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LA CRISIS DEL CUERPO EN EL MUNDO DE LA INFORMACIÓN

La esencia humana y el problema cuerpo/mente

2.1. De Descartes a Moravec: la actualización del dualismo cartesiano en la cultura informática

2.1.3. LA CRISIS DEL CUERPO EN EL MUNDO DE LA INFORMACIÓN

El roboticista y futurista Hans Moravec, cuyas teorías sobre la posibilidad de la inteligencia artificial han tenido gran repercusión en el posthumanismo, defiende que la mente puede existir sin el cuerpo. Moravec cree que en el futuro cercano será posible para los seres humanos digitalizar la información que forma nuestros procesos mentales —el software. Esta información entonces podrá ser transferida de nuestro cerebro orgánico y mortal a un ordenador —el hardware—, que reproducirá con exactitud las funciones del cerebro. Moravec describió este proceso por primera vez en Mind

Children: The Future of Robot and Human Intelligence (1988). En este libro Moravec

utiliza el término de ‘transmigración’ para referirse al proceso de transferir una mente humana a un ordenador.

Actualmente el concepto de la transmigración es más conocido por el término de

uploading. En la informática, este término designa el proceso de transferir información

de un dispositivo a otro. Como escribe Žižek, “the prospect of ‘downloading’ the entire human brain (...) onto an electronic machine more efficient than our awkward brains” tendrá como consecuencia que el ser humano “will change its ontological status from hardware to software” (2001: página web). La transmigración imaginada por Moravec a finales de los años ochenta es ahora uno de los conceptos más importantes del transhumanismo.

La propuesta de que el futuro de nuestra especie se encuentra en una existencia post-biológica ya estaba presente en la obra de J. D. Bernal, uno de los antecesores del transhumanismo. En The World, the Flesh and the Devil (1929), Bernal imaginó un futuro en el que la humanidad “has become completely etherealized, losing the close- knit organism, becoming masses of atoms in space communicating by radiation, and ultimately perhaps resolving itself entirely into light” (1929: 47). Las ideas de Moravec dieron un nuevo impulso a la fantasía de la vida post-biológica, y constituyen una importante influencia para los teóricos transhumanistas. Para los transhumanistas, la posibilidad de digitalizar la mente o esencia de una persona para transferirla a un soporte más fiable que el cuerpo abre el camino hacia la inmortalidad.

Nick Bostrom describe con las siguientes palabras el proceso que sería necesario para llevar a cabo la transmigración de la mente:

First, create a sufficiently detailed scan of a particular human brain, perhaps by deconstructing it with nanobots or by feeding thin slices of brain tissues into powerful microscopes for automatic image analysis. Second, from this scan, reconstruct the neuronal network that the brain implemented, and combine this with computational models of the different types of neurons. Third, emulate the whole computational structure on a powerful supercomputer. If successful, the procedure would result in the original mind, with memory and personality intact, being transferred to the computer where it would then exist as software; and it could either inhabit a robot body or live in a virtual reality. (Abril 2005: 11)

Bostrom no esconde que está a favor de perseguir este objetivo, actitud representativa de la ideología transhumanista. Esta perspectiva, sin embargo, no es compartida por todos los que están interesados en el posthumanismo. Por ejemplo, a diferencia de la legión de posthumanistas que no pueden esperar a convertirse en inteligencias descorporizadas —a menudo hombres blancos occidentales—, Katherine Hayles interpreta la profecía de Moravec como “a roboticist’s dream that struck me as a nightmare” (1991: 1). En How We Became PostHuman (1991), Hayles expone como el libro nació de su reacción al concepto de la transmigración de Moravec:

I happened upon the passage where he argues it will soon be possible to download human consciousness into a computer. To illustrate, he invents a fantasy scenario in which a robot surgeon purees the human brain in a kind of cranial liposuction, reading the information in each molecular layer as it is stripped away and transferring the information into a computer. At the end of the operation, the cranial cavity is empty, and the patient, now inhabiting the metallic body of the computer, wakens to find his consciousness exactly the same as it was before.

How, I asked myself, was it possible for someone of Moravec’s obvious intelligence to believe that mind could be separated from body? Even assuming such a separation was possible, how could anyone think that consciousness in an entirely different medium would remain unchanged, as if it had no connection with embodiment? Shocked into awareness, I began to notice he was far from alone. (1999:1)

Como respuesta, Hayles argumenta que la idea de transferir la mente de un individuo a una máquina o un entorno digital resucita de forma descarada el dualismo humanista de Descartes, y denuncia que con esta visión del posthumanismo Moravec “is not abandoning the autonomous liberal subject but is expanding its prerogatives into the realm of the posthuman” (1999: 287). La profecía de la transmigración de las mentes anunciada por Moravec, y apropiada por el conjunto de la literatura posthumanista que privilegia la mente, se asienta sobre una concepción del ser humano construida como un sistema binario entre materia e información, cuerpo y mente, acaso también cuerpo y espíritu, si recordamos que al formular su versión dualista de la condición humana Descartes tenía el objetivo explícito de defender su visión religiosa, cristiana, del

mundo. “This erasure of embodiment can be understood as an extension of Enlightenment humanism”, escribe Seltin, “with its universalising claims also based on the dualistic nature of rational consciousness” (2009: 45, cursiva en el original). Por tanto, la paradoja de la identificación de la mente con la esencia y subjetividad humana se explica porque

our failure to think as the body (…) as crucial to subjectivity is part of the legacy of the Cartesian dualism. If we think of self as solely associated with the mind, then technological changes to the body are not viewed as significant for human culture or human identity. Technophiles such as Hans Moravec have explored the possibility of making embodiment obsolete through the processes of uploading human minds onto computer hardware, leaving behind the “wetware” (in Rudy Rucker’s terms) of the biological body. (Vint 2007: 9)

De este modo, el lenguaje de la cibernética y la informática actualiza, en la representación de la vida post-biológica, al humano de la Ilustración, un sujeto que, desde que Descartes asociara la esencia humana con la mente racional, ha sido representado como una mente.

La analogía entre la mente y el ordenador refuerza la posibilidad de que, en efecto, la mente pueda existir con independencia del cuerpo biológico, y Moravec afirma que precisamente este será el futuro de la vida humana. Para Bukatman, el contexto de la cultura informática en la era de la información fuerza una redefinición del sujeto en la cual la subjetividad humana está enraizada en un conjunto de patrones de información inmateriales (1993: 208). Esta reimaginación informática del ser humano da soporte a la separación cartesiana entre cuerpo físico y mente inorgánica:

In the last years of the twentieth century we bear witness to the triumph of a mechanistic view of the body rooted in Cartesian dualism, which divides reality into immaterial mind and inert, material world (in which category Descartes includes the human body). (Dery 1996: 231, paréntesis en el original)

A pesar de los argumentos en su contra, esta interpretación informática y neo-cartesiana del ser humano ha crecido en popularidad. El renovado énfasis en la mente, a su vez, implica una devaluación del cuerpo. La cultura informática proporciona un contexto cultural que propicia la información descorporizada como base para la subjetividad. En palabras de Seltin, “cybernetics and bio-informatics assert the primacy of the abstract over the material. Theories which conceptualise consciousness, subjectivity, DNA-code, molecular and cellular function purely in terms of disembodied information do so by strategically downplaying the importance (or even necessity) of material instantiation” (2009: 45, cursiva y paréntesis en el original).

En nuestra cultura informática, en la que impera la analogía entre cerebro y ordenador, mente e información, el cuerpo deja de ser un elemento indispensable para la supervivencia del individuo. La realidad del cuerpo, señala Kroker, “is that of refuse expelled as surplus-matter no longer necessary for the autonomous functioning of the technoscape”, y agrega que “in the technological society, the body has achieved a pure rhetorical existence” (1987: 21). Del mismo modo, Bukatman declara que “the body is not a requisite for the survival of the technocratic system” (1993: 16). En este contexto, la supervivencia del ser humano ya no depende de la existencia física del cuerpo, sino de la continuidad de los procesos de información, ya que “human embodiment that marked distinctive subjectivity and survival is no longer necessary when patterns of information and data can be digitally compiled and uploaded to any intelligent machine” (Hamdan 2011: 24)31

.

La realidad virtual ofrece la posibilidad de crear un universo de la mente. Aquí las limitaciones del cuerpo dejarían de ser un obstáculo para los seres humanos. En este

31 En contraste, el libro de Anne Balsamo Technologies of the Gendered Body (1996) rechaza la idea de la obsolescencia del cuerpo en la tecnocultura, examinando cómo la interacción del cuerpo con la alta tecnología sigue produciendo identidad de género.

universo ilimitado, que además nos ofrece la posibilidad de ser inmortales, se presenta para muchos como una atractiva alternativa al mundo material.

Una de las consecuencias de esta particular versión del posthumanismo es que, al imaginar la vida post-biológica, los discursos de identidad centrados en el cuerpo, como la raza y el género, son anulados, y “the virtual reality user becomes a universal and homogeneous creature, scarcely affected by contingent cultural circumstances” (Cavallaro 2000: 35). Después de todo, como recuerda Sherryl Vint, “the ability to construct the body as passé is a position available only to those privileged to think of their (white, male, straight, non-working class) bodies as the norm” (2007: 8, paréntesis en el original). Rossini llama la atención sobre el hecho de que “such fantasies of disembodied (…) intelligence are mostly, though not exclusively, voiced by men. In these accounts of posthumanism human beings have perfected themselves to the extent that they are finally in perfect rational control over their deficient and decaying bodies” (2003: página web). Las representaciones del posthumano que asumen la mente racional como separable del cuerpo llevan consigo lo que Neil Badmington (2003) ha llamado

humanist remains, es decir, la herencia del humano racional de la Ilustración.

Si podemos encontrar en las ideas de Platón el origen de la tradición en el pensamiento occidental que da predominio a la información descorporizada sobre la realidad y el cuerpo material, con la aparición de la cibernética y el advenimiento de la informática esta intuición no hace más que reforzarse. La posmodernidad, escribe Bukatman, implica una crisis cultural de la visibilidad y del control en una nueva realidad que es definida electrónicamente, y en este contexto la ciencia ficción se ha encargado de escribir un nuevo sujeto humano que esté adaptado a la realidad no material de la era de la información (Bukatman 1993: 2). El posthumano imaginado como vida inorgánica es la actualización en nuestra cultura informática de la respuesta

de Descartes al problema cuerpo/mente, respuesta que como hemos visto tiene importantes implicaciones en el momento de definir la condición e identidad humana.

La posibilidad de una vida sin cuerpo, como una conciencia flotando en el éter o existiendo como información digital en un programa informático, parece un futuro muy miserable para la especie humana. Sin embargo, desde la perspectiva transhumanista esta transición de la carne al espíritu es concebida como el paso último en la evolución humana. Como escribe Žižek,

the idea is that this cutting off of the umbilical cord that links us to a single body, this shift (...) will mark the true birth of the human being, relegating the entire hitherto history of humanity to the status of a confused period of transition from the animal kingdom to the true kingdom of the mind. (2001: página web)

El objetivo último es, por supuesto, el mito de la inmortalidad. “The great dream and promise of information is that it can be free from the material constraints that govern the mortal world”, escribe Hayles; “the clear implication is that if we can become the information we have constructed, we can achieve effective immortality” (1999: 13). Ancladas en la distinción cartesiana entre cuerpo y mente, y en la comprensión de la mente como la esencia de cada individuo, este tipo de narrativas reinterpretan la vida humana como un fenómeno no necesariamente corporal y, en última instancia, ofrecen una solución satisfactoria al problema de la muerte que obsesiona a los transhumanistas.