3.1. LA HISTORIA DEL EMPRENDIMIENTO DE EL CLAVO
3.1.2. HACIA UN MODELO EMPRESARIAL
Desde los primeros años de creación de la publicación, varios integrantes de El Clavo asistían constantemente a ferias empresariales en las universidades, de alguna forma para buscar modelos de negocio que se pudieran adaptar a la publicación y conocer otras experiencias que les dieran luces de cómo hacer viable el entonces proyecto estudiantil sin caer necesariamente en las lógicas de mercado para no perder la filosofía y las razones que habían dado inicio a El Clavo.“Al principio eran como 20 personasdelas carreras de humanisdades e ingenierías. A la tercera edición, César (López) entró como fotógrafo pero ‘ví que era una posibilidad de empresa’. Claro, es que él ha sido fundamental el concepto empresarial”8. También un grupo pequeño de El Clavo, liderado por Diego Porras, se documentó sobre el funcionamiento de los grandes medios masivos, sobre el tema empresarial y también editorial, lo segundo entendido como el posible factor diferenciador de El Clavo y que lo podía hacer competitivo frente a otro tipo de publicaciones impresas.
Sobre el tema del emprendimiento de El Clavo, se refiere Fernando Charria, cercano al proceso de creación de la publicación como docente: “El Clavo es una construcción creativa
que hace un aporte, en un país en donde lo más fácil es destruir cosas, y construirlas es extremadamente difícil. Esta es una extraordinaria experiencia, necesaria de reseñar, necesaria de sistematizar, necesaria de apoyar y de prolijear hasta donde sea posible, para que ojalá no pierda su rumbo, que precisamente el espacio de la palabra, de aquellos que necesitaban un espacio independiente, para decir lo que no se podía decir, o lo que no se
debía decir, porque podrían haber sanciones de poder”.
En el año 1997 los integrantes de El Clavo empezaron a buscar modelos de funcionamiento de publicaciones impresas cuya apuesta editorial no estaba definida por el mercado ni lógicas comerciales, que mantenían un espíritu crítico y apuesta inicial. Fue así como le empezaron a
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seguir la pista a la revista El Malpensante, Número y al periódico La Hoja de Medellín. Algunas eran fundaciones, otras eran medios impresos que un grupo de intelectuales publicaban y financiaban. Pero El Clavo necesitaba ser una empresa autosostenible que le llegara a un público joven, universitario, tal vez poco interesado por la cultura y la lectura, pero que de alguna forma lo tocara y lo hiciera reflexionar.
Al respecto, Luis Fernando Mayolo, uno de los primeros colaboradores de El Clavo y actualmente editor de la versión digital de la revista Shock de Cromos comenta:“Lo que me
hacía sentir orgulloso de El Clavo, es que el proyecto siempre fue un proyecto auto sostenible, un proyecto que tenía garantizada las publicaciones. En la Autónoma, nosotros que estudiábamos periodismo, eso era la que nunca se pudo hacer. Eran mil proyectos, mil escritores, mil pensadores, pero no había nadie que lograra que el proyecto se sostuviera en el tiempo. Eso me parece que siempre, más allá de lo que se escriba, de lo que se haga, siempre ha sido para mí como el punto más alto de El Clavo. Yo creo que se lograba porque el equipo que había atrás del periódico, era un equipo que no eran periodistas, nosotros los periodistas somos muy buenos para escribir, para echar carreta, pero uno siempre necesita un equipo interdisciplinar para lograr que un proyecto trascienda, y eso era lo que tenía El Clavo. Tenía gente de muchas profesiones y gente de muchos saberes, y aplicaban esos saberes, los vinculaba al proyecto y me parece que ese grupo interdisciplinar fue lo que hizo que tuviera éxito. Entonces había gente muy buena para comercializarlo y gente muy buena que lograba mover los contactos, y había gente muy buena que escribía y hacia que tuviera fuerza la parte editorial, entonces eso es lo que diferenciaba al clavo de otras publicaciones
similares que intentaron y murieron siempre al empezar”.
En los años 1997 y 1998 apenas estuvo empezando la masificación del Internet entre los jóvenes, empezando por las instituciones académicas, el formato impreso tenía buena acogida y las ideas del emprendimiento por parte de las universidades apenas estaba tomando forma. En parte, porque todavía existía el imaginario por parte de muchos jóvenes estudiantes de universidades privadas de que apenas se graduaban había un puesto de trabajo esperándolos y su futuro profesional estaba prácticamente garantizado. Entonces el reto de El Clavo era grande, porque debía seducir a los jóvenes, para los cuales era mucho más llamativa la
televisión, el Internet y otras alternativas de entretenimiento que sentarse a leer una publicación “ladrilluda” con tintes revolucionarios tildados de izquierdosos y hasta “mamertos”.
Inicialmente, los ingresos de El Clavo provenían de la venta de la publicación, de publicidad en el medio impreso, de camisetas de El Clavo con mensajes que se sacaban cada vez que había una nueva edición y por el trabajo en la organización y puesta en marcha de la fiesta que se hacía cada semestre como bienvenida a los neojaverianos o primíparos de la Universidad Javeriana llamada Javerumba. Todavía no se pensaba que El Clavo tuviera utilidades y un crecimiento económico, a duras penas las metas eran las de pagar los costos de funcionamiento, que principalmente eran los de la impresión y el diseño de la publicación.
“Yo no veía a El Clavo como algo más que unas páginas, no tenía más que esa visión a futuro, una visión gerencial de algún producto que era de estudiantes. Cuando empezamos a recibir dinero de las fiestas y que podíamos administrarlo y que teníamos recursos propios y
que no fuera de nuestro bolsillo, la idea de vender y de ganar, tenía más sentido”, recuerda Darío Recalde.