Sin pretender ser exhaustivo, puede establecerse una lista de los déficit y dolencias más frecuentes al progresar la edad, especialmente a partir de los 80 años.
A causa de problemas cardiorrespiratorios, alteración de los nervios periféricos (neuropatía) o problemas circulatorios en extremidades inferiores.
Se inicia con cansancio fácil que a menudo se interpreta como pereza para moverse, andar o hacer ejercicio físico.
Sedentarismo
A menudo asociado a la obesidad o a problemas en los pies: artrosis, juanetes, verrugas plantares, que en parte pueden resolverse con atención podológica. La depresión también lo favorece, quien está triste tiende a moverse poco.
Dolor osteoarticular
Especialmente en pies, manos y columna vertebral donde puede producir deformidades que empeoran la deambulación, ya sea por el dolor o en algunos casos por estrechamiento del canal medular, con las subsiguientes dificultades y dolores en las piernas. Lentitud motora, inestabilidad al andar Que frecuentemente causan caídas por desequilibrio, y pueden ser consecuencia de trastornos cerebrovasculares o del inicio de una enfermedad de Parkinson. Temblor En general senil o familiar, pero en ocasiones a consecuencia de una enfermedad de Parkinson. Baja presión arterial a los cambios posturales
También llamado ortostatismo, sea por hipotensión arterial originaria o por reacción a la medicación hipotensora. En ocasiones también puede originarse vértigo a los cambios de postura o incluso visión doble (diplopia).
Diplopia
Visión borrosa o doble a causa de alteración en las arterias cerebrales o por problemas oculares.
Pérdida auditiva y acúfenos
O percepción de ruido parecido a las olas del mar o a una cascada de agua, continuo o siguiendo la pulsación cardiaca, como consecuencia de otosclerosis (mala transmisión de sonido por degeneración del aparato auditivo) o por resonancia del flujo sanguíneo en las arterias que con los años han perdido elasticidad tornándose rígidas, silbando como si fueran tubos de órgano.
Malnutrición-deshidratación
Especialmente en las personas de mayor edad y con problemas cognitivos que se olvidan de comer o de beber líquido, o se alimentan de forma insuficiente, lo que genera déficit en proteínas y vitaminas, especialmente de la vitamina B.
Confusión-somnolencia
A consecuencia de mala función cardiorrespiratoria y/o de insuficiente aporte de oxígeno al cerebro (hipoxia) o al exceso de fármacos sedantes.
Disminución de capacidades cognitivas
Como se comentó antes, en especial por pérdida de memoria o de la orientación en tiempo y espacio. En algunos casos la pérdida de memoria puede atribuirse a la ansiedad o depresión, que alteran la capacidad para la atención. Si progresa esta disminución se entra en una enfermedad demenciante.
Trastorno visual
A consecuencia de cataratas, glaucoma (aumento de la presión intraocular), degeneración de la retina, en especial cuando la persona sufre diabetes o hipertensión arterial. Insuficiencia urinaria Debido a una alteración de los músculos que controlan el cierre y la apertura de la vejiga, de infecciones urinarias y en el varón por problemas en la próstata. Insomnio Como trastorno secundario a la reducción natural del tiempo de sueño nocturno y a la alteración del ritmo sueño-vigilia como consecuencia de pérdida de la atención-interés con excesivas siestas diurnas, falta de ejercicio físico e, incluso, por ansiedad o depresión ansiosa.
Mareos
En general se trata de una ambigua percepción de inestabilidad e inseguridad que acostumbro a denominar síndrome IN-IN. Puede ya observarse tanto en la juventud como en la edad adulta. No son vértigos en sentido estricto, con percepción rotatoria, sino que es una sensación de equilibrio precario que puede producir una caída, lo cual raramente sucede.
En la juventud y en la edad mediana puede ser consecuencia de cansancio, depresión, hipotensión arterial o de haber dormido mal. En la senectud la calificación es más difícil y puede ser producto de una alteración de la sensibilidad en las extremidades inferiores, del trastorno en los distintos mecanismos neurales que intervienen en el equilibrio más o menos asociado a una alteración del oído, o a causa de la lentitud en la adecuación de los mecanismos reguladores de la presión arterial al cambiar de posición. Se produce con mayor frecuencia en las personas que sufrieron un infarto cardiaco o en las que ingieren más de cinco fármacos distintos al día, y en muchas otras ocasiones se asocia a ansiedad o a depresión. Lo cierto es que en estudios amplios sobre ancianos, de acuerdo con Tinetti, se puede constatar que: 1. El 24% de las personas sufren mareo ocasional desde hace varios años. 2. El 56% sufren mareo frecuente. 3. El 74% presentan mareo postural.
Con todo ello queda claro que el mareo es uno de los problemas más frecuentes y más difíciles de resolver en los ancianos. No será grave, pero es muy inconveniente.
Efectos medicamentosos
Es frecuente el descontrol y consumo abusivo de medicamentos así como la acumulación de nuevos tratamientos sobre los antiguos, que trae como consecuencia la inapetencia, somnolencia, alteraciones de la presión arterial y otros.
En general, todos estos trastornos pueden paliarse con una vida ordenada, alimentación correcta, ejercicio físico moderado y mantenimiento de esferas de interés, aunque para orientar mejor el problema es aconsejable la consulta al médico. De todas formas cabe comprender que las alteraciones mencionadas son trastornos crónicos que acompañan al individuo hasta el fin de sus días, por lo que es bueno intentar compensarlos lo mejor posible, pero también adaptarse a ellos a fin de que no nos mortifiquen convirtiéndose en el eje de nuestra vida. Algunas enfermedades cerebrales son especialmente discapacitantes y aumenta su frecuencia con la edad. La enfermedad de Parkinson aparece en un i % de la población menor de 70 años, pasando al 5% por encima de los 85 años. Las enfermedades cerebrovasculares (hemorragias, trombosis, etcétera) son la primera causa de muerte en España y también una de las primeras causas de invalidación, afectando al 2% de la población pero con un aumento en relación a la edad de forma que entre los 60 y los 85 años su frecuencia se multiplica por cuatro. La enfermedad de Alzheimer, la demencia más común, es ocasional antes de los 60 años, afecta al 16% de la población a los 75 años y al 60% a los 90 años.
Las buenas condiciones de vida y algunos avances médicos consiguen paliar estas enfermedades y trastornos, de forma que en muchos casos prolongan la vida en buenas condiciones, pero el envejecimiento avanza con los años y deteriora un órgano tras otro de forma inexorable. No se entienda esto como una visión negativa o pesimista del envejecer, al contrario, todos deseamos llegar a cumplir muchos años y alcanzar la vejez es un éxito. Adaptándose a la nueva situación y manteniendo ilusiones y proyectos el anciano puede desarrollar una vida plena y llena de satisfacciones. Conociendo mejor lo que es previsible y los factores de riesgo que pueden empeorar la calidad de vida se podrá ser más experto para sobrevivir confortablemente. Pero debe aceptarse que con la edad se deterioran los sistemas orgánicos de nuestro cuerpo. La selección natural ha ajustado el ritmo del envejecimiento en tanto que proceso degenerativo de todo el organismo, y es por ello que cuando se repara una parte se deteriora otra las causas son múltiples. El programa genético que nos permite vivir como
humanos así lo prevé. En el futuro es posible que se alargue la esperanza de vida alguna década, no más. Hay que aceptar que el envejecimiento y la muerte no son evitables, son caracteres de nuestra especie.