• No se han encontrado resultados

2.5. LAS DINÁMICAS DE EL CLAVO

2.5.6. EL CLAVO COMO ESCUELA DE LIDERAZO Y

frente de un lago, al lado de una cafetería y en el edificio del Medio Universitario, que era donde estaban todas las actividades culturales y artísticas.

Entonces las reuniones pasan a ser los días sábado para no interrumpir el trabajo de la oficina, que era pequeña y las reuniones casi nunca terminaban a una hora fija, casi siempre se llevaba más tiempo y esto empezaba a interrumpir los procesos propios de la producción del medio impreso.

Cuando El Clavo sale de la Javeriana, las reuniones empiezan a tener una asistencia menor, se realizarían cada 15 días, y dejaron de tener importancia porque se convertirían en un espacio para hablar solo del impreso y se deja al lado la discusión sobre otros temas. Entonces para distribuir tareas empieza a ser más eficiente el uso del correo electrónico y una llamada a celular, se van a distribuir tareas, pero el trabajo colectivo era muy poco.

Ya cuando El Clavo está en la oficina de la novena, posterior a la de Miraflores en el año 2011, las reuniones son casi que mensuales, para entregar la revista que había salido, evaluarla y hacer lluvia de ideas para la siguiente edición. Los espacios de encuentro son mínimos, además porque se empieza a trabajar por comités, éstos organizan reuniones periódicas pero de pocas personas, sólo de las personas implicadas. Las reuniones generales eran cada vez menos.

2.5.6. EL CLAVO COMO ESCUELA DE LIDERAZO Y FORMACIÓN PARA JÓVENES

Desde su fundación, El Clavo fue un espacio donde sus integrantes eran protagonistas de su propia formación. Las decisiones eran tomadas por ellos mismos sin tener que consultarlo con ningún docente o directiva universitaria, en parte porque el dinero con el que funcionaban era gestionado de forma autónoma. Pero más allá porque El Clavo inició como un proyecto estudiantil desde cero y el reto de emprender y crear algo requiere pasar de las ideas a la acción. Incursionar en los medios de comunicación era un mundo desconocido para los fundadores de El Clavo, pero buscaron la forma de hacerlo asesorándose, leyendo y trabajando

a ensayo y error, pero el tema era que había hacerlo y ante cualquier dificultad había que resolver y seguir.“Es uno de los grandes logros de mi vida, es motivo de orgullo y se me llena

la boca diciendo y está dentro de mis cartas de presentación, haber sacado adelante ése periódico. Porque sacar adelante un periódico no es fácil, no es fácil en una universidad como la Javeriana, por el tipo de universidad y sus estudiantes. El Clavo no va a transformar sociedades, pero El Clavo le ha permitido a muchas personas varias cosas: a los que han escrito, tener un canal de expresión; a los que han estado en El Clavo tener una experiencia de participación estudiantil, eso es más valioso que muchas clases y eso me parece

importantísimo”,agrega Fernando Torres.

El Clavo se convirtió un espacio donde los jóvenes entraban y se les pedía que ellos mismos especificaran qué era lo que había que hacer. Ése fue un cambio brusco para la mayoría de integrantes de la publicación, porque por lo general el modelo educativo hace que a los jóvenes se les dice qué es lo que deben hacer, y luego se verifica si lo que se les indicó que hicieran evidentemente lo habían hecho y se les evaluaba la forma cómo lo habían llevado a cabo, siempre con una orientación. En El Clavo a las personas no había que decirles lo que había que hacer, y se les hacía saber que si no pasaban a la acción no iba a pasar nada. “Lo

bueno de El Clavo es que uno escala en la estructura funcional, operativa, desde el punto de vista de la revista, escalaba muy rápido, si tenía ganas, si estaba motivado y si hacía las cosas. Entonces pasé en muy poco tiempo a ser el nuevo, el perdido mirando a ver qué hacía, a estar pensando cómo vamos a hacer la página nueva, opinando y que mi opinión se tomara en cuenta, eligiendo los diseños que me gustaban y los que no. A mí siempre me encantó eso de El Clavo, la facilidad de darle a uno la oportunidad de si era bueno en algo y si le metía ganas, le daban a uno la libertad de hacerlo; no había conflicto de egos o de antigüedades,

cosas así”,menciona Daniel Mauricio Guzmán Burgos.

Otro aspecto importante en el proceso de las personas que hacían parte de El Clavo era la discusión con argumentos, porque a la hora de tomar la decisión para escoger una temática, de escoger un artículo y de enviar un texto había que argumentar por qué cada persona estaba a favor o en contra de determinado punto de vista. Las discusiones eran intensas y los integrantes de El Clavo debían separar lo personal de los temas laborales y esto a veces no era

fácil para algunos integrantes que estaban acostumbrados a que les dieran la razón y a evitar los confrontamientos. “La gente algunas veces decían que éramos una secta, y nos

molestaban porque trabajábamos mucho por el clavo, nos decían que éramos muy intensos y que éramos muy noños porque hacíamos muchas cosas, eso era entre los estudiantes. Pero dentro de los profesores era otra percepción, ellos si lo percibían a uno como más pilo, más entregado, en cambio entre los alumnos que son más vagos, nos decían que éramos ñonos, porque seguíamos yendo a El Clavo en vez de ir a tomar cerveza”, recuerda Mónica Diago Rivera.

Los integrantes de El Clavo disfrutaban de hacer parte del grupo, de ver que se podía publicar lo que se pensaba, que los unía una filosofía y una forma de ver la vida que los hacía sentir distintos y marcar una línea que los hacía ver fuertes a nivel ideológico, entonces iban ganando seguidores que se sentían identificados con su forma de pensar y con lo que se publicaba.“El Clavo es como de culto, es un fenómeno de culto, podría ser así, porque podría ser como un grupo, no digo que el público de El Clavo fuera pequeño, pero puede ser reducido proporcional a la masa, y que lo que lo haga especial es que despierte a esos pocos

seguidores, por eso lo llamo como el culto”,afirma Felipe Guevara, columnista de El Clavo.

Entonces las personas que hacían parte de El Clavo y decidían publicar un escrito, debían ser responsables con lo que estaban planteando y para esto en las publicaciones debían aparecer los nombres completos de los autores, citando su correo electrónico para poder ser responsables con las ideas y planteamientos, además de dar la posibilidad de tener una comunicación de doble vía.

Un aspecto que fue transversal en todas las generaciones de El Clavo, fue la formación de un sentido crítico de sus integrantes, de no tragar entero y de reflexionar sobre la actualidad nacional y local. A enterarse un poco más de la política y su importancia para su futuro, a ser menos “no me importa” y ser más propositivos. “Yo creo que a los de El Clavo los unía el sueño de un país mejor, a pesar de que era de estudiantes, para muchos era algo pequeño pero para nosotros era el mecanismo de poder hacer un cambio, en cierta manera era un vehículo en donde denunciar, pero también era una posibilidad de construir, yo creo que lo

que nos unía era el sueño por un país mejor, y de no dejarnos absorber por el sistema”,

menciona Ana María Albornoz Torres.

Los integrantes de El Clavo podían proponer cambios en la publicación, crear secciones, modificar la línea editorial en caso que lo argumentara y decidiera liderar el proceso y llevarlo a cabo, gestionar las ideas que se estaban proponiendo. Para esto El Clavo tenía abiertos los espacios para que esto fuera propiciado y daba las herramientas para construir un discurso para que en el campo de las ideas se pudieran gestar cambios que fueran coherentes con lemas propios del grupocomo “Todo por construir” y a una publicación que tenía como nombre una herramienta para hacerlo y de esa forma poder ser vigente ante los cambios constantes que se presentaban, sobre todo entre los jóvenes. “La excusa era imprimir un periódico, pero el

objetivo era crear una herramienta de formación de estudiantes conscientes, con capacidad analítica, que la universidad no lo daba, que formaba buenos ingenieros, contadores, pero no

de acercarlos a otra realidad y nosotros teníamos la capacidad de hacerlo”, agrega Diego Fernando Porras Marulanda.

Uno de los discursos que se mencionaba en las reuniones de El Clavo era la importancia de formarse como ciudadanos socialmente competentes, de tal forma que al salir de la universidad, fuera de haber tenido una formación académica, se fuera útil a la sociedad. De hecho, ésa sería una ponencia elaborada entre Ricardo Caicedo y César López para el Primer Congreso Internacional de Humanidades Contemporáneas “Ser Humanos Hoy”, realizado en la Universidad Autónoma de Occidente en el año 2005 y la cual sería publicada en un libro, la ponencia se llamó “Experiencia de formación ciudadana desde El Clavo”.

“Uno de los objetivos del periódico El Clavo era la formación de ciudadanos, tal cual los

Scouts. Son los jóvenes que están aprendiendo a ser ciudadanos para la convivencia y la comunicación es una herramienta para eso. Entonces hay todo un discurso de la

comunicación que legitimaba el ejercicio la experiencia del periodismo estudiantil”,

A los integrantes de El Clavo los caracterizaba que eran muy críticos y fue cogiendo fuerza la imagen que en la Javeriana la gente vivía como en una burbuja de cristal que los aislaba de la realidad, de la ciudad y los hacía vivir unas dinámicas que carecían de realidad. Entonces los de El Clavo eran los inconformes, los que escribían buscando que los estudiantes se interesaran por el mundo de “allá fuera”.“Estábamos pinchando la interfaz entre universidad

y realidad. Y por eso estábamos conquistando temas de civismo, conquistando temas de realidad, conquistando temas de iniquidades, criticando y tomando distancia ética sobre los

temas que no nos gustaba y qué mejor que en una publicación”, menciona María Cecilia Salcedo.

CAPÍTULO 3

LA EXPERIENCIA EMPRESARIAL DE EL CLAVO

“Cada una de estas industrias tiene una dinámica sectorial propia, pero ya no pueden valorarse aisladamente –las películas por un lado, los libros por otro, la televisión más allá– si no como un complejo entretejido de servicios multimedia. Su entrelazamiento, además de deberse a la interrelación tecnológica, tiene base social porque ya no representan, como el arte en otro tiempo, algo suntuario, para el tiempo libre. Las industrias culturales se extienden al conjunto de la vida cotidiana e influyen en la organización sociopolítica. Penetran en la educación formal e informal”1.

Referirse al aspecto empresarial de la revista El Clavo, es hablar de una historia de emprendimiento que logró salir adelante a través de romper paradigmas y de entrar en un negocio que de por sí, es muy difícil para quiénes conocen el entorno de los medios de comunicación, pero que tal vez por desconocimiento de ésas dificultades, los integrantes de la publicación estudiantil lograron salir adelante. El Clavo nunca fue creado pensando en ser una empresa a futuro, pero sí a funcionar bajo una estructura empresarial desde su fundación. Las circunstancias del mercado y los sueños de quiénes hicieron parte del grupo estudiantil inicial fueron lo que llevaron a una simple idea comunicativa en una universidad privada del sur de la ciudad de Cali a convertirse en una empresa de medios de comunicación especializados en los jóvenes. “El Clavo es una reconocida revista en el mundo universitario. Su equipo es gente joven con espíritu crítico, organizados en un proyecto que busca generar opinión ciudadana”2.

El Clavo logró lo que varios de los medios de comunicación más grandes de Colombia no habían podido: llegar a un segmento de mercado poco explorado por productos comunicativos por su gran complejidad, los jóvenes. Por esto fue que El Clavo recibió varias propuestas de compra, fusión y alianza por parte de medios como Semana, El País y El Tiempo, debido a que ya existía el canal, el vínculo entre los jóvenes y la revista, no había que crearlo nuevamente. Pero tal vez, parte del éxito empresarial de El Clavo fue que hacía parte de un sueño de un grupo de jóvenes, lo que llevó a que en los momentos más difíciles fueran

1 GARCÍA CANCLINI, Néstor; MONETA, Carlos Juan. Las Industrias Culturales en la integración latinoamericana, Editorial Grijalbo, México, 1999, pág 12.

2

Empresas con sello joven: Programas como Javerianos Emprendedores oromueven que los estudiantes sean líderes de su propio negocio. En El País, Santiago de Cali (14, abril, 2008); p. 2 Activos.

perseverantes ante las adversidades y no se tirara la toalla porque los indicadores mostraron en algunos momentos que el negocio no cumplía con los parámetros establecidos. Por eso la única opción que tuvo El Clavo fue ir en contra de la corriente, con todo lo que implica esta postura en el campo empresarial. Al respecto se refiere Fernando Charria, docente del Sector Cultural de la Javeriana:“Después lo que yo veo, es que efectivamente tuvieron la fuerza para

posicionarse con un elemento fresco, no solamente en imagen, sino también en el nombre. Sí, efectivamente el debate fue bastante largo sobre El Clavo, pero tenía la múltiple connotación el nombre Clavo o El Clavo, que puede dar en cabeza de unos jóvenes estudiantes, entre los 18 y los 25 años, que puede suponer una empresa de este tamaño, que no se imaginaron nunca, que podría tener la persistencia, porque aquí hay que señalar, que es muy importante,

la persistencia”.

En este campo del emprendimiento aparece un sector que agrupa a las iniciativas de este tipo. Las publicaciones estudiantiles elaboradas por universitarios en Cali se pueden clasificar como industrias culturales debido a que son fruto del trabajo intelectual materializado a través de la impresión en papel y reproducida muchas veces. Éste es un concepto establecido desde 1920 por la Escuela de Frankfurt por Theodor Adorno y Max Horkheimer3. Hoy las Industrias Culturales son consideradas un segmento de la economía, definido así por el Ministerio de Cultura y el Convenio Andrés Bello como aquellas que se reproducen a escala industrial, utilizan como materia prima creaciones protegidas por derechos de autor y producen bienes y servicios culturales fijados sobre soportes tangibles o electrónicos. En cada uno de los subsectores que constituyen estas industrias culturales existen desde pequeñas empresas hasta grandes conglomerados.4Cabe anotar que la Industria cultural en Colombia mueve hoy en día 1,5 billones de pesos equivalentes a 2 puntos en el PIB5. “Según el CONPES 3659 del 2010, que es la Política Nacional para el Desarrollo de las Industrias Culturales, direccionada por el Ministerio de Cultura, se entienden por ‘Industrias Culturales’ en el sentido acogido por la UNESCO y UNCTAD: a aquellos sectores productivos donde se conjugan creación,

3“Impacto Económico de las Industrias Culturales en Colombia”, Ministerio de Cultura de Colombia, Convenio

Andrés Bello, Equipo Economía y Cultura, Bogotá. 2003, pág 21

4

Íbid., pág 21. 5

producción y comercialización de bienes y servicios basados en contenidos intangibles de carácter cultural, generalmente protegidos por el derecho de autor”6

En el libro “Cali crea, una experiencia en emprendimiento creativo y cultural”, publicación editada por el Proyecto de Industrias Culturales de Comfandi en noviembre del 2011, mencionan que el 8,7% del PIB mundial corresponde al sector de industrias culturales. En ése mismo texto, clasifica a los libros, prensa y otras publicaciones dentro de un sector llamado Literatura y Publicaciones, que a su vez hace parte de las Industrias Culturales y no dentro de las Industrias Creativas como otras personas clasifican a las publicaciones como El Clavo. Sobre este aspecto concluye manifestando que “es posible que la definición de las Industrias Culturales, creativas o de entretenimiento, de la experiencia, es ante todo una postura política que tiene que ver con la apuesta que cada uno de los países hace por la preservación y desarrollo de sus bienes y servicios, que parten de lo intangible, de lo creativo y lo cultural. En esta media, de la definición y la delimitación que hace cada país, sobre qué se incluye o no dentro de sus industrias culturales, creativas o de la experiencia, depende de una agenda política particular que depende a su vez de los intereses de las instituciones, de sus actores y de su entorno económico, político y social”7.

6 “Cali crea, una experiencia en emprendimiento creativo y cultural”, Proyecto de Industrias Culturales de

Comfandi, Cali. 2011, pág 24.

7