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Citado por D Davidson en Honderich (ed.), op cit., pp 152-153.

In document Searle, John. - Intencionalidad (página 95-98)

LA INTENCIONALIDAD DE LA PERCEPCIÓN

4 Citado por D Davidson en Honderich (ed.), op cit., pp 152-153.

ción misma, donde, por ejemplo, sabe qué va a hacer porque ya tiene una intención de hacer eso. Pero no todas las intenciones son así: su­ pongamos que se me pregunta: «Cuando súbitamente golpeaste a ese hombre, ¿te habías formado ya la intención de golpearle?». Mi res­ puesta podría ser: «No, simplemente le golpeé». Pero incluso en tal caso le golpeé intencionalmente y mi acción se llevó a cabo con la in­ tención de golpearle. Quiero decir sobre tal caso que la intención es­ taba en la acción pero que no había intención previa. La forma lin­ güística característica de expresión de una intención previa es «Yo haré A» o «Voy a hacer A». La forma característica de la expresión de una intención en la acción es «Estoy haciendo A». Diremos de una in­ tención previa que el agente actúa de acuerdo con su intención, o que lleva a cabo su intención, o que intenta llevarla a cabo; pero en gene­ ral no podemos decir tales cosas de las intenciones en la acción, por­ que la intención en la acción es precisamente el contenido Intencional de la acción; la acción y la intención son inseparables en modos que intentaré explicar brevemente.

Hay al menos dos modos de establecer más claramente la distin­ ción entre una intención en la acción y una intención previa. El pri­ mero, como nuestro ejemplo previo sugiere, es observar que muchas de las acciones que se realizan, se realizan bastante espontáneamente, sin formar, consciente o inconscientemente, ninguna intención previa de hacer esas cosas. Por ejemplo, supongamos que estoy sentado en una silla reflexionando sobre un problema filosófico, y de repente me levanto y comienzo a pasearme con aspecto preocupado por la habita­ ción. Mi levantarme y pasear con aspecto preocupado son claramente acciones intencionales, pero para hacerlas no necesito formar una in­ tención para hacerlas antes de hacerlas. Yo no he tenido, en ningún sentido, que tener un plan para levantarme y pasear preocupada­ mente. Como muchas de las cosas que se hacen, yo solamente hago estas acciones; solamente actuó. Un segundo modo para ver la misma distintición es observar que incluso en los casos donde tengo una in­ tención previa de hacer alguna acción habrá normalmente un conjunto completo de acciones subsidiarias las cuales no se representan en la intención previa pero que, sin embargo, se realizan intencionalmente. Por ejemplo, supongamos que tengo la intención previa de ir condu­ ciendo mi coche hacia mi despacho, y supongamos que estoy llevando a cabo esta intención previa y cambio de la segunda velocidad a la ter­ cera velocidad. Ahora bien, no he formado ninguna intención previa para cambiar de la segunda a la tercera. Cuando formé mi intención de ir conduciendo mi coche hacia el despacho nunca la formulé en un pensamiento. No obstante, mi intención de cambiar de velocidad era intencional. En tal caso tuve una intención en la acción de cambiar las velocidades pero no intención previa de hacerlo así.

INTENCIÓN Y ACCIÓN 97

Todas las acciones intencionales tienen intenciones en la acción pero no todas las acciones intencionales tienen intenciones previas. Puedo hacer algo intencionalmente sin haber formado una intención previa de hacerlo, y puedo tener una intención previa de hacer algo y no obstante no actuar de acuerdo con esa intención. A pesar de todo, en casos donde el agente está actuando de acuerdo con su intención previa debe haber una estrecha conexión entre la intención previa y la intención en la acción, y también tendremos que explicar esta co­ nexión.

Tanto las intenciones previas como las intenciones en la acción son causalmente autorreferenciales en el mismo sentido que las expe­ riencias perceptivas y los recuerdos son causalmente autorreferencia­ les. Esto es, como las experiencias perceptivas y los recuerdos, sus condiciones de satisfacción requieren que los estados Intencionales mismos estén en ciertas relaciones causales con el resto de sus condi­ ciones de satisfacción. Exploraremos este rasgo en detalle más tarde pero puede ser ilustrado considerando la autorreferencialidad causal de las intenciones previas. Supongamos que intento levantar mi brazo. El contenido de mi intención no puede ser que mi brazo suba, porque mi brazo puede subir sin que levante mi brazo. Ni puede ser simple­ mente que mi intención cause que mi brazo suba, porque vimos en nuestra discusión de los ejemplos de Chisholm, Davidson y Bennett que una intención previa puede causar un estado de cosas represen­ tado por la intención sin ser ese estado de cosas la acción que satisfa­ ría la intención. Ni, de un modo muy extraño, puede ser

(que realizo la acción de levantar el brazo)

porque podría realizar la acción de levantar mi brazo de modos que no tienen nada que ver con esta intención previa. Podría olvidar todo so­ bre esta intención y más tarde levantar mi brazo por alguna otra razón independiente. El contenido Intencional de mi intención debe ser al menos

(que realizo la acción de levantar mi brazo por medio de lle­ var a cabo esta intención).

Pero ¿qué significa «llevar a cabo» en esta formulación? Al menos esto: Si estoy llevando a cabo esa intención entonces la intención debe desempeñar un papel causal en la acción, y el argumento a favor de esto es simplemente que si rompemos la conexión causal entre la in­ tención y la acción ya no tendremos un caso de llevar a cabo la inten­ ción. Supongamos que olvido todo sobre la intención previa de levan­ tar mi brazo de tal modo que no desempeña ningún papel causal,

consciente o inconsciente, en la acción ulterior; en tal caso la acción no es un caso de llevar a cabo esa intención. A pesar de todo, esta for­ mulación hace surgir un montón de cuestiones que tendremos que res­ ponder más tarde. ¿Qué significa «acción» y cuál es exactamente el papel de la autorreferencia causal?

Mientras tanto, este carácter autorreferencial causal de las inten­ ciones parecerá menos misterioso si lo comparamos con un fenómeno similar en el reino de los actos de habla (e incidentalmente es siempre una buena idea cuando uno está enfrascado en la teoría de la Intencio­ nalidad volver a los actos de habla, porque los fenómenos de los actos de habla son mucho más accesibles). Supongamos que te ordeno abandonar la habitación. Y supongamos que respondes diciendo «Voy a abandonar la habitación, pero no porque tú me lo ordenes, estaba a punto de abandonar la habitación en cualquier caso. Pero no abando­ naría la habitación porque tú me lo ordenases». Si tú abandonas en­ tonces la habitación, ¿has obedecido mi orden? Bien, ciertamente no

desobedeciste la orden, pero hay un sentido en el que no la obedeciste

tampoco, porque la orden no funcionó como una razón para lo que hi­ ciste. Por ejemplo, sobre la base de una serie de tales casos no te des­ cribiríamos como una persona «obediente». Pero lo que esto ilustra es que el contenido de mi orden no es simplemente que abandones la ha­ bitación, sino que abandones la habitación obedeciendo esta orden, esto es, la forma lógica de la orden no es simplemente

Le ordeno (que abandone la habitación) sino más bien es causalmente autorreferencial en la forma

Le ordeno (que abandone la habitación obedeciendo esta orden)5.

Hasta ahora en esta sección he argumentado que necesitamos una distinción entre intenciones previas e intenciones en la acción, y he afirmado, aunque no de una manera totalmente justificada, que ambas son causalmente autorreferenciales en el mismo sentido que las expe­ riencias visuales y los recuerdos. Ahora quiero extender la analogía entre percepción y acción explorando esas experiencias que son carac­ terísticas de las acciones. Recordemos primero los rasgos relevantes

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