Pedro Jimeno
IES Navarro Villoslada. Pamplona
Primer acercamiento
A menudo mis compañeros del instituto que imparten clases en otras áreas me comentan, o quizá, en el fondo, me reprochan, que los alumnos escriben mal –«cada vez peor», hace veintidós años que lo oigo–. A veces, para acabar antes, les doy la razón; pero en muchas otras ocasiones les pregunto en qué consiste este «escribir mal», ante lo cual, casi molestos por la obviedad de la respuesta, me dicen que sus alumnos tienen mala letra y que hacen faltas de ortografía. Entonces no tengo más remedio que explicar en pocas palabras que escribir bien es una tarea muy difícil, que supone mucho más que hacerlo sin faltas de ortografía y que un texto bien escrito es aquel que, además de la corrección ortográfica y morfosintáctica, responde a las exigencias –propiedades– de cohesión, coherencia y adecuación. Añado, si se me per- mite, que todo esto ha de enseñarse de manera práctica, reiterada y progresiva; y que también se ha de enseñar, y de la misma manera, algo fundamental para que el texto llegue a ser aceptable: la planificación y la revisión. Si entonces aún continúo te- niendo interlocutor, aprovecho para decirle que todos tenemos dificultades a la hora de escribir bien y que él también es profesor de lengua, aunque no enseñe esta ma- teria. Si aún no pone muy mala cara, siento la satisfacción de haber hecho mi buena acción del día.
Sí, escribir es difícil, puesto que requiere poner en juego muchos saberes prác- ticos, entre otros los relacionados con la denominada cohesión. En este artículo me
Versión traducida al castellano del original: JIMENO, P. (2000): «La cohesió textual en l’ensenyament de la llengua», en CAMPS, A.; FERRER, M. (coords.): Gramàtica a l’aula. Barcelona. Graó, pp. 155-164.
propongo abordar algunas cuestiones relacionadas con esta propiedad textual, adop- tando fundamentalmente una perspectiva didáctica.
Para empezar, veamos algunos fragmentos de textos, de muy diversa proce- dencia, en los cuales hay algún problema de cohesión.
(1) UN PERRO PROVOCA LA MUERTE DE 200 OVEJAS EN SALINAS DE IBARGOITI
El propietario de las ovejas es Carlos Esparza García, que ayer no quiso hacer comentarios. La dueña del perro, que llevaba un microchip identificador, tenía un seguro que cubrirá el valor de las ovejas y corderos muertos. (Diario de Navarra, 26-11-98)
(2) PERDÍ LA CABEZA Y LE PRENDÍ FUEGO
Comienza el juicio contra el hombre que mató a su esposa tras denunciar malos tratos en un programa televisivo. (El País, 10-12-1998)
(3) Querido hijo:
¿Qué tal están los niños y tu mujer? Bueno, ya me lo contarás cuando vengas. El perro se ha comido la peluca de tu madre, y tu madre se ha puesto de uñas, ahora duerme afuera. (Alum- no de tercero de ESO)
(4) Muy señores nuestros:
Les adjuntamos a la presente, albarán original de entrega, del material entregado en su fecha de Tornillos de Banco, para que lo más urgentemente posible, nos lo devuelva con el sello del centro, ya que este requisito nos lo exige el Departamento de Educación.
Sin otro particular, quedamos a la espera de que nos lo remitan dicho albarán debidamente cumplimentado, les saludamos. (Carta de una empresa de Pamplona al instituto)
(5) Estimado/a Director/a: […]
Si los ejemplares que se os remiten de esta unidad didáctica consideráis que son insuficien- tes nos podéis solicitar nuevos ejemplares a la Unidad Técnica de Textos y Materiales Didác- ticos de este Departamento. [...] (Escrito del Departamento de Educación del Gobierno de Navarra)
Quizá estos textos no habrían escandalizado a mi compañero de física, ya que no contienen errores ortográficos. Sin embargo, en todos ellos encontramos una o más de una deficiencia lingüística seria, que dificulta en mayor o menor medida la transmisión del contenido. Son deficiencias que a veces nos hacen sonreír, a veces nos exigen un esfuerzo excesivo como lectores para reconstruir el sentido, y que, en los casos más graves, llevan al lector hacia una comprensión errónea o convierten un texto en algo total o parcialmente incoherente. Son errores de cohesión.
Actualmente, ya nadie discute que la oración no es la máxima unidad lingüís- tica, que la comunicación se produce por medio de textos y que, de la misma mane- ra que hay unidades y reglas en el ámbito oracional, también hay unidades y reglas en el texto: existe una sintaxis textual. Esto es lo que se aborda, en esencia, cuando
se habla de cohesión. La diferencia estriba en el hecho de que, mientras que la sintaxis oracional está minuciosamente descrita, no sucede lo mismo con la textual, tanto por la novedad de su estudio como por su enorme complejidad.
Queda mucho por analizar, pero ya es bastante lo que sabemos. Sabemos, por ejemplo, que una sucesión de oraciones correctas no forma siempre un texto correc- to, si no se respetan las exigencias de mantenimiento del referente, a través de pro- cedimientos lingüísticos, y/o no se utilizan los conectores adecuados. Dicho de este modo no parece excesivamente difícil: se aprenden y se aplican estas reglas, podría decir alguno. La cuestión es más complicada. Por un lado, las reglas no son estrictas, sino más bien sutiles, por el hecho de que el código permite casi siempre más de una solución válida. Veamos un ejemplo:
(6) El abogado ha llamado esta mañana. El abogado estaba muy preocupado por la desaparición de unos documentos:
a) El abogado ha llamado esta mañana: estaba muy preocupado... b) El abogado ha llamado esta mañana. Él estaba muy preocupado...
Las dos soluciones son aceptables, entre otras. Pero, en este caso, no es acepta- ble, a pesar de que lo sea gramaticalmente, la utilización de éste, o de un substituto nominal, como por ejemplo, el letrado. Éste es uno de los problemas que nos encon- tramos siempre al intentar enseñar contenidos relativos a la cohesión. En ninguna gramática figura –ni figurará– una regla desarrollada con tanto detalle como para poder resolver estos problemas. Y, en el caso de que esta gramática llegara a existir, sería absolutamente inmanejable, inútil. Sólo podemos recurrir a los saberes implíci- tos, a la experiencia comunicativa. Muchas veces somos conscientes de que existe una regla cuando se incumple.