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El ámbito de la fraseología

3.3.  La clasificación de las UF

3.3. La clasificación de las UF

Si bien es obvio que gracias a las nuevas corrientes lingüísticas, como el cognitivismo o la pragmática, puede observarse un creciente interés por el estudio de las UF en su contexto, no es menos cierto que no todos los lingüistas que se dedican al análisis del universo fraseológico comparten la misma concepción de la fraseología ni la analizan desde la misma pers- pectiva. ¿Cuáles son los límites de la disciplina en cuestión, qué tipo de unidades forman parte de ella y cuáles se excluyen?

Tradicionalmente, según el objeto de estudio, se distinguen dos concep- ciones de la fraseología: la amplia (o ancha) y la estrecha, más restringida. A.M. Tristá Pérez (1985a: 68) habla incluso de dos fraseologías:

1) una fraseología en sentido estricto, que comprende todas aquellas com- binaciones de palabras que poseen determinadas características estruc- turales y funcionan como elementos oracionales;

2) una fraseología en sentido amplio, donde se integrarían todas las ante- riores más todas aquellas que carecen de las características señaladas. Se incluyen los proverbios, los refranes, los aforismos, las fórmulas fijas, las frases hechas, etc.

Cabe destacar que ya E. Coseriu (1977) esbozó, en cierto sentido, estas dos perspectivas: por un lado, recurriendo al concepto de discurso repetido (que abarca fenómenos de muy distinta naturaleza) señaló la posibilidad de una concepción ancha que incluye un grupo variado de unidades; por otro, distinguiendo las perífrasis léxicas (pertenecientes, según él, a la lexicología) propuso una concepción más restringida y limitada.

Como observa E.T. Montoro del Arco (2006: 74), otros lingüistas, entre ellos H. Burger (1998), distinguen entre amplitud y estrechez del universo fraseológico, basándose en un rasgo distintivo de las UF: el nivel de idio- maticidad. Es decir, los conceptos de fraseología en sentido amplio y fraseología

en sentido estrecho se refieren a si las UF tienen o no la característica de la

idiomaticidad, aparte de coincidir en la pluriverbalidad y la fijación. Dado que algunos investigadores mezclan indiscriminadamente estos dos puntos de vista diferentes, E.T. Montoro de Arco (2006: 75) propone su propia clasificación de la amplitud o estrechez del hecho fraseológico, basada en una concepción horizontal y vertical. La primera “alude a la posibilidad de incluir unidades de diverso tipo desde el punto de vista sintagmático, es decir, unidades que funcionan dentro de la oración como componentes funcionales de ella, o bien unidades superiores que manifiestan cierta auto- nomía sintáctica”. En cambio, la segunda incluye “la diversa índole de uni- dades similares desde el punto de vista estructural pero distintas en cuanto al grado de fijación e idiomaticidad que presentan”. Sin embargo, como

señala el mismo autor, ambas concepciones pueden plantear problemas y dudas “en cuanto a ‘discreción’ de las categorías propuestas” desde el punto de vista horizontal; ya J. Casares Sánchez notó que la categorización de algunas unidades como frase proverbial o como locución no estaba exen- ta de dificultades. Por otro lado, partiendo del punto de vista vertical, no se alude a la categorización discreta (como en la concepción horizontal), sino que se intenta representar un continuum desde la sintaxis libre a la fijación, formal y/o semántica extrema: según dónde se pongan los límites, estaremos ante una concepción ancha o estrecha.

E.T. Montoro del Arco (ibídem), partiendo de las concepciones en cues- tión, distingue dos tipos de clasificaciones:

1) la tipología basada en categorías discretas (concepción ancha y estrecha). En la primera concepción, las UF se parecen en su funcionamiento a la palabra, al sintagma o al enunciado. Se trata de un grupo muy hetero- géneo que incluye todas las UF independientemente de su estructura formal, funcional y semántico-pragmática. En estas clasificaciones, la fi- jación, aparte de la pluriverbalidad, constituye el único criterio de su in- clusión dentro de la fraseología (cfr. Casares Sánchez, 1992 [1950]; Tristá Pérez, 1985a13; Zuluaga Ospina, 1980; Corpas Pastor, 1996; Skorupka,

1950, 1952a, 1952b, 1952c, 1982 y Chlebda, 2003 [1991]). En lo que atañe a una concepción estrecha, su objeto de estudio son unidades que desde el punto de vista horizontal funcionan dentro del ámbito de la oración (por su estructura equivalen al sintagma) y que desde el punto de vista vertical se caracterizan por un alto grado de fijación e idiomaticidad: las locuciones (cfr. García-Page Sánchez, 2003; Lewicki, 1976, 1982, 1983, 2003; Müldner-Nieckowski, 2004a, 2004b).

2) la tipología basada en categorías “difusas”, de límites no tan fácilmente deslindables, en la que “prevalecen criterios ya más propiamente fra- seológicos, como los grados de fijación e idiomaticidad” (Montoro del Arco, 2006: 75—76). Son las clasificaciones de V.V. Vinogradov (1947, apud. Montoro del Arco, 2006: 75—76), U. Weinreich (1969 [1966]), B. Fraser (1970), D.O. Dobrovol’skij (1997).

Así pues, las clasificaciones basadas en categorías discretas recurren a los términos locución, enunciado fraseológico o colocación. Sin embargo, los límites entre estas categorías no siempre están unívocamente definidos. Tomando en consideración la dificultad de establecer límites claros entre distintas categorías lingüísticas, los lingüistas de la Escuela de Praga postularon

13 Después cambió un poco de postura, considerando las colocaciones o construcciones del

verbo soporte unidades pluriverables y estables pero sin “sentido figurado” (idiomaticidad), una característica básica para que una unidad pueda considerarse fraseológica (Montoro del Arco, 2006). Así pues, la postura de Tristá Peréz es ancha desde el punto de vista horizontal, pero no tanto desde el vertical.

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considerar la fraseología como un continuum compuesto por el núcleo y la

periferia, que abarca una gran cantidad de unidades: colocaciones, construc-

ciones del verbo soporte, locuciones, así como refranes, citas y fórmulas rutinarias. Algunas de ellas están en el centro de la disciplina, constituyen su núcleo, otras por su carácter defectivo están en la periferia. W. Fleisher (1997 [1982]), uno de los partidarios de esta concepción, separó los fraseo- logismos fijos e idiomáticos que forman el centro de la fraseología de los que manifiestan solo fijación y, por tanto, están en la periferia.

G. Wotjak (1983), al clasificar las unidades españolas, excluyó al prin- cipio los refranes y las frases proverbiales que se caracterizan por una au- tonomía oracional y los consideró una parte de la paremiología. Además, según él, las construcciones que equivalen al sintagma pero no presentan la idiomaticidad (como las locuciones conexivas) tampoco pertenecen al centro; el núcleo de la fraseología lo constituyen las unidades idiomáticas que no superan el ámbito de la oración. Por tanto, su concepción es estrecha tanto desde la perspectiva horizontal como desde la vertical.

L. Ruiz Gurillo (1997) propuso su propia clasificación de las UF (sintagmas nominales fraseológicos, sintagmas verbales fraseológicos, sintagmas

prepositivos fraseológicos) partiendo de los conceptos de núcleo y periferia

y de la teoría de los prototipos. Todas estas unidades manifiestan la gra- dualidad; es decir, la presencia (en diferentes grados) o la ausencia de los rasgos de fijación e idiomaticidad las sitúa en el núcleo o la periferia (e incluso en las zonas intermedias) de la fraseología. Según la lingüista (Ruiz Gurillo, 1998: 21), las locuciones prototípicas que forman el grupo nuclear de la fraseología presentan dos propiedades: la fijación del nivel alto, que se refleja en una estructura estable, con pocas posibilidades de variación, y se caracteriza por la defectividad combinatoria o sintáctica; y la idiomaticidad prácticamente total, cuando la locución mantiene un sig- nificado no composicional. La semiidiomaticidad, así como la motivación y la existencia de un homófono literal, se reserva para casos con un índice de prototipicidad menor. De igual manera, la locución prototípica será aquella que, además de manifestar las propiedades mencionadas, cuente entre sus componentes con alguna palabra diacrítica o cierta anomalía estructural que actúe como índice de su fijación y de su idiomaticidad. L. Ruiz Gurillo denomina “estrecha” su propia clasificación, pero según E.T. Montoro del Arco (2006: 88):

[…] es intermedia entre las concepciones ancha y estrecha: es estrecha desde el punto de vista horizontal porque se restringe a las unidades que funcionan en el ámbito de la oración (unidades sintagmáticas), pero es ancha también porque no se limita tan solo a las unidades idiomáticas […], sino que éstas serían el prototipo de la unidad fraseológica (el núcleo) mientras que las otras, de las mismas características funcionales pero con

menor grado de fijación e idiomaticidad, ocuparían un espacio “periférico” dentro aún de los límites.

En resumen, conviene reconocer que compartimos la opinión de E.T. Montoro del Arco de que todas las clasificaciones del hecho fraseológico se pueden presentar recurriendo tanto al nivel horizontal como al vertical. Por un lado, hay concepciones que dan preeminencia a los rasgos formales y funcionales de las categorías y no se ocupan de los criterios semánticos; otras, en cambio, consideran la idiomaticidad un rasgo primordial e indis- pensable (ibídem: 89).

Nos parece oportuno mencionar que las UF objeto de nuestro estudio desde el punto de vista horizontal pertenecen a una concepción estrecha, dado que son unidades sintagmáticas que no exceden el nivel oracional. No obstante, nos centraremos en el análisis de las locuciones y las CE14;

las colocaciones, como los enunciados fraseológicos, no forman parte de nuestro corpus.

Con respecto al nivel vertical, las UF seleccionadas presentan una con- cepción amplia, puesto que son UF fijas y estables, aunque no necesaria- mente idiomáticas (manifiestan diferentes grados de idiomaticidad, desde la nula hasta la plena). Es decir, nuestro corpus lo constituyen tanto las UF que pertenecen al núcleo de la fraseología (locuciones idiomáticas) como las que están en su periferia: comparaciones en las cuales “el significado del objeto comparado se evidencia ya a través de la comparación misma, por lo que se argumenta que se diluye la idiomaticidad de la UF” (Larreta Zulategui, 2001: 203), que presentan una fijación e idiomaticidad parciales (cfr. Bartoš, 2000: 9; Pamies Bertrán, 2005: 470).

Asimismo, queremos poner de relieve que compartimos la opinión de L. Timofeeva (2007: 1032; 2008: 408—409) de que el criterio gramatical no debería ser el eje clasificador de UF, entre ellas locuciones y CE, puesto que “las clasificaciones que pretendían equiparar las UF con categorías gra- maticales básicas han fracasado, pues no han logrado reflejar la realidad comunicativo-funcional de aquellas” (Timofeeva, 2008: 408). En otras pala- bras, la inclusión de una UF dada en una determinada clase de locuciones (nominales, adjetivas, adverbiales, etc.) conlleva la limitación de la descrip- ción semántica y pragmática de la misma. Por ejemplo, la clasificación de la locución hermanita de la caridad solo según el plano formal (como una locución nominal compuesta por sustantivo+preposición+sustantivo) dejaría

14 En la taxonomía de locuciones propuesta por A. Zuluaga Ospina (1980), las CE se

inscriben en el grupo de locuciones elativas, no distinguidas por J. Casares Sánchez, que fun- cionan como instrumentos relacionales, intensifican y relativizan lexemas. G. Corpas Pastor (1996), por su parte, sigue a J. Casares Sánchez (1992 [1950]) y las incluye en las locuciones adjetivas.

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aparte aspectos que configuran justamente su función predicativa. Dado que la locución en cuestión no denota tanto a una persona, sino que la caracteriza, presentando como centrales valores calificativos (equivalentes a adjetivales) e indicando el modo (valores adverbiales) en que dicha ca- lificación se realiza (simulando los comportamientos de una hermana de la

caridad), existen suficientes razones para adscribirla a la clase de locuciones

adjetivales o adverbiales (ibídem: 408—409).

Por lo tanto, en la presente investigación no nos centraremos en el aná- lisis formal de las UF, en el plano de la expresión, que consideramos com- plementario en la clasificación de UF, sino en el plano del contenido, confi- gurado por el significado actual y el componente de imagen (cfr. Dobrovol’skij, 1997: 41). Si bien es cierto que el significado juega un papel primordial en la descripción de cada lengua natural, no es menos obvio que dos o más lenguas se diferencian entre sí respecto al nivel simbólico o superficial (el de expresiones lingüísticas). Merece resaltar que las lenguas no disponen del mismo número de conceptos y formas que los expresan: el nivel formal y el conceptual/semántico son asimétricos, entre el significante y el signifi-

cado no existe una correspondencia uni-unívoca (cfr. Wilk-Racięska, 2009:

40)15. En otras palabras, por un lado, la misma estructura conceptual puede

ser representada en cada lengua por formas distintas, por otro, la misma forma puede referirse a dos conceptos totalmente diferentes. Como pone de manifiesto L. Timofeeva (2007: 1032), “de ahí que las coincidencias o las diferencias en lo que a la forma lingüística se refiere no dejen de ser datos más bien anecdóticos, que no revelan la esencia, o al menos no toda, del modo de conceptualización de base”. J. Wilk-Racięska (2009: 29) subraya que dicha asimetría muestra una estrecha relación entre estos dos niveles de lengua y, además, acentúa el papel del contexto, que permite entender y perfilar adecuadamente una forma lingüística concreta, convencionalizada en una comunidad macro dada.

En consecuencia, un análisis interlingüístico debería centrarse no solo en el nivel de formas, sino también en el plano del contenido configurado por las imágenes mentales, esto es, conceptos y relaciones entre ellos, fijados en el nivel conceptual. En vista de que la mayoría de locuciones presenta al menos dos significados, uno central y otro periférico, es el componente de imagen el que nos permite dar la explicación de por qué, por un lado, dentro de una misma lengua existen varias estructuras fraseológicas para significar, en principio, lo mismo; y, por otro, por qué una misma expresión se utilice con significado contiguo y, por ende, diferente (Timofeeva, 2007: 1032).

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El papel de la metáfora y la metonimia