2. Psicopatología en la evitación experienciai
2.3. Clases de regulación verbal inefectivas del T E E
Ya especificamos en el capítulo anterior los tipos de regulación verbal que resultan típicos del proceso de socialización (véase p. 61). Tal regu lación es la base del contexto verbal del control —en este caso— de los eventos privados al que nos referíamos más atrás y que llega a conformar clases de relaciones conducta-conducta. Dicho proceso se conforma a través de múltiples ejem plos o episodios, con contingencias directas y me diadas socialmente, para relacionar lo que se dice y lo que se hace y, más tarde, lo que se consigue a corto y a más largo plazo, hasta el punto de ge nerar comportamientos de autocontrol y morales o controlados por consecuencias verbales muy abstractas. Dada la complejidad y extensión del fenómeno, en lo que sigue nos centraremos en los tipos de adherencia a reglas o relaciones conduc ta-conducta que propician la construcción y man tenimiento del patrón cronificado de evitación experienciai.
La evitación experienciai es un ejemplo de con ducta gobernada por reglas que contradice el re sultado, ya que la regla especifica lo que ha de evitarse y cómo ha de evitarse e incluye los resul tados inaceptables para el sujeto caso de no con seguir evitar el evento aversivo. Sin embargo, si la adherencia a tales reglas va en contra de lo que una persona desea para su vida, entonces esa re gulación verbal seria destructiva y definiría el TEE. La regulación verbal que atrapa el patrón cronifi- cado de evitación experienciai tendría tres tipos de seguimiento (Hayes et al., 1999):
El trastorno de evitación experiencia! i 89
1. El seguimiento o cumplimiento de reglas motivado por la obtención de consecuen cias mediadas por otros —pliance—. En su nivel problemático, estaríamos ante un
pliance generalizado como un patrón rígi
do de evitación.
2. El seguimiento de reglas por rastreo de huellas —tracking— improbables, paradó jicas o sobredimensionadas.
3. El seguimiento de reglas por alteración —augmenting— con consecuencias abs tractas o remotas.
Veamos con algún detalle estos tres aspectos. En primer lugar, en el TEE es frecuente una re gulación verbal excesiva o generalizada motivada por las contingencias mediadas por otros. Se obser va una necesidad excesiva y rígida del cumplimiento
de reglas de evitación, en cuyo proceso las contin gencias mediadas por otros son el elemento esen cial de control. Esto ocurre cuando en el proceso
de socialización no se han dado las condiciones para un pliance condicional a ciertas circunstancias y con secuentemente produce una dependencia de las con tingencias que provienen o median otros. Este pa trón anula o neutraliza que otras contingencias que acontecen al comportarse adquieran un valor fún- cionalmente importante al margen de lo que otros opinen y hagan. Se genera de este modo una falta de ajuste a las contingencias directas y sucesivas que provienen del comportamiento, simplemente porque éstas no han adquirido ningún valor para la persona (véanse los estudios sobre la insensibilidad a contingencias, por ejemplo en Hayes, Brownstein, Zettle et al., 1986; Catanía, Shimoff y Mathews,
1989). Este tipo de regulación ha mostrado una co rrelación alta con patrones genéricos de rigidez a distinto nivel (por ejemplo, Wulfert, Greenway, Farkas, Hayes y Dougher, 1994; Gutiérrez y Lu ciano, 2001).
La regulación verbal generalizada de tipo
pliance pueclfé^gé&hltar destructiva si envuelve a
la persona en toftio al valor reforzante que tiene lo que otros opinen y el valor reforzante que tie ne el hecho de tener razón a pesar de que así no consiga lo que quiere en su vida. La dependencia
sobre si lo que hace está bien o mal, es correcto o no, gustará o disgustará es un contexto en el que la importancia de tener buenas razones para actuar y de tener razón en el plan que sigue es esencial. Sin embargo, al centrarse en hacer las cosas por lo que otros opinen (bien para agradar, bien como contracontrol) anula las posibilidades de centrarse en las consecuencias directas de su comportamiento. Y esto puede acabar estrechan do su vida.
Por ejemplo, la dependencia de una persona de «hacer algo para que otros respondan de un modo que le demuestre que está en lo cierto» li mita su funcionamiento a las lecturas que hace del comportamiento de los otros. Así, esta perso na se hallará envuelta en necesitar el apoyo, alien to y agrado de otros (y evitar lo contrario) para poder sentirse bien y no se sentirá bien si los otros no han respondido del modo que necesita. Cuan do este patrón de evitación está presente y domi na poderosamente, otras contingencias quedarán
sin experimentar ■—aunque se anhelen— o esta
rán teñidas del valor de las contingencias dadas por otros.
Como ya se indicó en el capítulo previo (pp. 63- 68), es esencial en el proceso de socialización que se produzca el cambio desde la regulación verbal mediada por otros hacia formas más funcionales de ajustarse al ambiente; es decir, es necesario que la regulación verbal se conduzca hacia el se guimiento por rastreo de huellas (tracking) y por reglas que alteran las condiciones presentes
(augmenting). Habida cuenta de que el seguimien
to de reglas por mediación de otros es ún patrón de funcionamiento en el que se basan numerosos trastornos psicológicos, los terapeutas han de cuidar su comportamiento durante el tratamiento para reducir el impacto de este tipo de regula ción durante la terapia. El signiñcado destructi vo de este tipo de regulación se amplía (véase Hayes et al., 1999) cuando, por ejemplo, se ins truye sobre lo que hay que hacer y se aplican contingencias para potenciar el cumplimiento de las prescripciones. Basar el tratamiento en una regulación que está en la base del problema no hace más que potenciarlo, aunque la intención
90 / Terapia de aceptación y compromiso (ACT)
sea o tra5. Cuando el patrón cronificado de evita ción experiencial incluya la regulación excesiva del cumplimiento mediado por otros, el terapeu ta debe cuidar sobremanera sus estilos verbales a fin de bloquear y no potenciar este tipo de regu lación que está produciendo efectos destructivos sobre la vida del cliente. El estilo terapéutico habría de obviar el uso de fórmulas verbales que indiquen formas o señales concretas de agradar o desagradar al terapeuta, a fin de desestabilizar ese sistema de regulación y resituar la atención del cliente en el resultado de sus acciones por lo que significan para sus planes de vida.
En segundo lugar, en el TEE se observa un
seguimiento inefectivo por rastreo de huellas, una
regulación verbal del comportamiento sobre la base de reglas improbables, paradójicas, y una regula ción verbal sobredimensionada o aplicada en áreas en las que resulta casi siempre inefectiva (Hayes et al., 1999).
Tal es el caso cuando: a) se siguen reglas que conducen a resultados distintos a los form ula
dos (como profecías que se cumplen a sí mismas); tí) se siguen reglas con resultados improbables o difíciles de comprobar, o c) se siguen reglas para
controlar comportamientos que no requieren la regulación verbal, lo que supone un sobredimen- sionamiento del seguimiento de reglas.
Por ejemplo, supóngase una persona que actúe bajo el control de la regla «no soy una persona válida», «tengo que conseguir ser una persona in teresante» (Hayes et al„ 1999). La probabilidad de que confirme su sentimiento de «invalidez» es alta porque al actuar se mantienen todas las pro piedades de la regla en sí misma, como una profe
cía que se cumple a sí misma, ya que emprenderá
acciones bajo el plan de no verse cqmo una perso na sin valía, de manera que sea cual fuere el com portamiento de otros o los resultados obtenidos la verá o analizará siempre sobre la base de detectar la validez o inutilidad de uno mismo. Esto es, puede
5 Lo que trae a colación, una vez más, la necesidad de llevar a cabo análisis funcionales y no sólo topográficos de los problemas del cliente y considerar los ejemplos de con
que nadie le alabe, y concluirá confirmando su in validez, pero si alguien lo elogia lo interpretará o atribuirá a otros factores (por ejemplo, pensará que no deberían hacerlo porque no se lo merece, o que lo hacen porque pretenden engañarle o reírse de él, o que si lo hacen es porque son estúpidos e in capaces de detectar su poca valía).
Lo mismo cabria decir de alguien que «no quie re sentirse sin confianza en sí mismo» y que bus ca deliberadamente la confianza en sí mismo. Las acciones que emprenda estarán todas en el mar co de la desconfianza siendo tal seguimiento pa radójico.
Un seguimiento sobredi mensionado de reglas de rastreo ocurre cuando alguien tiene un plan o sigue reglas con el fin de alcanzar un resultado final. Por ejemplo, «desear ser una persona es pontánea», cuando la espontaneidad es una clase de respuesta moldeada por contingencias, como lo es aprender a correr o a golpear una pelota. La adherencia de esa persona a fórmulas verbales so bre cómo llegar a ser espontáneo no conseguirá sino entorpecer el objetivo pretendido como re sultado paradójico. El proceso es el mismo cuan do una persona intenta deshacerse del pánico que le produce una determinada situación o evento y pone un plan en marcha para conseguir hacerlo; su comportamiento se ajusta al seguimiento de «tengo que parar este pánico o de lo contrario no podré vivir...», pero el resultado es que lo que quiere parar se fortalece, hay más pánico y el ci clo se perpetúa.
En tercer lugar, los problemas en el seguimien
to de reglas por alteración (augmenting) ocurren
cuando una regla especifica que un proceso está unido a un resultado (por ejemplo, «tengo que quitarme estos pensamientos para poder vivir»), de manera que el resultado propuesto («poder vi vir») funciona como una regla que altera el pro ceso (sentirse mal es un obstáculo). Una persona en tal contexto organiza su vida y la concentra
duela, como elementos de clases funcionales, aspecto que re tomaremos al analizar las recaídas o la eficacia y dificultad de los tratamientos.
Et trastorno de evitación experienciai / 91
con el fin de alterar un particular proceso que se entiende determinante para poder vivir. La ma nifestación clínica más relevante (Hayes et al.,
1999) de este problema es la tendencia a unir la
forma y la cualidad de los eventos privados con el objetivo de tener éxito en la vida, o siquiera hacer lo que uno quiere. Se trata, pues, de reglas de rastreo (tracks) que actúan como reglas alte radoras (augmentáis) que cambian la función motivacional de los estímulos presentes. Es el caso si el sistema que guía el comportamiento de la persona incluye la regla de que sólo se puede
tener una vida plena si desaparecen los recuer dos, pensamientos o las sensaciones negativas,
ya sean sensaciones corporales, o contenidos de visiones del pasado o del futuro, o voces, o cua lesquiera otros contenidos psicológicos. Cuando la necesidad de cambiar estos contenidos cogni- tivos se convierte en el objetivo, las condiciones circundantes se tiñen (o transforman sus funcio nes) por la necesidad de eliminarlos; se convier ten en «las claves», en el «proceso determinante
hacia vivir».
Los ejemplos de tal sistema de funcionamiento son numerosos y están disponibles en el sistema socioverbal. Por ejemplo, si una persona tiene pen samientos o recuerdos negativos sobre una rela ción personal y entiende que «sólo cuando des aparezcan podré centrarme en la relación presente, si no lo consigo será un desastre, tengo que con trolar mis pensamientos», está regla puede actuar alterando las funciones de la relación actual. Y si persisten, la persona terminará por abandonar la relación actual mientras lucha contra sus pensa mientos y recuerdos a la espera de eliminarlos y sustituirlos por pensamientos positivos que guíen su conducta. Ejemplos similares son aquellos en los que alguien entiende que «tengo que quitarme de encima esta depresión para poder vivir bien», tratándola como si fuera un objeto molesto que se puede elimiqar como se elimina un grano que afea la cara; igualrñéñté, cuando un cliente manifiesta «necesito sentir él cariño de mis hijos para que mi vida tenga sentido» o sostiene que «para conse guir relacionarme tengo que creer en mí, en que puedo ser amado», o «si no estoy motivado, no
puedo trabajar», o «tengo que tener seguridad en que me saldrá bien para poder hacerlo».
Cuando el comportamiento de una persona se ajusta a estas reglas y el resultado de este funcio namiento adquiere propiedades limitantes, enton ces hay que buscar alternativas a estos tipos de regulación. Uno de los principales obstáculos para ello es que el seguimiento de reglas está ubicado en el contexto de tener razón, y de tener «muchas» y «buenas» razones para actuar como lo hace. Sin embargo, la vida de esta persona no anda y no entra en contacto con las contingencias que orientan hacia lo que quiere. Sus eventos privados bloquean la acciones valiosas, ya que la persona no se dife rencia de sus eventos privados, no puede verlos «sin pasión» y con distancia desde el yo-contexto.
La alternativa a estos tipos de regulación supo ne el debilitamiento de las reglas alteradoras que conducen a la lucha o el cambio inútil de los even tos privados valorados negativamente y vividos como barreras insalvables para hacer lo que real mente importa en la vida. Los clientes atrapados en un patrón de evitación experienciai de un modo u otro presentan un ajuste a reglas inefectivas equi valentes a las mencionadas; de ahí que el tratamiento funcional deba perseguir que el cliente aprenda a discriminar su funcionalidad respecto de lo que quiere en su vida: ¿le sirve el plan o no? Se trata, en suma, de que se debilite el seguimiento de re glas inefectivo en ciertos contextos (donde no le sirva al cliente por impedir recorridos valiosos) y se mantenga donde sí le valga. Dicho de otro modo, minar la coherencia literal del lenguaje en combi nación con el incremento en la sensibilidad hacia las actuaciones reguladas que le sirven al cliente es el objetivo fundamental a perseguir en el tratamiento de estos casos. Un enfoque que no es compatible con los tratamientos cognitivos (o «conductuales- cognitivos») clásicos en los que el terapeuta sigue las mismas reglas que mantienen el patrón de evita ción, en tanto que su objetivo es un tratamiento cen trado en la reducción de síntomas cognitivos como un requisito para que el cliente pueda comportarse de un modo eficaz (véanse Luciano y Hayes, 2001; Forsyth, 2000). Pero esto es ya hablar de terapia, y a ello se dedican los capítulos siguientes.
PARTE SEGUNDA
Definiendo y aplicando la terapia
de aceptación y compromiso (ACT)
Los capítulos cuarto al décimo están orientados a la presentación de las característi cas y la puesta en práctica de la terapia de aceptación y compromiso. El capítulo 4 entre teje las características de la terapia con sus objetivos y la evidencia empírica, A partir del capítulo 5 se presentan los componentes esenciales de ACT en un formato confec cionado bajo la idea de incrementar la posibilidad de una práctica útil, lo que se inten ta combinar con ciertas condiciones que faciliten la discriminación del lector sobre los puntos críticos en la aplicación de ACT.
I
'.S
Características y evidencia empírica
1. EL CAMBIO EN EL TRASTORNO