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El color local y la tarjeta postal

In document Roberto Arlt en los años treinta (página 70-86)

España es ante todo: color.12

Roberto Arlt

Uno de los primeros puntos que surgen al considerar el uso arltiano del dispositivo del color local es la serie de artículos sobre la Semana Santa en Sevilla, publicados en El Mundo en 1935 y luego reeditados en conjunto por la Editorial Rosso en la selección que constituye las Aguafuertes españolas (1936).13 Textos escritos desde

el elogio y la admiración, y organizados desde el goce y la experiencia “corporal” ―y preferentemente visual― intentan describir la “tristeza alegre que todos los sentidos gozan y apetecen”. Una de las crónicas en particular, del 30 de abril de 1935,14 arma un

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Tomo estas ideas, que se desarrollarán con mayor profundidad en la segunda parte del trabajo, de Silvestri, Graciela y Aliata, Fernando. El paisaje como cifra de armonía, Buenos Aires, Ediciones Nueva Visión, 2001.

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Arlt, Roberto. “Santander, muy moderno y muy antiguo. Recuerdos de África”, en El Mundo, 15 de noviembre de 1935. Recopilada en Aguafuertes vascas, Op. Cit., p. 25.

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En efecto, Arlt publica en 1936 por la Editorial Rosso, y bajo el título Aguafuertes españolas, una breve selección de un reducido número de aguafuertes, que toma algunos de los itinerarios de su viaje (Sevilla, Cádiz, Marruecos, Granada). Véase, Arlt, Roberto. Aguafuertes españolas,

Buenos Aires, Talleres Gráficos Argentinos L. J. Rosso, 1936.

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Arlt, Roberto. “El esplendor de Arabia: la opulencia del Asia; tal la Semana Santa en Sevilla”, en El Mundo, 30 de abril de 1935. Reproducida en conjunto, con algunas variaciones, junto con toda la serie sobre el tema en: Arlt, Roberto. “Semana Santa en Sevilla”, en su Aguafuertes

cuadro de color y lee desde una perspectiva exotista y orientalista “la oriental magnificencia de la semana santa en Sevilla”. Se trata de una aguafuerte que, lejos de las ironías de Oliverio Girondo al respecto,15 organiza con una impronta pictórica y una

fusión del código lingüístico con el plástico, una exaltación del lujo (piedras preciosas, joyas) y del color; donde los violetas, los rojos, el dorado y el brillo de la pedrería y las tonalidades plata, escarlata y azul, circunscriben el panorama de la mirada en la visión de “el paso”:

... a los costados de la multitud, los nazarenos de bonete rojo y veste blanca, forman dos filas. Monaguillos escarlatas avanzan hamacando incensarios de plata. [...] la Virgen, Jesús, los Apóstoles, Soldados y Judíos comparecen vestidos como ídolos asiáticos, tiesos en sus sayas y mantos de terciopelos recamados de oro y plata. Las vírgenes, rostros de adoloridas niñas andaluzas, muestran manos cuajadas de anillos resplandecientes. Llevan la cabeza coronada de nimbos de oro, florecidos de temblorosos lirios. A sus pies, gradinatas de cirios encendidos, cuyas luces temblequean y se reflejan en los palios de terciopelo escarlata, recamados de dragones de oro y ángeles verdes.

El sol centellea en las gemas de las colgaduras, entrechocando chispas lilas, violáceas, azules. Por el callejón que forman los bonetes rojos y las vestes blancas, avanzan banderas negras reticuladas de cruces moradas. [...]

¡Es magnífico y terrible! [...]

¡El esplendor de Arabia en Sevilla, la opulencia de Asia en Europa! [...]

¡Nada semejante puede verse en el mundo!16

Hipérbole en torno al lujo y el colorido de “el paso”, el texto construye un espectáculo estético, un catálogo que entre todo lo visto da preeminencia al color y

españolas, Op. Cit.

15

Si la mirada de Arlt sobre España en general y sobre la Semana Santa en Sevilla en particular podría decirse que, en muchos casos, es una mirada exotista que parte de lo propio y busca la diferencia y el atractivo de lo ajeno, la perspectiva cosmopolita de Oliverio Girondo, que iguala lo propio a lo ajeno, constituye una visión corrosiva totalmente distinta; pues se ocupa preferentemente de desenmascarar en “Semana Santa”, con una ironía mordaz, la cualidad escenográfica y falsa de la celebración religiosa que se transforma en su punto de vista en una degradada fiesta popular. Véase: Girondo, Oliverio. “Semana Santa”, en Calcomanías, Obra Completa, Edición crítica coordinada por Raúl Antelo, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1999. Para la cuestión del cosmopolitismo en la obra de Girondo puede consultarse: Schwartz, Jorge. Vanguardia y cosmopolitismo en la década del veinte, Buenos Aires, Beatriz Viterbo, 1993.

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Arlt, Roberto. “El esplendor de Arabia: la opulencia del Asia; tal la Semana Santa en Sevilla”, Op. Cit.

muestra la procesión como si fuera un cuadro. Predomina, asimismo, la fascinación de una mirada abarcadora, que no desestima los detalles del “esplendor” (“Todos los metales sobre los que se posa la vista son preciosos; las varas de las insignias son de plata, y de plata los incensarios y de plata los cálices y candelabros [...] y de oro los palios, y los trencellines, y los velos de las imágenes, y los lirios de los nimbos...), 17 y una sintaxis

enumerativa que, semejante a la enunciación caótica que aparecía, por ejemplo en “Corrientes por la noche”,18 una de las aguafuertes porteñas, pero despojada de cualquier

posible disyunción o contrasentido negativo,19 da el tono exaltado de la contemplación y

remite al regocijo y a la multiplicidad del espectáculo que ciega los ojos en un torbellino de color.20 De esta manera, el reiterado uso de la enumeración que en los esbozos

porteños, en algunos casos, como en la nota sobre la calle Corrientes, consignaba el entusiasmo y también el vértigo de la visión ante el espectáculo fugaz de la ciudad moderna,21 en este y otros textos sobre España, como en las fiestas de Corpus Christi en

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Arlt, Roberto. “El esplendor de Arabia: la opulencia del Asia; tal la Semana Santa en Sevilla”, Op. Cit.

18

Arlt, Roberto. “Corrientes por la noche”, en Arlt, Roberto. Aguafuertes porteñas. Buenos Aires, vida cotidiana, Introducción, selección y notas de Sylvia Saítta, Buenos Aires, Alianza Editorial, 1993. Así, por ejemplo, aparece la mezcla enumerativa en este texto: “Vigilantes, canillitas, `fiocas´, actrices, porteros de teatros, mensajeros, revendedores, secretarios de compañías, cómicos, poetas, ladrones, hombres de negocios innombrables, autores, vagabundas, críticos teatrales, damas de medio mundo; una humanidad única, cosmopolita y extraña se da la mano en este único desaguadero que tiene la ciudad para su belleza y alegría. [...] Porque basta entrar en esta calle para sentir que la vida es otra y más fuerte y más animada. [...] Y libros, mujeres, bombones y cocaína, y cigarrillos verdosos y asesinos incógnitos; todos confraternizan en la estilización que modula una luz supereléctrica y una especie de estremecimiento sordo...” (pp. 32-33)

19

Junto con el entusiasmo y la fascinación del cronista frente a la urbe moderna y el espectáculo fugaz de la vida nocturna, como se describe en “Corrientes por la noche”, aparece también la idea de confusión y transmutación (por ejemplo, en la calle Corrientes, Arlt dice que “todo pierde su valor” y “todo se transforma”), y en muchas de sus aguafuertes porteñas —en “El desierto en la ciudad” o “Para qué sirve el progreso”, por ejemplo— puede verse, como contrapartida de la visión entusiasta sobre la ciudad, una sensación de pérdida y una perspectiva nostálgica que muestra el anhelo de una sociedad más orgánica, y a partir de la cual Buenos Aires se representa como un desierto, un infierno y el lugar del artificio. Véase, a este respecto. Arlt, Roberto. Aguafuertes porteñas. Buenos Aires, vida cotidiana, Op. Cit., y también, el prólogo de Sylvia Saítta de esa edición.

20

La cita textual dice: “...los ojos se ciegan en torbellino de colores”, Arlt, Roberto. “Semana Santa en Sevilla”, en Aguafuertes españolas, Op. Cit., p. 23. En la versión publicada en El Mundo Arlt decía: “...los ojos se ciegan en una mar de colores”, Arlt, Roberto. “Qué son y cómo se organizan los `Pasos´ en la Semana Santa de Sevilla, en El Mundo, 29 de abril de 1935.

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Una perspectiva cercana, en el abuso de enumeración, a los modos enunciativos de las aguafuertes sobre España consideradas, (y que difiere de la que mencionamos sobre la calle Corrientes porque aquí no aparecería el vértigo de la mirada), es la nota sobre los sirio libaneses. En este caso el cronista consigna, desde algunos de los lugares comunes del

Granada, contribuye a conferir el heterogéneo colorido, la diversidad y animación del espacio que el sujeto complacido observa. La retórica del goce de la mirada tiene, por lo tanto, una realización formal en la enumeración acumulativa, taxonómica y exacerbada:

Ningún escritor de la tierra podrá dar jamás la visión panorámica de esta mañana ardiente en las diez horas de la maravilla. [...] Estoy deslumbrado por el rayo de siete mil colores que centellea sobre Granada. [...] En el fondo de las habitaciones de los terceros pisos, familias de visitas, sombras calientes de chocolate en las esquinas, sombras de agua fría en las piedras, de acuarela en los frisos, chicos trepados en las verjas de la Catedral, en los faroles, en las rejas. Flujo y reflujo de voces humanas sobre las cabezas de la multitud. Desfile lento de cofradías, procesiones de niñas de blanco sosteniendo candelabros de plata, cruces de oro. Monagos escarlatas. Huérfanos con candelas encendidas bajo el sol. Suenan las trompetas y de las cabezas de los apóstoles de piedra que guardan los pórticos de la Catedral, se desprenden nubes de pájaros, baten las campanas y estallan los petardos [...] Sol, sol, murmullos de trompeta, niños sentados en las aceras, escalones de multitud oscura, cordones de guardias, océanos de cabezas, innumerable pantallear de abanicos en todos los ventanales, donde los tonos oscuros de las sombrillas claras festonean de siluetas los rostros de las muchachas reclinadas en los tapices escarlatas.22

Así, en un inventario acumulativo, que pretende la exhaustividad de todos los detalles de la fiesta que aparecen ante el ojo observador —“y se cierran los ojos y cuando se abren continúan desfilando los estandartes”— la enunciación enumerativa intenta dar cuenta de la variedad pictórica —sombras como acuarela, colorido, contrastes— del panorama de maravilla. Por lo demás, si en las notas porteñas puede aseverarse que en la perspectiva del cronista predominaba un cierto costumbrismo crítico y, por ejemplo, Arlt

orientalismo, la seducción que le produce “la calle de los mil colores”, exótica y extranjera en Buenos Aires. Véase: Arlt, Roberto. “Sirio libaneses en el centro”, en El Mundo, 23 de julio de 1933. Reproducida en Arlt, Roberto. Aguafuertes porteñas. Buenos Aires, vida cotidiana, Op. Cit.

22 Arlt, Roberto. “Corpus Christi en Granada”, en El Mundo, 21 de julio de 1935. Este modo de

la enunciación enumerativa que intenta dar cuenta de “panoramas de maravilla”, como en las fiestas de Granada, aparece reiteradas veces en el viaje de Arlt. Un caso particular se da en el viaje al norte de África, cuando hace referencia al colorido de algunas ciudades de Marruecos y a su diversidad, como veremos en el apartado siguiente. Asimismo, en las notas sobre el “Ferial de Betanzos”, en muchos momentos la diversidad de la fiesta popular se describe con el uso de la enumeración. Véase al respecto: Arlt, Roberto. “El ferial de Betanzos- Hormiguea la multitud bajo el sol- Ruido y color”, en El Mundo, 22 de octubre de 1935. Recopilada en Arlt, Roberto.

cuestionaba, entre otras cosas, el carnaval como fiesta popular,23 lo que en estas

aguafuertes aparece, en cambio, es una exaltación pintoresca de la celebración religiosa que busca y se deleita en la peculiaridad del color local.24

Por otra parte, también como una escena pictórica o un cuadro de color que parte de la tipificación, puede considerarse la estampa a partir de la cual Arlt representa a la “mujer sevillana” en su exhibición callejera del jueves santo. Después de estar “retenidas” en su casa durante el resto del año, en esta fecha y siguiendo, según Arlt, la “costumbre mozárabe, infiltrada en el tuétano andaluz”, estas mujeres salen a la calle. Vestidas con peinetas, faldas de seda negra, rosarios de oro o coral, claveles rojos y “ataviadas con mantillas”, las “jovencitas pálidas, cuyos ojos enormes, son almendras de azabache en córneas de porcelana” ofrecen para el cronista “un espectáculo cuya uniformidad estética exalta los sentidos hasta que la emoción revienta en piropos apasionados” y “...más que mujeres parecen cuadros para ser siempre contemplados”.25 Cabe destacar, igualmente, a

este respecto y a propósito de la Semana Santa en Sevilla, de qué manera los modos de la enunciación revelan, en muchos casos, una perspectiva musulmanizante y hacen hincapié en su singularidad oriental. Porque si, como dice Arlt, “es morisca la belleza de

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Fabiana Varela trabaja, a propósito de las aguafuertes porteñas, el contacto de Arlt con el costumbrismo crítico y ético social de origen inglés: Varela, Fabina, Inés. “Aguafuertes porteñas: Tradición y traición de un género”, en Revista de Literaturas Modernas, Universidad Nacional de Cuyo, Facultad de Filosofía y Letras, Instituto de Literaturas Modernas, n° 32, Mendoza, 2002.

24 Cabe destacar al respecto que, si bien, por ejemplo, Arlt describe la Semana Santa como

“fiesta religiosa” y “fiesta pagana”, no se encuentra en su perspectiva una intención irónica ni crítica o corrosiva de las costumbres, como sí aparece claramente en Oliverio Girondo. Arlt destaca, por lo contrario, el “sentimiento” popular que le quita valor a las formalidades; como puede verse en el siguiente fragmento: “Semana Santa en Sevilla es fiesta religiosa y es fiesta pagana. En su cumplimiento se observan las anomalías más extraordinarias [...] Por la noche, [...] al regresar el “paso”, después de diez o doce horas de trajín, los hermanos se quitan el bonete o levantan el barboquejo, metiéndose a la taberna que encuentran al paso... [...] Aquí la fiesta comienza de nuevo, porque las manzanillas recalientan la sangre de nazarenos y faquines; la gente les rodea, se pagan ruedas, y el más entusiasta comienza a cantarle saetas a la Virgen, que sola, con su carita de niña dolida, en la calle estrecha se inclina sobre los escalones de cirios que la iluminan con su temblorosa llama. Este espectáculo emociona a las sensibilidades más recias. [...]`Lo llevamos en la sangre´, dicen los apasionados, con los cuales converso de estas anécdotas. Y es cierto. Lo sabroso del sentimiento, le quita valor a las formalidades que en otro país, escandalizarían al creyente. Y si alguien duda de lo que afirmo, piense que en este culto litúrgico, habitualmente popular, radica el éxito de la Semana Santa de Sevilla, en la cual participan indistintamente todas las clases sociales.” Véase: Arlt, Roberto. “`Pasos´ y cofradías- Rivalidades- El anecdotario de la Semana Santa”, en El Mundo, 1 de mayo de 1935. El subrayado es nuestro.

25

Arlt, Roberto. “El día de la mujer sevillana- Claveles y mantillas lucen en el jueves santo”, en

las sevillanas” ,26 y si la “virgen, Jesús, los apóstoles, Soldados y Judíos comparecen [en

“el paso”] vestidos como ídolos asiáticos”, y la luz vuelve “más morisca la figura del ajusticiado”, también la procesión refleja “el esplendor de Arabia en Sevilla, la opulencia de Asia en Europa”, o, más precisamente, “la oriental magnificencia de la semana santa en Sevilla”.27 En efecto, como afirma el cronista en uno de los fragmentos

que se agregan para la edición en libro, “El programa de festejos es vasto como corresponde a la liturgia católica, enraizada a través de la imaginación del moro cristianizado, pero en su sustancia, árabe hasta el tuétano”;28 lo que pone en evidencia

de qué manera la mirada de Arlt sobre la celebración “popular” organiza el color y la tipicidad desde una perspectiva que subraya el exotismo árabe y orientalista.29 Lo

mismo ocurre en muchas de sus aguafuertes sobre Andalucía, cuyos modos de representación constituyen frecuentemente una valoración de la región en su impronta musulmana.

Este énfasis contrasta con la perspectiva de escritores argentinos como Manuel Gálvez que negaban las marcas del mundo árabe en España y trataban de hacer prevalecer el “sello de la romanización”. Así, en 1913 Gálvez afirmaba que “no existe lo árabe en España sino como ruina arqueológica” y que [...] “...España, lejos de haberse arabizado, no dejó nunca de ser romana”. Es más, en un intento de acercar a Sevilla al “espíritu castizo” –y también a la Semana Santa que la piensa en relación con el mismo “espíritu de la raza”—, sostenía que “en Sevilla, que suele ser considerada una ciudad africana, lo árabe es insignificante”.30 Por el contrario, en reiteradas oportunidades, Arlt

26 Arlt dice que la belleza de la mujer Sevillana tiene que ver con la “...soldadura de razas

orientales, por cuyas venas circula sangre morisca, árabe y berberisca”. Y agrega: “Las ardorosas asechanzas de belleza, que nosotros los sudamericanos conocemos a través de los cuadros de Romero de Torres, no son creaciones de un imaginativo, sino reproducciones fieles de la mujer de la calle, de la mujer que aquí en Sevilla, en el recodo de cualquier callejuela, [...] podemos encontrar. [...] Junto a los caserones, allí, con un manojo de claveles o flores silvestres sobre una sien, tropezamos con esta locura de mujeres...”. Véase: Arlt, Roberto. “Belleza morisca en las sevillanas”, en El Mundo, 2 de junio de 1935.

27

Arlt, Roberto. “El esplendor de Arabia: la opulencia del Asia; tal la Semana Santa en Sevilla”, Op. Cit.

28

Arlt, Roberto. Aguafuertes españolas, Op. Cit., p. 24.

29

Esto relaciona la mirada de Arlt con la tradición de los franceses sobre España y con la serie de la literatura orientalista. Véase, con respecto a “la España pintoresca de los franceses”: Colombi, Beatriz. “Retóricas del viaje a España”, en Viaje intelectual. Migraciones y desplazamientos en América latina (1880-1915), Rosario, Beatriz Viterbo editora, 1994. Para la cuestión del orientalismo, véase: Said, Edward. Orientalismo, Madrid, Libertarias, 1990.

30

Gálvez, Manuel. El solar de la raza, Buenos Aires, Sociedad Coop. “Nosotros”, 1913, pp. 177-178.

se fascina con las marcas de la España musulmana, valora las modalidades del arte y la arquitectura del tiempo “de la dominación mora”, el espectáculo de color de los patios andaluces, por ejemplo, y la cerámica de Triana, admira las historias antiguas como la Jacobo Abu Juceph Alamazor, su ofrenda a Alá y la construcción La Giralda, y muestra, repetidamente, el imperio y primacía de lo pintoresco en lo árabe de España.31 También

defiende los movimientos de la independencia musulmana y discute la “mentira” de la “indolencia andaluza”.32 Asimismo, y, a diferencia de Gálvez, lo que para Arlt existe

como resto arqueológico, no es “lo árabe en España” sino el mundo romano cuyas huellas encuentra, por ejemplo, en las “ruinas de Itálica” y en el espectáculo, muerto para él, de la Torre de Hércules.33 Es de esta manera, entonces, que las aguafuertes

31

Para estas cuestiones, véase, entre otras notas: Arlt, Roberto. “La cerámica de Triana- El cristo llamado `El cachorro´”, en El Mundo, 4 de junio de 1935; Arlt, Roberto. “El jardín de Cerámica- Una fiesta permanente de color”, en El Mundo, 14 de junio de 1935 y Arlt, Roberto. “La ofrenda de Almazor a Alá”, en El Mundo, 10 de junio de 1935. Cabe destacar, que si bien prevalece en la mayoría de los casos, como venimos explicando, una perspectiva celebratoria y favorable hacia el mundo musulmán, en dos aguafuertes sobre la Alhambra que Arlt no publicó en el diario El Mundo, y que se agregan para la edición en libro, aparece una distancia crítica con respecto al “edificio muerto” y su arquitectura, que se separa, también, de los tópicos del

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