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El papel de la metáfora y la metonimia en la creación de las UF

4.1.  La teoría conceptual de la metáfora (TCM)

4.1.1.  Los modelos icónicos y las archimetáforas

Las investigaciones llevadas a cabo por A. Pamies Bertrán y E.M. Iñesta Mena (Pamies Bertrán e Iñesta Mena, 1999, 2000; Iñesta Mena y Pamies Bertrán, 2002) tienen como objetivo estudiar los mecanismos semánticos de la metáfora que influyen en la creación de las UF de lenguas distintas. Con el fin de analizar la motivación fraseológica (vid. el capítulo 6) elaboran una nomenclatura jerarquizada: modelos icónicos y archimetáforas.

Según los investigadores mencionados (Iñesta Mena y Pamies Bertrán, 2002: 87), la nomenclatura descriptiva propuesta por G. Lakoff y M. John- son (1986) es demasiado particular, y en su nivel superior, demasiado ge- neral como para que dicha taxonomía sea operativa a la hora de estudiar un corpus real. Asimismo, “maneja unos descriptores que parecen creados

ad hoc, en una lista abierta y no jerarquizada de categorías, que se van

amoldando a unos ejemplos elegidos expresamente y cuyo inventario sería pronto incontrolable si se aplicase a un corpus real abarcado en su totalidad” (Iñesta Mena y Pamies Bertrán, 2002: 87). Por ello, proponen su propia nomenclatura metalingüística para indagar en la organización semántica

de la producción fraseológica en la que los mismos componentes “básicos” que intervengan en la composición de una imagen arquetípica productiva hayan de reaparecer en el análisis de otras imágenes arquetípicas. En la primera etapa del análisis es imprescindible clasificar las UF a partir de las nociones expresadas (dominio meta), para desglosar posteriormente cada categoría a partir de la imagen que la inspira (dominio fuente o grupo de do- minios fuente), el nivel denominado modelo icónico. Por ejemplo, la metáfora particular8 encogerse el ombligo tiene un dominio meta, en este caso, MIEDO,

y estaría basada en un modelo icónico, una combinación de dominios fuente [MOVIMIENTO+CUERPO]. A menudo, un mismo modelo icónico puede subdividirse en varias archimetáforas, como subgrupo o nivel intermedio entre el modelo icónico y la metáfora particular. Esto es, el modelo icónico [MOVIMIENTO+CUERPO] podría subdividirse en varias archimetáforas se- gún represente un movimiento hacia arriba, hacia abajo, hacia fuera, hacia dentro, etc. (ibídem: 88 y sigs.).

Así pues, la nomenclatura propuesta por estos investigadores se podría jerarquizar en los tres niveles siguientes: modelos icónicos> archimetáforas>

metáforas particulares.

En este modelo descriptivo ya no sería necesaria la diferencia estable- cida por G. Lakoff y M. Johnson entre metáfora estructural, metáfora orien-

tacional y metáfora ontológica, puesto que el movimiento o el reino animal

serían simplemente distintos tipos de dominio fuente. Por ello, pueden combinarse con los demás para formar modelos icónicos, a su vez sub- divisibles en archimetáforas. Por ejemplo, el dominio fuente CUERPO se combina con el dominio fuente MOVIMIENTO para formar el modelo icó- nico [CUERPO+MOVIMIENTO] en el que se incluirían las archimetáforas EL HAMBRE ES MOVIMIENTO CORPORAL y EL HAMBRE ES SONIDO CORPORAL, que a su vez incluyen respectivamente metáforas particulares como tener el estómago en los pies o ladrar el estómago. Sin embargo, para que el modelo descriptivo elaborado por E.M. Iñesta Mena y A. Pamies Bertrán sea rentable, debe tener en cuenta varias necesidades (Iñesta Mena y Pamies Bertrán, 2002: 90):

a) la lista de descriptores (nombre de los dominios fuente que componen cada modelo icónico) debe ser reducida. Si bien los dominios meta con- forman un inventario abierto e infinito, se supone, en cambio, que los dominios fuente son mucho menos numerosos, para poder dar cuenta de un mecanismo productivo;

b) los dominios fuente deberían corresponder a nociones universales o razo- nablemente susceptibles de serlo (por ejemplo, MOVIMIENTO, CUER- PO, ANIMAL);

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c) un mismo modelo icónico debe, por definición, incluir muchas metáforas

particulares, pero por eso mismo resultaría demasiado general a efectos

prácticos, lo que hace necesario un nivel intermedio, las archimetáfo- ras.

La clasificación en cuestión es, primero, onomasiológica, puesto que las UF se agrupan a partir de los dominios meta, y, después, sigue únicamente criterios ontogenéticos (modelos icónicos, archimetáforas, metáforas parti- culares). No obstante, como advierten los propios autores, existe “un peli- gro indudable de arbitrariedad en la elección de las archimetáforas, pero está fuertemente mitigado por el hecho de que dicho nivel intermedio solo cumple una función clasificadora, pues solo el modelo icónico tiene poder descriptivo” (ibídem: 90—91). Por tanto, la elección de una archimetáfora debería estar respaldada por su posibilidad de ser usada en el desglose de otros modelos icónicos. Asimismo, el hecho de que unas metáforas parti- culares aparezcan dentro de la misma “casilla” no significa que entre ellas exista una perfecta identidad semántica; a veces pueden oponerse drástica- mente desde el punto de vista estilístico (Iñesta Mena y Pamies Bertrán, 2002: 91).

Para identificar cada uno de los dominios fuente que no sea arbitrario ni improvisado y cuya combinación constituya un modelo icónico, E.M. Iñesta Mena y A. Pamies Bertrán recurren tanto a las teorías cognitivistas (sobre todo, a la TCM) como a la teoría tipológica de los primitivos semánticos. Ahora bien, como su taxonomía de dominios fuente resulta más amplia, puesto que incluye otros dominios cuya productividad parece indiscutida (ANIMALES, FENÓMENOS ATMOSFÉRICOS, OBJETOS), no presenta un paralelismo absoluto con los primitivos universales de A. Wierzbicka. Es decir, son dominios cuya universalidad no está comprobada, en la medida en que no todas las lenguas tienen una palabra que demuestre su existen- cia como tal. No obstante, se ha de tener en cuenta que o bien se trata de conceptos que existen en una gran mayoría de lenguas, o bien, en el caso de que no existan en una lengua, esta suele contar con hipónimos. Por ejemplo, hay lenguas donde no existe el hiperónimo “animal”, pero sí hay en cambio numerosos nombres de animales (ibídem: 93).

De igual manera señalan que los modelos icónicos no necesitan descrip- tores “propios”: su nombre coincide con la mera agrupación de nociones origen que los caracteriza. A veces puede ocurrir que un solo dominio origen constituya un modelo icónico por sí mismo, como es el caso de [ANIMAL] en las metáforas zoomorfas.