• No se han encontrado resultados

1. Características del trastorno de evitación experienciai

1.2. El TEE como dimensión funcional a través de diferentes síndrom es

Muchas formas de psicopatologfa recogidas en los sistemas de clasificación sindrómicos tradicio­ nales (principalmente DSM y CIE) pueden con­ ceptuarse como formas diversas de evitación no saludable (Hayes et al., 1996).' El TEE es un ele­ mento común a una buena parte de los síndromes descriptivos de los sistemas taxonómicos. Estos sistemas diferencian los síndromes por los conte­ nidos cogniüvos diferentes y los estímulos o cir­

cunstancias ante los que la gente reacciona, y tam­

bién se diferencian en la form a o el contenido particular de la reacción. Pero el elemento común

El trastorno de evitación experiencia! / 77

es que el comportamiento de la persona se centra en el patrón de evitación experiencial. Desde la perspectiva del TEE, personas cuyos «trastornos» recibirían nombres diferentes funcionalmente es­ tarían luchando (o trabajando) para terminar con, o evitar, los eventos privados que vivencian aver- sivamente y que conciben como obstáculos o ba­ rreras para su vida.

Algunas muestras de lo que queremos decir in­ cluyen, por ejemplo, el caso de una persona que muestra un patrón de alcoholismo o consumo de drogas con el objetivo de eliminar la ansiedad que le sobreviene ante diferentes funciones de estí­ mulo o el de otra, a la que tradicionalmente de­ nominaríamos como «agorafóbica», que intenta eliminar la ansiedad de una forma bien diferente; o personas diagnosticadas con «trastornó de pá­ nico» que estén luchando con la ansiedad es­ pecífica o generalizada, a diferencia de aquellas catalogadas con un «trastorno obsesivo-compul­ sivo» que lo harán con ciertos pensamientos, o de quien muestra un «trastorno de estrés postrau- mático» y que está luchando con sus recuerdos y sensaciones asociados a un evento traumático; o, finalmente, una persona diagnosticada con un tras­ torno depresivo que está luchando para evitar re­ cuerdos, pensamientos, sentimientos o predispo­ siciones corporales particularmente negativos. Diferentes trastornos psicológicos pueden ser ana­ lizados tomando la dimensión de evitación como el factor funcional más importante en su etiolo­ gía y su mantenimiento, aunque sean diferentes los tipos o fuentes de material evitado, así como las respuestas que conformen el patrón o clase funcional de evitación experiencial destructivo (Hayes et al., 1996).

De acuerdo con los datos disponibles, la evi­ tación experiencial ha sido explícitamente detec­ tada en el abuso de drogas y el alcoholismo (por ejemplo, Hayes et al., 2002; Luciano et al., 2001; Martlatt, 1994; Wulfert, 1994), en el trastorno obsesivo-cori^uisiyo (por ejemplo, Gold y Weg- ner, 1995; McCarthy y Foa, 1990), en el desor­ den de pánico, lá agorafobia y la ansiedad gene­ ralizada (por ejemplo, Carrascoso, 1999; Craske, Street y Barlow, 1990; Forsyth, 2000; Luciano y

Gutiérrez, 2001; Zaldívar y Hernández, 2001), en el trastorno de personalidad límite (por ejemplo, Linehan, 1993; Stroshal, 1991), en la depresión (Dougher y Hackbert, 1994; Zettle y Raines, 1989; Zettle y Hayes, 1986; Luciano y Huertas, 1999), en el trastorno de duelo (por ejemplo, Luciano y Cabello, 2001), en bulimia (por ejemplo, Nash y Farmer, 1999), en parafilias (por ejemplo, Lo- Piccolo, 1994), en síntomas psicóticos (por ejem­ plo, Bach y Hayes, en prensa; García y Pérez, 2001) y en el juego patológico (Labrador y Fer- nández-Alba, 1998).

El TEE también ha sido explícitamente detec­ tado en otros problemas clínicos no sindrómicos, como es el caso del suicidio —una estrategia de evitación final— (Chiles y Stroshal, 1995), las secuelas del maltrato sexual (por ejemplo, Follet- te, 1994; Polusny y Follette, 1995), y ha sido ex­ plícito en terapia de parejas (por ejemplo, Koer- ner, Jacobson y Christensen, 1994; Bems, Jacobson y Christensen, 2000), en el trabajo con padres de niños mentalmente retrasados (Bíglan, Lewin y Hops, 1990), en la atención a la vejez (McCurry y Schmidt, 1994), en dolor crónico (Dahl, Nils- son y Wilson, 2002; Luciano et al., 2001), en es­ trés laboral (Bond y Bunce, 2000) y en la terapia de apoyo psicológico a pacientes de cáncer (Mon­ tesinos, Hernández y Luciano, 2001).

En todos estos casos y muchos otros simila­ res, las personas implicadas estarían sufriendo aunque por contenidos privados distintos y es­ tarían luchando deliberadamente contra su sufri­ miento aunque en cada caso dicha lucha adopte diferentes formas que se toman como si de «tras­ tornos diferentes» se tratase. Como resultado co­ mún, su lucha acabará generando más sufrimien­ to, aunque en apariencia parezca proporcionar un cierto alivio, y en todos los casos las per­ sonas implicadas analizarán y razonarán su forma de funcionar o su plan deliberado para controlar los eventos privados como una forma correcta de proceder, por estar culturalmente con­ sensuada y ser refrendada día a día. Resulta así que diversos trastornos tenidos por «diferentes» en los sistemas clasificatorios al uso pueden quedar recogidos en una misma dimensión fun-

78 / Terapia de aceptación y compromiso (ACT)

cíonal caracterizada por la evitación experiencial limitante.

1.3. El TEE como dimensión critica en diferentes aproximaciones terapéuticas

La evitación experiencial, como dimensión funcional, es el factor crítico en el sufrimiento

humano, tanto cuando las consecuencias de la evi­

tación emocional se sobrellevan sin que parali­ cen la vida en exceso como cuando éste no es el caso y la evitación se convierte en un trastorno limitante. Cuando esto último sucede, es un he­ cho contrastable la ubicuidad del TEE en muchas categorías diagnósticas, sindrómicas y no sindró- micas, así como se resalta como un factor central en distintos sistemas ps ico terapéuticos teórica­ mente divergentes que enfatizan la «evitación emocional» como un aspecto pervasivo, por co­ mún, del funcionamiento humano (Hayes et al., 1996; Luciano y Hayes, 2001).

Un aspecto central reconocido por profesiona­ les orientados desde perspectivas muy diversas es la necesidad que tienen muchas de las perso­ nas que piden ayuda psicológica de encontrar nuevas y mejores fórmulas para escapar, evitar o modificar sus eventos emocionales o cogniti­ vos; es decir, su demanda psicológica gira sobre la necesidad de acabar con experiencias pri­ vadas que entienden poseen propiedades intrín­ secamente negativas (Hayes et al., 1999). No es de extrañar, por tanto, que la necesidad de olvi­ dar, ignorar, apartar, transformar, evitar, en re­ sumen, eventos privados desagradables sea co­ mún a diferentes terapias psicológicas aunque los mecanismos o estrategias que adopte sean dis­ tintos.

La convergencia sobre el papel de la evitación en la génesis de trastornos psicológicos desde dis­ tintas perspectivas resulta obvia a través de nu­ merosos y variados ejemplos. Es así cuando la evitación de emociones y vivencias se toma en la psicoterapia dinámica como uno de los ejes cen­ trales de la psicopatología, convirtiéndose la ne­ cesidad de atender al «material evitado» o «re­

primido» en uno de los pilares de la actividad te­ rapéutica; por ejemplo, cuando se plantea la ne­ cesidad de «pasar a la conciencia» contenidos que han sido demasiado dolorosos o amenazantes como para poder mantenerlos al nivel de la ex­ periencia consciente. Es así también cuando en la terapia rogeriana se enfatiza la necesidad de «llegar a ser más conscientes» de los propios sen­ timientos y actitudes, e igualmente ocurre para el caso de la terapia gestáltica, en la que «con­ tactar con la experiencia» es el fenómeno psico­ lógico de interés en los trastornos psicológicos provocados por la evitación de sentimientos do­ lorosos o por el miedo a emociones no deseadas. Y en la misma dirección se sitúan las teorías exis- tenciales.

Por otro lado, la importancia de la aceptación de los.eventos psicológicos es una parte central en las tradiciones psicoterapéuticas menos empí­ ricas, como son las aproximaciones humanísticas y existenciales y las aproximaciones sustentadas en las tradiciones orientales de meditación y es­ piritualidad (Hayes et al., 1996; véase también Pérez Álvarez, 1996, 1997, 2001). Del mismo modo, recientemente ha comenzado a detectarse una mayor sensibilidad a la aceptación psicoló­ gica en los modernos tratamientos calificados como cognitivo-conductuales, que, en parte, se orientan a lograr que los clientes afronten el ma­ terial evitado, como es el caso de las señales pro- pioceptivas (por ejemplo, Barlow, 1988; véase revisión en Forsyth, 2000).

Finalmente, tal hecho es más evidente y apa­ rece más estructurado en las terapias conduc- tual-contextúales que tienen como tema central, precisamente, la apertura radical a los eventos

privados en la elección que uno hace para su vida.

Tal es el núcleo de actuación en la Functional

Analytic P sychotherapy (Hayes, Kohlenberg y

Melacon, 1989; Kohlenberg y Tsai, 1991), en la Terapia Cognitivo-Conductual Dialécticá (Linehan, 1993), la Terapia Integral de Pareja (Christenson, Jacobson y Babcock, 1995; Berns, Jacobson y Christensen, 2000) y en la Terapia

de Aceptación y Compromiso o ACT (Hayes,

Stroshal y Wilson, 1999), de la que nos ocupa­

El trastorno de evitación experienciai / 79

mos en este texto como una terapia centrada en los valores'.

Consecuentemente, si por un lado el TEE es un factor crítico en diferentes trastornos y, por otro lado, diferentes aproximaciones postulan entre sus estrategias la necesidad o importancia de experi­ mentar lo temido, sería razonable concluir que la explicación o etiología del TEE tiene que situarse en todos los casos en el mismo plano funcional y, consecuentemente, las estrategias dirigidas a la pre­ vención del patrón cronificado de evitación expe­ riencia! tendrían que ser equivalentes (véase a este respecto la aportación preliminar sobre prevención del patrón de evitación experienciai de Luciano y Hayes, 2001).

A la par, cabría esperar que una actuación diri­ gida a las condiciones que generan y mantienen el TEE tendría que ser útil para evitar el factor clave o central en cualquiera de los trastornos arriba mencionados. Lo que resulta coherente con la con­ vergencia de la efectividad de las terapias que prac­ tican la aceptación de los eventos privados como su «núcleo» o aspecto estratégico central (véase Dougher, 1994; Hayes et a l, 1994; Wilson et al., 2001) en la resolución de trastornos que parecen bien distintos, si nos atenemos a la forma, pero que son funcionalmente equivalentes en el plan de evi­ tación experienciai.

La cuestión es que, al margen de las casuísti­ cas o formas particulares que muestre cada caso, el punto central no es otro que explicar por qué personas tan conscientes e implicadas en sus pro­ blemas, personas que «trabajan tan duro» para sentirse bien, olvidar sus penas y eliminar los pen­ samientos negativos, personas que, en definitiva, luchan con tanto ahínco por eliminar sus padeci­ mientos obtienen como balance final de sus ac­ ciones que el problema que pretenden resolver

cada vez está más presente en sus vidas. En la

1 Las cuatri?fej;amas( con un marcado basamento conduc- tual, tienen elementWcomunes (Wilson et aL, 2001): las cua­ tro son contextúales y radicalmente funcionales, muestran una gran sensibilidad con el uso y análisis de la conducta gober­ nada por reglas, son experienciales e incluyen la aceptación y componentes de cambio; utilizan el lenguaje a veces de

espiral de sufrimiento resultante el abandono o la renuncia a lo que es importante para ellos en la vida se hace también cada vez más presente, de modo que terminan sufriendo por lo que ha­

cen y por lo que dejan de hacer. SÍ, como soste­

nemos, la estrategia de evitación a veces resulta perjudicial, termina por convertirse en el verda­ dero problema psicológico de fondo, ¿por qué ocurre?

Para responder esta pregunta hemos de volver nuestra atención sobre las trampas verbales que envuelven a la persona bajo la influencia de su particular historia socioverbal, haciendo hincapié, primero, en la evidencia disponible sobre los efec­ tos del control de los eventos privados y, segun­ do, en el análisis de las condiciones socioverba- les en las que los humanos se hacen verbales generando las clases de regulación verbal del com­ portamiento.

1.4. Evidencias de los efectos del control