mático el que él nunca considerara tal explicación. Pero la razón por la que Frege no habría aceptado el análisis que yo estoy proponiendo es que él aceptó el principio subyacente a la teoría del uso y la men ción, que hemos rechazado ya por varias razones: él pensó que el único modo en el que se podía hablar sobre algo era nombrándolo o haciendo referencia a ello de cualquier otro modo. Frege supuso que, si el informador habla de algún modo sobre la proposición del ha blante, entonces lo que ocurre en la emisión del informador tiene que ser el nombrar la proposición, y no una expresión de la proposición misma. Verdaderamente, la tesis de Frege sobre el discurso indirecto es precisamente que las expresiones en cuestión se refieren a su sen tido habitual, y la totalidad de la cláusula subordinada se refiere a una proposición: es el nombre propio de una proposición. Pero, una vez que hemos visto la falsedad de la explicación tradicional de la com pletamente válida distinción entre uso y mención de las expresiones, estamos en posición de ver la falsedad de la extensión del mismo prin cipio hacia el discurso indirecto. La mención de una proposición no nos exige nombrarla o referimos a ella de otro modo; podemos sim plemente presentar la proposición misma. Cuando informamos del ha bla de alguna otra persona no necesitamos de nombres para sus propo siciones en mayor medida que necesitam os nombres para sus palabras; simplemente repetimos su expresión de esas proposiciones en el informe del contenido, del mismo modo que repetimos sus pala bras en el informe verbal. Por supuesto que podríamos nombrar o re ferimos de otro modo a las proposiciones: cuando, por ejemplo, deci mos «Mr. Howard aseveró la hipótesis copemicana», la expresión «hipótesis copemicana» funciona para referirse a una proposición, no para expresarla. Pero, haciendo excepción de algunas proposiciones famosas tales como la hipótesis copemicana, las proposiciones no tie nen ni necesitan nombres.
Esta explicación de los informes de los actos de habla puede fácil mente extenderse a los informes de los estados Intencionales; y ello no es sorprendente, dado el estrecho paralelismo que hay entre actos de habla y estados Intencionales que exploramos en el Capítulo 1. En los informes de contenido de los actos de habla con la forma de 11, el informador repite la proposición expresada por el hablante; en los in formes de contenido de creencias de la forma 1, el informador expresa la proposición que es el contenido representativo de la creencia de la persona que cree, pero no necesita repetir ninguna expresión de creen cia, pues podría darse el caso de que la persona que cree nunca hu biera expresado su creencia: el informador expresa la proposición que la persona que cree cree, pero al hacerlo no necesita repetir nada de lo que tal persona ha hecho. (A menudo en la vida real rebajamos la exi gencia de que el contenido expresado sea exactamente el mismo que
el contenido creído. Decimos, por ejemplo, «El perro cree que su amo está en la puerta», sin por ello atribuir al perro la posesión del con cepto de propiedad.) Y así como el informe de contenido de la for ma 11 presenta la proposición sin su fuerza ilocucionaria de asevera ción, sino con un informe de esa fuerza ilocucionaria, del mismo modo el informe del contenido de la creencia de la forma 1 presenta la proposición sin su modo Intencional de creencia; más bien con un in forme de ese modo. Debido a que la existencia de estados Intenciona les no requiere en absoluto habla alguna, hay pocos informes palabra por palabra de estados Intencionales. Estrictamente hablando, un in forme palabra por palabra sólo puede ser un informe de un acto de ha bla (puede ser un acto de habla interno) y, en consecuencia, el informe palabra por palabra de un estado Intencional sólo puede serlo de un estado Intencional expresado en un acto de habla.
Esta explicación quizá aparezca más clara si la contrasto con la de Davidson. De acuerdo con Davidson, el informador que dice:
17. Gallileo said that the Earth moves [Galileo dijo que la Tierra se mueve].
dice algo equivalente a
18(a). The Earth moves [La Tierra se mueve]. 18(b). Gallileo said that [(Galileo dijo esto].
18(a) es completamente extensional y, puesto que, de acuerdo con Da vidson, su ocurrencia en 17 es equivalente a su ocurrencia en 18, la cláusula subordinada de 17 es igualmente extensional. La razón para un cambio en el valor de verdad de 17 bajo sustitución no tiene nada que ver con ninguna intensionalidad de la cláusula subordinada, sino que deriva del hecho de que la referencia del demostrativo «esto»
{«that») puede cambiar si no substituyen expresiones correferenciales
en el original. De acuerdo con el punto de vista de Davidson, si emito 17, esto nos hace a mí y a Galileo idemdicentes {samesayers).
A mi modo de ver, no somos idemdicentes, puesto que, en una emisión exacta y literal de 17, yo no digo que la Tierra se mueve, sino que sólo digo que Galileo lo dijo. No somos idemdicentes, sino que
estamos expresando la misma propiedad. Por otro lado, una emisión
seria y literal de 18 sí que nos hace idemdicentes tanto a Galileo como a mí, porque en tal emisión de 18 yo asevero que la Tierra se mueve. En 18(a) la fuerza asertiva es parte del significado literal, pero esa fuerza asertiva es desplazada por la subordinación en 17, y ésta es la razón de que 18(a) sea extensional, aunque la cláusula subordinada de
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Encuentro bastante obvia intuitivamente la explicación presentada en este capítulo, y de hecho, una vez que se elimina el error sobre el uso y la mención, realmente no veo objeción posible a ella. Aun así, hasta aquí sólo la he presentado, sin argumentar en su favor: ¿Cómo se podría hacer para argumentar de modo que pudiese convencer in cluso hasta a un escéptico? Quizá el mejor modo de hacer frente a este desafío es mostrar como la teoría desarrollada puede satisfacer todos nuestros criterios de adecuación, desde A a E, en un modo que nos proporcione una explicación unificada de las cláusulas «que», ya sean intensionales o extensionales, así como una explicación unificada de los informes de estados Intencionales y actos de habla, ya sea en cláu sulas «que» o en otras formas.
El primer paso para enfrentamos con este desafío es mostrar cómo podemos resolver la paradoja derivada de las condiciones A, B y C que, en primer lugar, hicieron surgir el problema: ¿cómo es posible que (A) tenga sus significados ordinarios y, con todo, (B) las propiedades lógicas de una emisión seria y literal de 1 y 11? Además, (C) si las palabras con servan sus significados ordinarios, ¿por qué no se asevera en una emi sión de 1 y 11 la proposición aseverada en una emisión seria literal de 2? Creo que la respuesta a la última cuestión proporciona una respuesta a la primera. De acuerdo con mi explicación, aunque las palabras en la ora ción conserven sus mismos significados, esos significados de 1, 2 y 11 determinan el contenido proposicional pero no la fuerza ilocucionaria. En 2 los significados de las palabras no conllevan fuerza ilocucionaria alguna y la fuerza ilocucionaria del original se elimina por su inclusión en 1 y 11 como cláusula subordinada. La fuerza ilocucionaria de una emisión literal y seria de 2 está determinada por el orden de las palabras, modo del verbo, límites de la oración y contomo de entonación. Ahora bien, estrictamente hablando, la totalidad de la oración 2 no se repite en 1 y 11, puesto que ha perdido sus límites oracionales. En 1 y 11, la se cuencia de palabras «Mr. Howard es un hombre honesto» no es por sí misma una oración, aunque en esos contextos es suficiente para expresar un contenido proposicional. El inglés moderno es en parte desorientador en estos casos, puesto que permite conservar el mismo modo del verbo en el informe que en el original4; pero aun así en inglés moderno la sepa ración de contenido proposicional y fuerza ilocucionaria es claramente visible en los informes sobre oraciones imperativas e interrogativas, donde la estructura del informe no nos permite conservar el modo origi nal del verbo en dicho informe. Así supongamos que el sheriff pregunta
4 Incluso el ingés moderno exige frecuentemente un cambio de tiempo en el estilo indirecto. Nixon said «I am noí a crook» [Nixon dijo: «No soy un tramposo»]. Pero el informe del contenido correcto es Nixon said he was not a crook [Nixon dijo que él no
19. Is Mr. Howard an honest man? [¿Es Mr. Howard un hombre honesto?]
20. The sheriff asked whether Mr. Howard was an ho
nest man. [El sheriff preguntó si Mr. Howard era
un hombre honesto].
Aquí es claro que de la fuerza ilocucionaria que ocurre como parte del significado literal en 19, se informa en 20, pero no ocurre en 20. El verbo «preguntar» informa explícitamente de la fuerza ilocucionaria; y la oración que expresa la proposición original se presenta con un or den de palabras diferente, un cambio del modo originalmente interro gativo en el verbo, un cambio de tiempo (opcional), y una inclusión dentro del alcance del pronombre interrogativo «si». Yo pienso que lo que sucede en la estructura superficial de esas formas es bastante re velador de lo que está sucediendo en la estructura lógica. La fuerza in terrogativa de 19 se elimina en 20, porque, aunque tanto en 19 como en 20 ocurre la misma proposición, en 20 ésta se presenta no como una pregunta, sino como parte del informe de una pregunta. Conside raciones similares pueden ser aplicadas a los informes de actos de ha bla directivos. Así de 21, dicha por el sheriff
21. Mr. Howard, ¡sé un hombre honesto! se informa por:
22. El sheriff ordenó a Mr. Howard ser un hombre ho nesto.
En esta pareja de oraciones, el modo imperativo de 21 se cambia en 22, reemplazado por el infinitivo y se informa de él mediante el verbo «ordenó».
Lo que vemos en cada una de esas parejas 19/20 y 21/22 es que el informador repite el contenido preposicional, pero informa de la fuerza ilocucionaria. En estos casos, hay una variedad de mecanismos sintácti cos para señalar al oyente que la proposición tiene en el informe un sta
tus ilocucionario diferente de aquel que tenía en su ocurrencia original.
En resumen, nuestra respuesta a la pregunta sobre la condición C es que las palabras y otros elementos repetidos en los informes de contenido, tales como 1 y 11, mantienen sus significaciones origina les, pero esos significados determinan el contenido preposicional y no la fuerza ilocucionaria. La fuerza ilocucionaria del original no se re pite aunque se informa de ella; y el inglés y otras lenguas tienen una gran variedad de mecanismos para señalar al oyente que la fuerza ori ginal no afecta a la proposición que se da en el informe.
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Ahora bien, puesto que la fuerza ilocucionaria aseverativa se des plaza del contenido proposicional en 1 y 11, y puesto que es el com promiso incluido al aseverar la proposición, y no sólo la proposición como tal, la que compromete al hablante con sus condiciones de ver dad, el informador puede expresar la misma proposición con las mis mas palabras que el hablante, pero no queda comprometido con las condiciones de verdad de esa proposición. Y esta es la razón por la que la expresión de la proposición es intensional, mientras que la del hablante es extensional. Para mostrar cómo esta explicación resuelve la aparente paradoja que resulta de mantener tanto la condición A como la condición B, consideremos sucesivamente la generalización existencial y la sustitución.
Si las palabras relevantes tienen el mismo significado en 2 y 11, y la proposición de 2 se repite en 11, ¿por qué resulta la generalización exis tencial válida para 2 pero no para 11? El hablante que hace una emisión literal y seria de 2 no sólo expresa el contenido proposicional, sino que también, de hecho, lo asevera. Esa aseveración le compromete con las condiciones de verdad de la proposición, y tales condiciones incluyen la existencia de un objeto al que presumiblemente se refiere la emisión de la expresión referencial. Si 2 es verdad, entonces debe existir tal objeto, y esta es la razón por la que la generalización existencial es una forma válida de inferencia. Pero el informador que realiza una emisión seria y literal de 11 está obligado sólo a expresar la misma proposición que el hablante original de 2, no está obligado a aseverarla. Las condiciones de verdad con las que está comprometido incluyen la condición de que el informe tiene que contener una expresión de la misma proposición que la proposición expresada por el hablante original, desde el momento en que no está comprometiendo con sus condiciones de verdad, 11 puede ser verdad aún si no hay un objeto que corresponda a la expresión refe rencial; y esta es la razón por la que la generalización existencial no es una forma de inferencia válida para 11.
¿Por qué falla la sustitución para 11 y no para 2, siendo la propo sición la misma en ambos casos? Porque la forma de 11 obliga al in formador a repetir la misma proposición que el hablante: dicho es trictamente, la expresión «el dijo que» en 11 obliga al informador a repetir la misma proposición que fue expresada originalmente por el hablante, por esto cualquier sustitución que altere la proposición puede alterar el valor de verdad del informe. Como Frege sabía, en general, las sustituciones que preservan no sólo la misma referencia sino también el mismo sentido, preservarán los valores de verdad aún en contextos intensionales: en la medida en que el contenido proposi cional se preserva en la substitución, el valor de verdad permanece constante. Pero donde dos términos se usan ordinariamente para refe rirse al mismo objeto, y el sentido de ambos es diferente, la sustitu
ción de un término por otro puede alterar el contenido de la proposi ción y, así, puede alterar el valor veritativo del informe. El valor de verdad de 2, por otra parte, no depende de cómo se identifica el ob jeto; otras identificaciones preservarán también el valor de verdad.
Frecuentemente nos encontramos con informes de contenido par ciales, donde el informador no se compromete a sí mismo con la tota lidad de la proposición original. Así decimos cosas de la forma:
23. No quiero decirte exactamente lo que él dijo, pero el sheriff dijo que Mr. Howard era un cierto tipo de hombre.
Aquí la forma del informe deja claro que el informador no está obli gado a repetir la totalidad del original.
El análisis que estoy ofreciendo aquí es solamente una expansión de los puntos expuestos en el Capítulo 1. En los informes de los esta dos Intencionales lo que uno hace es representar una representación. Ahora bien, desde el momento en que el informe es el soporte de la representación y no lo que es representado por ella, los compromisos de la representación que hace de soporte pueden estar ausentes del in forme; de aquí que los compromisos ontológicos del primero puedan estar ausentes del segundo. Y puesto que el informe procede repi tiendo el contenido preposicional de la representación original, cual quier sustitución que altere ese contenido preposicional, puede alterar el valor de verdad del informe, ya que lo que entonces se presentaría en el informe sería una representación diferente.
Condición D: Dadas nuestras respuestas a las preguntas concer nientes a las condiciones A, B y C, ¿cómo podemos presentar una ex plicación unificada de las cláusulas «que», etc.? Esto es, si las cláusu las «que» subordinadas son en general presentaciones demostrativas de contenidos preposicionales, entonces ¿cómo podemos dar cuenta del hecho de que algunas son intensionales y otras son extensionales?
El que las proposiciones subordinadas sean intensionales o exten sionales es por entero un asunto del contenido semántico del resto de la oración. Así las diferencias entre oraciones de las formas
1. El sheriff cree que Mr. Howard es un hombre ho nesto.
y
3. Es un hecho que Mr. Howard es un hombre honesto. son por completo una cuestión de la diferencia de significado que existe entre «El sheriff cree que» y «Es un hecho que». Ambas orado