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Citado por Spicq, Lettres Pastorales, p 378.

In document La Palabra Inspirada - Luis Alonso Schökel (página 175-177)

FORMAS ENERGICAS DEL LENGUAJE

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como lo que es realmente, como palabra de Dios, que despliega su energía (éveQyeltat) en vosotros los creyentes» (1 Tes 2,13).

La carta a los Romanos nos ofrece dos testimonios impor­ tantes. El primero es programático, al principio de la carta: «No me avergüenzo del evangelio, fuerza de Dios (ó'úva|j.ig 0eoü) para salvar a todo el que cree» (1,16). El evangelio es la predica­ ción de Pablo, es la palabra resonante que anuncia el misterio de Cristo: este evangelio no sólo habla acerca del poder de Dios para salvar, sino que es el poder de Dios en acción. Como toda la obra de la salvación, se realiza por la fe: su poder no. es mecá­ nico ni coactivo, el hombre puede responsablemente rechazarlo. Pero el que lo recibe, recibe en él la salvación.

El otro texto se encuentra hacia el final de la carta, y es una síntesis de vida cristiana. El misterio de Cristo se ha consumado en la muerte y resurrección. Cristo sufrió hasta la muerte, y el Padre lo resucitó y glorificó. Con Cristo morimos nosotros y resucitamos, participando en esta vida de sus sufrimientos y glo­ rificación. De su muerte, cuando sufrimos con paciencia; de su resurrección, cuando recibimos su gracia y consuelo. Lo admira­ ble de esta participación es que, precisamente en el sufrimiento, se injerta el consuelo: de esta manera experimentamos realmente el poder de Cristo glorificado, y con esta experiencia se con­ firma nuestra esperanza de una gloria final, que será total parti­ cipación en la gloria de Cristo. Sufrir con paciencia es gracia, sentir el consuelo en el sufrimiento es gracia, y esta gracia nos la dan las Escrituras: «Todo lo que está escrito, se escribió para enseñanza nuestra, de modo que, entre nuestra constancia y el consuelo que dan las Escrituras, mantengamos la esperanza» (Rom 15,4).

Ese consuelo es en griego paraklesis, con inevitable alusión al

parakletos, el Espíritu consolador que Cristo resucitado envía desde el cielo; también en forma de escritura inspirada.

Un texto semejante en el primer libro de los Macabeos 12,9: “Con el estímulo de los libros santos no necesitamos tales alianzas”, cf. Macabeos, en Los Libros Sagrados (Ed. Cristian­ dad, Madrid 1976) 109.

En la primera carta de Pedro leemos una exhortación al amor mutuo, fraterno: este amor debe proceder del nacimiento co­

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mún, que crea un parentesco espiritual, como también el naci­ miento en una familia crea vínculos de amor. El nacimiento es­ piritual no es obra de una simiente corruptible, sino de una si­ miente incorruptible, por medio de la palabra de Dios que vive y permanece. Dios vive y transmite su vida, vive para siempre y puede dar una vida perdurable. Esto lo realiza por medio de la Palabra, que, como El, permanece por siempre. La palabra de Dios es el Antiguo Testamento, que como palabra de Dios no ha pasado, sino que continúa y se realiza plenamente en la pala­ bra del evangelio: «Purificados ya internamente por la respuesta a la verdad, que lleva al cariño sincero por los hermanos, amaos unos a otros de corazón e intensamente. Porque habéis vuelto a nacer, y no de una semilla mortal, sino de una inmortal, por medio de la palabra de Dios viva y permanente; porque "todo mortal es hierba y toda su belleza es flor de hierba: se agota la hierba y cae la flor. En cambio la palabra del Señor permanece para siempre”. Ésta es la palabra que os anunciaron» (1 Pe 1,22- 25)‘

El desarrollo vital de la palabra de Dios aparece varias veces en los Hechos de los Apóstoles, describiendo el crecimiento y consolidación de la Iglesia. Notemos esta función eclesiástica de la palabra: funcional entonces, vital siempre: «El mensaje de Dios iba cundiendo, y en Jerusalén crecía mucho el número de los discípulos» (6,7). «El mensaje del Señor cundía y se propa­ gaba» (12,24). «El mensaje se difundía vigorosamente» (19,20). «Llegó hasta vosotros el mensaje de la verdad. Así es como va dando fruto creciente en el mundo entero» (Col 1,6). «Mensaje», en grigo Xoyo^.

N o sólo el hombre que cree, sino las criaturas pueden ser santificadas por la palabra de Dios. La palabra divina las creó, y por eso son todas bellas o buenas, también la comida y el matri­ monio; la palabra divina las santifica, y por eso hay que to­ marlas con agradecimiento: «Todo lo que Dios ha creado es bueno, no hay que desechar nada, basta tomarlo con agradeci­ miento, pues la palabra de Dios y nuestra oración lo consagran» (1 Tim 4,4).

Dios toma la iniciativa de la salvación: como en otro tiempo, con su palabra poderosa, fue llamando a la existencia a las cria­

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turas, así ahora, con su palabra verdadera da la vida a lo esco­ gido de su creación, los cristianos. A nosotros toca una actitud humilde para recibir esa palabra que Dios siembra o planta den­ tro de nosotros, para que realice nuestra salvación: «Por propia iniciativa nos engendró con el mensaje de la verdad, para que fuéramos en cierto modo primicia de sus criaturas... Por tanto... aceptad dócilmente el mensaje plantado en vosotros, que es ca­ paz de salvaros» (Sant 1,18.21).

Escuchemos, para terminar, la emocionada despedida de Pa­ blo, y que nos sirva de meditación:

«Vosotros sabéis cómo me he portado con vosotros todo este tiempo, desde el día que por primera vez puse el pie en Asia: he servido al Señor con toda humildad, entre las penas y pruebas que me han procurado las maquinaciones de los judíos. Sabéis que en nada que fuera útil me he retraído de predicaros y enseñaros en público y en privado, instando lo mismo a judíos que a griegos a convertirse a Dios y a creer en nuestro Señor Jesús.

»Ahora me dirijo a Jerusalén, forzado por el Espíritu. N o sé lo que me espera allí, sólo sé que el Espíritu Santo, de ciudad en ciudad, me asegura que me aguardan cárceles y luchas, Pero la vida para mí no cuenta, al lado de completar mí carrera y cum­ plir el encargo que me dio el Señor Jesús: ser testigo de la buena noticia, del favor de Dios.

»Y ahora mirad, yo sé que ninguno de vosotros, entre quienes he predicado el Reino, volverá a verme. Por eso declaro hoy que no soy responsable de la suerte de nadie, porque no me he retraído de anunciaros enteramente el plan de Dios. Tened cuidado de vosotros y de todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto como guardianes, siendo así pastores de la Iglesia de Dios, que él adquirió con la sangre de su Hijo.

»Ya sé yo que, cuando os deje, se meterán entre vosotros lobos feroces que no perdonarán al rebaño, e incluso de entre vosotros mismos saldrán algunos que corromperán la doctrina, arrastrando tras sí a los discípulos. Por eso, estad alerta: recor­ dad que durante tres años, de día y de noche, no he cesado de aconsejar con lágrimas en los ojos a cada uno en particular.

»Ahora os dejo en manos de Dios y del mensaje de su gra­

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cia, que tiene poder para construir y dar la herencia a todos los consagrados» (Hch 20,18-32).

Toda la actividad apostólica de P^blo ha sido ir cons­ truyendo la Iglesia de Cristo, ir repartiendo la herencia del reino de los cielos, por medio de la proclamación del evangelio. Esta actividad se va a concluir en una zona de la Iglesia, y Pablo no puede marcharse sin dejar algo que continué la tarea. La Iglesia de Éfeso queda encomendada a sus pastores, y los pastores que­ dan encomendados a Dios y a la palabra de Dios: esa palabra se­ guirá construyendo la Iglesia y distribuyendo a todos la herencia del reino.

Nosotros no hemos conocido personalmente a Pablo, ni le hemos acompañado llorando hasta el barco; pero Pablo nos ha dejado su palabra, y nosotros la recibimos —como realmente es— como palabra de Dios; y ella sigue construyendo en noso­ tros y de nosotros la Iglesia.

In document La Palabra Inspirada - Luis Alonso Schökel (página 175-177)