• No se han encontrado resultados

Autor, lugar y tiempo de origen

5. El Pastor de Hermas

Estructura literaria y contenido

Este peculiar y extenso escrito se presenta como una colección de reve- laciones recibidas por un cristiano romano, llamado Hermas (= Herm). Desde el punto de vista literario el texto pertenece al género “apocalípti- co”, aunque el trasfondo histórico no sea el propio de la literatura apoca- líptica. La “revelación” es el ropaje literario que sirve para la transmisión del mensaje en un derroche de escenas fantásticas que contribuyó, sin duda, a la popularidad del escrito.

El contenido del texto está distribuído en tres partes, que incluyen temas muy variados:

Las cinco Visiones (= Vis.): en las cuatro primeras visiones el personaje revelador es una mujer anciana que representa a la Iglesia. Ya la primera escena, a orillas del Tiber, anuncia el tema central de toda la obra: el pecado y las posibilidades de perdón por medio de la penitencia. En la segunda visión, la anciana le da a Hermas un peque- ño libro, que contiene un mensaje de penitencia y perdón, para que lo copie. En la tercera visión Hermas ve una torre en construcción, figura de la Iglesia, mientras que la anciana se revela en forma cada vez más juvenil. Un monstruo marino aparece en la cuarta visión. La anciana, que se ha convertido en una novia, explica su significado antes de desaparecer. La quinta visión presenta a un pastor, y con ello anuncia al nuevo personaje que actuará como revelador en las partes siguientes.

20 El códice Sinaítico contiene la primera parte del texto, y lo transmite después del NT y de

la Carta de Bernabé. El códice de Athos es el testigo más importante del texto griego, aunque falta la última de las “Comparaciones”. Hay dos traducciones latinas con el texto completo. Otras traducciones (en etíope, copto y persa) hacen ver que el texto fue muy apreciado y leído por los cristianos de los primeros siglos.

Los doce Mandatos (= Mand.): con este nombre el autor se refiere a los doce temas que contienen el núcleo de las obligaciones en la vida cristiana. Así se entiende el término “mandato”. El primer mandato se refiere a la fe en el único Dios, creador de todas las cosas, al temor de Dios y a la sobriedad. El segundo atañe a la simplicidad de corazón y al rechazo de toda forma de calumnia. El tercer mandato exhorta a amar a la verdad siendo siempre veraz. El cuarto ordena mantener la castidad, tanto en general cuanto en el matrimonio o en la viudez. En el quinto mandato se contraponen la paciencia y los arrebatos de ira. Los tres siguientes mandatos retoman en forma más amplia los tres temas del primer mandato: la fe en Dios en el sexto mandato, el temor de Dios en el séptimo, la sobriedad o abstinencia en el octavo mandato: abstenerse de todo mal y practicar el bien. Los últimos cuatro mandatos abordan temas que el autor trata también en otros pasajes de su obra: contra la duda y la doblez (noveno mandato), contra la tristeza, que es hermana de la duda y de los arrebatos de ira (décimo mandato), el dis- cernimiento del verdadero y del falso profeta (decimoprimer manda- to), los dos deseos: el bueno y el malo (decimosegundo mandato). –Es posible que el autor dependa de una fuente que contenía los cinco pri- meros mandatos, y que a esta tradición básica le haya agregado otros tres mandatos (6°, 7° y 8°) que sólo explicitan el contenido del primer mandato, y concluye la lista de mandatos con cuatro temas (9°, 10°; 11° y 12°) por los que tiene un especial interés. De este modo se explicarían las notables diferencias en la forma de presentar cada mandato. Las diez Comparaciones o Semejanzas (similitudines [= Sim.]) reúnen mate- rial heterogéneo, que tiene como denominador común la intención de concretizar el camino de la existencia cristiana en el mundo. Sólo las cinco primeras comparaciones o semejanzas desarrollan la enseñanza a partir de una imagen. El tema de la primera comparación es la vida de los cristianos en el mundo como extranjeros, porque su ciudad está muy lejos de la ciudad en la que habitan; el creyente alcanza esta dis- tancia con respecto a la “ciudad terrena”, si es que no busca el lujo de los paganos y se preocupa por socorrer a los pobres y necesitados. –La segunda comparación continúa la misma temática: la relación entre el olmo, un árbol que no da fruto, y la viña que da fruto, es la imagen que ahora se aplica a la relación entre el rico y el pobre. Aunque el olmo de por sí no da fruto, hace que la viña dé más fruto si es que extiende sus

sarmientos apoyándose en el olmo. Del mismo modo completan los pobres con su oración lo que les falta a los ricos, y estos, a su vez, pro- veen a los pobres de lo que carecen. –La tercera comparación ilumina otro aspecto de la presencia de los creyentes en el mundo. La imagen de una gran cantidad de árboles sin follaje, como si estuvieran secos, representa a la coexistencia de los justos y de los pecadores, que no se distinguen exteriormente. El tiempo presente en el mundo es para los creyentes el tiempo del invierno, en el que los árboles parecen como secos. Así se explica su semejanza con los pecadores. –La cuarta com- paración utiliza la misma imagen que la tercera comparación. También aquí hay una gran cantidad de árboles, pero algunos de ellos tienen nuevos brotes, mientras que otros parecen estar secos. Los árboles con los brotes nuevos son los justos, que gozarán del verano en el mundo venidero. Los paganos y pecadores, que están representados por los árboles secos, serán quemados en el mundo venidero. –La quinta com- paración es mucho más extensa y compleja en su estructura. El primer tema que trata es el del auténtico ayuno que es apreciado por Dios. Para hacerlo más comprensible el autor narra la historia del dueño de una viña que él confía a su esclavo. A diferencia de la historia en Mc 12,1-12, todo ocurre de acuerdo al deseo del dueño de la viña: el auténtico ayuno consiste en cumplir la voluntad de Dios, ayudar a los necesitados y abstenerse de todo mal. La misma historia es objeto de una interpretación alegórica, en la que el dueño representa a Dios, y el esclavo al Hijo de Dios. –Las tres comparaciones siguientes hacen variaciones sobre el tema central de la obra, es decir, sobre la peniten- cia. –La sexta comparación transmite una revelación, pero no narra ninguna historia con una imagen peculiar. En una visión aparecen dos pastores de aspecto muy diferente. El primero representa al ángel del placer y del engaño; el segundo representa al ángel del castigo para todos aquellos que durante su vida han buscado el placer y el engaño. –La séptima comparación continúa el mismo tema. Hermas pide que el ángel del castigo se aleje de su casa, para no ser más atormentado. La respuesta es que debe seguir sufriendo para salvar a su propia familia. –La octava comparación, que comienza con la visión de un gran sauce, del que se cortan varas que se reparten a todos los hombres, tiene una significación alegórica. Los que devuelven las varas completamente secas, son los pecadores que recibirán el castigo correspondiente. Los

que devuelven las varas verdes, pero con algunas partes secas o daña- das, son los que tienen aún un plazo de penitencia por la misericordia de Dios. –La novena comparación resume los contenidos de las partes anteriores de la obra, que comenzó con la revelación por medio de la mujer anciana, representante de la iglesia, y que ahora concluye con la revelación por medio del pastor. Subrayando la importancia de esta visión de conjunto, la extensión del texto supera en poco a todas las otras comparaciones anteriores tomadas en conjunto. Los múltiples elementos de la visión: las doce montañas de apariencia muy distinta, la roca gigantesca con una puerta de entrada, las doce vírgenes, los seis hombres de gran estatura, la construcción de la torre con piedras traí- das de un abismo, el señor de la torre, la participación de Hermas en la escena que él mismo describe en su visión, todo esto es objeto de una interpretación alegórica que une la exhortación moral con el anuncio del fin de los tiempos. Al final, el pastor revelador se presenta como el ángel de la penitencia que ofrece a los pecadores la última oportu- nidad de salvación. –La décima comparación contiene el final literario de la obra de Hermas, que ha escrito todo en un libro. Un ángel le explica a Hermas lo que tiene que hacer: anunciar a los hombres los grandes hechos del Señor, exhortar a la paciencia en el sufrimiento y a la penitencia en el tiempo en el que la construcción de la torre no está concluida, para no quedar excluidos de habitar en ella.

Autor, lugar y tiempo de origen

El dato más antiguo sobre el autor, lugar y tiempo de origen del texto está transmitido en el “Fragmento de Muratori” – el testimonio más antiguo con la lista de los libros que pertenecen al NT:

“Pero el Pastor fue escrito por Hermas en la ciudad de Roma bas- tante recientemente, en nuestros propios días, cuando su hermano Pío ocupaba la silla del obispo en la iglesia de la ciudad de Roma; por lo tanto, puede ser leído, pero no puede ser dado a la gente en la iglesia, ni ser contado entre los profetas, ya que su número es completo, ni entre los apóstoles al final de los tiempos.”

Vale la pena recordar que Orígenes atribuía la obra al Hermas citado en la carta de Pablo a los Romanos 16,14. Mientras que Orígenes trata de defender la autoridad de la obra por su origen en los tiempos apostó-

licos, el “Fragmento de Muratori” explica por qué el texto es conocido y apreciado –se permite su lectura privada–, pero no es canónico porque no es inspirado. La referencia a Pío pondría la fecha de origen entre el 140 y el 155. Los datos del “Fragmento de Muratori” son discutibles en su valor de referencia histórica. Hay que orientarse más bien siguiendo los indicios que da el texto mismo. Con respecto al autor se trata de una persona que representa el ambiente de gente sencilla, preocupada más por sus obligaciones morales que por profundos problemas teológicos, sin dejar por ello de tener una visión crítica de la realidad de la comu- nidad romana. Las frecuentes alusiones a sus problemas familiares, especialmente con sus hijos, completa la imagen del autor. Es posible que haya sido esclavo, y que luego haya obtenido la libertad. Se puede considerar como seguro de que es un cristiano de origen judío.

De que Roma sea el lugar de origen de la obra, es uno de los pocos puntos en los que la investigación coincide. Hay demasiadas alusiones a esta ciudad como para poder justificar una propuesta diferente.

Para determinar el tiempo de origen se ofrecen varios detalles impor- tantes, aunque no puedan aportar un grado de seguridad más allá de todo cuestionamiento. Indicamos dos de ellos: 1. La cristología es extremadamente sencilla, sin ningún alusión a las grandes discusiones teológicas que movieron a la comunidad de Roma después del 140 debi- do a la presencia de Marción y de Valentín; 2. no hay ningún indicio de la presencia de un obispo en Roma con una autoridad monárquica. En base a estos detalles, puede concluirse que la datación más probable es entre el 130 y el 140.

Líneas teológicas

* Toda la obra pretende dar la orientación moral necesaria para res- ponder a las exigencias de la voluntad de Dios. Cada creyente es el destinatario del mensaje, pero no se lo considera solamente bajo el aspecto individual de su responsabilidad moral, sino en el ámbi- to comunitario de la realidad eclesial; la imagen de la torre, que aparece tanto en las visiones como en las comparaciones, expresa este aspecto. La dimensión eclesial está subrayada igualmente por la mujer anciana –que es también joven–, figura de la iglesia, que revela a Hermas el mensaje de las visiones. La iglesia se revela a sí

misma, pero no lo hace en vistas a dar a conocer su misterio –como en la carta a los Efesios–, sino para mostrar al hombre el camino de la salvación.

* El nivel de reflexión teológica que se refleja en la obra es muy modes- to, sería inútil buscar en ella la profundidad del pensamiento paulino al plantear el problema de la salvación del hombre caído. En base a temas de la tradición judía –el dualismo de los espíritus que se disputan el dominio en la existencia del creyente, la responsabilidad por los pobres y necesitados, la lucha contra los malos impulsos del propio corazón etc.–, el autor desarrolla su mensaje en el lenguaje de las visiones fantásticas que revelan la verdad de Dios y del hombre, sin recurrir al lenguaje teológico usual y evitando abstracciones. Esto no quiere decir que siempre sea fácil de entender, pero el estilo expli- ca la atracción que ejerció el escrito en su tiempo.

* El tema central del “Pastor de Hermas” es el de la posibilidad de obtener el perdón de los pecados después del bautismo. El problema ya está presente en algunos textos del NT (cfr. Hebr 6,4-8; 1 Jn 5,16s), pero se agudiza en el siglo segundo. Se mantiene la conciencia de que el creyente por el bautismo obtiene el perdón de todos sus peca- dos. La cuestión es el perdón de los pecados cometidos después de este perdón fundamental. En este tiempo los creyentes intentan res- ponder a las exigencias de la fe cristiana, y así surge la convicción de que hay pecados que la comunidad no puede perdonar: la apostasía de la fe, el homicidio, el adulterio y la fornicación. Se entiende que frente a esta realidad, muchos creyentes van a optar por postergar la fecha del bautismo, sin renunciar por ello a su vida cristiana, pero sin vivirla con plenitud. –El texto que tratamos da una solución que intenta compaginar la seriedad del compromiso adquirido en el bau- tismo, con la realidad de la vida cotidiana, en la que acecha muchas veces el peligro de sucumbir a la tentación, especialmente en los dos últimos de los cuatro pecados considerados como “imperdonables”. El mensaje, presentado con la autoridad de una revelación de Dios, anuncia que no hay ningún perdón para aquellos que han pecado poco tiempo después de haber sido bautizados, sino para aquellos que han sido bautizados ya hace mucho tiempo y luego han caído en algunos de los pecados citados. En estas condiciones, el perdón

de los pecados se otorga solamente una vez, con la obligación de no volver a pecar, porque en ese caso ya no habría posibilidad de per- dón. –Tanto el problema que motiva el escrito cuanto la solución que ofrece, son importantes para entender el desarrollo de la práctica de la penitencia y el perdón de los pecados en la iglesia antigua.

* Teniendo en cuenta la riqueza del contenido cristológico de textos nacidos en Roma en las décadas anteriores, como la Primera Carta de Pedro o la Carta de Clemente a los Corintios, el “Pastor de Hermas” ofrece una cristología “subdesarrollada”. En ningún pasaje se nom- bra a Jesús o a Cristo, tampoco se usa el título de Logos. El texto más importante es la quinta comparación, que menciona repetidas veces al Hijo de Dios que aparece en el mundo con su “carne”, pero el tema de la encarnación está ausente. La relación del Hijo de Dios con el Espíritu Santo no es clara, también porque el Espíritu no está determinado del mismo modo en todos los textos. En la octava com- paración el Hijo es designado como el “glorioso Ángel del Señor” (Sim. VIII 1,2), con toda la ambigüedad semántica que comporta el título de “Ángel”. El título “Señor” no tiene referencia cristológica, sino estrictamente teológica: Dios es el Señor.

Ejercicio de lectura

Mand. IV 3,1-7: “1. Yo dije: ‘Quisiera todavía, Señor, preguntarte algo.’ ‘Habla’, me dijo. 'He escuchado, Señor,' dije yo, 'de algunos maestros, de que no hay ninguna otra penitencia más que aquella de cuando descendimos a las aguas (del bautismo) y recibimos el perdón de nuestros pecados anteriores.' Él me dijo: ‘Escuchaste correctamente. Así es. El que ha recibido el perdón de los pecados no debe pecar más, sino que debe vivir en la pureza. 3. Pero dado que preguntas en forma precisa, te explicaré estas cosas para no dar excusa a los que van a creer o a los que ya han llegado a la fe en el Señor. Para los que ya han lle- gado a la fe o van a creer no hay una penitencia por sus pecados, pero han tenido ya el perdón de sus pecados anteriores. 4. Para aquellos que han sido llamados hace mucho tiempo, el Señor les ha dado una oportunidad de penitencia. Dado que el Señor conoce los corazones y lo sabe todo de antemano, conoció también la debilidad de los hom- bres y la malicia del demonio que quiere dañar a los siervos de Dios y hacerles el mal. 5. Siendo el Señor rico en misericordia, se compadeció

de sus criaturas y ha determinado esta oportunidad de penitencia, y me ha dado el poder sobre esta penitencia. 6. Pero yo te digo, dijo él, ‘si alguien, después de este llamado grande y santo, es tentado por el demonio y peca, tiene una oportunidad de penitencia, pero si peca a continuación y se arrepiente, esto no le sirve para nada a este hombre. Difícilmente vivirá.’ 7. Yo le dije: ‘Estas cosas que he escuchado de ti en forma tan precisa me han vivificado, pues ahora sé que si no vuelvo a pecar seré salvado.’ ‘Serás salvado’, dijo él, ‘y todos aquellos que obran de este modo’.”

Para profundizar

1. ¿Cuáles son las condiciones para que puedan ser perdonados los pecados cometidos después del bautismo? 2. El mensaje del “Pastor de Hermas” sobre la penitencia ¿tiene una justificación teológica? 3. ¿Qué relación guarda el texto citado con Hebr 6,4-8 y 1 Jn 5,16s?

Bibliografía 7

Daniel Ruiz Bueno (Bibl. 2); Robert Joly, Hermas le Pasteur. Introduction, texte critique, traduction et notes (SC 53), Paris 21968;

Norbert Brox, Der Hirt des Hermas (KAV 7), Göttingen 1991; Juan J. Ayán Calvo, El pastor de Hermas. Introducción, traducción y notas (FuP 6), Madrid 1995; Martin Leutzsch (Bibl. 2).