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CASA Y MOBILIARIO 149 denom in ados cubicula diurna El resto eran llam ados

indistintam ente cubicula nocturna o dorm itoria y esta­ ban situ ados en la m edida de lo posible en la zon a oes­ te del patio p ara recibir el sol de la m añana. Se debe re­ cordar que, finalm ente, en las m ejores casas se prefería colocar los dorm itorios en el segundo piso del peristy­ lum (§197).

§206. U na biblioteca (bibliotheca) tenía su lugar en la casa de cualquier rom ano cultivado. Las colecciones de libros eran grandes y abundantes y, entonces como ahora, eran atesoradas incluso por personas a quienes no les interesaba en absoluto su contenido. Los libros o rollos, que se describirán después, se guardaban en cajas o vitrinas en las paredes. En una biblioteca descubierta en H erculano se encontró una caja rectangular m ás en el centro de la habitación. Era habitual decorar la habita­ ción con estatuas de M inerva y las M usas, y tam bién con los bustos y retratos de distinguidos hom bres de letras. Vitruvio recom ienda una ubicación de la biblioteca m i­ rando hacia el este, posiblem ente para protegerla de la hum edad.

§207. Adem ás de estas habitaciones, que se han en­ contrado en todas las casas im portantes, había otras de m enor im portancia, algunas tan raras que apenas cono­ cemos su uso.

1. El sacrariu m era una capilla p riv ad a d o n d e se guardaban las imágenes de los dioses, se realizaban los ritos del culto y se ofrecían los sacrificios. 2. Los oeci eran salas o salones, correspondientes qui­

zá a nuestras salas para conversar o pintar y tal vez utilizadas ocasionalm ente como salones p a ra ban­ quetes.

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3. Las exedrae eran dependencias con asientos p e r­ m anentes; parece que se utilizaban para lecturas y otras diversiones.

4. El solarium era un lugar para tom ar el sol, a veces una terraza, a m enudo la parte llana del tejado, que era después cubierta con tierra y dispuesta com o un jardín y embellecida con flores y arbustos. 5. Tam bién había fregaderos, despensas y almacenes. 6 . Los esclavos debían tener sus h abitáculos (cellae

servorum), donde éstos se h acinaban tan ju n tos com o era posible.

7. Las bo d egas b ajo las casas eran poco frecuentes, aunque se han encontrado algunas en Pom peya. §208. L a C asa de Pansa. Para terminar, se puede h a­ cer la descripción de una casa que existió realmente, to ­ m ando com o ilustración una que debe de haber perte­ necido a un hom bre rico e influyente, la llam ada C asa de Pansa en Pom peya. La casa o cu p ab a u n a m an zan a com pleta; estaba orientada hacia el sudeste. La m ayor parte de estancias de delante y de los lados estaban al-

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Plano de la Casa de Pansa, en Pompeya.

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quiladas para tiendas, alm acenes o apartam entos; en la parte posterior había un jardín. En gris aparecen las ha­ bitaciones que no pertenecían propiam ente a la casa.

El vestibulum, con el núm ero 1, es un espacio abierto entre dos tiendas (§§193-194). Detrás está el ostium, con el 1’, con la figura de un perro en un m osaico (§195), abierto hacia el atrio con el núm ero 2. El atrium tenía tres habitaciones a cada lado, las alae con el 2’ en su lugar habitual, el impluvium con el 3 en m edio, el tablinum con el 4 enfrente del ostium y el pasillo en la zona este con el 5. El atrium es de estilo Tuscanicum (§196) y está pavi­ m entado con cemento; el tablinum y el pasillo tienen un m osaico de flores.

Desde éstos, unos p asos conducían al peristylum (7), que está a m enor altura que el atrium, mide 32 por 17 me­ tros y está rodeado por una columnata de 16 columnas en total. Hay dos habitaciones a los lados del atrium. U na de ellas, la 6, es llamada la bibliotheca (§206), por haberse en­ contrado allí un manuscrito, pero su uso no es seguro; la otra, la 6’, posiblemente sea un comedor. El peristylum tie­ ne dos proyecciones, 7’, parecidas a las alae, que se han lla­ m ado las exedrae (§207). Se debe apreciar que la derecha tiene la com odidad de una salida (§202) a la calle. Las ha­ bitaciones que dan al oeste y la pequeña orientada al este no tienen un nom bre claro. La gran sala hacia el este, mar­ cada con la T, es el comedor principal (§204); los restos de triclinios para comer están marcados en el plano. La coci­ na está en la esquina noroeste, m arcada con el 13, con el establo adosado a su lado en el 14 (§203). Fuera de la coci­ na, en el 15, hay una zona pavimentada con una puerta que da a la calle por donde podía entrar un carro.

Al este de la cocina hay un pasillo estrecho (10) que conecta el peristylum con el jardín (§202). A la derecha

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de éste, en el 9, hay dos habitaciones, la m ayor de las cuales es un a de las habitaciones m ás espectaculares, de 11 por 8 m etros de extensión, con u n a ventana grande protegida por una balau strada baja y abierta al jardín. Posiblemente fuera un oecus (§207).

En el centro del peristylum hay una pila de m edio m e­ tro de profundidad, decorada en los bordes con figuras de plantas acuáticas y peces. A lo largo de to da la zona norte de la casa corría una am plia zona de p aso (16), que m iraba al jardín ( 11), donde había una especie de casa de verano (12). En la casa había un piso superior, pero las escaleras que llevaban allí están situadas en h a­ bitaciones alquiladas, lo que sugiere que la planta supe­ rior no estaba ocupada por la fam ilia de Pansa.

§209. De las habitaciones que dan a la calle se ha de señalar que una, m arcada con líneas diagonales, estaba conectada con el atrium ; probablem ente era utilizada para algún negocio dirigido por el propio Pansa (§193), posiblem ente a través de un esclavo (§144) o un liberto (§175) encargado directamente de él. De las dem ás, las dependencias en el lado este (A, B) parecen haber sido alquiladas com o apartam entos. El resto eran tiendas y alm acenes. Las cuatro dependencias co n ectadas en el oeste cerca de la fachada parece que fueron una gran p a ­ nadería; la sala m arcada com o C era una tienda con una habitación grande que se abría hacia fu era y contenía tres m olinos (§418), una pila para hacer la m asa, un gri­ fo de agua con fregadero y un horno en una zona aparte. El uso del resto no está claro.

§210. Las paredes. El material utilizado para las p a ­ redes (parietes) variaba con el tiem po, el lugar y el coste de transporte. El prim er m aterial utilizado en Italia era la piedra y los ladrillos sin cocer (lateres crudi), com o en

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casi todas partes, m ientras que la m adera sólo se em plea­ ba en estructuras tem porales, com o el añadido (§190) de donde se desarrolló quizá el tablinum.

D esde tiem pos antiguos en casas privadas y en todas las épocas en edificios públicos se levantaban de form a regular paredes de piedra pulida (opus quadratum ), ju s­ to com o en tiem pos m odernos. Al ser la tufa, la piedra volcánica fácil de conseguir en el Lacio, apagada y poco atractiva p o r su color, sobre la pared se extendía para decorarla un vistoso recubrim iento de estuco de m ár­ m ol que con fería un acab ad o de deslum bran te color blanco.

Para casas con m enos pretensiones, no para edificios públicos, se hizo un uso abundante de ladrillos secados al sol (el adobe de nuestras haciendas del sudoeste), has­ ta com ienzos del siglo i a,C. Tam bién éstas se cubrían con estuco, p o r decoración y p ara protegerlos de la in­ temperie, pero incluso el resistente estuco no ha preser­ vado las paredes de este m aterial perecedero hasta nues­ tros días.

En época clásica apareció un nuevo m aterial, m ejor que el ladrillo o la piedra, m ás barato, m ás duradero, m ás fácil de trabajar y de transportar, em pleado casi en exclusiva p ara casas privadas y, a nivel general, p ara edi­ ficios públicos. Las paredes construidas a la nueva m a­ nera (opus caementicium) se denom inan con variantes «obras con cascotes» o «cem ento» en nuestros libros de referencia, pero n in gú n térm in o es suficientem ente exacto; el opus caementicium n o se tendía en tiradas, com o nuestra obra con cascotes, m ientras que p o r otra parte se utilizaban piedras algo m ayores que en el ce­ mento con el que se construyen las paredes de edificios hoy día.

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§211. Paries caementicius. Los materiales de la paries caementicius dependían del lugar. En R om a se utilizaba barro y cenizas volcánicas (lapis Puteolanus) con piedras como m ínim o del tam año del puño. A veces, en vez de piedra se usaban fragm entos de ladrillos y arena (§146) en lugar de la ceniza volcánica; los tiestos fragmentados en pequeños trozos eran m ejores que la arena. Cuanto m ás dura era la piedra, m ejor resultaba el cemento; el m ejor cemento se elaboraba con fragmentos de lava, el material con el que generalmente se pavimentaban las carreteras. El m étodo em pleado por los rom anos para levantar las paredes de cemento era el m ism o que el de tiem pos ac­ tuales, y se entenderá fácilm ente exam inando la figura supra. Primero a intervalos de un m etro a am bos lados de la futura pared se fijaban postes verticales de 13-15 centí­ metros de grosor y 3-4 metros de altura. Fuera de éstos se clavaban horizontalm ente tablas de 25-30 centím etros de anchura. En el espacio interm edio se vertía el cemen-

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to sem ilíquido, que recibía la form a de los postes y las tablas. Cuando el cemento se había endurecido, el arm a­ zón se q uitaba y levantaba; así seguía el trabajo hasta que la pared alcanzaba la altura requerida. El grosor de las paredes así levantadas podía ir desde los 18 centím e­ tros en un tabique de una casa norm al hasta los cinco m etros en los m uros del Panteón de Agripa. D uraban m ucho m ás que las paredes de piedra, que podían ser derruidas piedra por piedra con un poco m ás de trabajo del requerido para ponerlas juntas; la pared de cemento era un solo bloque de piedra en toda su extensión, y se podían cortar bloques grandes sin reducir lo m ás m íni­ m o la fortaleza y resistencia del resto.

§212. A pariencia externa de las paredes. Aunque es­ tas paredes eran im perm eables para el m al tiem po, so­ lían ser recubiertas con piedra o con ladrillos cocidos en el horno (lateres cocti). La piedra utilizada solía ser la tufa blanda, que no estaba tan bien adaptada p ara resis­ tir al aire libre com o el cemento.

A. La variante m ás antigua consistía en coger troci- tos de piedra con una cara lisa pero sin un tam añ o o form a regular y colocarlos con su cara m ás lisa contra el arm azón, en cuanto se vertía el cemento; cuando se qui­ taba el arm azón, la pared se m ostraba com o en la figura A de la página 156. Esa pared se llam aba opus incertum.

B. M ás adelante se utilizaron pequeños bloques de tufa con una cara lisa y una figura uniform e. U na pared con este aspecto exterior parecía como si estuviera cu­ bierta por una red, y recibía por ello el nom bre de opus reticulatum.

C. En cualquier caso, la cara exterior de la pared so­ lía recubrirse de una piedra caliza fina o con estuco de m árm ol, lo que le confería un acabado duro, suave y

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Apariencia externa de las paredes.

blanco. Los lad rillo s co ci­ dos tenían una form a trian­ gular, pero su disposición y ap arien cia se p u ed en en ­ tender con m ás facilidad a p artir de la ilu stració n . D ebe señalarse que ningu­ na pared estaba hecha con lateres cocti solam ente; in ­ cluso los tabiques finos te­ nían una capa de cemento. §213. Su elos y techos. En las casas m ás m odestas el suelo (solum) de la plan ­ ta b a ja se fo rm a b a su a v i­ zando la tierra entre las p a­ redes, cubriéndolo con una gruesa capa de pequeños trozos de piedra, ladrillos, tejas y tiestos y allanándolo todo y pisándolo con fuerza con un objeto p esado (fistuca). Este suelo se denom in aba pavimentum, pero la palabra llegó a usarse gradualm en­

te para suelos de todo tipo.

En casas de m ejor clase el suelo se hacía con piezas de piedra que se ajustaban unas a otras. Las casas m ás lu jo­ sas tenían suelos de cemento hechos com o se ha descri­ to. El suelo de los pisos superiores a veces se hacía de m adera, pero tam bién se usaba aquí el cemento, vertido sobre una base tem poral de m adera. Ese suelo era m uy p esad o y requ ería sólidas paredes p ara so p o rtarlo ; se han conservado suelos de 45 centím etros de g rosor y seis m etros de largo. Un suelo de este tipo form aba un techo perfecto para el piso inferior, que sólo necesitaba un acabado de estuco. O tros techos se hacían com o aho­

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ra: se clavaban listones sobre las vigas y se recubrían con m ortero y estuco.

§214. Tejados. La construcción de los tejados (tecta) se diferenciaba m uy poco del m étodo m oderno. Los te­ jados variaban tanto com o los nuestros en form a; algu­ nos eran planos, otros a dos aguas, y otros bajaban en cuatro vertientes. En los tiem pos m ás antiguos se cubría con una capa de paja, com o en la llam ada cabaña de R ó­ m ulo (casa Romuli) sobre el Palatino, conservada inclu­ so en época im perial com o una reliquia del pasado. So­ bre la p aja se colocaban guijarros, com o base p a ra las tejas.

Al principio eran planas, pero después m ostraban un reborde a cada lado de m anera que la parte inferior de una se encajara en la superior de la que quedaba debajo en el tejado. Las tejas (tegulae) eran colocadas u n a junto a otra y los rebordes se cubrían con otras tejas llam adas imbrices, invertidas sobre ellas. H abía canalones a lo lar­ go del alero que conducían el agua hasta cisternas, si se necesitaba pa ra uso doméstico.

§215. Las puertas. La puerta rom ana, com o la nues­ tra, tenía cuatro partes: el um bral (limen), las d o s jam ­ bas (postes) y el dintel (limen superum). El dintel siem ­ pre era de una sola pieza de piedra y bastante aparatoso. Las puertas eran exactam ente iguales a las de tiem pos m odernos, excepto en el tem a de las bisagras, ya que, aunque los rom anos tenían bisagras com o las nuestras, no las utilizaban en sus puertas. El soporte de la puerta era en realidad un cilindro de m adera maciza, algo más largo que la puerta y con un diám etro algo m ayor que el grosor de la puerta, que term inaba con unos pivotes en la parte superior e inferior. Estos pivotes encajaban en dos agujeros arriba en el dintel y abajo en el um bral. La

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puerta se ajustaba a este cilindro, para que el peso com ­ binado de la puerta y el cilindro recayera sobre el pivote de abajo. Las com edias rom anas están llenas de referen­ cias al chirrido de las puertas de las casas.

§216. La puerta exterior se llam aba propiam ente ia- nua, y la interior ostium, pero am bas palabras acabaron por usarse indiscrim inadam ente, y la segunda incluso se aplicaba a to d a la entrada (§195). Las pu ertas dobles se llam aban fores; la pu erta trasera que dab a al jardín (§208) o al peristylum por detrás o desde una calle late­ ral se lla m a b a posticum . L as p u e rta s se ab rían h acia adentro, y las que daban acceso al exterior estaban p ro ­ vistas de cerrojos (pessuli) o barras (serae). N o eran des­ conocidos los cierres y llaves con los que las puertas p o ­ dían cerrarse, pero eran m u y pesad os y toscos. E n el interior de las casas privadas las puertas eran m enos fre­ cuentes que ahora, ya que los rom anos preferían separa­ ciones m ás livianas, parecidas a nuestras cortinas (vela, aulaea).

§217. Las ventanas. En las habitaciones principales de una casa privada las ventanas (fenestrae) se abrían ha­ cia el peristylum, com o se ha visto, y se puede establecer com o norm a que en las casas privadas las habitaciones situadas en el piso superior y utilizadas para propósitos dom ésticos no solían tener ventanas abiertas a la calle. En los pisos superiores había ventanas exteriores en las dependencias que no tuvieran salida hacia el peristylum, com o los que estaban encim a de las habitaciones alqui­ ladas en la casa de Pansa (§208) y en las insulae (§232) en general.

Las casas de cam po podían tener ventanas hacia el ex­ terior en el prim er piso. Algunas ventanas estaban p ro ­ vistas de cierres exteriores, hechos para ser deslizados de

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