Autor, lugar y tiempo de origen
6. Los fragmentos de Papías
Estructura literaria y contenido
“Explicación de las palabras del Señor, en cinco libros”, es el título de la única obra que se conoce de Papías de Hierápolis. Lamentablemente ha quedado tan poco de ella que debemos reconocer que en el estado actual de las fuentes sobre las que se basa la investigación científica, es imposible determinar con exactitud el número, el contenido y el orden original de los fragmentos.
21 La obra de Papías de Hierápolis se ha perdido y lo que queda son fragmentos transmitidos
por otros autores. No existe ninguna tradición manuscrita propia, sino que en cada texto hay que referirse a los autores que lo citan.
Los tres puntos sobre los que la información necesaria es insufi- ciente, están íntimamente relacionados entre sí. En las doce ediciones de los fragmentos que se han sucedido a partir de la edición de M. J. Routh en 1846 (Oxford) hasta la última edición presentada en 2005 por E. Norelli (Milán), el número de fragmentos oscila entre nueve (en la edición de la patrología de Migne en 1894) y veintiséis (en la edición de Norelli).22 El motivo de la disparidad apreciable en la determina-
ción del número de fragmentos se debe a que algunos autores citan solamente a textos que se transmiten como pertenecientes a la obra de Papías, mientras que otros agregan a estos textos también datos bio- gráficos sobre Papías y sobre su obra. El problema es que la distinción entre los dos tipos de textos no siempre es posible. Se entiende así que las ediciones publicadas en los últimos años se inclinen a ofrecer el material tradicional en la forma más completa: La edición de U. J. H. Körtner (1983/1998) contiene veintidós fragmentos, la de R. M. Hübner/J. Kürzinger (1983) reúne veinticinco, y la de Norelli (2005) ofrece veintiséis fragmentos.
Con respecto al contenido de los fragmentos la inseguridad surge del hecho de que no es posible verificar la fidelidad de los textos cita- dos con respecto a su original. En algunos no se está de acuerdo ni siquiera sobre la pertenencia de un texto determinado a los fragmentos de Papías, ya como cita de su obra o como referencia a su persona.
Sobre la obra misma de Papías no existe ninguna otra información fuera de estos fragmentos con todos sus problemas. Con estos presu- puestos se entiende que no es posible reconstruir el orden original de los textos. No hay ningún criterio orientador para hacerlo. Las últi- mas ediciones de los fragmentos renuncian al intento, y los numeran siguiendo el orden cronológico de las fuentes que los transmiten. El primer fragmento está contenido en un texto de Ireneo de Lión (Adv. Haer. V,33,3s), los siguientes están transmitido en la obra de Eusebio, hasta llegar a autores representantes de la literatura bizantina (Focio de Constantinopla).
22 En la cita de los fragmentos seguimos el orden sugerido por Norelli, que ha escrito el primer
Algo acerca del carácter de la obra se puede recabar de lo que Papías escribe en el prólogo a su obra, de acuerdo al testimonio de Eusebio (Hist. Ecl. III,39,3s):
“No vacilaré en presentarte, junto con las interpretaciones, todo lo que he aprendido y recordado de los presbíteros, garantizando así su verdad. No me alegré, como hacen muchos, sobre aquellos que hablan mucho, sino sobre aquellos que enseñan la verdad; ni sobre aquellos que enseñan mandatos extraños, sino sobre aquellos que presentan los mandatos dados por la fe en el Señor y que provienen de su verdad. Si alguno venía que había seguido a los presbíteros, yo preguntaba sobre las enseñanzas de los presbíteros: Sobre lo que habían dicho Andrés o Pedro, o Felipe, Tomás, Santiago, Juan o Mateo o algún otro de los discípulos del Señor, o lo que dijeron Aristión y el presbítero Juan, discípulos del Señor. Pues yo no pensaba que las cosas escritas en los libros me serían tan útiles como las cosas provenientes de una voz viva y permanente.”
Aceptando que las palabras transmitidas por Eusebio corresponden realmente al prólogo de la obra de Papías, se deduce de ellas que el autor no quiere hacer una exégesis de las palabras del Señor como nos han sido transmitidas en los evangelios, sino que su intención es pre- sentar un caudal tradicional basado en las palabras de los presbíteros y sus interpretaciones, a las que él adjudica una veracidad fundamental.
Motivo
El texto del prólogo a la “Explicación de las palabras del Señor” que acabamos de citar, deja ver dos aspectos que pueden haber motivado el escrito: 1. El autor expresa una intención polémica contra dos grupos que, lamentablemente, no están determinanados con claridad. Uno es el que “habla mucho”, y que ha tenido éxito con sus palabras, porque hay “muchos que se alegran” por ello. El otro grupo enseña “manda- tos extraños”, que se apartan de la verdad contenida en la tradición. El rasgo común a ambos grupos es que el instrumento de su acción es la palabra, y que se desempeñan como maestros o predicadores en las comunidades cristianas. Lo que no queda claro es el contenido de su mensaje que merece el rechazo del autor. Los diversos intentos de precisar el objeto de la polémica –influencia gnóstica, paulinismo
tergiversado, escritos deuteropaulinos– no llegan a tener más que un valor conjetural. 2. El segundo aspecto es subrayar la importancia de los presbíteros en la transmisión de la verdad de la fe. El autor mismo se presenta como alguien que ha sido discípulo de los presbíteros, de los que ha aprendido las enseñanzas que ahora transmite. En esta tarea no se encuentra solo; Papías conoce a otros que también han tenido contacto con estos presbíteros, y de ellos busca más información sobre su enseñanza. Estos presbíteros actúan de intermediarios con los dis- cípulos del Señor, a quienes alguna vez escucharon, y así aseguran la continuidad con la verdad de los orígenes. La autoridad de sus pala- bras se fundamenta en el contacto con estos personajes del pasado, y se reconoce por el título que los designa: son los “presbíteros”, los ancia- nos que custodian el depósito de la fe y velan por su verdad. Papías conoce también la tradición cristiana conservada por escrito en algu- nos libros –los evangelios y las cartas–, pero confía más en la tradición oral que permite escuchar “una voz viva y permanente”. El presente eclesial que vive es el de la fijación por escrito de las tradiciones más antiguas, pero junto a este proceso se mantiene una vigorosa tradición oral que contiene también la interpretación del mensaje transmitido. Así entiende Papías su obra, que incluye también las interpretaciones de las palabras del Señor y de la tradición del presbítero Juan hechas por Aristión (Eusebio, Hist. Ecl. III,39,14). La continuidad con la doc- trina de los primeros testigos de la fe es de importancia decisiva en la polémica del autor contra los cristianos que enseñan “mandatos extra- ños”, en cuanto que recurre a un argumento clásico en la controversia sobre la verdad de la fe: la verdad es siempre la verdad de los orígenes. Los disidentes o “herejes” deforman la verdad original y presentan algo nuevo, pero distorsionado.
Autor, lugar y tiempo de origen
Eusebio es el primero que transmite la tradición que nombra a Papías como obispo de Hierápolis (Hist. Ecl. III,36,2).
El dato geográfico es significativo y explica la relación de Papías con los presbíteros. La ciudad de Hierápolis dista unos 200 kilómetros del mar Mediterráneo, y se encuentra en la ruta comercial que une a Éfeso y Mileto con la región interior, en el valle del río Lico, a unos 10
kilómetros al norte de Laodicea y unos 20 kilómetros al noroeste de Colosas. Pablo y sus colaboradores anunciaron el evangelio en esta región (cfr. Col 4,13). La carta a los Colosenses polemiza contra un grupo cristiano que se distingue por su “filosofía” (cfr. Col 2,8). La carta que el vidente Juan envía a la comunidad de Laodicea (Ap 3,14- 22) deja ver tensiones y acusaciones serias, que reflejan los conflictos existentes en la misma región algunos decenios más tarde.
En este ambiente caracterizado por la existencia de comunidades cristianas desde la segunda mitad del siglo primero, hay que ubicar a Papías de Hierápolis. Es poco probable que haya ejercido el ministe- rio episcopal –así lo nombra Eusebio– en el sentido que éste va a ser entendido años más tarde.23 Es mejor ubicarlo entre los presbíteros a
los que él mismo alude.
Los datos límites para ubicar cronológicamente a la obra de Papías son los años 70 y 80 como terminus a quo, que es el tiempo de origen de los evangelios de Marcos y de Mateo a los que el autor se refiere en el Fr. 5 (= Eusebio, Hist. Ecl. III,39,15.16), y el 180 como terminus ad quem, que es el año de composición de la obra de Ireneo contra las herejías, que cita al escrito de Papías. Si la tradición contenida en el Fr. 10 es auténtica, acerca de que los muertos resucitados por Cristo estaban aún vivos en el tiempo del reinado de Adriano (117-138), habría que ubicar en este período la fecha de origen de la obra de Papías. El valor histórico del dato no se puede verificar, pero más allá de esta incerti- dumbre el contenido de los fragmentos concuerda más bien con este período que con una datación más temprana o más tardía.
Líneas teológicas
* Uno de los rasgos más destacados del pensamiento de Papías es la defensa del “milenarismo” o “quiliasmo”, es decir, de la doctrina de que al fin de los tiempos habrá un período de mil años en el que el Resucitado reinará en la tierra con los suyos. La idea está basada en el Apc 20,4-6. En el lado opuesto está Eusebio, representante de la
23 Ireneo considera a Papías como oyente de Juan (¿el apóstol?), y compañero de Policarpo
(Adv. Haer. V,33,4). Eusebio cita lo que Papías afirma en la introducción a su obra: a saber de que no había escuchado ni visto a los apóstoles (Hist. Ecl. III,39,2).
misma tradición teológica de Orígenes, que negaba enfáticamente una concepción tan materialista de la resurrección de los muertos. Su crítica a la persona de Papías es abierta:
Hist. Ecl. III,39,11: “Él mismo (Papías) agrega otras cosas como que le habían llegado de una tradición no escrita, algunas parábolas extra- ñas y enseñanzas del Salvador y algunas otras cosas más fabulosas. 12. Entre estas cosas dice que habrá un tiempo de mil años después de la resurrección de los muertos, cuando el reinado de Cristo se haya instaurado corporalmente sobre esta tierra. Creo que él ha asumido estas cosas transmitidas por las narraciones de los apósto- les, pero no ha entendido lo que en ellas estaba dicho en símbolos, de forma misteriosa. 13. Parece pues que él era muy limitado en su mente, como se puede decir basándose en sus propias palabras. Con todo, ha sido la causa de que la mayor parte de los autores eclesiásti- cos que lo han sucedido, apoyándose en la antigüedad de este hom- bre, hayan adoptado su misma opinión, como es evidente en Ireneo y en los otros que piensan del mismo modo.”
* El milenarismo defiende una escatología “concreta”, que rechaza una espiritualización radical del contenido de la esperanza, y no se contenta con un “cuerpo espiritual” como dice Pablo en 1 Cor 15,44. Después de Papías, será Justino el que dará un claro testimonio a favor de esta concepción (cfr. Dial 80,2-5), aunque ella no se integre en su comprensión de la realidad en el fin de los tiempos. Ireneo de Lión defiende con toda energía la esperanza milenarista (cfr. Adv. Haer. V 31-36). Quizá desde aquí sea posible entender el interés de Papías por el milenarismo: se trata de los comienzos de la controver- sia contra la imagen gnóstica del hombre, que condena toda partici- pación de la materia en su configuración definitiva.
* Eusebio critica a Papías por haber asumido material extraño a la tra- dición cristiana, o sea, por no tener criterio en la recepción del mate- rial contenido en la tradición oral, al no medir su valor teológico. El contenido de algunos fragmentos justifica la crítica de Eusebio: las hijas del apóstol Felipe vivieron junto con su padre en Hierápolis; el milagro de Justo Barsabás (cfr. Hech 1,23), que tomó veneno y no le hizo daño (Fr. 5 = Eusebio, Hist. Ecl. III,39,9); la muerte desastrosa de Judas Iscariote (Fr. 6). – Para calibrar el peso de la crítica de Eusebio
hay que tener en cuenta que en su tiempo, comienzos del siglo cuarto, el proceso de formación del canon del NT estaba llegando a su conclusión, y que la línea de separación con el resto de la litera- tura cristiana era mucho más nítida de lo que fuera en el tiempo de Papías. Éste último representa simplemente una etapa anterior en la evolución de la literatura cristiana, en la que el recurso a los presbí- teros era el criterio de la verdad de la tradición, y no la canonicidad de los textos que la transmitían.
Ejercicio de lectura
Fr. 5 (= Eusebio, Hist. Ecl. III,39,15-17): “’El presbítero decía tam- bién esto: Marcos, que era el intérprete de Pedro, escribió exactamente todo lo que se acordaba de las cosas dichas y hechas por el Señor, pero no en forma ordenada. Él no había escuchado al Señor ni lo había seguido, sino después, como ya dije, a Pedro, el que, según las exigencias impartía sus enseñanzas, pero sin hacer una composición ordenada de las palabras del Señor, de modo que Marcos no cometió ningún error cuando escribió algunas cosas tal como las recordaba. Su única preocupación era la de no dejar de lado nada de lo que había escuchado ni falsear algo.’ 16. Esto es lo que Papías informa sobre Marcos. Acerca de Mateo dice lo siguiente: ‘Mateo redactó en dialecto hebreo los dichos (del Señor), y cada uno los interpretó de acuerdo a su capacidad’.”
Para profundizar
1. ¿Puede deducirse de las palabras de Papías de que había tenido contacto directo con los evangelios de Marcos y de Mateo? 2. ¿Qué relación tiene la información que transmite Papías sobre el evangelio de Mateo con la hipótesis de una versión aramea del evangelio? 3. ¿Qué idea subyace a la tradición de que Marcos fue “intérprete” de Pedro? Bibliografía 8
Daniel Ruiz Bueno (Bibl. 2); Ulrich H. J. Körtner (Bibl. 2); Enrico Norelli, Papia di Hierápolis. Esposizione degli oracoli del Signore. I Frammenti. Introduzione, texto, traduzione e note (Letture cristiane del primo millennio 36), Milán 2005.