(Le 7,13). El poder de Cristo no es una omnipotencia indife rente y distante, sino que Cristo participa realmente en nuestros dolores, su corazón se conmueve. Y ésta es una constante de la Sagrada Escritura: no sólo palabra doctrinal, superior e impasi ble, sino palabra expresiva, en la que vibra y se comunica el afecto cordial. «Cristo se acercó, tocó el ataúd —los portadores se detuvieron— y dijo: «Escúchame tú, muchacho, levántate». La palabra de Cristo es dinámica y eficaz: brota de la compasión y la actualiza en salud y salvación. Y ésta es otra constante de la palabra bíblica: su dinamismo y eficacia para la salvación. «Y el muerto se incorporó y comenzó a hablar». Este es el resultado en nosotros de escuchar la palabra de Dios: nos incorporamos y comenzamos a hablar entablando diálogo con Dios.
OTRAS FUNCIONES DEL LENGUAJE
Fr. Kainz habla de funciones secundarias, estéticas y éticas: Psychologie
der Spracbe (Stuttgart 1954): volumen primero, III B. Su clasificación es
extraña, pero la lista es interesante, y podría servir para prolongar las reflexiones.
A las tres funciones primarias, monológicas y dialógicas, aña den algunos autores otras funciones que llaman secundarias; funciones estéticas y funciones éticas. Entre las funciones esté ticas entra, por ejemplo, la cuestión de la plasticidad en el gé nero descriptivo; entre las funciones éticas, la cuestión de la mentira, eufemismo, etc.
Recientemente, Sóhngen construye un armonioso sistema del lenguaje, filosofía y teología, siguiendo la línea de las fun ciones 34.
Su obra se compone de tres naves, con cuatro secciones en cada una: funciones lógicas, funciones estéticas, funciones ener- gético-éticas. Las funciones lógicas son cuatro: denominación, enunciado, silogismo, término; en orden dinámico de composi ción sucesiva, que desemboca en la precisión conceptual. Las es téticas son cuatro: imitación de cosas, expresión de personas,
3+ G. Sóhngen, A nalogic u nd M etapher. K leine P hilosopbie u n d T h eologie
d ér Sprache (Munich 1962). Véase la recensión de H. G. Fritzsche en «Thcolo-
144 Tres fundones del lenguaje
metáfora, concepción del mundo; la tercera tiene un relieve capi tal en el libro, y domina el título. Las funciones energético- éticas son cuatro; acción eficaz, testimonio y profesión, persua sión, formación de la opinión por el diálogo. Entre las tres divi siones cuaternarias traza el autor una proporción y correspon dencia ideal.
Las 120 páginas de Sdhngen ofrecen una lectura sugestiva, bastante densa: no la voy a seguir aquí, pero recomiendo el libro como lectura ulterior. Las funciones estéticas me ocuparán, con otro enfoque, en el capítulo próximo; la función energética ten drá un puesto importante al final de este libro.
Aquí quiero advertir cómo la clasificación de Sóhngen puede reducirse en gran parte a las funciones fundamentales que distin gue la psicología: la acción y persuasión se reducen a la tercera función impresiva en cuanto obran sobre el oyente o interlocu tor; la profesión es una forma de expresión, de tipo total, que compromete la persona frente a otra, en un orden moral o reli gioso, y a su vez puede exigir una respuesta equivalente —en la Sagrada Escritura Dios da testimonio de sí mismo, y exige como respuesta nuestra profesión, en movimiento dialógico—. Como el dinamismo de la palabra puede crear acción o convicción, la distinción de Sóhngen afina diferenciando la tercera función ele mental. Sóhngen registra el sentido dialógico sobre todo al final del libro, da menos relieve e importancia a la distinción dialó- gico-monológica.
En otra dirección divide Krings: más bien que funciones, las llama formas básicas del discurso La primera es la forma dis cursiva: como articulación temporal y sucesiva de la unidad, por relaciones lógicas, manteniendo y manifestando la unidad, de signo dialéctico. La forma de actualización realiza la presencia en el acto de decir: lengua de la poesía, del culto. La forma exis tencia!: manifestación y a la vez realización del hombre, en com promiso. La terminología es del todo diversa, y delata su en tronque con movimientos filosóficos recientes. La segunda forma nos puede interesar para comprender una palabra inspi rada, en buena parte poética, y actualizada en el culto.
35 En el término Palabra., en C on ceptos fu n d a m en ta les d e la T eología II (Ed Cristiandad, Madrid 2t979) 231-241.
Consecuencias 145
El lenguaje «performativo» realiza de hecho lo que la palabra dice: «te felicito, declaro inaugurada la sesión, el acusado es inocente, te doy mi palabra = me comprometo». Esta función especial del lenguaje se ejerce también en la liturgia. Podemos decir que la palabra inspirada, actualizada en la liturgia, funciona como lenguaje performativo. El colofón «palabra de Dios» lo ra tifica. Además es posible aislar en la escritura momentos en que Dios emplea un lenguaje performativo, como «Yo estoy contigo, yo te envío, tus pecados quedan perdonados».
CONSECUENCIAS
Apliquemos lo expuesto al lenguaje inspirado. Si Dios asumiese so lamente la primera función, exposición de ideas y doctrinas, por un lado, de hechos, por el otro, entonces nos tocaría a nosotros extraer este elemento «inspirado» separándolo de la ganga humana no inspirada. El producto extraído lo refinanamos en formulas más claras y precisas, y ya la Sagrada Escritura no sería necesaria para el que ha llegado al estadio final (recordemos cómo las fun ciones lógicas de Sóhngen desembocan en la formacion de con ceptos precisos y distintos). En las fórmulas dogmáticas y en la especulación teológica conceptual tendríamos depurada la doc trina «inspirada», y la Escritura ya no nos haría falta. Algo de esto ha sido la práctica —no proclamada ni defendida— de ciertos autores.
En cuanto a los hechos, imitaríamos la postura polémica __controversista— de Belarmino 3^. Este autor intenta probar que la Sagrada Escritura es inferior a la tradición, o incluso in necesaria. Una de las razones es porque narra muchos hechos que no tienen relación con la doctrina: no están contados para que creamos, sino que los creemos porque están contados. Como estos hechos, propuestos en función informativa, carecen de relevancia doctrinal, no hace falta elaborarlos y trasponerlos en conceptos; lo único que debemos es creer que sucedieron. Su problemática radica en la historicidad. Semejante actitud ante la Escritura no es una fantasía que yo haya inventado.
Si la función informativa es la única inspirada, y si esta fun-
36 J. R. Geiselmann, Sagrada Escritura y tradición (Herder, Barcelona 1968).
146 Tres funciones del lenguaje
ción tiene su razón de ser en la doctrina, ¿para qué tantas repeti ciones en la Sagrada Escritura?, ¿para qué tantos hechos pasados que no nos interesan?, ¿para qué la búsqueda dialéctica de un Qohelet o un libro de Job?
En la Sagrada Escritura hay doctrina, y la doctrina ocupa un lugar importante en la vida cristiana —lo veremos más ade lante—. Lo injusto es sacrificarlo todo a la doctrina: el conoci miento personal de Dios, la fe como don de la persona, la gracia como trato y unión 37.
La pluralidad de funciones descrita explica en parte desde la vertiente humana por qué los santos padres podían buscar y en contrar en la Sagrada Escritura la doctrina cristiana, la oración cristiana, la vida cristiana. En este lenguaje total no se da la dis tinción entre doctrina y vida, teoría y práctica, que nos aqueja a los modernos; y que estamos en vía de solucionar, precisamente por una vuelta a la Escritura y a la liturgia.
La liturgia debe actualizar la Sagrada Escritura en su triple función: una lectura o proclamación que presenta los contenidos de la información, que da relieve a los valores expresivos, que llega a impresionar a los oyentes. En la liturgia debe recobrar la Sagrada Escritura su virtud dialógica.
En la oración privada, de ordinario no partiremos de «ver dades teológicas», que transformamos en lengua concreta, plena y vital; sino que de ordinario partiremos de la lengua bíblica, en su integridad funcional.
Otro sector mete el escalpelo con la pretensión de una nueva interpretación existencial38. Inspirada (atención a la metáfora) sería la función bíblica de apelar a mi respuesta existencial; esta
37 En el comentario a la constitución D ei Verbum publicado en 1969 por la BAC dedico un artículo al tema «Revelación y doctrina».
38 Ésta es una cuestión de actualidad, discutida en innumerables artículos: en el «Elencus bíblicus» correspondiente a 1963 registra P. Nober 14 títulos refe rentes a Bultmann. Pero no es fácil encontrar una exposición asequible. H. Noack, S prache u nd O ffen b a ru n g (Gütersloh 1960), aborda la cuestión en un lenguaje difícil; en último término, defiende la necesidad de un lenguaje «mítico» (simbólico) para formular la experiencia religiosa.
L. Malevez, Le m essa ge ch rctien et le m yth c. La tb éo lo g ie d e R. B ultm ann (Brujas 1954). Exposición bastante clara, aunque no muy ceñida al tema del len guaje.
Consecuencias 147
función se basa en el carácter de profesión existencial del autor. Pero, en cuanto función activa, es perfectamente separable y hay que separarla cuidadosamente del lenguaje concreto del autor, hay que trasponerla enteramente a otro lenguaje, para que pueda funcionar en mí. El contenido informativo, doctrina y hechos, queda fuera; y aun la función de impresionar es más bien una metafunción del lenguaje inspirado, Y la designación «inspirado» es una metáfora engañosa, que hace falta trasponer enteramente, para que adquiera sentido, es decir, virtud de impresionar.
En los manuales teológicos sobre la inspiración suele haber un capítulo que se titula De extensione inspiradonis. Porque al gunos autores operaban cortes en la Escritura, dejando fuera de la inspiración algunos segmentos: las frases casuales y dichas de paso, lo no doctrinal, lo que no se refiere a la fe y costumbres. Se trata de cortes longitudinales: en la cita gráfica de la palabra escrita se pueden seccionar palabras, sentencias, líneas; y se po dría montar el resto, para obtener un puro libro inspirado. Ni la explicación ni el planteamiento unidimensional es aceptable hoy. Un corte más profundo es el ya referido de materia y forma, contenido y estilo, materia y palabras: es la gran discusión sobre la inspiración verbal, que Pesch intenta rechazar en treinta apre tadas páginas. Repito que esta limitación del carisma no encuen tra adeptos hoy día.
El padre Benoit divide el capítulo sobre la extensión de la inspiración del modo siguiente: «A todas las facultades, a todos los que concurren a la formación del libro; a todo el contenido». El planteamiento es más rico. Y podríamos, con vistas a un tra tado escolar, añadir la extensión a todas las funciones del len guaje: porque también aquí hay que rechazar una limitación im puesta al carisma del Espíritu.