La esencia humana y el problema cuerpo/mente
2.1. De Descartes a Moravec: la actualización del dualismo cartesiano en la cultura informática
2.1.2. LA CIBERNÉTICA Y LA ANALOGÍA FUNCIONALISTA DEL CEREBRO COMO ORDENADOR
Una de las disciplinas que han contribuido a la modernización del dualismo cartesiano es la cibernética. El término ‘cibernética’ procede del griego y viene a significar ‘arte de dirigir un navío’ o ‘arte de gobernar’ (Cardozo y Cabrera 2014: 71). La cibernética es una disciplina fundada por Norbert Wiener y Arturo Rosenblueth a finales de los años cuarenta. Su objetivo es el estudio de los procesos de comunicación que tienen lugar en lo orgánico y en lo inorgánico, el animal y la máquina, basándose en “la aplicación de las matemáticas y la teoría de la comunicación al método de la fisiología” (Quintillana 2002: 308-309). Especialmente, dos textos de Wiener dieron forma a la disciplina de la cibernética y la popularizaron: Cybernetics, Or, Control and Communication in the
Animal and the Machine (1948), y The Human Use of Human Beings: Cybernetics and Society (1950).
En Cybernetics, Wiener define la cibernética de forma general como la ciencia de la comunicación en las máquinas y los seres vivos, y la caracteriza como una ciencia interdisciplinaria en la que convergen campos como las matemáticas, la sociología o la filosofía de la ciencia. En The Human Use of Human Beings, Wiener aplica los principios de la cibernética al estudio del ser humano, y propone que el cuerpo humano puede concebirse como una máquina: “the nervous system and the automatic machine are fundamentally alike in that they are devices which make decisions on the basis of decisions they have made in the past. (...) This is the basis of at least part of the analogy between machines and living organisms” (1950: 33-34). Esta analogía implica que también se pueden diseñar máquinas que imiten el organismo humano: “a machine so designed is a cybernetic organism”, escribe Cavallaro (2000: 12), “a technological
construct that replicates the human body on the basis of an understanding of the structural similarities between machines and living organisms”.
La cibernética ha tenido importantes aplicaciones en campos como la biología, la neurología, la filosofía y las ciencias sociales, pero sobre todo constituyó una disciplina crucial en el desarrollo de la robótica y las ciencias informáticas. Aún mientras la informática era una ciencia en desarrollo, Wiener ya concebía que los ordenadores se convertirían en procesadores de información universales, y entendía que esto conduciría a una nueva revolución industrial: una revolución de la comunicación y la información (Triclot 2006: 764). El impacto de la cibernética en el problema cuerpo/mente sugiere una nueva concepción del ser humano como una entidad fluida, formada por patrones de información: esto implica, en palabras de Wiener, que “the physical identity of an individual does not consist in the matter of which it is made” (1950: 102). De este modo la concepción del ser humano propuesta en The Human Use
of Human Beings actualiza la distinción cartesiana entre esencia y materia, y funciona
como coartada para la fantasía transhumanista de separar la mente del cuerpo mediante tecnología digital. Wiener ya anticipó esta implicación de la cibernética, afirmando que en el futuro sería posible “for a human being to be sent over a telegraph line” (1964: 87).
Las similitudes entre el cuerpo humano y la máquina destacadas por la cibernética apuntan a la aparición de un nuevo modelo de subjetividad en la era de la información. Como escribe Hayles, a partir de la cibernética “humans were to be seen primarily as information processing entities who are essentially similar to intelligent machines” (1999: 7). La era de la información —podemos considerar que abarca las tres últimas décadas, desde que los ordenadores empezaron a ser más comunes— se caracteriza por la predominancia de la información como el lenguaje común en muchas
disciplinas científicas, como las ciencias de la comunicación, la informática, la genética o la biología molecular. Donna Haraway destaca que estas disciplinas modernas “are constructed by a common move —the translation of the world into a problem of coding, a search for a common language in which all resistance to instrumental control disappears and all heterogeneity can be submitted to disassembly, reassembly, investment, and exchange” (1985: 164). En el mismo sentido, Hayles (1999) pone de relieve que, por influencia de la cibernética, en la era de la información todos los objetos materiales son contemplados como flujos de información.
Esta perspectiva explica la paradoja que mencionaba al principio de este capítulo. Aunque a la luz de la investigación científica contemporánea la analogía de la mente con el alma se ha vuelto obsoleta, la era de la información la sustituye por un nuevo símil que ha crecido en popularidad: la mente o el cerebro como análogos al ordenador.
Un aspecto significativo para la maduración de este símil es el enfoque funcionalista ante el problema cuerpo/mente. En el artículo de 1967 “The Nature of Mental States”, el filósofo y teórico de la informática Hilary Putnam argumentó que, en lugar de intentar definir los fenómenos mentales por la sustancia de la que están hechos, deberíamos aproximarnos a su estudio desde la perspectiva de su función. Desde este ángulo Putnam define la mente como un conjunto de fenómenos que son causados por estímulos sensoriales y por otros fenómenos mentales, y que a su vez producen comportamiento y nuevos estados mentales (Putnam 1967). Esta aproximación funcionalista a la mente resulta clave para su asimilación con el ordenador, pues si la mente es una máquina procesadora de información, su funcionamiento se puede explicar fácilmente en términos informáticos.
Es importante observar que esta analogía funciona en ambos sentidos: si la mente puede ser concebida como un ordenador, una máquina procesadora de información suficientemente avanzada también puede ser concebida como una mente. Esto, no sorprendentemente, señala hacia la inteligencia artificial. Los teóricos de la inteligencia artificial suelen basar sus argumentos en esta misma metáfora. El cerebro sería el hardware en el que tienen lugar los procesos mentales, y los procesos mentales son a su vez asimilados con el software. Marvin Minsky, fundador del Laboratorio de Inteligencia Artificial del MIT y uno de los científicos pioneros en inteligencia artificial y robótica, adoptó la postura funcionalista de que “minds are what brains do” (1988: 287), y popularizó el símil del cerebro como una máquina de carne, o meat machine. Según Misnky, el cuerpo representa un obstáculo para las posibilidades de la mente. La implicación última es que la mente humana incluso podría ser inmortal si, mediante técnicas basadas en inteligencia artificial, se pudiera transformar en software.