Señores... me voy a España ¡Y aún no puedo creerlo! Aunque a ustedes les parezca un disparate. Sí, no puedo creerlo,
tan largamente, con tanto ardor de años e imposibilidades he deseado este viaje. [...] No me atrevo a escribir una palabra que pueda, con su referencia, dar una imagen de la arquitectura de este sueño. [...] Y aunque les parezca pueril, a mí este viaje se me antoja extraordinario... [...] “Me marcho”. Irse... Irse... En el horizonte, en la vuelta de una calle, en el muro de nuestro cuarto, súbitamente se ha corrido el telón gris. [...] ...la hoja seca del conocimiento libresco transformándose por magia, en pámpano jugoso [...] Veré con mis ojos. Meteré la nariz y la cabeza y los pies y las manos y todo el cuerpo dentro de aquello [...]. Estaré allí. Allí con mi persona. Esto basta.1
Roberto Arlt
Con estas palabras, y con un entusiasmo que anuncia una perspectiva largamente esperada y describe la arquitectura de un sueño extraordinario modelado por el deseo, se inaugura la serie de las aguafuertes españolas. En efecto, Carlos Muzio Saénz Peña, el director del diario El Mundo, envía a Arlt como corresponsal a Europa. Se trata, como afirma Sylvia Saítta, de un nuevo tipo de viaje (diferente al de los hombres del ochenta y al de los escritores de clase alta) que, con el periodismo masivo y comercial
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involucra a cronistas profesionales que responden con su trabajo a una demanda previa del diario que exige una escritura rápida y debe reconocer pautas muy precisas.2
En el texto del epígrafe, Arlt participa al público de El Mundo el “prodigio tan próximo”, la “tamaña aventura” del viaje que se avecina para él, de un modo que se asimila y trata de establecer complicidad y cercanía con el imaginario de sus potenciales lectores. Con un punto de vista en el que el mismo Arlt pretende fusionarse hasta lo corporal3
(“Veré con mis ojos. Meteré la nariz y la cabeza y los pies y las manos y todo el cuerpo dentro de aquello”), el periodista y escritor va a intentar confrontar, asimismo, su experiencia de viajero al “conocimiento libresco” y “La suma de páginas que [ha] leído”. Así, desde una perspectiva exaltada, expectante y atravesada fundamentalmente por el optimismo y muchas veces por la fascinación, Arlt transitará durante un año por distintos puntos de España y África, desde febrero de 1935, momento en que emprende la partida. Su recorrido se inicia en Andalucía, continúa con un intervalo por el norte de África y algunas ciudades de Marruecos, como Tánger y Tetuán, regresa al Sur de la península y luego se concentra en el norte, en Galicia, Asturias y en el país Vasco. El itinerario sigue por Castilla la Nueva (Madrid y Toledo) y finalmente, Barcelona. En mayo de 1936, regresa a Buenos Aires.
El viaje a España y África marca sin duda un quiebre en su escritura que la distancia de los rasgos predominantes en sus novelas y relatos publicados hasta ese entonces; a partir de aquí aparecen en su obra nuevas maneras de narrar y puede decirse que se construye una espacialidad diferente en la literatura de Arlt, que a la vez que evidencia cierta búsqueda del estilo, le da consistencia a ciertos caracteres que su cuentística ya empezaba a desplegar desde “El traje del fantasma” y “La luna roja”.
2 Saítta, Sylvia. “Sueño del viaje”, en El escritor en el bosque de ladrillos. Una biografía de Roberto Arlt, Buenos Aires, Sudamericana, 2000, pp. 136 y 145. Saítta afirma, además, con respecto al viaje de Arlt: “...Arlt viaja fundamentalmente para escribir mientras viaja; sus crónicas no son el resultado de quien busca hacer públicas unas percepciones de carácter privado: Arlt viaja porque su escritura es la condición de posibilidad de la existencia del viaje, su único pasaporte de escritor asalariado”. (p. 145)
3 Jorge Monteleone afirma que la experiencia del viaje siempre es una experiencia que se vive
desde el cuerpo. Véase: Monteleone, Jorge. “Prólogo”, en El relato de viaje. De Sarmiento a Humberto Eco, Buenos Aires, El Ateneo, 1999.
1. España: la mirada del viajero
El 25 de febrero de 1935 Arlt se embarca para España, y desde allí enviará por avión, casi a diario, sus impresiones de viajero. Se trata de unas doscientas crónicas entre las cuales sólo elegirá algunas para su edición en 1936 de las Aguafuertes españolas.4 En vísperas de su partida, Arlt anuncia los propósitos del viaje y pretende
inscribir las notas que aparecerán en el diario en el registro de las aguafuertes porteñas. De esta manera, sostiene que va a España a “convivir con el pueblo y las masas de sus ciudadanos” y a registrar las costumbres, tradiciones, tipos, cuadros y paisajes que interesarán a los españoles distantes de su terruño y a los argentinos “que así podrán conocer mejor la madre patria”: “Recorreré aldeas y villorrios, a pie, en mulo o en camioneta”, insiste, para equiparar ante su público al viajero turista que aparecerá en los próximos artículos con el cronista de Buenos Aires, paseante inmerso en el ajetreo de la ciudad.5 Como afirma Saítta, este objetivo de pintar cuadros y paisajes se desdibuja para
Arlt cuando llega y toma contacto con la tensa situación política del país, y en más de una oportunidad afirma que no le interesa el color local ni la tarjeta postal:6 “Cada
piedra, cada alféizar, sugieren infinidad de cosas. Pero no he venido aquí a recordar hechos históricos ni a vivir [...] en hoteles de primera clase. [...] Vivo entre el pueblo y con el pueblo”, sostiene en una de sus primeras notas escritas ya desde Cádiz;7 y
también le responde a un “parroquiano” que lo invita a descubrir la “bonita” Cádiz:
—Mi estimado amigo [...] Todo lo que usted me dice se encuentra en el tomo diez, página 320 de la Enciclopedia Espasa. Mis lectores, en la Argentina, esperan otra cosa. Están hartos de tarjetas postales bonitamente iluminadas. Hábleme usted de lo que hay de humano en este lugar, de lo triste y de lo alegre; del sufrir de las gentes. Allá en la Argentina, que es un pedazo de España, quieren saber de estas cosas. 8
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En la bibliografía que aparece al final de la tesis se incluye la lista detallada de las aguafuertes consideradas para este capítulo.
5 Arlt, Roberto. “Mañana me embarco”, en El Mundo, 13 de febrero de 1935.
6 Saítta, Sylvia. “Nuevos viajeros, otras miradas: Roberto Arlt en España”, en Hispamérica. Revista de literatura, año XXVIII, nº 82, 1999.
7 Arlt, Roberto. “Carestía de la vida en España”, en El Mundo, 14 de abril de 1935.
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Arlt, Roberto. “A Madrid, a pedir trabajo”, en El Mundo, 16 de abril de 1935. Arlt ha consultado, efectivamente, la enciclopedia Espasa, porque en el tomo 10, página 320 de la edición de 1934 que él cita, aparece la referencia a Cádiz y el texto se centra en la descripción de las iglesias, en las particularidades de la arquitectura y en los lugares típicos de la ciudad.
Este enfoque retoma, por lo demás, algunas ideas que el escritor había expresado en 1928 en una de sus aguafuertes, “Argentinos en Europa”. Allí, Arlt se había distanciado de la perspectiva de otros viajeros argentinos como Manuel Gálvez, Lagorio o Rohde que, con una “miopía” de “vago hijo de estancieros” o de “argentinos con plata”, se dedicaban a describir paisajes exóticos, ruinas, monumentos arquitectónicos y otras “pamplinas arqueológicas”, olvidándose de que “en los países que visitan hay una mayoría que vive y trabaja, que en todos los territorios recorridos hay industriales y fábricas que nosotros ni sospechamos...” .9
Si nos atenemos al corpus completo del viaje a España, sin considerar aquí las aguafuertes africanas, que analizaremos en el apartado siguiente, puede sostenerse, sin duda, que tal como la crítica ha estudiado recientemente,10 buena parte de sus notas
responden a estas premisas. Arlt describe el mundo del trabajo y participa, por ejemplo, de la pesca de sardinas y visita una mina de carbón. Del mismo modo que escucha historias, se entusiasma y deja entrever el panorama político y económico, y la fuerte crisis social que estaba atravesando la península ―son elocuentes en este sentido, las aguafuertes sobre el “problema agrario español”, las que reproducen los avatares políticos de Madrid, el triunfo de las izquierdas y el vaticinio de la guerra civil, y los artículos sobre la situación del país Vasco, entre otros―. Pero, de todas maneras, si bien Arlt critica los modos de representación de la tarjeta postal, y sus notas indican en muchos casos una lectura en clave política e ideológica, también cabe considerar cómo, paralelamente y en crisis con el punto de vista del viajero testigo de acontecimientos políticos y el cronista veraz, sus aguafuertes españolas no sortean las trampas de lo exótico, lo típico y lo pintoresco y retoman algunas de las fórmulas por él rechazadas de la escritura de viajero.
9 Arlt, Roberto. “Argentinos en Europa”, en El Mundo, 18 de octubre de 1928. Recopilada en
Arlt, Roberto. Nuevas aguafuertes, Buenos Aires, Losada, 1975, p. 76.
10 Véase, a este respecto: Saítta, Sylvia. “Nuevos viajeros, otras miradas: Roberto Arlt en
España”, Op. Cit., y, de la misma autora, “Sueño del viaje”, en El escritor en el bosque de ladrillos., Op. Cit. También, pueden consultarse los prólogos de Saítta de las ediciones de las aguafuertes gallegas y asturianas, madrileñas y vascas (Arlt, Roberto. Aguafuertes gallegas y asturianas, Compilación, prólogo y notas de Sylvia Saítta, Buenos Aires, Losada, 1999; Arlt, Roberto. Aguafuertes madrileñas. Presagios de una guerra civil, Prólogo compilación y notas de Sylvia Saítta, Buenos Aires, Losada, 2000; Arlt, Roberto. Aguafuertes vascas, Prólogo compilación y notas de Sylvia Saítta, Buenos Aires, Simurg, 2005)
Se intenta reflexionar aquí sobre el viaje a España para analizar la fascinación de Arlt por lo nuevo –los escenarios, las costumbres, el paisaje urbano y natural― y estudiar sus modos de representación que, por momentos, apelan a los procedimientos de lo pintoresco y el color local. Pretendemos indagar, asimismo, las valoraciones, juicios y apreciaciones que asocian este orden con un mundo de ensueño, lugar de la aventura y sitio de lo ideal, y examinar, finalmente, los modos en que en las aguafuertes españolas, a diferencia de las porteñas y de lo que sucede en las novelas de Arlt, aparecen distintos modos de mirar los escenarios urbanos, suburbanos y el territorio natural. Si la mirada paisajística implica una perspectiva distanciada del todo ajena a una subjetividad en conflicto con el espacio del que surge y la rodea,11 el viaje también
posibilita la construcción del paisaje en la literatura de Arlt.