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La imaginación posthumanista y la ciencia ficción

1.1. Más que humano, menos que humano: la invención de una nueva especie y la polarización del debate posthumanista

1.1.4. LA IDEOLOGÍA TRANSHUMANISTA

La premisa básica del transhumanismo es que es posible rectificar las deficiencias de nuestros cuerpos y prevenir condiciones como la enfermedad o el envejecimiento. En este aspecto, la ideología del transhumanismo se asienta sobre otras corrientes que han propugnado el uso de diversas técnicas para corregir defectos y eliminar limitaciones, como la ideología de la eugenesia que floreció en los países occidentales a finales del siglo XIX y principios del XX. Como escribe Ballesteros, “intentar superar las limitaciones humanas mediante los utensilios de la técnica ha sido una constante del pensamiento y de la praxis humana de todos los tiempos. La novedad del siglo XX ha sido la de pretender extirpar todas las deficiencias, no solo el sufrimiento, y la enfermedad, sino también la misma muerte mediante la técnica” (2012: 16). El transhumanismo se apoya en este aspecto utilitario de utilizar la técnica para curar defectos, por lo que en un principio la mejora humana que propone “is justified by several ends that in principle are valuable for the human being, such as the elimination of the pain and suffering associated with illness or aging, the improvement of our

11 Singularity University. http://singularityu.org/

societies, eliminating harmful behaviours and fostering the possibility of immortality” (2014: 344).

Sin embargo, la propuesta transhumanista va más allá de la acción terapéutica para curar defectos o prevenir enfermedades o el envejecimiento: los transhumanistas defienden una mejora activa de nuestras capacidades físicas y cognitivas, e incluso la intervención sobre el mismo proceso evolutivo de la especie. En este sentido “it is not (...) an improvement that they are seeking, but rather a re-creation or re-design based on the human being and realized by the human being himself” (Pastor y Cuadrado 2014: 345). En el momento presente el transhumanismo no está tan interesado en la vertiente utilitaria del posthumanismo, sino que presta atención, sobre todo, a cómo las tecnologías agrupadas bajo las siglas NBIC pueden ofrecernos la capacidad de traer a la existencia esta nuevo estadio evolutivo posthumano.

El posthumano, desde esta óptica, es el resultado de un proceso de evolución artificial autodirigida “in which the haphazard turns of fumble-fingered Nature are displaced by deliberate biotechnological evolutionary choices exercised through precise genetic modification and technological augmentation” (Seltin 2009: 44). A rasgos generales, la ideología transhumanista se caracteriza por cuatro aspectos clave: la manifiesta localización del programa transhumanista en la tradición del humanismo, una veneración cuasi-religiosa de la ciencia y la tecnología, la visión de la muerte como un defecto que puede y debe ser curado, y una visión hubrística del posthumano que lo asemeja al superhumano.

Aunque la aspiración de desplazar el ser humano por un futuro ser posthumano pueda sugerir lo contrario, la ideología del transhumanismo se proyecta desde los valores y los ideales del humanismo. Los rasgos principales del transhumanismo, como la visión optimista del progreso humano y tecnológico, son una herencia directa de la

Ilustración y los valores del humanismo liberal (Lippert-Rasmussen, Rosendahl y Wamberg 2011: 8). El transhumanismo se cimienta sobre la asunción de que el ser humano se encuentra en un camino evolutivo progresivo, en el que con pasos cada vez más rápidos nos acercamos hacia nuestra perfección como especie. Esta premisa debe ser entendida en el contexto de la visión del mundo del humanismo y la idea del progreso, y evidencia el antropocentrismo localizado en las raíces del transhumanismo. Jon Seltin escribe que

the teleology implicit in these accounts of the post-human is distilled directly from Enlightenment discourses of progress and perpetual self-improvement towards an end-state of perfection. Far from displacing the discourses, subjectivities, epistemologies and ontologies of Humanism, hyperbolic post-humanism relies on and ultimately rearticulates them. (2009: 44)

No es casualidad que Bostrom y More dediquen los párrafos iniciales de su declaración transhumanista a reivindicar su afiliación en el marco más amplio y familiar del humanismo: “Transhumanism can be viewed as an extension of humanism, from which it is derived. (…) We might not be perfect, but we can make things better by promoting rational thinking, freedom, tolerance, democracy, and concern for our fellow human beings” (Bostrom y More: página web). La presentación del transhumanismo como heredero de la tradición humanista es también la idea central del artículo de Nick Bostrom, “A History of Transhumanist Thought” (Abril 2005), donde asegura que “transhumanism has roots in rational humanism” (2). Bostrom esboza una genealogía para la corriente del transhumanismo, situando sus orígenes en la Ilustración y el Renacimiento, y remontando las raíces de esta idea incluso a la mitología griega. Bostrom justifica que el transhumanismo es una idea tan antigua como la propia humanidad, intrínseca en la cultura humana. El transhumanismo es entonces reinterpretado como el legado de la tradición humanista y de la intuición moderna de

que la especie humana puede progresar mediante la ciencia. En la historia expuesta por Bostrom, la historia del humanismo se convierte en la carta de presentación del transhumanismo.

El transhumanismo puede definirse también en términos de un sistema de creencias, no tan distinto de otros sistemas de creencias como las religiones tradicionales o las ideologías contemporáneas. El transhumanismo se afirma sobre un conjunto de valores basados en la celebración de la ciencia y la tecnología como el medio a través del cual el ser humano puede acceder al control de su propia evolución y alcanzar un nivel de existencia superior. La analogía del transhumanismo con la religión no es solo anecdótica: se puede apreciar una clara afinidad entre la idea de la vida inorgánica o post-biológica y la idea judeo-cristiana de la redundancia del cuerpo y la transcendencia del alma. Es destacable también que esta analogía a menudo es utilizada por los teóricos transhumanistas para explicar y justificar sus ideas, y algunos transhumanistas incluso han defendido que el transhumanismo es la actualización científica de los misterios religiosos. Uno de ellos es Frank Tipler, uno de los más influyentes ideólogos de esta corriente. Por ejemplo, en The Physics of Immortality (1994), Tipler se inspira en el trabajo del teólogo jesuita Teilhard de Chardin para elaborar una visión del transhumanismo que se nutre a partes iguales de discursos científicos y religiosos. Precisamente uno de los aspectos que asimilan el transhumanismo a los sistemas de creencias religiosos es el rechazo de la muerte y la persecución de la inmortalidad:

En el horizonte se adivina la vieja idea de escapar a la mortalidad. Sólo que ahora la promesa de la inmortalidad pasa de las manos de la religión (tradicionalmente, el gestor exclusivo de la espiritualidad) a las de la tecnociencia. La inmortalidad ya no es una promesa que sólo se podría alcanzar tras la muerte biológica del individuo. Los más radicales defensores del transhumanismo sostienen que estamos muy cerca de que esta promesa sea una promesa de verdad, sin trampas. (Galparsoro 2014: 155, paréntesis en el original)

Mientras un transhumano es un humano aumentado, el posthumano trasciende las limitaciones del cuerpo, que es defectuoso, y de un modo u otro —por congelación suspendida, uploading a un ordenador o realidad virtual, regeneración del cuerpo mediante terapias genéticas o nanotecnología, transferencia a un cuerpo robótico o sintético, etc. — logra derrotar el envejecimiento y burlar la muerte. En el artículo “The Fable of the Dragon-Tyrant” (Mayo 2005), Nick Bostrom describe el envejecimiento con la metáfora de un tirano que constituye la mayor amenaza para la humanidad. Para Bostrom, los recursos dedicados a la investigación médica deberían ser utilizados para combatir el envejecimiento, lo cual a su vez prevendría las enfermedades y los males que terminan causando la muerte, logrando así que incluso las generaciones presentes alcanzaran una mayor longevidad.

La interpretación del posthumano favorecida por el transhumanismo, pues, promete hacer realidad el mito de erradicar la muerte y otorgarnos la vida eterna. El otro aspecto, que ya he comentado, es que se prevé que esta evolución artificial nos conferirá capacidades sobrehumanas. “Post-humanist texts are often deeply hubristic”, escribe Seltin, y continúa:

Death, disease, abnormality, and even embodiment are seen as barriers that can be overcome through technological innovation and intervention. In the most extreme accounts, bodies are abandoned and ‘the human’ gives way to transcendental omnipotent and omniscient super-being. (2009: 44)

Ejemplos de esta actitud hubrística abundan en las descripciones del posthumano de la literatura transhumanista. Oliver Krueger promete que “as a posthuman, your mental and physical abilities would far surpass those of any unaugmented human. You would be smarter than any human genius” (2005: 79), y Pepperell destaca que “posthumans will be persons of unprecedented physical, intellectual and psychological ability, self- programming and self-defining, potentially inmortal” (2003: 170). Los teóricos,

científicos y las instituciones que podemos englobar en la corriente del transhumanismo tienen en común esta visión positiva de la evolución artificial. En la declaración publicada en la web de Humanity+, sus autores definen el transhumanismo como un movimiento intelectual y cultural que “affirms the possibility and desirability of fundamentally improving the human condition through applied reason, especially by developing and making widely available technologies to eliminate ageing and to greatly enhance human intellect, physical and psychological capabilities” (Bostrom y More: página web). Como ya he indicado, uno de los textos fundacionales del transhumanismo es el libro de Ettinger, Man into Superman (1972); el título del libro, y la atractiva profecía que el autor fabrica, desvelan una importante, aunque a menudo obviada, característica del transhumanismo: que el concepto de posthumano funciona como un equivalente más o menos disfrazado de superhumano13

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Aunque las ambiciosas profecías del transhumanismo están basadas en la extrapolación de la investigación científica actual, el posthumano que imaginan tiene todo el aspecto de una fantasía ciencia-ficcional. Muchos aspectos de la ideología transhumanista, de hecho, tienen su origen o están inspirados en la ciencia ficción, como ya he sugerido. Milburn subraya esta íntima relación entre ambos campos, notando que “many non-fiction texts embraced by real-life advocates of posthuman engineering —whether they prefer the name of cyborg, transhuman, inmortalist, extropian, Singularitarian, or some other avatar of superhumanity— also attend to science fiction as prefiguring real possibilities for the future” (2014: 529). Así lo expresaba también Ettinger en Man into Superman, donde escribió que “we must remake ourselves, and in planning for this we may begin by looking at previous speculations, the supermen of literature” (1972: 22). Para ilustrar sus ideas científicas,

Ettinger utiliza ejemplos sacados de la literatura de ciencia ficción para debatir cómo podemos convertirnos en posthumanos. El posthumano se entiende mejor como un icono de la ciencia ficción que, vinculado con el ideario transhumanista, adquiere también un aspecto mítico, ya que representa el deseo de transcender nuestros límites biológicos, alcanzar la inmortalidad y llevar a la humanidad a una auténtica edad de oro.