter espiritual. El motivo de la Carta a los Efesios de la inter- pretación alegórica de la unión del hombre y la mujer aplicándola a Cristo y a la iglesia (Ef 5,25-33) está reinterpretado para incluirlo en la exhortación al cuidado de la carne que hemos visto en 2 Clem 9. * El ejercicio de la vida cristiana incluye un elemento ascético. Es dis- cutible si es que 2 Clem 12,2.6, que hemos citado antes, supone una renuncia al ejercicio de la sexualidad como condición para que llegue el Reino de Dios, pero la insistencia en la “abstinencia” (la palabra griega “enkráteia” se puede traducir también con “templanza” o “autodominio”) muestra un interés particular por el “cuidado de la carne” (14,3-5). No se trata de una exigencia, sino más bien de una recomendación.

Ejercicio de lectura

2 Clem 14,1-5: “1. De aquí, hermanos, si hacemos la voluntad de Dios, nuestro Padre, perteneceremos a la primera iglesia, la espiritual, que fue creada antes del sol y la luna. Pero si no hacemos la voluntad del Señor, perteneceremos a la Escritura cuando dice: Mi casa se ha

vuelto una cueva de ladrones. Elijamos, por ello, pertenecer a la iglesia

de la vida, para ser salvados. 2. Pienso que ustedes no ignoran de que la iglesia viviente es el cuerpo de Cristo. Pues dice la Escritura: Dios

hizo al hombre varón y mujer. El varón es Cristo, la mujer es la iglesia.

También los libros de los profetas e incluso los apóstoles dicen que la iglesia no existe recién ahora, sino desde el principio. Ella era espiritual como Jesús, y se reveló al final de los días para salvarnos. 3. La iglesia, siendo espiritual, se manifestó en la carne de Cristo y nos reveló que si uno de nosotros la custodia en la carne y no la destruye, la recibirá en el Espíritu Santo. Pues esta carne es la imagen del Espíritu. Nadie que destruya la imagen va a recibir al original. Esto quiere decir lo siguien- te: hermanos: custodien la carne, para participar del Espíritu. 4. Si decimos que la carne es la iglesia y el Espíritu es Cristo, entonces el que ofende a la carne ofende a la iglesia. Éste no participará del Espíritu, el cual es Cristo. 5. Esta carne puede participar de una vida tan grande y la inmortalidad, si es que el Espíritu Santo se le une. Nadie puede expresar ni decir lo que el Señor tiene preparado a sus elegidos.”

Para profundizar

1. Destaque los aspectos comunes que caracterizan la eclesiología y la cristología. 2. ¿Qué papel juega el Espíritu Santo en la vida del creyente? 3. Trate de descubrir los puntos de contacto entre 2 Clem 9 y 2 Clem 14. Bibliografía 10

Daniel Ruiz Bueno (Bibl. 2); Klaus Wengst (Bibl. 2); Juan J. Ayán Calvo, Clemente de Roma. Carta a los Corintios. Homilía anónima (Secunda Clementes) (FuP 4), Madrid 1994; Wilhelm Pratscher, Der zwei- te Clemensbrief (KAV 3), Göttingen 2007.