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CONTEXTUAL1SMO FUNCIONAL

En cierta ocasión, Juana, una joven de 27 años, abrió su correo y encontró una citación para una entrevista de trabajo, lo que le llevó a sentirse mal, a preocuparse y angustiarse al pensar que, cuando acudiera á la entrevista, no conseguiría gustar, y a sentir que no estaba preparada para enfrentarse a la entrevista, de forma que, si acudía, sería un fraca­ so. Juana reaccionó rehusando acudir a la entrevis­ ta con cualquier excusa, y acudió al psicólogo para que le ayudase a tener «confianza en sí misma». Por contra, Luis, un joven de la misma edad, recibió la misma invitación, y aunque también tuvo pensa­ mientos y sensaciones similares a las de Juana, de­ cidió acudir a la entrevista.

De otro lado, una tercera persona podría sentir­ se bien y acudir a la cita, mientras que una cuarta igualmente podría sentirse bien y no acudir.

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Este ejemplo muestra un fenómeno común en el comportamiento humano: la vaiiabilidacLdaios significados..(J.e_.lflí-.situaciones en términos, de lo que sentimos ante ellos,^de lo.que pensamosy "debías acciones”que emprendemos ante el mismo hecho. És común que distintas personas respón­ danmele manera diferente ante la misma situación, y que la misma persona pueda responder de ma­ nera distinta ante la misma situación en diferen­ tes circunstancias. Esta variabilidad ha sido uno de los principales objetos de estudio, si no el pre­ dilecto, de la psicología desde todas las perspec­ tivas teóricas.

En una perspectiva clásica resulta bastante co­ mún atribuir la variabilidad del comportamiento humano a la personalidad de cada cual. Desde otros enfoques se precisa que lo que una persona hace está determinado por lo que siente y piensa, mientras que, a su vez, otros puntos de vista teó­ ricos señalan que, a pesar de la correlación im­ portante que se puede observar entre pensar, sentir y actuar,,_el sentir y el pensar no son las causas

del hacer, sino sólo comportamientos relacio­

nados arbitrariamente en la historia individual. Desde una perspectiva funcional esta caracterís­ tica de lo psicológico se entiende como producto de la historia de cada persona, de forma que la variabilidad de relaciones entre lo que sentimos, pensamos y hacemos, según dónde, cómo y qué circunstancias, resulta más o menos amplia depen­ diendo de cada historia individual. Las diferen­ tes «explicaciones» de la variabilidad tienen re­ ferentes o marcos explicativos distintos, lo que repercute en el abordaje que se hace desde cada perspectiva en la prevención y cambio de las con­ ductas problemáticas.

En línea con los presupuestos teóricos del con- ductismo radical y del contextual i smo funcional, : entendemos que no sólo el pensar y el sentir son

una construcción socioverbal, sino que las reía- [ clones entre eventos privados y acciones —que pa- :

recen automúfjyp.a^í— provienen de interacciones i

sociales arbitrarias, dispuestas en la historia in- i

dividual hasta el punto de que fomentan explica- j ciones que dan un papel causal a los eventos pri- j vados. Cabe, por ello, afirmar que los eventos \ V Ediciones Pirám ide

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privados contiguosjt las actuaciones no son las\ 'crñtsasTSel comportamiento. I

Esta afirmación se justifica de acuerdo con los presupuestos del con textual i smo funcional (véa­ se, por ejemplo, Biglan y Hayes, 1996) que resal­ tan como unidad de análisis el comportamiento o

actuación humana en un marco presente- e histó­ rico y enfatizan un criterio de verdad pragmático

centrado en la validez de las afirmaciones, en tan­ to que éstas sirvan para influir en, o controlar, el comportamiento objeto de análisis. Es decir, el cri­ terio de validez se limita a la utilidad que tiene una explicación no sólo para predecir, sino —y es lo esencial— para controlar o influir (cambiar) en el fenómeno bajo análisis.

Para nuestro propósito, estos criterios son ex­ traordinariamente importantes, en tanto que no se trataría de describir qué pensamientos y sentimien­ tos se relacionan con ciertas acciones —o, lo que es igual, describir e incluso predecir las correla­ ciones entre pensar y sentir, o entre sentir y hacer, o entre hacer y pensar—, sino que lo más relevan­

te para controlar o influir en el comportamiento es dar razón o explicar tanto la procedencia del, pensar como del sentir y de las relaciones entref tales eventos.

En una perspectiva radical, el análisis de las ex­ plicaciones científicas sobre el funcionamiento psi­ cológico apela a entender la filosofía de la ciencia como el análisis del comportamiento humano que ofrecen quienes calificamos como científicos. Al hacerlo, establecemos como criterio de validez de las teorías, aquellas que sirvan para controlar y pre­ decir los fenómenos bajo estudio, esto es, que sir­ van para alterar el rumbo de las cosas. En este sen­ tido, las teorías que centran las causas de los actos humanos en constructos lógicos sobre la base del lenguaje ordinario metafórico y dualista suponen una barrera para el conocimiento científico del comportamiento si nos atenemos al criterio de in­ fluencia o control sobre el fenómeno a explicar como objetivo de tal conocimiento. Las explica- j ciones dualistas, como las instituciones mente- cuerpo o cualesquiera de sus derivados específi­ cos o actualizaciones que han surgido, han llegado a producir un estatus causal de la mente y los con-

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ceptos relacionados enraizado tan profundamente en la cultura popular y académica que se ha con­ vertido en la «teoría oficial» sobre el comporta­ miento humano.

i Ahora bien, desde esta perspectiva dualista no és sólo que un acto (ya sea el pensar o el com­ portarse inteligentemente) termine transformán­ dose en una cosa con existencia propia (y si de

un objeto se trata, también ocuparía un lugar en el espacio), sino que, de vuelta, la cosa creada

(el pensamiento o la inteligencia, respectivamen­ te) tendría existencia independiente, llegando a utilizarse para explicar la acción en s í misma que dio lugar a su formulación. Se deriva entonces que pensamos en tanto tenemos pensamientos, y nos comportamos exitosamente en tanto tene­ mos inteligencia. Este proceso se ha denomi­ nado cosificación y reificación a través del ra­ zonamiento circular (véanse, al respecto, Ryle, 1949; Kantor, 1975; Luciano, 1989; Luciano y Hayes, 2001; Pérez-Álvarez, 1997; Skinner, 1953; Macquordale y Meelh, 1948; Skinner, 1953). , Las explicaciones centradas en los eventos pri­

vados del individuo, entendidos como causas de : su comportamiento, se mantienen sobre la base del principio de causalidad contigua, que viene poten­ ciado porque en numerosas ocasiones seguir o eje­ cutar el plan verbal tiene como consecuencia que el resultado cae entre «lo esperado», y queda po­ tenciado el seguir esas reglas que confirman el te­ ner razón y estar en lo cierto. Así pues, aunque a veces el seguimiento del plan no tenga el resulta­ do esperado, seguirán produciéndose planes o dan­ do razones que sirven para su seguimiento. Más aún, la historia que mantiene tales relaciones, y que mantiene la persistencia en el valor causal de los eventos privados sobre la conducta, es muy poderosa en el entramado cultural y en la historia individual como para competir con éxito contra las evidencias de numerosas acciones que se empren­ den sin plan alguno y con las numerosas veces que los planes no alteran un ápice la situación a la que van destinados, o incluso producen dividendos en dirección contraria. No cabe duda de que las con­ tingencias que mantienen la explicación dualista son potentes, y no cabe duda también de que hay

múltiples ejemplos en la vida de cualquier ser hu­ mano en los que las planificaciones conducen al resultado proyectado, ofreciendo un apoyo aparente • a este modo de entender la naturaleza humana. Sin embargo, esto no significa causalidad, y no ha distraído a numerosos pensadores e investigado­ res que dirigen su atención hacia un análisis radi­ cal (esto es, hacia la raíz) de las relaciones entre conductas concediendo el lugar a los eventos in­ ternos que verdaderamente les corresponde (véa­ se Ryle, 1949).

No parece, sin embargo, que la mayoría de es­ tudiosos de lo psicológico se hayan separado de la concepción explicativa dualista y mecanicista asen­ tada en la contigüidad entre los eventos (contigüi-, dad entre pensar y sentir o entre pensar y actuar). Al contrario. La comunidad de estudiosos de lo psicológico parece potenciar tales afirmaciones sobre las causas del comportamiento, aunque los ropajes verbales que se empleen sean distintos según el caso (un análisis sobre este particular puede encontrarse en Dougher y Hayes, 2000, y Chiesa, 1994), Ha sido sólo recientemente cuando la investigación ha podido ir más allá del mero es­ tablecimiento correlaciona!, y se ha ahondado en el análisis de la propia relación correlacional (por ejemplo, pensar a veces precede y a veces no; un pensamiento a veces se sigue y a veces no; en oca­ siones, se siguen pensamientos o planes que no se cumplen y a veces sí, etc.).

De lo que se trata, al menos en una perspectiva funcional-contextual, es de explicar la naturaleza humana en la que la arbitrariedad de la función que cumplen los eventos privados es un hecho. Es así que el contenido mental, a veces, se sitúa en un contexto y se tiene en cuenta para la acción, mientras que otras veces no estaría más que de adorno en lo que concierne a una acción particu­ lar. No cabe duda de que el ajuste contextual de las relaciones entre pensar, sentir y hacer es un producto seleccionado por las contingencias en tanto que un ajuste único o generalizado sería ampliamente desadaptativo. Muestra de la impor­ tancia que la comunidad proporciona a esa arbi­ trariedad contextual es que temprano en la vida genera las condiciones para que aprendamos que

jfe £> V. el contenido de un pensamiento (o lo que se dice, o siente) lo hemos de tener en cuenta y, así, actuar - en consecuencia según las circunstancias en las que

ocurra.

Consecuentemente, en contraste con las expli-~Y caciones centradas en conceptnaciones mecanicis- )

> basadas en el principio de la contigüidad, un

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isis funcional que pretenda explicar las cau- ie un comportamiento dado debe proceder es­ ando el trazo o recorrido del f e n ó m e n o a tr a -

v^fode los contextos verbales presente e histórico. É^tcTsígnifica Ía"aceptáci3n dé que las causaTde" ;los actos psicológicos, públicos o privados, están

en el contexto personal histórico que es constan­ temente actualizado en las interacciones presen­ tes (Bijou, 1976, 1993; Chiesa, 1994; Hayes y Hayes, 1992; Luciano, 1996; Pérez-Álvarez, 1996; Ribes, 1990; Skinner, 1953).

La conducta, como producto históricamente"^ causado, supone que si, por ejemplo, a una perso-^ na le sobreviene un pensamiento de impotencia y '\ un sentimiento de rechazo, esto puede ser la oca­ sión para que esa persona se comporte de muy di­ versas formas bajo el plan de controlar esas sen­ saciones y pensamientos (por ejemplo, tomando un analgésico, culpando a otros, aislándose o llo­ rando). También puede que se comporte sin se­ guir un plan evitativo. Fuere de un modo u otro, para explicar esta sucesión de eventos es necesa­ rio considerar las condiciones históricas que ge­ neraron tales pensamientos y los «impregnaron» de función aversiva, así como habría que explicar las condiciones que dieron lugar a una u otra ac­ ción y las que generaron un plan o una relación causal entre el pensamiento/sentimiento y la ac­ ción. En suma, para explicar la relación entre even­ tos privados y ejecución se ha de apelar a las con­ diciones que dieron razón de su origen y de sus t

propiedades funcionales. —'

En este sentido, Skinner (1945) señaló el ori­ gen social d e jo s eventos privados y destacó la importancia tfe^égtos como repertorios que pro­ porcionan extraordinarias ventajas a la persona.

Lo hizo estableciendo cuatro condiciones a tra ­

vés d e las cuales los hablantes generan eventos privados: 1) por estímulos privados que córrela-

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cionan con estímulos públicos accésibles a quie­ nes establecen la contingencia; 2 y por respuestas colaterales no condicionadas que correlacionan con estímulos privados; 3) porque algunas res­ puestas a estímulos privados son descriptivas de la conducta del hablante, y 4) por transferen­ cia o inducción del estímulo o por relaciones me­ tafóricas.

Desde la formulación skinneriana hasta la ac­ tualidad, al análisis de los eventos privados se le ha añadido la n a tu ra le za b id ire c c io n a l y rela- cional d el lenguaje en co n d icio n es m etafóricas

(Hayes y Hayes, 1992; Wilson y Hayes, 2000). Supone una serie compleja de relaciones cons­ truidas verbalmente desde un área en la que los eventos son públicos pero que se relacionan con un área privada en la que sólo algunos compo­ nentes son públicos. Esto permite contactar con eventos que no están disponibles para la comuni­ dad y dan razón del sentido de afirmaciones como, por ejemplo, «cuando tengo ansiedad es como si tuviera fuego en el cuerpo» o «cuando tengo de­ presión estoy vacío». Igualmente, permite dar

razón del sentido de uno mismo como un locus .

(Skinner, 1974) que se conforma como una abs­ tracción desde múltiples contenidos (pensamien­ tos, recuerdos, sentimientos) y acciones, siendo un proceso sujeto a la derivación de funciones (Hayes, 1984, y véase más adelante en las dimen­ siones del yo).

Los eventos privados vistos así no serían m e-! ramente un coproducto de las contingencias di- : rectas relacionadas con la conducta pública, sino que serían un producto de contingencias tanto directas como verbales. El análisis del origen derivado de los eventos privados y de su papel ■ arbitrario en relación a otras conductas —su pa­ pel funcional como si fueran estímulos discrimi- nativos o «disparadores» para la acción— tendrá su base en los dos tipos de aprendizaje humano como dos modos de establecer funciones psico­ lógicas: el saber por contingencias y el saber por reglas. Estas dos formas de establecer funciones psicológicas permiten analizar la naturaleza ver­

bal de los eventos privados al hacerlo en el mar- j

co del aprendizaje verbal.

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4. SABER POR CONTINGENCIAS