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La relación entre las respuestas emocionales y la historia personal

1. Una perspectiva general de ACT respecto de lo que se valora o lo que a uno

1.4. La relación entre las respuestas emocionales y la historia personal

SÍ consideramos los ejemplos anteriores como reacciones emocionales actuales que provienen de la historia de cada uno (o sea, ejemplos de cómo nuestra historia aparece en el presente), puede quedar algo más claro por qué la evitación puede llegar a ser problemática. Si nuestras reacciones emocionales son un producto de nuestra historia y tales reacciones llegan a convertirse en nuestros enemigos, entonces ocurre que nuestra propia his­ toria se convierte en el enemigo. Se deduce, fácil­ mente, que si nuestra historia fuera otra podría­ mos reaccionar de otro modo, y entonces todo sería

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más fácil. Hasta el momento, no existen técnicas adecuadas para eliminar la historia de una perso­ na, al menos no de forma selectiva. Las interac­ ciones con el medio que van conformando nuestra historia psicológica siempre son un ejercicio adi­ tivo, nunca substractivo. Los ejercicios ¿cuáles son los números? y ¿cómo se llama tu madre? son ejem­ plos que permiten experimentar lo que decimos de un modo significativo a través de sesiones. Esto es, permiten experimentar, al cliente el aspecto aditivo de la historia y el efecto de la historia en el presente cuando se dan las condiciones apropia­ das para ello.

E jercicio ¿cuáles son los n úm eros? Terapeuta: Vamos a hacer un ejercicio que probablemente le parecerá un poco tonto. Vamos a ello. Cuando le pregunte por los números, usted me contesta que 1,2 y 3. ¿Cuáles son los números?

Cu e n t e: 1, 2 y 3 .

Terapeuta: ¿Cuáles son los núm eros? Cl ie n t e: 1, 2 y 3.

Terapeuta: Ahora le voy a pedir, por lo que más quiera en su vida, que olvide esos números, como si no existieran. Dígame, ¿cuáles son los números?

Cl ie n t e: 3, 2 y 3 .

Te r a p e u t a: No, le he d ic h o q u e lo o l v i d e d e su mente. ¿Cuáles son los números?

Cuente: No puedo, no se los digo pero están.

Te r a p e u t a: V e n g a , ¿ c u á l e s s o n lo s n ú m e r o s ? Cu e n t e: 3 , 4 y 5 .

Te r a p e u t a: Y lo s o tr o s .

Cliente: Pues ahí están, no se pueden olvidar. Terapeuta: M e temo que si nos encontramos dentro de un tiempo y le pregunto por los nú­ meros...

Cu e n te: Pues le diré o pensaré 1, 2 y 3. Ejercicio ¿cóm o se llam a tu m a d re ? Sigue la misma lógica que el anterior para ejem plificar-que el nombre de su madre forma parte de stt^úgtoria y — aunque no quiera decir­ lo— si alguien le preguntase cómo se llam a su madre, el nombre de su madre y las reacciones asociadas al nombre estarían presentes de un modo u otro.

Para ayudar a los clientes a entender la natura­ leza histórica de sus reacciones apuntamos a un conjunto de respuestas que son mantenidas en for­ ma más o menos amplia. Por ejemplo, considere su reacción al ver un niño famélico, su reacción al escuchar el himno nacional, o su reacción al 11 de septiembre y también su reacción al 12 de abril. En el primer ejemplo, podemos esperar que millo­ nes de personas en todo el mundo compartan una historia que daría lugar a respuestas emocionales bastante similares. En el segundo ejemplo, algu­ nas personas pueden tener una historia que propi­ cie sentimientos de orgullo, mientras que otras pue­ den tener historias que establezcan sentimientos de enojo, y aun otras tal vez nunca hayan escu­ chado el himno. En el tercer ejemplo puede que algunas personas sean completamente ajenas a los atentados del 11 de septiembre y, por consiguien­ te, no tienen respuesta emocional en absoluto. Por último, es muy posible que la fecha de 12 de abril elicite una reacción mínima en la mayoría de las personas, pero imagine que su hermano, o una persona muy importante en su vida, ha muerto en ese día. En tal caso, podemos esperar que unas cuantas docenas de personas (amigos y familiares) experimenten respuestas emocionales muy inten­ sas en ese día. La cuestión que tratamos de poner en claro a nuestros clientes es que, frecuentemen­ te, con vistas a evitar esas reacciones de nuestra historia, nos vemos obligados a distorsionar nues­ tras vidas de tal forma que llegamos a estar psico­ lógicamente fuera de contacto con nuestra propia historia.

Pero hay dos consecuencias notables en esta clase de distorsión. Primero, estar en contacto con nuestra historia puede alterar nuestra conducta fu­ tura de forma sustancial. En palabras de Jorge Ruiz de Santayana: «El progreso, lejos de con­ sistir en cambio, depende de la memoria... Aque­ llos que no pueden recordar el pasado están con­ denados a repetirlo». El segundo problema es que, si estamos empeñados en una forma bastante in­ directa de evitación, tal como una de las obsesio­ nes apuntadas antes, es posible incluso que no nos demos cuenta en absoluto de que estamos evitan­ do. Amplias parcelas de nuestra conducta pare­

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cen estar focalizadas en una cosa, digamos un coche deportivo, cuando, de hecho, aunque no necesariamente, puede ser que la función de toda esa atención sea evitar alguna otra cosa. En tales casos, puesto que la conducta de la persona no está conectada de forma obvia con sus determi­ nantes funcionales, la conducta parece ser incom­ prensible, tanto para la persona que la lleva a cabo como para aquellos que están a su alrededor. De esta forma la evitación que es exitosa en hacer que una persona no contacte con su historia con­ lleva también que esa persona sea incapaz de be­ neficiarse de su experiencia pasada y, además, ni siquiera llegue a apreciar realmente por qué ocu­ rre su propio comportamiento. La alternativa en ACT es lograr percibir y abarcar la riqueza de nuestra propia historia. Esto es, aceptar nuestros

sentimientos con el valor establecido por la pro­

pia historia y elegir lo que valoraremos con nues­

tros propios actos.

1.5. Elegir versus decidir

Desde la perspectiva de la ACT, la distinción entre una elección y una decisión es crítica para la actuación en valores. Para este propósito, caracte­ rizamos una decisión como una selección entre alternativas que se hacen por razones. Por contra, una elección es una selección entre alternativas, que se hacen con razones, pero no por razones. Se pueden utilizar diversos ejemplos; entre aque­ llos que muestran las decisiones estarían; move­ mos el interruptor de la luz para que la habitación se ilumine; decidimos ir a París en vez de a Roma por razones concretas, como visitar El Louvre y ver ciertas obras. Uno decide vivir en un sitio u otro por razones concretas, y la depisión de hacer una carrera u otra puede relacionarse directamen­ te con razones también muy concretas. Sin embar­ go, otros aspectos de la vida tienen ventajas cuan­ do se plantean como elecciones con razones pero

no por ellas. Tal es el caso cuando elegimos ir a la

playa porque así lo queremos, aunque no haya ra­ zones especíñcas que hayan de controlar los pa­ sos que demos en dirección a la playa. Lo mismo en el caso de una relación con otra persona: pode­

mos mantenerla sin que tenga que haber una ra­ zón específica que justifique cada acción que em­ prendamos. Son elecciones con razones pero no

por ellas.

No obstante, en un mundo en el que los valores están «ahí fuera», lo que se valora de forma activa se convierte en una decisión basada en aquello que esté presionándonos en un momento dado. Si nues­ tra pareja amenaza con dejamos, al valorar lo que supone nos activamos haciendo algo en una u otra dirección. Si estamos a punto de ser despedidos de nuestro trabajo, nos activamos (hacemos algo) en el valor que tiene. Si las calles de nuestra ciu­ dad están llenas de gente sin hogar, hacemos algo, y en esa acción está lo que valoramos. Llegamos a cambiar lo que estamos valorando activamente según sea el grado de presión que esté presente en un momento determinado. Esto coloca una gran parte del control existente en la vida de una perso­ na en las veleidades del mundo y en las circuns­ tancias en las que dicho control se da. Por otra parte, si estamos dispuestos a encarar nuestras re­ acciones, sin tener que evitarlas o minimizarlas, estaremos entonces en disposición de elegir lo que valoremos activamente. Hacemos tal elección al admitir la multiplicidad de cosas que nos conmue­ ven emocionalmente y podemos hacer esa elección incluso en el caso de que las razones para hacer cualquier otra elección parezcan tener mayor peso. Cuando se nos pregunta ¿por qué?, la única res­ puesta posible es «porque yo lo elegí así». Se tra­ ta de hacer relevante que se puede elegir «porque sí», es decir, porque uno quiere sin necesidad de argumentar e incluso con argumentos o razones distintas y contrarias. Se trata de relativizar el va­ lor de las razones que damos como producto de nuestra reflexión. El siguiente diálogo ejemplifi­ ca, en parte, lo que decimos:

Te r a p e u t a: V e a m o s , ¿ p o r q u é c o m p r a r í a e s t e m u e b le ? Cl i e n t e: P o r q u e m e g u s ta . Te r a p e u t a: ¿ Y p o r q u é le g u s ta ? Cliente: Es b o n ito ... Te r a p e u t a: ¿ Y p o r q u é e s b o n i t o ? Cl i e n t e: P o r q u e m e g u s t a e l t a c t o d e l a m a ­ d e r a , y h u e l e b ie n , q u e d a r á b i e n e n l a h a b ita c ió n ... © Ediciones Pirámide

ACT como un tratamiento orientado hacia valores/ 145 Te r a p e u t a: ¿ Y p o r q u é le g u s t a e l t a c t o d e l a m a d e r a ? ¿ P o r q u é h u e l e b i e n ? ¿ Y p o r q u é q u e d a ­ r á b i e n e n l a h a b i t a c i ó n ? Cu e n t e: B u e n o , m e g u s ta . Te r a p e u t a: Y d í g a m e , ¿ q u é c o s a s p o s i t i v a s d i r í a s u m a d r e s i le p r e g u n t a s e s o b r e e l m u e b le ?

C l i e n t e : ... (varias razones positivas).

Te r a p e u t a: ¿ Y s i s e l o p r e g u n t a s e a s u p a d r e , a s u a b u e la , a s u j e f e , a s u s a m ig o s ?

C u e n t e : ... (varias razones positivas). ■

Te r a p e u t a: Y a h o r a , d i g a m o s q u e p r e g u n t a ­ m o s p o r lo s a s p e c t o s n e g a t i v o s d e e l e g i r e s e m u e ­ b l e , p o r e j e m p l o , d í g a m e , ¿ q u é l e d i r í a s u m a d r e , y s u p a d r e , s u s a m i g o s , s u v e c i n o . . . y o tr o s ?

C l i e n t e : ... (varias razones negativas).

Te r a p e u t a: ¿ Y q u é v a a h a c e r c o n t a n t a s r a ­ z o n e s p o s i t i v a s y n e g a t i v a s ? , ¿ p o d r í a m o s t e n e r m á s si h i c i é r a m o s u n a e n c u e s t a ? Cuente: Sí, es cierto. Te r a p e u t a: A l f i n a l , le p r e g u n t o a q u í y a h o r a , ¿ e l i g e c o m p r a r e l m u e b le , o n o ? Cl ie n t e: P u e s sí.