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El mejoramiento humano y la ingeniería biológica

3.1. El camino hacia el auto-diseño: la herencia de la eugenesia y la manipulación biológica

3.1.1. LOS PRINCIPIOS DE LA EUGENESIA

Una de las principales áreas de interés del posthumanismo, y también uno de los aspectos que generan más controversia, es el mejoramiento humano mediante la manipulación biológica y genética. Las raíces de la idea del mejoramiento humano por métodos biológicos se sitúan en el pensamiento de la eugenesia. A lo largo del siglo XX la idea del mejoramiento humano ha estado mutando y ha continuado propagándose: en la actualidad sigue existiendo de forma más o menos disfrazada en el posthumanismo.

Aunque el pensamiento eugenésico constituye un importante predecesor del posthumanismo, y sobre todo del transhumanismo, en el momento presente no se habla de eugenesia. Esto se debe al descrédito que la eugenesia experimentó a mediados del siglo pasado como reacción a los horrores del nazismo. En la actualidad, sin embargo, la concepción del posthumano como una mejora biológica o genética del Homo sapiens adopta la misma actitud que el proyecto de la eugenesia: la sustitución de la selección natural por la acción consciente del ser humano como la fuerza conductora en la

Como el transhumanismo, la eugenesia es una ideología que nace de la aplicación de la idea del progreso a la evolución del ser humano: entiende que la especie humana puede y debe ser perfeccionada, y que el ser humano puede interferir de forma activa para conducir la evolución por el camino deseado.

Para comprender los orígenes de la eugenesia hay que tener en cuenta su contexto histórico: la segunda mitad del siglo XIX, cuando la teoría de la evolución de Darwin estaba transformando radicalmente la comprensión que el ser humano (o mejor dicho, que la civilización occidental) tenía de su propia especie. Como he señalado en el primer capítulo, una de las principales consecuencias del darwinismo fue la formulación de la teoría de la degeneración. Según esta idea, popularizada por el libro homónimo de Max Nordau (1892), el ser humano podría experimentar una trágica regresión biológica a sus raíces animales. Lo que me interesa aquí, para explicar la aparición de la eugenesia, es que el concepto de la degeneración, aparte de sus connotaciones biológicas, tenía un fuerte componente social. Se comprendía como degeneración cualquier amenaza al modelo de civilización occidental y a la visión ‘normativa’ del ser humano. De este modo, el crimen, los comportamientos inmorales o las enfermedades mentales eran concebidos como síntomas de la regresión biológica de la especie. La eugenesia fue originalmente ideada para combatir esta (imaginada) regresión.

El término de eugenesia (‘buenos genes’, o ‘bien nacido’, en griego) fue acuñado por Francis Galton, primo de Charles Darwin. Galton utilizó el concepto de eugenesia para referirse a la selección artificial orientada a eliminar rasgos no deseables y a preservar rasgos deseables en las siguientes generaciones. La finalidad última de esta práctica sería la mejora genética de la especie humana. Este énfasis en los genes como el aspecto más crucial de la vida humana se debe, como Ballesteros (2012: 17) recuerda, a que Galton, a diferencia de Darwin, no consideraba que el entorno fuera un

elemento determinante en el desarrollo de los individuos y las sociedades humanas. A mitad del siglo XIX Gregor Mendel fundó la disciplina de la genética, centrada en el estudio de la transmisión de rasgos de una generación a la siguiente. A la luz de la transformación que la disciplina de la biología experimentó con la aparición de la genética, Galton tenía la convicción de que los genes determinaban completamente el desarrollo de las personas, y que por tanto constituían el aspecto más importante en la historia de las sociedades y la civilización.

Galton desarrolló el concepto de la eugenesia a partir de un estudio de 1869, publicado en el libro Hereditary Genius. En este estudio Galton investigó la genealogía de un conjunto de familias inglesas (de la alta sociedad) para determinar la probabilidad de que las sucesivas generaciones heredaran inteligencia y habilidades superiores. Interesado en la aplicación de la genética a las ciencias sociales, Galton dedujo que la mayoría de los males de la sociedad resultan de comportamientos bestiales que han sido heredados de nuestros lejanos ancestros (Kirby 2007: 83).

Teniendo en cuenta sus descubrimientos, Galton teorizó que en lugar de dejar la transmisión de los rasgos hereditarias al azar, la especie humana en su conjunto se beneficiaría si los mejores miembros de la sociedad tuvieran más hijos, y si los peores representantes de nuestra especie tuvieran menos. Para evitar que los rasgos indeseados fueran perpetuados propuso que las personas con rasgos negativos fueran esterilizadas. De este modo solo los mejores rasgos serían transmitidos a las generaciones futuras, y la consecuencia de esta práctica sería la mejora de la especie humana42

. En el artículo “Eugenics: Its Definition, Scope, and Aims” (1904), Galton definió la eugenesia como el estudio del control social en relación a aquellos rasgos que pueden mejorar o deteriorar las cualidades físicas y mentales de las futuras generaciones.

La práctica propuesta por Galton funciona, por tanto, como una contrapartida a la regresión biológica del ser humano. Desde esta perspectiva Ballesteros ha definido la eugenesia como una práctica con una función negativa y una función positiva (2012: 17). La función negativa, o preventiva, es reducir el número de individuos indeseables, y la función positiva es incrementar el número de personas aptas y potenciar sus cualidades positivas en el stock genético de la humanidad. La función negativa se expresa en el conjunto de normas de reproducción selectiva, propuestas por Galton y los defensores de la eugenesia, para evitar que las personas indeseables pudieran pasar sus genes malos a las siguientes generaciones y así evitar la degeneración de la especie.

En cuanto a la aplicación positiva, Galton estaba interesado en mantener y potenciar cualidades como la inteligencia, el comportamiento moral y la belleza física, entre otros rasgos que él, y su entorno social, consideraban positivos. La consecución de una humanidad que tuviera el aspecto físico ‘correcto’ era, de hecho, una de las principales aplicaciones que Galton atribuía a la eugenesia. Por supuesto, Galton tenía en mente un modelo muy específico de belleza física —el ideal clásico—, por lo que también es fácil cuestionar que el resto de rasgos que consideraba dignos de perpetuar fueran características objetivamente positivas y beneficiosas para la especie humana, en lugar de preferencias marcadas por su trasfondo cultural.